Juan Lascano inauguró su última muestra: “Soy un apasionado, termino un cuadro y ya estoy pensando en el otro”

Es uno de los pintores más admirados y exitosos del país. A los 71 años presenta una nueva exposición en la porteña galería Zurbarán. Cultor del realismo, se define como autodidacta y se debate, día a día, ante la famosa inspiración: “El arte es bastante misterioso… Siempre hay que estar abierto a lo que ocurre”.

Juan Lascano (Foto Maximiliano Vernazza/GENTE)
Juan Lascano inauguró su última muestra en galería Zurbarán (Foto Maximiliano Vernazza/GENTE)

Juan Lascano sirve café en pequeños pocillos, con ademanes de ritual ancestral. “Me gusta mucho… Desde mis 14 años, con mi mamá, María, iniciamos una costumbre: como yo iba al colegio en doble turno, pasaba a almorzar por casa. Y cuando terminaba, con ella nos jugábamos una partida de ajedrez tomando café. Sin azúcar, siempre”, cuenta el pintor de 71 años, uno de los más admirados y exitosos de la Argentina.

Expone sus nuevas obras en la galería Zurbarán (Cerrito 1522). El realismo, en su más cabal expresión, volverá a deleitar desde el pincel de Lascano, ya un verdadero clásico.

–Me hablaba de su madre, Juan. ¿Sus padres tuvieron que ver con la vocación artística?

–Sí, sí. Tuve la inmensa suerte de contar con un apoyo familiar irrestricto. ¡No era tan común en ese tiempo, eh! Pertenezco a la época donde lo importante era el título, el “futuro”… Mi familia no tenía un mango pero era muy culta, amante del arte. Mi padre era poeta, más allá de su profesión de abogado. Los Lascano tienen 200 años de tradición en el Derecho. Y desde entonces, salvo alguna oveja negra, ¡todos abogados! Cuando mi padre vio que tenía condiciones para esto, me ayudó mucho.

–¿Cuándo supo que sería artista?

–Nací dibujando. Lo hice siempre. En la adolescencia ya tenía el caballete en el living de casa. Y mi rebelión juvenil –fijate cómo somos–… ¡fue empezar a estudiar Derecho!

–Para llevar la contra.

–¡Claro! Mi viejo me decía: “Pero vos, que tenés este don, ¿te vas a meter en Derecho? No te veo”. En ese momento, él tenía muy buenas relaciones con el Instituto de Cultura Hispánica y consiguió una bolsa de estudios para que fuera a Madrid. Todo el año ‘66 estuve lo pasé en España. La mejor definición de cómo la pasé es “viviendo”. Es decir, vagando, pintando, teniendo amigos y amigas, conociendo pueblos… Eso me marcó.

Juan Lascano (Foto Maximiliano Vernazza/GENTE)
Juan Lascano (Foto Maximiliano Vernazza/GENTE)

–¿Ahí tuvo una revelación?

–No sé. ¡Es tan difícil el tema de las revelaciones, las famosas epifanías…! Desde el punto de vista pictórico, siempre fui una persona sin método, pero sumamente constante en mis objetivos. Siempre fui un pintor realista. Probé cubismo, surrealismo, abstracción, pelo abandoné en corto plazo, porque me aburrió mucho. A mí lo que me divierte es la realidad. Veo un objeto, un árbol, una modelo, y me fascina. Lo otro me aburre.

–¿Cómo se termina formando el artista?

–Y… en ese sentido tuve una desgracia con suerte, como se dice. A mí siempre me gustó dibujar lo que veía. En la época en que empecé a dedicarme a esta disciplina, justo se estaba tratando de abandonar lo que fuera escuela clásica, dibujo… Entonces era difícil que aprovechara la enseñanza oficial. Así que me las arreglé por las mías. Fui a estudios de pintores pero, en una palabra, soy autodidacta. Nunca he tenido un estudio de arte. Parece paradójico, pero sigo estudiándolo por las mías, porque es una permanente búsqueda…

Juan Lascano (Foto Maximiliano Vernazza/GENTE)
Juan Lascano (Foto Maximiliano Vernazza/GENTE)

–…que confluye ahí, en el lienzo.

–La obra es apenas la punta del iceberg, te diría.

–¿Cómo le llega la inspiración?

–Es una pregunta casi imposible de contestar. Primero, porque no estoy muy seguro de ese concepto. No sé. El arte es bastante misterioso. Tengo 71 años y aún no he logrado definir al arte ni establecer un parámetro… La inspiración es una de esas cosas raras. A veces pensás que estás muy inspirado y decís “hoy voy a hacer una obra maestra… Las meninas va a ser un poroto”… y te sale una porquería. Y hay días en que pintás porque estás aburrido y surge algo buenísimo. Hay que estar abierto, siempre, a lo que pasa. No a lo que te gustaría que pasara.

–A usted, el éxito le llegó con mucha fuerza. ¿Cómo fue recibirlo por primera vez?

–La verdadera sensación la tuve en el año 2000. Los pintores no somos como los músicos, que tienen un público delante en el momento de la ejecución. Lo nuestro es solitario. Te das cuenta del impacto de tu obra cuando un gran número de personas te dan una devolución. En el 2000, Nacho Gutiérrez Zaldívar hizo una mega exposición mía en el Palais de Glace: ahí caí en la cuenta de la cantidad de gente que conocía y disfrutaba de mi obra. Expusimos unos 160 cuadros, hubo 75 mil asistentes, firmé autógrafos… Fue un shock tremendo.

–¿Le sorprende lo que provoca en el público?

–Sí. Porque es lindo escuchar que alguien disfruta del resultado de tu trabajo. Hay una cuestión de egoísmo natural, te diré. Luego, porque te comentan cosas que vos no pensás. Por ejemplo, que en mis pinturas los objetos son más reales que la realidad. Eso me suena a disparate. Ese es un gran impacto… Otra cosa que me dicen es que mis cuadros les dan paz. Y siempre contesto: “Me alegro que le dé, porque a mí, no”. Ja. Soy muy exigente con mi obra. Alegría, sí. Paz, no.

–Este jueves inauguró en Zurbarán…

–Sí. Hay unos cuantos cuadros que me he divertido mucho pintándolos: son frutas gigantescas. Contrariamente a lo que la gente piensa, no soy un amante del detalle, que me paso horas en un centímetro. Floto con el cuadro en forma muy libre, y el tamaño grande me permite hacer eso.

–¿La experiencia lo ha hecho mejor artista?

–Diría que me permite aproximarme más a mis objetivos. No sé si soy mejor artista… Es difícil establecerlo. Pero con el correr de los años, después de probar muchas cosas, he logrado aproximarme a cómo quiero pintar.

–¿Los años disminuyen la pasión?

–¡No, para nada! Al contrario. Termino un cuadro y ya estoy pensando en el siguiente.

Por Eduardo Bejuk

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