La matanza de Parkland vuelve a sacudir a la sociedad norteamericana de la manera más cruel

Un joven de 19 años –Nikolas Cruz, de perfil racista y homofóbico– asesinó a 17 personas en un colegio secundario del que había sido expulsado. En lo que va del año, fue el 18º tiroteo escolar en suelo estadounidense, una problemática que avivó la polémica: ¿cuándo se endurecerán las restricciones a la portación de armas?

Nikolas Cruz (FP TV / Miguel GUTTIEREZ)
Nikolas Cruz (FP TV / Miguel GUTTIEREZ)

Estados Unidos sangra. Y la herida –profunda y lacerante– cruza de una costa a la otra, en medio del desconcierto. Porque el horror se ha vuelto habitual. Y, al contrario de lo que suponían amenazas de otro tipo, esta vez el horror habita en casa. Nace en sus calles, crece en su propia cultura y estalla de la forma más abrupta. En lo que va del año (y apenas estamos en febrero), el país sufrió 18 tiroteos en escuelas.

El más reciente, perpetrado el 14 de este mes, no deja de conmover: Nikolas Cruz, un joven de 19 años, asesinó a 17 personas e hirió a varias más en la secundaria Marjory Stoneman Douglas, en la pequeña ciudad de Parkland, al norte de Miami, en el estado de Florida.

El acusado, quien ya confesó el crimen, disparó varias ráfagas dentro de la escuela con un fusil AR-15, que compró legalmente gracias a las blandas leyes que así lo permiten. Ese es el debate que hoy se debe la sociedad estadounidense: ¿no es hora de restringir el uso de armas de fuego, en vista de los lamentables hechos que se suceden?

Mientras los familiares y amigos de las víctimas (en su mayoría estudiantes adolescentes) siguen llorando la irreparable pérdida de sus seres queridos, los defensores de la portación de armas mantienen su postura. El lobby que ejerce la poderosa NRA (Asociación Nacional del Rifle, por sus siglas en inglés) sobre el partido Republicano tracciona en esa dirección. El presidente Donald Trump se hace el distraído. Las redes sociales se llenan de peticiones. El miedo cunde en cada esquina, mientras los rostros de los masacrados interpelan a una sociedad fracturada.

Télam, 16/02/2018 Florida, Estados Unidos: Melisa McNeill la defensora pública junto Nikolas Cruz, el tirador que produjo la masacre en el colegio secundario. Foto: Susan Stocker
Télam, 16/02/2018 Florida, Estados Unidos: Melisa McNeill la defensora pública junto Nikolas Cruz, el tirador que produjo la masacre en el colegio secundario. Foto: Susan Stocker

UNA BOMBA DE TIEMPO. Cruz nació el 24 de septiembre de 1998 en la Florida y se crió en el condado de Broward, allí donde perpetró la matanza (entre Boca Ratón y Fort Lauderdale, apenas al norte de Miami). De bebé, fue adoptado por Roger y Lynda Cruz, ambos ya fallecidos. Roger murió en 2004 y Lynda, el año pasado, luego de vivir un infierno al lado de su problemático hijo.

Según quedó registrado en la Policía, Nikolas atacó varias veces a su madre: la insultaba, le arrojaba objetos y la despreciaba constantemente. Hay asentados al menos 30 llamados a las autoridades, alertando sobre su mala conducta y desequilibrio mental. La madre había denunciado que Cruz quería comprar un arma y que se provocaba cortes en los brazos “para llamar la atención”.

Imágenes de la evacuación.
Imágenes de la evacuación.

El propio joven hacía gala de su deseo de “matar gente”. En su cuenta de Instagram se lo podía ver exhibiendo armas y cuchillos, junto a la frase “make America great again” (“hagamos grande nuevamente a los Estados Unidos”, lema de campaña de Trump).

En los comentarios de un video de YouTube llegó a escribir: “Voy a ser un tirador escolar profesional”. Y en diversos grupos exhibió su costado racista, antisemita y homofóbico. Hace un tiempo, un vecino lo grabó mientras practicaba tiro en el patio de su casa con un rifle de aire comprimido.

Este comportamiento, lógicamente, se manifestó en la escuela. El año pasado fue expulsado de la misma secundaria adonde regresó para disparar sin piedad. Trascendió que, tras haber amenazado a estudiantes y profesores, le fue prohibida la entrada al establecimiento. Esa pila de denuncias, que incluso llegó a las oficinas del FBI, dio pie a severas críticas: después de tantos avisos, nadie fue capaz de detener la amenaza que Cruz representaba.

Y el 11 de febrero de 2017 no tuvo inconvenientes para ingresar en la tienda Sunrise Tactical Supply, en Coral Springs, comprar el rifle AR-15 y marcharse con él. Un año después lo usaría para desparramar su odio. Trump, quizás para evitar un debate más profundo, no dudó en culpar al FBI por su falta de reflejos. La propia agencia, con el expediente ignorado en la mano, admitió su culpa.

BOCA RATON, FL - : Los compañeros de Scott Beigel, profesor de geografía carganel ataúd en el funeral (Foto: Joe Raedle/Getty Images/AFP)
BOCA RATON, FL – : Los compañeros de Scott Beigel, profesor de geografía carganel ataúd en el funeral (Foto: Joe Raedle/Getty Images/AFP)

SIN PIEDAD. El día de la tragedia, Cruz solicitó un vehículo Uber y se subió a las 14.06. Un cuarto de hora después llegó a destino: la escuela donde pensaba abrir fuego. En su mochila llevaba el rifle y varios cargadores. Para ese entonces, Cruz vivía en la casa de James y Kimberly Snead, una pareja que lo acogió tras la muerte de su madre. “Tuvimos a este monstruo viviendo bajo nuestro techo y no lo sabíamos”, contaron acongojados.

El hijo del matrimonio se había hecho amigo de Cruz. Tras quedar huérfano éste, lo recibieron en su hogar siempre y cuando “siguiera algunas reglas; es un chico extraño, solitario, que no sabe ni lavar su ropa”, explicaron.

Jamás imaginaron que ese 14 de febrero Nikolas desataría un inferno. El joven ingresó al edificio a las 14.21, subió hasta el tercer piso, sacó el rifle y empezó a disparar en distintas aulas. Luego bajó al segundo nivel y a las 14.27 se deshizo del arma. En medio del griterío logró escapar. Lejos de perturbarse, se metió en un Walmart, ingresó al local de Subway para comprar una bebida y siguió hasta un McDonald’s.

Finalmente, a las 15.41 fue apresado en Coral Springs, al sur de Parkland. Desde entonces permanece detenido en la cárcel del condado de Broward, a la espera de su futuro. Podría ser condenado a muerte.

Los rostros de la víctimas
Los rostros de la víctimas

Entre las víctimas se encuentran 14 estudiantes y tres adultos: Scott Beigel (35) era profesor de Geografía y salvó a varios chicos, al interponerse entre ellos y las balas. Lo mismo que Aaron Feis (37), guardia y entrenador de fútbol del colegio, y Chris Hixon (49), director deportivo y veterano de la Guerra de Irak.

Entre los estudiantes, cuyo rango de edad va de los 14 a los 17 años, había un mexicano (Martín Duque, 14) y un venezolano (Joaquín Oliver, 17). Los funerales, seguidos con inmenso dolor por la opinión pública, reavivaron los deseos de un profundo cambio en la legislación. Sin embargo, apenas tres días después de la masacre, la Asociación Nacional del Rifle organizó una feria de armas (con más de 600 puestos) en el mismísimo estado de Florida. A muchos asistentes se los veía con remeras con la clásica inscripción “You can carry” (“vos podés portar”), reivindicando el derecho constitucional a llevar armas. Hubo largas filas para ingresar a la feria. La entrada, al módico precio de 13 dólares. Eso sí: los niños podían ingresar gratis.

Por Eduardo Bejuk

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