Palito Ortega y Cacho Castaña: “Cantar juntos en el Luna será la culminación de una historia de amor”

Se conocen desde hace décadas, pero en el último tiempo forjaron una profunda amistad. Sobre todo cuando Ortega visitó durante varios meses –sin faltar un solo día– a Castaña, internado y en coma. “Esta es una yapa que Dios nos da… y vamos a disfrutarla”, afirman, ilusionados con el concierto del 11 de mayo.

Cacho Castaña y Palito Ortega (Foto Fabián Uset/GENTE)
Cacho Castaña y Palito Ortega juntos en el Luna Park el 11 de mayo a las  (Foto Fabián Uset/GENTE)

Gira la cuchara en el pocillo. Uno murmura un tango. El otro sonríe. Se miran pícaramente, y en ese gesto está todo dicho. “Te quiero, hermano”, guiña el ojo Cacho Castaña (75), mientras Palito Ortega (77) se acomoda el cuello de la camisa, coqueto y prolijo hasta el último trazo.

Son iguales. Son distintos. Son leyenda. “El show se va a llamar Juntos, explica el tucumano, rompiendo el hielo de la charla, en una mesita del café La Humedad. Y la fecha –viernes 11 de mayo a las 21 horas– ya se enciende en la cartelera del Luna Park. Un sitio mítico, claro, para recibir a este dúo inédito.

–¿Por qué Juntos? ¿Qué los une?

Palito: Ese título define muchas cosas. Estar juntos es un acontecimiento. En nuestro caso todavía más, por lo que nos tocó vivir últimamente. Yo le hablé mucho a Cacho de este encuentro. Y lo hice cuando él no podía escuchar. Había entrado en coma y yo iba a la clínica y le decía al oído. “Cacho, dale…”.

Cacho Castaña y Palito Ortega (Foto Fabián Uset/GENTE)
Cacho Castaña y Palito Ortega (Foto Fabián Uset/GENTE)

–Por ahí te escuchaba...

P: Yo estoy convencido de que, inconscientemente, algo repiqueteaba… Cuando despertó, dijimos: “¡Vamos a hacerlo!”.

Cacho: Palo estuvo siempre, venía todos los días. Fue mucho tiempo, casi un año… Dos meses y pico en coma, después 90 días de traqueotomía, la operación de cadera… Tremendo. Me hablaba al oído, me agarraba la mano… El amor es la mejor medicina, ¿viste? Lo puede todo. Porque tranquilamente podría no haberme despertado más.

P: Una noche nos dijeron: “Bueno, se hizo todo lo posible; ahora está en manos de Dios”. Encaré al médico y le pregunté por qué había llegado a esa conclusión, qué le marcaba el aparatito ése. “Las pulsaciones son cada vez más leves”, me explicaba resignado. Yo no entendía nada, pero seguí yendo. Incluso entraba por una puerta de atrás: no me veía nadie.
C: ¡A cualquier hora venía! Por ahí eran las diez de la noche, y ahí estaba Palito. Un fenómeno…
P: Es que cuando querés a alguien… Lo que vamos a hacer ahora será la culminación de ese gran acto de amor.
C: ¡Venimos de Vietnam! Estuve 90 días con traqueotomía y notaba que los otros pacientes, después de eso, generalmente ya no podían hablar. Yo estaba seguro de que no iba a poder cantar más. Y un día me dieron una cucharadita de yogur, y después otra, y así me fueron llevando.

–¿Desde cuándo son amigos?

C: Y… Yo hice la colimba con Güemes, él estaba en el mismo regimiento, así que sacá cuentas, ¡ja ja!
P: En realidad nuestra relación, así de cercana, empezó hace unos diez años. Antes nos cruzábamos, nos veíamos, pero a veces la vida tiene estas cosas, que cada uno va por su camino.
C: La amistad se dio de a poco. Es medio mágico, como es mágica la música. El amor es pura magia y nadie lo puede definir, ni pintarle un cuadro, ni hacerlo canción. No te alcanzan todas las canciones del mundo para definirlo.

Cacho Castaña y Palito Ortega (Foto Fabián Uset/GENTE)
Cacho Castaña y Palito Ortega (Foto Fabián Uset/GENTE)

–Bueno, ustedes, con su arte, lo han abordado con mucha eficacia.

C: Le pasamos cerca. Hemos tenido suerte. Hemos tenido ausencias…
P: El amor es el principio y el fin de todo. Nosotros tenemos una vida porque se quisieron dos personas. A partir de eso, todo lo demás fue movido por el amor. Incluso yo, a los 15 años, cuando me vine a Buenos Aires, tenía pasión por la música. Un amor que no se podía dimensionar. No había nada que me pudiera parar. En el pueblito me gritaban: “¿A dónde vas, loco? ¡Llevá pan en la valija, porque te vas a morir de hambre!”. Y yo, al contrario de enojarme, sonreía, porque empezaba a dar los primeros pasos hacia la meta que me había fijado en el corazón.

El amor es el principio y el fin de todo , Palito.

Entonces, llegás a Retiro… No conocés a nadie y te quedás en el banco de la plaza la primera noche… Un día Dios me llevó caminando hasta la puerta de una radio y ahí me quedé parado. Empecé a tomar contacto con los artistas, los locutores… ¿Por qué? Porque lo busqué. Y Cacho se hizo en un barrio.
C: En Flores. A los seis años empecé a estudiar piano y a los 14 me recibí de profesor. “Yo quiero seguir con la música”, le dije a mi viejo, que era un laburante, zapatero de oficio. Me di cuenta de que la guitarra es “ganadora”, que las minas me daban bola y que, encima, no tenía que laburar. Justo a mí, que mucho no me gustaba… Con la guitarra podía vivir. A los saltos, pero vivía.

Me di cuenta de que la guitarra es “ganadora”, que las minas me daban bola”,Cacho

P:Creo que la historia que uno trae pesa mucho. Yo no tengo imagen de hogar, porque mis padres se separaron cuando yo era chico. Mi viejo, que falleció a los 97 años, sigue siendo mi “libro de cabecera”. Y cuando a los 15 le dije que me quería venir, su frase fue: “Es como si me cortaran un brazo… Pero si yo no lo dejo ir, y usted mañana es un fracasado porque en este pueblo no tiene ningún futuro, no quisiera que me haga sentir culpable ni con la mirada”. Entonces me puse la obligación de triunfar, no sólo por mi anhelo, sino por mi viejo. Y una prioridad: formar el hogar que no había tenido. Cuando conocí a la mujer indicada, dije: “Es ésta”.
C: ¡El año pasado cumplieron los primeros 50 de casados!… Le preguntaron a Palito cuál era la fórmula y dijo: “Lo que pasa es que mi mujer nunca me preguntó a dónde iba”.
P: El artista dice: “Me voy de gira”. Y la mujer nunca sabe exactamente dónde anda.

Cacho Castaña y Palito Ortega (Foto Fabián Uset/GENTE)
Cacho Castaña y Palito Ortega (Foto Fabián Uset/GENTE)

–Evangelina (Salazar) fue un puntal para vos.

P: Sin dudas. A los 19 años le dieron el premio a Mejor Actriz en el Festival de San Sebastián, nada menos. Yo estaba en Ecuador. A la mañana, leyendo el diario, me enteré. “Chau”, pensé, “no la veo más”. La llamé, la felicité y le dije: “Bueno, ahora tu carrera…”. Ella me contestó: “Mi carrera se terminó acá. Mi carrera va a ser formar una familia”. Y así fue.
C: ¡Qué tal! Eso tiene un valor tremendo.

–¿Y qué es la fama, muchachos? ¿Puro cuento?

P:De mi parte, no. Si te lo tomás en serio, si entendés cuántos quisieran alcanzarla… Antes de filmar con Sandrini, lo fui a ver a la casa y le conté: “Don Luis, en mi pueblo yo lustraba zapatos en la puerta de una confitería. Enfrente había un cine. Más de una vez, con las monedas que ganaba, pagaba la entrada para ver una película suya. ¡Y ahora le vengo a pedir que haga una película conmigo!”. El me miró y me contestó: “¿Por qué no, pibe?”. Ahí mismo, en ese segundo, viajé en el tiempo y volví a ser aquel muchachito que lustraba zapatos. Sandrini agregó: “A la fama muchos la alcanzan hasta por casualidad. Pero nadie se mantiene ahí por casualidad, pibe”. Y acá estamos: más de 50 años de profesión, y vamos a poner todo en el Luna Park.

Cacho Castaña en su juventud. (Foto Archivo/GENTE)
Cacho Castaña en su juventud. (Foto Archivo/GENTE)

–Buenos Aires, Cacho, ¿es para cualquiera?

C: No, pero tampoco hay que tomársela tan en serio. Porque Buenos Aires es brava. Te atrapa, te engancha, tiene todo, también el camino rápido a las grandes ausencias… y las ausencias son las que te matan.

Palito Ortega en su juventud. (Foto Archivo/GENTE)
Palito Ortega en su juventud. (Foto Archivo/GENTE)

–Palito, hablame de Cacho.

P: Es un pibe de barrio, que mamó en un café gran parte de la vida. Tiene un corazón enorme y sigue siendo el mismo: nunca perdió la esencia. Le gustó la música y escribió unas canciones maravillosas. Y como él mismo dijo alguna vez, nadie escribe un tango a las tres de la mañana tomando un vaso de leche. De ahí viene. De esa bohemia vinieron muchos grandes. Cacho captó ese clima y le dio forma de canción. Lo admiro mucho.

 Cacho tiene un corazón enorme y sigue siendo el mismo: nunca perdió la esencia, resalta Palito 

C: Palo es un monstruo. Es muy grande. Tan grande como Latinoamérica. Director de cine, actor, autor, cantante... Llenó estadios, trajo a Sinatra, perdió, arrancó de nuevo… ¡Yo ahí ya me suicidaba!… Es admirable. Tiene la energía y la actitud que yo tenía cuando empecé, y ya perdí. El, si tiene que grabar, va y se queda 12 horas, mezcla su disco, piensa en la tapa… Y la parte humana, ni hablar. La familia que formó… Subió a cantar con sus hijos y sus nietos. ¡Qué éxito esa foto! No la olvido más. Eso es el éxito. Después vi mi foto y dije: “¡Socorro!”. Ja ja…

Palo tiene la energía y la actitud que yo tenía cuando empecé, y ya perdí, confiesa Cacho

P: Ahora es el tiempo de ellos, de los hijos, de los nietos. Nosotros tenemos que disfrutar del que, tal vez, y sin hacer melodrama, sea uno de los últimos conciertos de nuestras vidas. ¿Quién sabe?
C: Es una yapa y hay que disfrutarla. El mejor vino, el mejor champagne, la mejor comida, una mujer... y ya está.

Por Eduardo Bejuk.

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