Rochi Igarzábal: “Me fui a México para saber quién era y encontré una familia”

La ex Teen Angel vuelve a los escenarios con un disco solista (Entre los árboles), después de haber vivido un año y medio en Playa del Carmen, enamorarse y convertirse en mamá. Intima, cuenta cómo fueron sus días de mochilera y por qué la maternidad revolucionó su vida.

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En el Be Jardín Escondido by Coppola, Rochi presenta a su novio, Milton, y a su hija Lupe. “La llamamos así por la Virgen de Guadalupe. Su nombre significa ‘río de amor’”, cuenta.

No lo meditó demasiado. Apretó el botón del mouse y compró el pasaje hacia Playa del Carmen, México. Era septiembre de 2014 y Rocío Igarzábal (28) hizo carne una palabra hoy tan de moda: soltar. “No fue fácil. Tuve que dejar todo: carrera, familia, mi relación con Nico (Nicolás “Tacho” Riera), porque cuando decidí irme estaba de novia”, cuenta la ex Teen Angel. Hace una pausa y sigue: “Estaba atravesando un momento de búsqueda de una felicidad que me faltaba. Si seguía en la vorágine de la exposición mediática no iba a poder hacer ese camino de encontrarme conmigo misma y conectar con el momento presente. Venía de aceptar un laburo atrás de otro por inercia. Me fui preguntándome: ‘¿Qué tengo ganas de hacer?'”.

SIN ESCALAS. Llegó a México con una mochila, dispuesta a dejarse llevar por lo que surgiera. El plan era que no hubiera plan. Le habían recomendado el hostel Che, porque allí se hospedan muchos argentinos. Entre ellos, el músico y compositor Milton Cámara (27), que tocaba en el bar y estaba en México desde 2013. Mientras ella hacía el check in cruzaron miradas. “Algo me pasó”, dice. Días más tarde, la cantante con quien Milton hacía los shows dejó vacante su lugar. “Lo fui a buscar y le dije que me interesaba cantar con él. ‘Venite al bar a la noche y vemos…’, me contestó haciéndose el interesante”, recuerda la rubia. El explica así su actitud distante. “En realidad, estaba muerto de nervios. Me sentía como en la historia de La dama y el vagabundo. Ella venía de estar con un galán… Para mí era inalcanzable. Por eso me hacía el parco”, cuenta entre risas. El primer beso llegó un mes después. Fueron a bailar al boliche La Salsanera. Cuando salieron, él la tomó de la mano. “Caminamos un par de cuadras, hasta que nos sentamos en un cordón y nos besamos. Fue re lindo”, dice él. Ella lo mira con ternura y acota un dato: “Pensar que en Buenos Aires vivíamos a tres cuadras, sobre la misma calle, y jamás nos cruzamos. ¡Ibamos a la misma panadería!”.

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–Pasaste del Gran Rex a improvisar shows en la playa…
Rochi: Era lo que tenía ganas de hacer: sentarme en una silla, con un micrófono, un parlante y cantar para cinco gatos locos. Al principio tocábamos en el bar del hostel. Después armamos una banda, La Palapa de Marta (tres argentinos, un brasileño y dos mexicanos). Hacíamos covers de cumbia, rock nacional e internacional… ¡y garpaba a full! Más adelante formamos un dúo. Fuimos desde Playa del Carmen hasta el Pacífico y después volvimos para instalarnos en Tulum. Llevábamos un parlante, una guitarra, dos micrófonos y cantábamos en todos los pueblos por los que íbamos pasando.

–¿Qué fue lo más loco que hicieron para conseguir dinero?
Milton: Cuando uno emprende un viaje de mochilero, siempre está el temor de no tener dónde dormir o qué comer, pero la verdad es que nunca nos faltó nada. Logramos costear nuestros gastos a partir de la música. A veces cantábamos a la gorra. Otras, nos contrataba un bar, o una persona para que diéramos un show privado en su casa.
R: Vivíamos bien, pero sin lujos. En los hostels donde nos hospedábamos hacíamos comidas comunitarias. Uno cocinaba, el otro lavaba y así. Era muy divertido. Algo que me sorprendió de los viajeros es que son muy desapegados a lo material. Si vos un día no tenías un mango y al otro le sobraban cien pesos, te los daba. No importaba cuándo ni cómo se los ibas a devolver. Lo mismo con la comida: todo se compartía.

“Muchos creían que porque tenía ‘éxito’ y vivía en Zona Norte la vida me sonreía. No era tan así. Me fui a México en busca de una felicidad que me faltaba. Necesitaba encontrarme conmigo misma y conectar con el momento presente”

CANTAR, SOÑAR Y AMAR. A mediados de 2015, ya instalada en Tulum con Milton, ella presintió “que tenía a alguien viviendo dentro de su vientre”. En diciembre dio a conocer la noticia. “Un viaje nuevo… Cuatro meses”, escribió en su cuenta de Twitter. Tres meses después regresaron a la Argentina y se instalaron en Acassuso. “Queríamos que nuestra hija creciera y echara raíz acá”, dice Milton. Mientras esperaban la llegada de su beba –Lupe nació el 8 de junio de 2016– comenzaron a componer los temas que hoy integran el primer disco solista de Rochi: Entre los árboles.

–El estribillo del tema Mira garúa dice: “Te invito a nacer/ de nuevo y a ser/ tu sueño profundo/ más alto y mas puro/ de nada temer/ conmigo saber/ que la soledad no estará tan mal”. ¿Tiene que ver con la nueva Rochi?
R: Sí. Después de mi paso por México comprendí lo importante que es conectar con lo que uno desea y hacerse un tiempo para estar en soledad. Creo que cuando uno se aleja de todo pierde el miedo a estar solo y puede encontrarse con su parte más oscura. ¿Por qué hay que vender que todos tenemos la vida color de rosa? Lo digo con conocimiento de causa. Muchos creían que porque tenía “éxito” y vivía en San Isidro la vida me sonreía. Y no era tan así.

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–¿Sentís que todo eso que te inquietaba antes de tu viaje ya está sanado?
R: Después de tener a mi hija empezaron a surgir nuevos miedos. Lo bueno es que los vivo desde un lugar más consciente y trato de resolverlos, para no trasladárselos.

–¿Qué significó la llegada de Lupe al mundo?
M: Una revolución. Cada vez que te acostumbrás a algo, cambia. Es increíble.
R: Un desafío. Un montón de cosas que no sabés cómo hacer y las vas aprendiendo en el camino. Pero lo vivimos con mucho amor y disfrute. Somos muy unidos: vamos juntos a todos lados.

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–El 16 de noviembre presentás tu disco en La Trastienda. ¿Qué esperás?
R: Yo siempre digo que no me gusta crearme expectativas, para que las cosas fluyan y la vida me sorprenda. Volví al medio, sí, pero desde un lugar totalmente auténtico. Antes estaba más enroscada en el producto que tenía que vender. No reniego de eso. De hecho, estoy muy feliz y agradecida, porque hoy soy quien soy gracias a todo ese camino que recorrí.

Por Flor Illbele. Fotos: Christian Beliera y álbum personal de los entrevistados.

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