El tenista Diego Schwartzman, en su mejor momento

Nació en una familia de clase media de Villa Crespo, pero a los pocos meses sus papás se fundieron y todo se les hizo cuesta arriba. Pero gracias al esfuerzo de la familia y de un grupo de amigos que bancaron su carrera, el Peque pudo llegar a ser jugador profesional.

En una de las canchas del Vilas, donde el Peque realiza toda la pretemporada del 2017. Fabián Uset/GENTE
En una de las canchas del Vilas, donde el Peque realiza toda la pretemporada del 2017. Fabián Uset/GENTE

Hay un dicho popular, utilizado por los abuelos, que dice “un hijo llega con un pan bajo el brazo”. Pero en el caso de Diego Schwartzman se dio todo lo contrario.

Cuando nació, el 16 de agosto de 1992, sus padres Silvana y Ricardo tenían un presente económico brillante. El matrimonio llevaba adelante dos negocios en los que vendían indumentaria y bijouterie, y podían criar a sus tres hijos –Andrés, Natalí y Matías– sin sobresaltos.

En 2017 se quedó con el Olimpia de Plata. Foto: Telam.
En 2017 se quedó con el Olimpia de Plata. Foto: Telam.

Pero a los meses del nacimiento de Diego, todo se derrumbó: “Mis viejos se fundieron, no les quedó un peso. Yo era chico y no me daba cuenta de nada, pero cuando fui creciendo, empecé a ver que pasaban muchas necesidades. Para que yo pudiera llegar a ser jugador profesional, se privaron de muchas cosas. Hacían todo lo posible para darnos todos los gustos a los tres, y si en casa había pocas milanesas, ellos tomaban un té…”, rememora el Peque, mientras los ojos celestes se le llenan de lágrimas.

Hace diez minutos que terminó de realizar el primer turno de la pretemporada en el Racket Club y aunque tiene dos horas para almorzar, dormir la siesta y volver a entrenarse, se hace un tiempo para la entrevista. A los 25 años, el 2017 fue el mejor de su carrera, en la que alcanzó su ranking histórico más valioso (25º), fue por primera vez cuartofinalista de un Grand Slam (US Open) y de Masters 1000 (Montecarlo y Canadá), y superó a dos top ten (Dominic Thiem y Marin Cilic).

En julio perdió en Roland Garros ante Djokovic en cinco sets y se fue aplaudido hasta por el serbio.
En julio perdió en Roland Garros ante Djokovic en cinco sets y se fue aplaudido hasta por el serbio.

Todo esto le valió el reconocimiento como el tenista estrella de la Argentina. Y aunque habla pausado y parece un hombre tranquilo, confiesa que de chico “era un demonio”.

–¿Para tanto?
–¡No sabés! Como siempre fui el más chico, aprendí a defenderme como sea. Y cuando jugaba al tenis, a los otros chicos les tiraba botellazos y raquetazos. Y a mis hermanos, lo mismo. Con Andrés, que es el mayor, una vez nos peleamos y le clavé una tijera en la cara. No le saqué un ojo de milagro…

–¿Cuándo te civilizaste?
–Fui creciendo y cambié algunas conductas… Dejé de esconder las llaves de los autos o de pinchar las ruedas de las bicicletas del club Náutico Hacoaj, el lugar donde me formé (carcajadas).

En diciembre de 2016, junto a Delbonis y Mayer, después de ganar la Copa Davis, recibidos en la Bombonera
En diciembre de 2016, junto a Delbonis y Mayer, después de ganar la Copa Davis, recibidos en la Bombonera

–Jugabas al fútbol y al tenis. ¿En qué momento dijiste: lo mío pasa por la raqueta?
–A los 15, cuando dejé el colegio secundario para poder entrenar. Ahí me di cuenta de que estaba relegando algo importante en mi vida y que no me podía equivocar. Y puse todas las fichas en el tenis.

–¿Por qué dejaste la escuela? ¿No podías hacer las dos cosas?
–No, imposible. Viajaba mucho a los nacionales y al rector no le gustaba nada. Y cuando volvía me ponía todas las pruebas juntas y me liquidaba. Mi prioridad era el tenis y terminé mis estudios secundarios por Internet.

En el Master 1000 de París, tenía que enfrentar a John Isner y subió una foto con un emoticón en su cara. El Peque de 1,70 contra el gigante de 2,08
En el Master 1000 de París, tenía que enfrentar a John Isner y subió una foto con un emoticón en su cara. El Peque de 1,70 contra el gigante de 2,08

–Contaste que tus papás se habían fundido casi cuando naciste. ¿Cómo hacían para pagar los viajes?
–Hacían un gran esfuerzo… Mamá, por ejemplo, vendía pulseras en los torneos para juntar algo de plata y pagar el siguiente viaje. Después tuve la suerte de que un grupo de personas se juntó y me sostuvo muchos años.

–¿Llegaron enseguida los resultados?
–No, tardaron… Todo me costó muchísimo. Jugaba los torneos future y cuando quería pasar a los challenger, perdía muy rápido. Hasta que a los 18, se hizo uno en Buenos Aires y lo pude ganar. A partir de ahí, pegué un salto de calidad.

–¿Estás en pareja?
–No… Estaría bueno tener alguien al lado que te acompañe. Por ahí tenés un tiempo libre pero solo no vas a ningún lado. Pero no es fácil armar una pareja si estás muy poco tiempo en la Argentina.

–Hace unos meses, Juan Martín Del Potro confesó en una nota: “La soledad del tenista es muy dura”. ¿Se sufre mucho?
–Coincido totalmente. Mucha gente cree que porque estamos en ciudades increíbles la pasamos muy bien, pero no es tan así. Cada cinco días debés subirte a un avión para ir a trabajar y tenés muchas presiones. Todo un equipo depende de tu resultado y si no te va bien, es muy difícil.

En septiembre jugó el repechaje de la Copa Davis ante Kazajistán y el equipo descendió, pero la gente le agradeció su presencia.
En septiembre jugó el repechaje de la Copa Davis ante Kazajistán y el equipo descendió, pero la gente le agradeció su presencia.

–Hace un año y medio que a ese equipo sumaste a Juan Ignacio Chela. ¿Qué fue lo mejor que te aportó?
–Muchas cosas adentro y afuera de la cancha. Porque fue un gran tenista a nivel mundial y tiene mucha experiencia. Más que en lo técnico, su aporte es entender qué cosas debo hacer para mejorar. Cuándo exigirse, cuándo descansar, cuándo disfrutar, todo lo referido a los tiempos en la vida del tenista.

 En octubre enfrentó a Federer en Shanghai y recibió el cariño del suizo
En octubre enfrentó a Federer en Shanghai y recibió el cariño del suizo

–¿Qué cosas no pueden faltar en tus viajes?
–El mate, la computadora lista y preparada para ver a Boca –veo fútbol argentino y de la Champions en cualquier lugar del mundo– y una buena bolsa con turrones, dulce de leche, alfajores.

–Como hincha de Boca, ¿te gustaría que vuelva Carlos Tevez?
–Sí, es uno de los ídolos del club y aunque no le fue muy bien en China, el día que se ponga la camiseta de Boca, la va a romper.

–Por tu garra y estilo de juego….
–¡Sería un buen cinco para Boca! Soy de los que la hinchada gritaría: “¡Boca, Boca, Boca, huevo, huevo, huevo!”. Como mido 1,70 metro, me las arreglo dejando todo en la cancha.

Foto: Fabián Uset/GENTE
Es hincha de Boca. Foto: Fabián Uset/GENTE

–¿Qué cosas hiciste bien para que el 2017 sea, hasta ahora, el mejor año de tu carrera?
–El mayor secreto fue mantener el mismo equipo de trabajo. Porque aprendí a sacarle el jugo a cada uno y pude trasladar al juego todos los conocimientos que me brindaron.

–¿Un buen 2018 cómo sería? ¿Terminar entre los diez mejores del mundo?
–No. Tengo muchas cosas que mejorar y si lo consigo, aunque termine 30 del mundo, para mí va a ser un gran año. Porque comprobé que, si uno mejora, el ranking llega solo. No me pongo presión por ese lado.

–¿Armas tu año calendario pensando en la Davis?
–Sí, todos queremos representar al país, sin importar el deporte que hagamos. Y si queremos volver al Grupo Mundial, debemos tener un gran año. Yo siempre quiero estar con la celestre y blanca.

Por Sergio Oviedo

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