Cómo se vivió la derrota Argentina frente a Francia en un penal de La Plata: “Acá estamos unidos todos los días y hoy es especial”

Así se vivió la derrota por 4 a 3 frente a Francia del equipo liderado por Messi.

Un preso de la Unidad Penitenciaria N° 9 de La Plata, a las afueras de Buenos Aires, muestra su celda, el 30 de junio de 2018. (AFP - EITAN ABRAMOVICH)
Un preso de la Unidad Penitenciaria N° 9 de La Plata, a las afueras de Buenos Aires, muestra su celda, el 30 de junio de 2018. (AFP – EITAN ABRAMOVICH)

“El fútbol me saca de la cárcel. Cuando me dan portón para salir a la cancha, yo me siento en la calle”, dice Beto Medina, uno de los 1.650 internos que vieron en prisión caer a la Albiceleste 4-3 ante Francia y despedirse del Mundial Rusia-2018.

La unidad penitenciaria 9 de la ciudad de La Plata, a 60 kms de Buenos Aires, queda en un barrio de casas bajas. En el día del partido, las calles lucen despobladas.

En esta cárcel de máxima seguridad, presos y guardias alentaron juntos a la selección de Messi, para terminar en una tristeza compartida por toda Argentina, donde el fútbol es pasión desde la cuna.

Día especial

Beto tiene 46 años y ha pasado ya 20 en prisión. En la misma penitenciaría 9 está confinado su hijo Lautaro, quien sin embargo debe quedar libre en diciembre. Padre e hijo podrían salir juntos si la Justicia le otorga la libertad transitoria.

“Hoy es especial, pero acá todos los días estamos muy unidos. Tenemos a la familia de afuera y la de acá”
, refiere Beto sentado en su celda de 2,5 metros por 1,5.

Presos de la Unidad Penitenciaria N° 9 de La Plata, a las afueras de Buenos Aires, tomando mate el 30 de junio de 2018. (AFP - EITAN ABRAMOVICH)
Presos de la Unidad Penitenciaria N° 9 de La Plata, a las afueras de Buenos Aires, tomando mate el 30 de junio de 2018. (AFP – EITAN ABRAMOVICH)

Levantar el trapo que hace de cortina de su celda es como entrar a un mini museo del Club River Plate.

“Tengo cinco juegos de camisetas y Enzo Pérez, que está en la Selección, me mandó la suya”
, cuenta mientras la muestra orgulloso.

Este hombre organiza los campeonatos del penal y guarda las seis pelotas que rebotan en el patio, todos los días, de 8 de la mañana a cinco de la tarde.

La camiseta de Messi 

Mate, jugos y dos platos con torta frita que nadie tocó durante el partido. Las sillas y bancos del pabellón ordenadas en torno al televisor y a una camiseta argentina con el 10 de Leo Messi, completan el altar futbolero.

Cuando los futbolistas se alinean y comienza a sonar el himno, los internos lo corean a viva voz. El mismo sonido llega desde los otros pabellones.

“Este espacio era peligros antes, pero hace tres años que no pasa nada serio. Ayudó mucho el trabajo de Beto”, reconoce Mauricio Cañedo, subinspector del pabellón.

La calma se interrumpe en el epílogo del primer tiempo. Angel Di María termina con los nervios por la derrota parcial y el penal entero estalla en un grito de gol. Todos saltan, incluidos los guardias. Un sonido metálico retumba en el edificio: los presos hacen sonar al unísono las trabas de sus celdas.

22.000 futbolistas 

El Servicio Penitenciario Bonaerense tiene unos 24.500 internos que hacen actividad deportiva sistemática. De ellos, 22.000 juegan al fútbol.

“Trabajamos el buen uso del tiempo libre y potenciamos la actividad deportiva, también por todos los beneficios sociales que trae, como relacionarse, sentir pertenencia y ejercer distintos roles en un equipo donde se resaltan los valores de solidaridad, colaboración e integración”, explica a Walter Bertoloto, director de cultura y deporte del servicio penitenciario.

“Muchos de los internos se han criado en situación de calle o no han tenido familia”, describe Bertoloto. “Están detenidos, justamente, por no reconocer al otro. El equipo les permite compartir, contener o ser contenido en los momentos tristes, y eso muchas veces suple las carencias de afuera”, sostiene.

“El fútbol nos une. Jugamos todos los días y cuando llueve nos juntamos todos en el pasillo a ver los partidos. Hoy a la selección la apoyamos todos”, resume Eduardo, otro interno, antes de que todos estallen en un mismo grito: “Vamos, vamos Argentina, vamos a ganar, que esta hinchada quilombera no te deja de alentar”.

El final del partido se vivió entre soplidos de fastidio y con las manos en la cabeza.

“Es feo perder y ahora estamos todos tristes. A mí no me gustaba ver a Argentina porque siempre fue un fracaso. No voy a decir que Messi es un pecho frío porque él solo no juega”, resume con frustración Julio, de 38 años.

Solo uno de los internos cambió nervios por ansiedad. Es Jorge, nacido en Montevideo. El único extranjero del pabellón, aunque en el penal hay colombianos, paraguayos y bolivianos.

La Plata (Argentina) (AFP)

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Horacio Pagani: “Sólo tres bypass podían hacerme perder mi décimo Mundial”

Tras someterse a una operación de urgencia, en la que le colocaron tres bypass coronarios –”el médico dijo que si no iba al quirófano no llegaba ni a Ezeiza”–, el periodista, en plena recuperación, da su candidato –”Brasil”–, analiza las chances de nuestra Selección y confía en el gran Leo Messi.

Horacio Pagani (Foto Maximiliano Vernazza/GENTE)
Horacio Pagani y su candidato del Mundial 2018 (Foto Maximiliano Vernazza/GENTE)

No es lo mismo. Un Mundial sin Horacio Pagani –sabio futbolero, polemista consumado, verborrágico crack de toda la cancha– adolece de un ingrediente fundamental. “Iba a ser mi décimo Mundial”, se lamenta el periodista. Pero, al mismo tiempo, no desconoce que la Providencia le hizo un guiño.

A una semana de subirse al avión rumbo a Moscú, unos exámenes revelaron que estaba a punto de sufrir un infarto. “El médico me dijo: ‘Como estabas, no llegabas ni a Ezeiza. Te salvaste… Así de clarito’”, comenta Horacio Pagani (73) desde el living de su casa, en Almagro. Muy cerca su esposa, Cecilia Di Carlo, lo mima a toda hora. Frente a la tele, ya está listo para vibrar con cada partido de esta fiesta, que dará su puntapié inicial este jueves 14.

Horacio Pagani (Foto Maximiliano Vernazza/GENTE)
Horacio Pagani se recupera luego de tres bypass (Foto Maximiliano Vernazza/GENTE)

–Horacio, ¿cómo te diste cuenta de tu problema? ¿Fue por un examen de rutina?

–Un mes atrás venía sintiendo un dolor en el pecho, leve y difuso, cada vez que me despertaba. Como tengo la costumbre de dormir abrazado a la almohada, pensé que era muscular. Pasaron varios días y no se me iba. Sabía que me tenía que ir de viaje por dos meses (Mundial más unas vacaciones con Cecilia) y llamé a mi cardiólogo (Guillermo Cassella) una semana antes, por las dudas. Me hizo un electro, análisis de sangre y orina, radiografías, un eco stress… Todo estaba perfecto. “Bueno, me tendré que ir”, pensé.

Pero el cardiólogo me frenó: “Yo no te voy a dejar viajar con un dolor en el pecho, así que vamos a hacerte un cateterismo”. Y saltó todo: me dijeron que había obstrucciones en tres arterias y que era quirúrgico. Ahí mismo me internaron, en el Instituto Argentino del Diagnóstico, y me trataron extraordinariamente. Me operó el doctor Alejandro Machaín el sábado 26 de mayo. “En esta cama, de la habitación 206, estuvo Sandro”, me decían.

Horacio Pagani y su esposa Cecilia Di Carlo (Foto Maximiliano Vernazza/GENTE)
Horacio Pagani y su esposa Cecilia Di Carlo (Foto Maximiliano Vernazza/GENTE)

–Y te hicieron…

Tres by pass. La sangre cubría todo el corazón y no se percibía el contraste; por eso en los exámenes parecía que estaba todo bien. “Chau Mundial”, pensaba.

–¿Iba a ser tu décima Copa del Mundo?

–Sí. Tengo nueve Mundiales, coberturas que, en kilómetros recorridos, equivalen a seis viajes a la Luna y, ahora, un metro de cicatriz, ja ja. Entre esta operación, las dos de las caderas y una de apéndice... Ahora me agarra un poco la depre, porque tendría que estar ahí. Pero por suerte puedo contarla. Igual, no me resigno. En una de ésas, llego para la final… Veremos.

Horacio Pagani (Foto Maximiliano Vernazza/GENTE)
Horacio Pagani cubrió nueve mundiales  (Foto Maximiliano Vernazza/GENTE)

–¿Te dijeron qué ocasionó esto?

–Me aconsejaron bajar un cambio. Laburar menos, sobre todo. Estoy en tres canales (TyC, El Trece, Canal 9), todavía escribo en Clarín, tengo un programa de radio con mi hijo Luis (Pagani Fútbol Tango, en Conexión Abierta)… El trajín se siente. Después, en las comidas soy moderado y estoy medicado para el coresterol. Es stress.

–Las rabietas que te agarrás en la tele, ¿influyen?

–Una vez fui a lo de Mirtha y estaba (Facundo) Manes. Me dijo: “Tené cuidado”. Igual, si bien es verdad que me caliento, al minuto se me pasa. Me dijeron que el corazón, el músculo, estaba sano, intacto. El tema eran las arterias. Con esto debería tener mejor vida que la que llevaba. Debo caminar más, eso sí.

–¿Tuviste miedo?

–¿Sabés que no? Es raro. Le tengo cagazo a la muerte, pero frente a la cosa decidida, fui tranquilo al quirófano. En cinco días me dieron de alta, un récord.

–Bueno, hablemos de fútbol. Ya lo dijo el propio Messi: no somos candidatos. ¿Es tan así?

–Mirá, (Jorge) Sampaoli acaba de cumplir un año como técnico y todavía no se lo conoce bien. La gente le tiene desconfianza porque no es claro en algunas cuestiones. Por ejemplo, dijo que Mascherano ya no era volante sino defensor… y en las prácticas juega de 5. Y va a ser titular, olvidate. El entrenador venía con la idea de jugar con tres defensores y dos por afuera, pero ahora pone línea de cuatro. Como que fue perdiendo autoridad. El mismo dijo que esta Selección es más de Messi que de él.

En este Mundial Messi se la juega a todo o nada

–¿Te convence el plantel?

Me hubiera gustado que estuvieran Lautaro Martínez y (Ricardo) Centurión. Después de las finales perdidas en el Mundial de Brasil y las dos Copas América, se dijo que había que renovar. Y no hubo demasiado cambio: el eje del equipo es el mismo. Yo quería una delantera con (Cristian) Pavón, Lautaro y Centurión. Y Messi atrás de ellos.

–¿Te gusta Giovani Lo Celso?

–¡Cómo no me va a gustar, si es mi pollo! Le di manija desde que empezó a jugar en Rosario Central. Lo veo como el único sucesor de Riquelme. Se destacó como enganche, pero en Francia lo pusieron de “doble 5”, como lo va a utilizar Sampaoli. Tiene una calidad bárbara.

–Hablame de Messi.

En este Mundial se la juega a todo o nada. Es su apuesta para coronar una carrera extraordinaria. Por característica natural no es líder. Pero a fuerza de estar siempre en el mismo grupo se transformó en uno. A su manera, con su estilo, asumió ese rol. Digo que es su gran apuesta, porque para el próximo Mundial va a tener 35 años, y hay que ver si sigue manteniendo esa explosión que lo caracteriza. No tengo dudas de que es el mejor del mundo, pero no depende sólo de él. Si lo ayudan un poco…

El gran candidato es Brasil

–Sampaoli, en teoría, es un entrenador que para a sus equipos con ambición ofensiva. En eso están del mismo bando. Hasta usa jugadores por los costados –los wines–, como te gusta a vos.
–Sí. Sí. Bielsa –con quien tuve mis grandes diferencias– decía: “El fútbol se juega por afuera para terminarlo por adentro”. Y es verdad. Fijate el caso de Pavón en Boca. Lo que pareciera es que esta Selección no tiene grandes nombres ni figuras determinantes. A varios los ponés a caminar por la calle Florida y no los conocen. Pero como el fútbol es dinámica de lo impensado… Fijate que Argentina, sin hacer un gran Mundial, mereció ganar la última final contra un equipo que venía de hacerle siete a Brasil. El fútbol no es una ciencia, como muchos la quieren ver.

–Jugátela. Tus candidatos son…

–El gran candidato es Brasil. Si Neymar está bien, lleva las de ganar. Después viene un pelotón donde entran Alemania, España, Francia, Bélgica y… Messi.

Por Eduardo Bejuk.
Fotos: Maximiliano Vernazza y álbum personal

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La arenga a la selección del argentino que recorrió 80 mil kilómetros en bicicleta para llegar a Moscú

Matías Amaya salió hace cinco años en bicicleta de su casa en la provincia de San Juan y hoy alienta a la Argentina desde Rusia, antes de comenzar a pedalear para llegar a ¡Qatar 2022! La genial historia de un hombre que sostiene que ‘lo imposible solo cuesta un poco más’.

Matías Amaya junto a su bicicleta llamada Libertad en Moscú. Hace cinco años que pedalea al rededor del mundo. (Foto GENTE)
Matías Amaya junto a su bicicleta llamada Libertad en Moscú. Hace cinco años que pedalea al rededor del mundo. (Foto GENTE)

Hace cuatro días Matías Amaya, oriundo de la provincia de San Juan, llegó a Moscú en bicicleta desde Estonia. Le tomó 5 años llegar a alentar a la selección nacional y pedaleó más de 80 mil kilómetros con una bicicleta que le regalaron sus padres a la que llama Libertad y pesa 90 kilos. “Salí de casa por 15 o 20 días y nunca me imaginé que mi viaje iba a ser tan largo”, confiesa en una plaza de Moscú en donde se prepara para exponer sus fotos y conseguir algo de dinero para “sobrevivir”.

“Lo planifiqué después de haber estado en Brasil 2014. Me tomó más de un año llegar ahí y pude mezclar dos pasiones: viajar y el fútbol”, cuenta el sanjuanino que desde hace cuatro días duerme en la casa de una familia rusa que lo paró por calle y lo invitó a quedarse unos días.

Matías Amaya junto a su bicicleta con las satisfacción de haber llegado a Rusia.
Matías Amaya junto a su bicicleta con las satisfacción de haber llegado a Rusia.

“Desde Brasil viajé por toda América del Sur, después por América central y en Panamá me tomé un avión a Madrid. LLevo dos años pedaleando por Europa para poder estar hoy acá en Moscú. En cinco años pasé por 37 países”, dice Matías que aunque es un gran apasionado del fútbol los partidos los va a ver por televisión porque no tiene dinero para las entradas.

“El solo hecho de haber llegado hasta acá para mí es suficiente. Espero que la selección pueda ver el esfuerzo que hace cada simpatizante. Yo he llegado en bici, pero hay muchos que hacen autostop o vienen en avión, hacen lo imposible por estar”, comenta Amaya antes de hacer una arenga dirigida a la selección albiceleste.

Libertad, la bicicleta de Matías Amaya pesa 90 kilos.
Libertad, la bicicleta de Matías Amaya pesa 90 kilos.

“Muchachos si pudieran vernos a nosotros y lo que hacemos por estos dos colores, celeste y blanco, y por la pasión que es el fútbol, llegarían muy lejos. Yo vengo en bici pero están los que vienen haciendo autostop, en avión y han hecho lo imposible por estar. Me gustaría que ustedes sepan que no solo solo once jugadores en la cancha, ni uno más diez, son ustedes más todo un pueblo atrás apoyándolos, Quiero que sepan que no están solos”, dice Matías para quien “lo imposible solo cuesta un poco más”

Matías Amaya con esta bici recorrió 37 países en cinco años.
Matías Amaya con esta bici recorrió 37 países en cinco años.

Después de Rusia, fijará su rumbo hacía la India y Asia con el objetivo de estar en Qatar 2022. “Si tiene un sueño vayan detrás de eso porque hay que intentarlo una, dos, tres veces”, concluye Matías que sustenta su viaje gracias a la solidaridad de la gente y su trabajo. “No necesito dinero. Tengo dos manos y mucho sudor para ofrecer. Cuando me dan un lugar para dormir trabajo, limpio la casa, ayudo, cuido a los chicos. Afuera hay más gente buena dispuesta a dar que personas malas que te quieren quitar”.

(Hugo Martín desde Rusia)

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Un islandés en Buenos Aires: “Los Mundiales pasados hinché por Argentina; esta vez lo haré por mi país”

Helgi Hrafn Guomudsson tiene 33 años, es licenciado en Historia y hace más de una década que vive en la Argentina. Aquí cuenta por qué eligió este destino y cómo son sus días. Arriesga un resultado para el partido del próximo 16 de junio, fecha en que el Seleccionado de Islandia –primer rival de nuestro país– debutará en una Copa del Mundo.

El islandés (Foto Fabián Mattiazzi/GENTE)
El islandés Hrafn Guðmundsson (Foto Fabián Mattiazzi/GENTE)

“Suerte en el Mundial”, le dice entre risas uno de los cocineros de La Mezzetta. Apretón de manos mediante, él responde: “Gracias, igualmente para ustedes”. Por su aspecto y su forma de pronunciar la “r”, Helgi Hrafn Guðmundsson (33) sobresale entre los comensales de la clásica pizzería de Colegiales.

El, sin embargo, se considera “uno más”. Es lógico. Lleva una década instalado en Buenos Aires, ciudad a la que –hoy– describe como “mi segundo hogar”.

–¿Por qué elegiste venir a la Argentina?

Islandia es un país muy pequeño, de 341.000 habitantes. Cuando terminé la carrera, tenía curiosidad por conocer otros lugares. Quería salir a explorar el mundo. Miraba en el mapa los países de América latina y pensaba: “¡Qué lejos!”. Lo que terminó de definirme fueron los textos de Borges. Yo leía sus obras, y su fanatismo por Islandia me generó el interés por viajar a Buenos Aires.

–Contanos de tus primeros días acá.

–¡Fueron divertidos! Esta es una ciudad grande y con mucha oferta de actividades. Además, gracias al tipo de cambio me resultaba muy barato: vivía con 400 dólares al mes.

El islandés Hrafn Guðmundsson (Foto Fabián Mattiazzi/GENTE)
El islandés Hrafn Guðmundsson (Foto Fabián Mattiazzi/GENTE)

–¿Cómo te las arreglaste con el idioma?

–Cuando llegué no sabía una palabra de español (risas). No fue fácil, pero aprendí rápido. Me anoté en un curso de idioma para extranjeros que dictaban en la Universidad de Buenos Aires. Al año ya manejaba el castellano.

–¿Alguna vez pensaste en volver a Islandia?

–Al principio iba y venía. Vivía seis meses acá y seis allá. Siempre que regresaba a Reikiavik decía que no iba a volver a la Argentina… Al final terminaba haciéndolo. El clima influyó. El invierno islandés es duro. Hace mucho frío y el sol se ve cuatro o cinco horas, nada más. Son meses muy largos y oscuros. Me sentía mejor en Buenos Aires.

–¿Contaste con el apoyo de tu familia?

–Siempre. De hecho, mis dos hermanos también están viviendo fuera de Islandia: uno en Suecia y el otro en Holanda. Creo que es algo que sucede en el mundo de hoy: la gente viaja.

–¿Te costó hacer amigos acá?

–Para nada. Esta es una tierra de inmigrantes, y se nota. Los argentinos son cálidos y simpáticos. Te ceban mate, te invitan a jugar al fútbol y te enseñan a hacer carne a la parrilla. Son abiertos y muy curiosos del origen de cada persona. No fue difícil sentirme parte.

–¿Hay similitudes entre los dos países?

Islandia, a diferencia del resto de las naciones escandinavas, no es tan estructurado. Tenemos una frase que dice algo así como “se arregla”. Vivimos más relajados. Entonces no me costó adaptarme, por ejemplo, a improvisar salidas o a la impuntualidad, tan típicas de acá.

–¿Con el fútbol son tan fanáticos como nosotros?

–No tanto. Igual, es un deporte súper popular: se juega en todo el país. Este año es la primera vez que Islandia participa de un Mundial, y están todos muy contentos. Tengo varios amigos que van a viajar a Rusia.

–¿Quién es el mejor de su Seleccionado?

–Se llama Gylfi Sigurdsson (N. de la R.: media punta del Everton inglés) y ahora está lesionado. Así que todo el pueblo islandés viene rezando para que se recupere y el 16 de junio pueda enfrentar a Argentina.

–¿Con quién vas a ver el partido?

Mis amigos se ríen de mí: me dicen que voy a ser la hinchada de un solo hombre. Todavía no decidí si me conviene mirarlo en un búnker lejos de todos o juntarme con unos amigos que sé que no me van a gritar los goles en la cara.

–¿Te animás a hacer algún pronóstico?

–(Piensa). Los Mundiales pasados siempre hinché por Argentina, pero esta vez voy a hacerlo por mi país. Nosotros vamos con mucha humildad. Sabemos que tenemos nuestras fuerzas y que mientras el equipo esté unido y organizado, todo puede suceder. Es un debut en el escenario más grande del fútbol y contra el mejor del mundo que es Messi. Un flash.

–Para cerrar, Helgi: ¿te sentís más argentino que islandés o al revés?

Soy islandés, pero creo que me incorporé rápidamente como uno de los suyos. Siento que este país va a ser mi segundo hogar para siempre. De hecho, ahora voy a tramitar la residencia permanente. Admito que me encanta vivir acá.

Por Flor Illbele

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Los tips del embajador ruso para los hinchas argentinos que vayan al Mundial ¡Tomá nota!

Victor Koronelli, destinado en nuestro país desde 2011 y ya enfocado en el torneo que comenzará el 14 de junio, el embajador nos da consejos a tener en cuenta en el Mundial

Victor Koronelli (Foto Julio César Ruíz/GENTE)
Victor Koronelli, el embajador ruso, brinda las claves para viajar al mundial (Foto Julio César Ruíz/GENTE)

“San Petersburgo es la cabeza de Rusia. Moscú, el corazón. Y Nizhni Nóvgorod, el bolsillo”, profesa el embajador de la Federación Rusa en la Argentina, Victor Koronelli (59), citando un dicho popular del siglo XIX.

“Son tres ciudades muy interesantes”, agrega sobre los destinos iniciales de nuestro Seleccionado en el Mundial 2018. Casado y padre de tres hijos, destinado en Buenos Aires desde septiembre de 2011, Koronelli, doctor en Ciencias Geográficas y diplomático desde hace treinta años, nos comparte consejos sobre el país que representa desde la sede de la embajada en Rodríguez Peña al 1700.

Nizhni Nóvgorod. A 450 kilómetros de Moscú, es la quinta más poblada del país. Su corazón histórico (foto), ubicado en una colina sobre el río Volga, invita a pasear por sus jardines, escalinatas y antiguas iglesias ortodoxas. La temperatura promedio en esta época es de 25 grados. (Foto gentileza embajada de Rusia)
Nizhni Nóvgorod. A 450 kilómetros de Moscú, es la quinta más poblada del país. Su corazón histórico (foto), ubicado en una colina sobre el río Volga, invita a pasear por sus jardines, escalinatas y antiguas iglesias ortodoxas. La temperatura promedio en esta época es de 25 grados. (Foto gentileza embajada de Rusia)

“Viajar por Rusia es muy fácil –asegura Koronelli–. No hay por qué perderse. En la calle hay mucha información, así como en los trenes y en los subtes. Además, los moscovitas son muy hospitalarios. Responden cuando uno pregunta. Sin embargo, en Rusia sólo algunos hablan inglés. Y muy pocos dominan el castellano. Por eso lo mejor es aprender algunas frases en ruso, para poder preguntar. En caso de que sea necesario, les contestarán señalando el mapa. Además, hace ya un tiempo que en las ciudades turísticas hay gente preparada para ayudar. Durante el Mundial habrá muchísimos voluntarios, como ocurrió en los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi 2014”.

Victor Koronelli en diálogo con GENTE (Foto Julio César Ruíz/GENTE)
Victor Koronelli en diálogo con GENTE (Foto Julio César Ruíz/GENTE)

–¿En Moscú hay problemas con el tránsito?

–Sí. Y eso hay que tenerlo en cuenta. Es peor que en Buenos Aires. Allí viven doce millones de personas. Además, alquilar un auto puede ser un problema, porque en todos lados se paga estacionamiento. Es más cómodo usar trasporte público. El subte, en hora pico, viene cada dos minutos o, incluso, cada minuto y medio. Por otro lado, Moscú tiene una amplia red de transporte terrestre y muchas estaciones de subte. ¡Cada vez más! Llegan a 170, aproximadamente, el doble que Buenos Aires. A la vez, hay buses y tranvías. Para asistir a los partidos hay que tener un pasaporte para hinchas, que se llama FAN ID. Los días de partido te permite viajar gratis entre ciudades en trenes adicionales, dentro de la ciudad en transporte público (menos taxi). Se obtiene por Internet y te lo mandan por correo o te lo entregan en la Casa del Hincha, que funciona en la Casa de Rusia (Rivadavia 4266, CABA).

Nizhni Nóvgorod. El estadio tiene capacidad para 45 mil aficionados. El 21 junio jugaremos allí contra Croacia. (Foto gentileza embajada de Rusia)
Nizhni Nóvgorod. El estadio tiene capacidad para 45 mil aficionados. El 21 junio jugaremos allí contra Croacia. (Foto gentileza embajada de Rusia)

–¿Qué es lo más sorprendente de Moscú?

–Obviamente vale la pena ver el Kremlin y la Catedral de San Basilio. Pero además, yo recomiendo hacer un paseo por el río Moscova, que cruza la ciudad. Lo más atractivo son los barcos con restaurante, que tienen una cúpula de vidrio.

San Petersburgo Fundada en 1703 por Pedro El Grande, se erige como un epicentro artístico y arquitectónico, con sus palacios y el peso de la historia en sus construcciones urbanas. Entre junio y julio el sol no se desvanece del todo, ofreciendo las magníficas noches blancas. La temperatura no supera los 18 grados. Sus principales atracciones son los canales del río Neva, el Palacio de Invierno –hoy museo del Hermitage– y la Catedral San Issac. (Foto gentileza embajada de Rusia)
San Petersburgo. Fundada en 1703 por Pedro El Grande, se erige como un epicentro artístico y arquitectónico, con sus palacios y el peso de la historia en sus construcciones urbanas. Entre junio y julio el sol no se desvanece del todo, ofreciendo las magníficas noches blancas. La temperatura no supera los 18 grados. Sus principales atracciones son los canales del río Neva, el Palacio de Invierno –hoy museo del Hermitage– y la Catedral San Issac. (Foto gentileza embajada de Rusia)

–¿Qué puede decir de San Petersburgo y sus noches blancas?

–Nunca tuve la suerte de verlas en vivo. Fui en otra época. En julio sí tendrán noches blancas. No oscurece ni un minuto. Además, San Petersburgo cuenta con el famoso Museo del Hermitage y varios otros palacios, que pertenecieron a la familia real antes de la Revolución de Octubre. El paseo por el río Neva también es muy lindo. Además, la ciudad posee puentes levadizos, de los que Moscú carece: se abren de noche para dar paso a los barcos; y si quedaste del otro lado, ¡tenés que esperar a que bajen el puente! En esta ciudad también se puede ver el Museo del Crucero Aurora, famoso por los cañonazos sobre el Palacio de Invierno en 1917.

–¿Alguna recomendación sobre Nizhni Nóvgorod, para nosotros la ciudad menos conocida?

–Es una de las ciudades más grandes de Rusia, a seis horas en auto de Moscú. La quinta en población. Está a orillas del río Volga, donde se junta con el Oka. Fundada en 1221, es más antigua que la capital del país.

Moscú La capital de la Federación Rusa tiene 12 millones de habitantes, tres aeropuertos internacionales y una enorme red de subterráneos. El Bolshoi, el Kremlin y la Catedral de San Basilio, frente a la Plaza Roja, son sus paseos ineludibles. (Foto gentileza embajada de Rusia)
Moscú. La capital de la Federación Rusa tiene 12 millones de habitantes, tres aeropuertos internacionales y una enorme red de subterráneos. El Bolshoi, el Kremlin y la Catedral de San Basilio, frente a la Plaza Roja, son sus paseos ineludibles. (Foto gentileza embajada de Rusia)

–En caso de avanzar de rueda iríamos a Ekaterimburgo, a 1.700 kilómetros de Moscú

–Es la capital de los Urales. ¡Rusia es grandísima! Y si bien queda lejos, a nivel general el Seleccionado argentino tuvo suerte con el sorteo. Las tres primeras ciudades son relativamente cercanas entre sí.

San Petersburgo. El estadio Zenit, en la isla Krestovsky, es el más caro de la Historia: costó mil millones de dólares. Allí enfrentaremos a Nigeria el 26 de junio. (Foto gentileza embajada de Rusia)
San Petersburgo. El estadio Zenit, en la isla Krestovsky, es el más caro de la Historia: costó mil millones de dólares. Allí enfrentaremos a Nigeria el 26 de junio. (Foto gentileza embajada de Rusia)

–Con sus seis años de servicio exterior en nuestro país, ya debe conocer muy bien a los argentinos. ¿Qué nos hermana con Rusia y nos hará amena la estadía?
–Tenemos varias cosas en común. El buen humor y el optimismo, por ejemplo. Mis amigos argentinos que viajaron volvieron con muy buena impresión.

–¿Qué no hay que dejar de comer en Rusia?

–Sus platos típicos. Las sopas, como la de remolacha, la más famosa. Además, la de hongos y la de pescado.

Moscu. El estadio olímpico del Spartak tiene capacidad para 43 mil espectadores, y es el segundo en importancia de la ciudad, después del Luzhniki. Argentina debutará allí el 16 de junio, ante Islandia. (Foto gentileza embajada de Rusia)
Moscu. El estadio olímpico del Spartak tiene capacidad para 43 mil espectadores, y es el segundo en importancia de la ciudad, después del Luzhniki. Argentina debutará allí el 16 de junio, ante Islandia. (Foto gentileza embajada de Rusia)

–¡¿Aunque sea verano?!

–Sí, porque el verano en estas tres ciudades no es tan caluroso como en Buenos Aires. Las temperaturas no superan los treinta grados. También recomendaría los pelmeni rusos que, aunque parecen ravioles, son otra cosa. Y existen varios otros platos en base a pescado. Lógicamente, tanto en Moscú como en San Petersburgo hay restaurantes de comida internacional… Además, los argentinos van a poder disfrutar mucho –no exagerando, claro– del vodka. ¡Que tengan cuidado! (risas). Para disfrutarlo, que lo tomen muy helado. Otro dato: la cena en Rusia es a las siete de la tarde, aunque hay restaurantes abiertos hasta más tarde.

–¿Cómo cree que le va a ir a nuestro Seleccionado en el Mundial?

–Es un gran equipo. Estuve hablando en estos días con Jorge Sampaoli y con el Chiqui Tapia. Tienen estrellas, y una linda sede cerca de Moscú. Se juntarán un mes antes de que arranque y van a lograr conexión, lo que a veces falta, porque la mayoría juega en diferentes clubes de España, Inglaterra y acá. Seguro que la Argentina va a pasar de fase. Ojalá que llegue a la final… ¡y que juegue contra Rusia, claro! (risas).

Por Ana van Gelderen

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