Roberto Moldavsky en España: “¿Si me cuidé con la comida en Madrid? ¡Si, me cuidé de no mancharme la ropa con ella!”

El humorista se presentó por primera vez en la capital española y logró dos noches sold out en el teatro Maravillas. Aquí cuenta cómo es hacer reír en otro país, su relación con Gustavo Yankelevich (que lo acompañó), qué significa viajar y trabajar junto a su hijo Eial, su aventura con un vendedor senegalés y cómo se comporta un padre judío: “Es una idishe mame con barba”.

Roberto Moldavsky llenó por dos noches consecutivas el teatro Maravillas de Madrid.
Roberto Moldavsky llenó por dos noches consecutivas el teatro Maravillas de Madrid.

“Madrid es un flash. Buenos Aires no está tan lejos: podríamos tener una ciudad así. Vi acá muchos lugares iguales a San Telmo. Nos faltaría un poquito de orden, nada más… Cuidar nuestras calles viejas, nuestros edificios, no tantos rascacielos”, analiza Roberto Moldavsky (56) sentado en un bar de la Plaza Mayor. Es primavera en la capital española, y para él, debutante en las tablas madrileñas, todas fueron flores: los medios lo alabaron y el público respondió.

Llenó por dos noches consecutivas el teatro Maravillas, ubicado en el barrio de Malasaña, junto a sus cuatro músicos de la Valentín Gómez y su hijo Eilan. Todavía le dura la emoción cuando lo cuenta: “Fue increíble. Una noche espectacular, con localidades agotadas. Lo mejor: en el público había muchos españoles. Y eso nos encantó. A la salida pude hablar con varios. Me decían ‘descojonante’… Un periodista de la Cadena Ser me juró que le dolía la cara de reírse. Lo mismo recibí esta temporada en Mar del Plata”.

–¿Tenías esta expectativa de sold out?

–Yo siempre pienso que el humor es internacional. Nosotros vemos una película de Woody Allen o una italiana y nos reímos. Y no las hacen para la Argentina. Lo mismo sucede al revés: Les Luthiers han dado la vuelta al mundo. Igual, un poco de temor había. Superó lo que pensaba.

–¿No adaptaste nada para presentarte en Madrid?

–Pequeñas cosas. En Argentina hablo de política como media hora. Acá lo acorté y lo meché con frases de políticos españoles. También le agregué algún monólogo, para que sepan que fui comerciante antes de subir a un escenario… Esas cosas. Los músicos hicieron un mash up de Fito, Calamaro, Piazzolla y Mercedes Sosa, y otra parte de tango. Los argentinos tenemos una cultura hermosa, grandes artistas, y hay que transmitirla.

El humorista junto a su hijo Eial, en Madrid.
El humorista junto a su hijo Eial, en Madrid.

–Tendemos a pensar que nuestro humor, el argentino, no es muy comprendido afuera. Sin ir más lejos, le pasó al presidente Mauricio Macri con Vladimir Putin, que le hizo un chiste sobre el Mundial y el ruso pensó que lo estaba cargando…

–(Ríe) Claro, bueno… Siempre es importante el contexto, ¿no? No es lo mismo hablar con un presidente que hacerle un chiste a quien paga una entrada para reírse. A menos que Macri haya estado haciendo stand up, jaja… Claro que hay cosas. Nosotros decimos “olvidate” por “quedate tranquilo”, y acá significa algo distinto. Pero era muy importante hacer mi show. No intentar parecer español ni sobreadaptarme. El empresario que me contrató me vio en Buenos Aires junto a Gustavo Yankelevich y le dijo: “Quiero esto”.

Moldavsky junto a Gustavo Yankilevich en Madrid. El 11 de abril estrena en el teatro Apolo de Buenos Aires.
Moldavsky junto a Gustavo Yankilevich en Madrid. El 11 de abril estrena en el teatro Apolo de Buenos Aires.

–¿Qué significó para vos la presencia de Yankelevich en España?

–Tranquilidad. Tengo una relación con él. Hemos ido acá a tomar café y hablar de la vida. Éstos son los sueños que nos propuso Gustavo hace dos años, y se fueron cumpliendo todos. Nosotros lo mirábamos como diciendo: “Ya con la calle Corrientes estamos hechos”. Después vino la temporada de Mar del Plata, esta gira, la de Israel el año pasado… Acá vinimos a poner una semilla, no a buscar euros. Y ya volvemos, porque el 11 de abril arrancamos con un espectáculo nuevo en Buenos Aires (será en el teatro Apolo) y tenemos que seguir ensayando. Estamos palo y palo con eso.

–¿Te gusta estar de gira, viajar?

–Sí, me encanta, tanto como después volver a mi casa. Amo encontrarme con argentinos en otros países. Los que están en el exilio te llenan de calor.

–¿Estar acompañado por tu hijo te aliviana?

–Me gusta mucho compartir esto con Eial. Participa mucho en el show, en los textos. A todos los padres, creo, nos encantaría que nuestros hijos vinieran siempre con nosotros. Igual acá lo pierdo: sale, se va de noche. Por suerte, como mi hija Galia también tiene una veta artística (es productora de Sebastián Wainraich), estamos conectados.

–Siempre se habla de la idishe mame, pero ¿cómo son los padres judíos?

–Igual, pero con barba. Aunque mi tía Rebeca un poco de bigotes tenía, jaja… Eso de abrigate, ¿a qué hora volvés?… Capaz que lo disimulamos un poquito más.

El actor tuvo una risueña anécdota con un vendedor senegalés.
El actor tuvo una risueña anécdota con un vendedor senegalés.

–¿Con el dólar por las nubes, las compras fueron a precios cuidados?

–(Ríe). ¡Mirá lo que me pasó! Vos sabés que hay todo tipo de vendedores ambulantes senegaleses, que tienen una capacidad enorme para tirar la lona con sus productos, y al venir la cana levantan cuatro hilos, se la llevan y la ponen en otro lado. Para mí, que abrir un negocio me lleva un año, es increíble como éstos lo abren y cierran en un segundo en los mejores lugares de Madrid. Pero lo loco es que compré una especie de artesanía de madera que se convierte en frutera, en apoya pava, va tomando distintas posiciones. El tipo que me la vendió me contó que las hacía su madre en Senegal, que la familia laburaba haciendo eso, me sensibilizó… Además me animó a regatearle el precio, lo que me vino bien porque hacía mucho tiempo que no lo hacía. Me agradeció, y me fui. A las dos cuadras apareció otro que me dijo ¡lo mismo! Le pregunté si tenía un hermano, jaja… Así que el chamuyo ese, para mí que me crié en el Once y me creía un vivo, se lo hacen a todos.

Moldavsky, tentado ante un escaparate lleno de carne en Madrid.
Moldavsky, tentado ante un escaparate lleno de carne en Madrid.

–Me imagino que estando en Madrid te habrás cuidado con la comida…

–(Jaja) ¡Me cuidé de no mancharme la ropa…! Mucho jamón, mucha tortilla, y no da para despreciar. Lo gastronómico es una gran puerta de entrada a otro país. La dieta quedará para Buenos Aires.

por Hugo Martin

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Roberto Moldavsky: “El humor no tiene fronteras”

Después de un año espectacular, en el que la rompió no sólo en la Argentina sino también en Estados Unidos, Chile, Paraguay, Colombia, Costa Rica, Uruguay y España, el comediante volvió a Israel –donde de joven vivió una década–, para dar cuatro shows en español y hebreo. Claro que también se hizo tiempo para saborear la comida típica.

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Suelto en Israel. Así llamó al show que hizo en tres ciudades con La Valentín Gómez, la banda de músicos que lo acompaña.

“El humor era para mí un cable a tierra, un hobby… No lo pensaba como un trabajo. Ahora también es una buena excusa para volver a Israel y reencontrarme con mi familia y amigos. Bah, siempre tengo motivos para regresar: en una época hasta importaba trajes de baño de allá… Esta vez, cuando estábamos terminando la temporada en el teatro Apolo, planeamos una gira con Yankelevich. De pronto apareció Freddy, un socio que Gustavo tiene en Israel, y cerró funciones en los teatros de las ciudades que tienen más concentración latina. Armamos las valijas y nos fuimos”.

Así cuenta Roberto Moldavsky (58) su última aventura humorística, con cuatro grandes shows en Tel Aviv, Jerusalén y Haifa.

–¿Es la primera vez que vas allá para hacer humor?

–No. La anterior fue hace dos años, pero nunca en forma tan masiva. Allá hay una colectividad argentina muy importante que me sigue por las redes sociales. Se enteraron del éxito de los shows en el Apolo y las cuatro fechas fueron con el cartel “No hay más localidades”.

–Vos viviste una década en Israel. Sabés qué cosas los hacen reír…

El humor no tiene fronteras: todos nos reímos de las mismas cosas. Los humoristas debemos saber observar y abordar los lugares y temas comunes, para producir una identificación inmediata con el público. Por ejemplo, ¿quién no deja el frasco del champú dado vuelta, para aprovechar hasta la última gota?… Ni en la Argentina ni en Israel puede faltar la relación que tenemos los judíos con nuestra madre. Obviamente, en escena me hago cargo de mi sobrepeso, de mis problemas para dialogar con mi pareja y de muchas cosas más… ¡que pasan en todo el mundo! Otra clave es castigarse primero uno, y eso después habilita a bromear con el público. Una de las experiencias más lindas que viví fue actuar para argentinos en el exilio, porque están ávidos de ver y escuchar cosas de su tierra.

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Moldavsky sabe y siente que el humor es sanador y no tiene fronteras. Eso lo pudo comprobar cuando en Tel Aviv, donde se animó a traducir sus monólogos al hebreo.

–En tus shows siempre está presente el humor político. ¿Cómo hiciste para no hablar de la actualidad argentina?

–El público es muy parecido. Me sorprendieron, porque muchas veces estaban más informados que yo de lo que pasa aquí. En Tel Aviv participé de un maratón de stand up… ¡en hebreo! Me advirtieron de que podía chocar contra la pared, porque era un público muy joven. Sin embargo, los pibes se mataron de risa. Mi único objetivo es hacer reír. Eso me llena la batería, y no me importa el idioma o la ideología del público. La risa es sanadora, y en tiempos complicados el humor siempre pide lugar. Para este verano ya preparé la sombrilla y la heladera de telgopor: me voy a Mar del Plata a hacer temporada en el teatro Roxy

–¿Qué diferencias encontraste entre el Israel que viviste hace treinta años y el actual?

–Era distinto. Yo viví entre el ’84 y el ’94 muy tranquilo en un kibutz. Llegué con 21 años y la pasé bien. Fue una experiencia increíble: ordeñé vacas y coseché algodón. En esa época hasta nació allá mi hijo Eial (hoy 26). Todavía me parece una locura que el clima bélico subsista. La mayor parte de los árabes y los judíos quieren que las diferencias se arreglen por la vía del diálogo. Además, si ambos comemos humus, esto se tiene que poder solucionar.

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En Tel Aviv, Moldavsky participó de una maratón de stand up, y en Jerusalén recorrió el gran mercado Mahane Yehuda, donde compró muchas especias.

–¿Qué recuerdos trajiste de esta experiencia?

–Me traje muchos kilos de más, porque nos la pasamos comiendo humus, falafel y cosas llenas de especias. Aunque fuimos a trabajar, tuvimos tiempo para recorrer el puerto de Haifa, los mercados del Haifa Bazaar… En Jerusalén también fuimos al Santo Sepulcro, al Muro de los Lamentos –donde agradecí por el año increíble que tuve– y al Mahane Yehuda. Es un mercado donde conviven judíos ultraortodoxos, palestinos, etíopes y armenios, que se mueven entre frutas y especias. Anuncian a los gritos a cuántos shekels está el kilo de tal cosa, y en un rincón comen los judíos iraquíes mientras juegan al backgammon.

–¿Estabas pendiente del movimiento del dólar en la Argentina?

–No, yo soy de la política de que cuando viajás no debés pensar en el cambio. Sólo tenés que comprar las cosas que no hay acá. ¡Algunos compran la camiseta de Messi en un mercado de Israel, cuando acá la conseguís en el Once! Ahora traje cruces de Nazaret, pañuelos, muchas especias, y a mis compañeros de la radio en Bravo Continental les compré biromes. ¿Por qué siempre les traigo lapiceras de mis viajes? ¡Porque ellos son como quince, y al adquirir las lapiceras en cantidad puedo regatearlas!

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“Mi único objetivo es hacer reír a la gente. Eso me llena la batería y no me importa el idioma o la ideología que tenga”, asegura el comediante, experto en regateo.

–Vos fuiste vendedor… ¿Hay alguna técnica para el regateo?

–Siempre improviso y me divierto, porque es como un juego. Entonces le cuento al vendedor que vengo de Argentina, un país que está en el fin del mundo, donde el dólar está casi a 40, que no nos va nada bien, ¡ni siquiera en el Mundial de Rusia! Al final logro un descuento y me voy contento… Pasa que una vez que di tres pasos, el vendedor también sonríe, porque sabe que me sacó más plata de lo que vale el artículo.

Por Pablo Procopio.
Fotos: Diego Soldini y álbum de viaje de Moldavsky.

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