A 23 años del motín de Sierra Chica: “Es verdad, no mito, que acá se cocinaron empanadas con carne humana”

GENTE recorrió la cárcel donde en la Semana Santa de 1996 tuvo lugar el motín más sangriento de la historia carcelaria argentina, con un saldo de ocho muertos que fueron mutilados y calcinados en un horno, terminando algunos como relleno que luego comieron rehenes y guardiacárceles. Una visita inquietante al lugar donde se vivieron escenas de horror que impulsaron a un involuntario canibalismo.

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De terror. Las fotos exclusivas de GENTE cuando ocurrió el motín. En total mantuvieron a 17 personas como rehenes, entre ellas la jueza María de las Mercedes Malere (foto centro), y asesinaron a balazos y cuchilladas a ocho internos.

“Este es el Horno 1, donde según la mayoría de los presos que estuvieron en esa Semana Santa de 1996 cocinaron empanadas de carne humana después de trozar los cuerpos. Es verdad, no mito… Eso ocurrió”.

La frase de uno de los tantos guardiacárceles que nos acompañan durante la recorrida por el Penal de Sierra Chica –ubicado a doce kilómetros de la ciudad de Olavarría, a 350 kilómetros al sudoeste de Buenos Aires– hiela la sangre.

Genera cierta aprensión acercarse y mirar con detenimiento cómo en el preciso momento en que pasamos por allí se cocina pan donde hace 23 años se calcinaron cadáveres mutilados. El asador ocupa varios metros y cuando abren su tapa se advierte una lengua de fuego tan intensa como amenazante.

Mientras observamos, se generan esos silencios tan propios que produce el asombro. Las preguntas se suceden una tras otra, en el preciso lugar donde hace algo más de dos décadas coincidieron el horror y la muerte de la manera más terrible que se pueda imaginar.

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“Este salón fue reciclado y reacondicionado, pero el horno que están viendo es el mismo de aquel momento. Sólo falta colgarle el cartel que lo identifica como “Horno 1”… Debe estar por ahí”, aporta otro agente del Servicio Penitenciario Bonaerense.

Para distender un poco el clima, preguntamos por Carlos Robledo Puch, otro de los legendarios inquilinos de esta prisión, quien permanecía alojado allí cuando tuvo lugar la matanza.

“Está en el Pabellón 9, el de diversidad de género, pero no quiere recibir a nadie. Sabe que ustedes están acá, porque los detenidos se enteran de todo. Muchos dicen que en aquella oportunidad se refugió en la capilla del penal, pero él lo desmiente. Cuenta que se encerró en su celda junto a algunos otros y resistieron tomando agua y comiendo lo que habían podido racionar cuando arrancó la revuelta”, agrega su compañero.

Afuera se escuchan voces y ruidos de rejas que chocan, los sonidos que más caracterizan a una prisión: el “clanc” tan característico y los gritos que utilizan los presos para comunicarse a distancia.

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El horno del crimen. El sitio donde algunos de los asesinados y luego despedazados durante la revuelta, finalizaron incinerados. Hoy el horno funciona restaurado y allí se cuece el pan con que se alimentan los internos. Izquierda: La chimenea humeante de la panadería mientras ardían los cuerpos. Este hecho tan atroz fue tapa de GENTE

Aquí convive una población de 1.873 reclusos, 1.293 penados y 590 procesados, según la pizarra con fondo de felpa roja y letras blancas intercambiables que luce en la oficina de Eduardo Maigua (46), director de la unidad, de la cual en 138 años de historia sólo se pudo fugar un prisionero… a quien detuvieron a las pocas cuadras.

La cárcel tiene forma de panóptico distribuido en doce pabellones, sistema ideado por el filósofo Jeremy Bentham en 1791, para que un solo custodio pueda observar a los detenidos desde la guardia –ubicada exactamente en el centro del patio–, sin que aquellos puedan hacerlo.

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“Se están equivocando, haciendo una cag… enorme”, les advirtió la magistrada a los rebeldes. Y terminó sumándose sin quererlo a la lista de cautivos con su colaborador.

SEMANA SANTA TRÁGICA. La historia ya escrita del motín dice que comenzó pasado el mediodía del sábado 30 de marzo de 1996, y se extendió por ocho días.

Fue encabezado por los que luego se denominaron “Los 12 Apostóles”, por el número de integrantes que lo generaron y por la fecha religiosa: Marcelo Brandán Juárez –el cabecilla-, Miguel Ángel Acevedo, Jorge Alberto Pedraza, Carlos Gorosito Ibáñez, Marcelo González Pérez, Jaime Pérez Sosa, Víctor Esquivel, Oscar Olivera Sánchez, Carlos Villalba Mazzey, Héctor Cóccaro Retamar, Marcelo Vilaseco Quiroga y Héctor Galarza la emprendieron contra otra banda que lideraba Agapito Lencina. Intentaban fugarse, pero el plan fracasó.

La jueza María de las Mercedes Malere llegó a la prisión junto a su secretario, intentando negociar la rendición. “Se están equivocando, haciendo una cag… enorme”, les advirtió la magistrada a los rebeldes. Y terminó sumándose con su colaborador a la lista de rehenes.

La violencia fue creciendo minuto a minuto . Hugo Barrionuevo Vega –del grupo de Lencina– fue el primero en caer víctima, de un balazo y decenas de puñaladas. Enseguida liquidaron a otros seis. El objetivo principal era Lencina, quien resistió a punta de cuchillo, pero rápidamente fue liquidado de un tiro y varias cuchilladas.

Todos fueron mutilados a hachazos, sus restos volcados en ollas y cocinados en el mencionado Horno 1 de la panadería como relleno de empanadas. Las terminaron comiendo algunos guardiacárceles y rehenes –en total diecisiete–, que más tarde se enteraron de aquel involuntario canibalismo de la manera más cruel.

“Te estás comiendo un rocho”, les dijeron cínicamente. Pero eso no fue todo. A otro preso, José Pérez, lo masacraron a facazos por negarse a formar parte del grupo de descuartizadores.

Así sumaron el número de muertos a ocho. Testigos que luego declararon en la investigación relataron que antes de incinerar a sus “compañeros”, los revoltosos se “divirtieron” jugando “a la pelota” con la cabeza de Lencina…

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La cárcel hoy. 1. Los internos participan de diversos talleres: entre otros, de arte, de reciclaje de residuos con salida laboral, de confección de elementos en sistema braille para ayudar a los ciegos, de fabricación de anteojos con marco de madera para que resulten económicos para la comunidad. También completan estudios en la Escuela de Educación Media Nº 5, a cargo de la vicedirectora, Mariela Merlos. 2.

DROGAS Y “PAJARITO”. El país estaba conmocionado con lo que pasaba. No se hablaba de otra cosa. Eduardo Duhalde era gobernador y hasta pensó en tomar la cárcel por la fuerza. Luego desistió, por las muertes que seguramente provocaría una decisión apresurada. Mientras tanto, los amotinados negociaban con el propósito de escapar: pretendían armas y autos. El ambiente era una verdadera locura. Los días pasaban y las drogas –en especial el “pajarito”, bebida preparada con levadura fermentada, agua hervida y cáscaras de frutas, que ingerida en cantidades produce una sensación de gran borrachera– habían hecho estragos entre los violentos.

El Domingo de Pascuas llegó la rendición. Habían estado liberando rehenes. Los detenidos pedían que se aceleraran sus causas en los casos de los presos sin condena. Exigían que se les aplicara el famoso “dos por uno” –computar doble el tiempo de encierro a los que no tenían sentencia– y que se los trasladara a una prisión federal, porque temían sufrir represalias por los asesinatos que ejecutaron, ya que era vox populi lo que vendría.

“Acá se la tienen jurada a estos h de p”, corría la voz entre los más exaltados. Les concedieron ciertas solicitudes, con algunas variantes. Se alcanzó la paz. El saldo: ocho muertos, el doble de heridos y la deleznable acción de descuartizar y cocinar a los muertos.

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Guardiacárceles y rehenes se enteraron de aquel canibalismo involuntario de la manera más cruel: “Te estás comiendo un rocho”, les dijeron cínicamente.

En febrero de 2000 se realizó el juicio por primera vez en una cárcel –la de Melchor Romero– con 24 implicados, porque a los Apóstoles se sumaron otros doce por participaciones diversas en los hechos.

Los detenidos permanecían en sus celdas y seguían el desarrollo a través de monitores. Se utilizó por primera vez un sistema de transmisión de imágenes y audio, con los acusados encerrados en tres celdas a unos 200 metros de donde los jueces tomaban las declaraciones. Recibieron condenas a prisión perpetua, y quince y doce años de prisión, de acuerdo a la responsabilidad de cada uno.

Hoy, algunos están libres, otros volvieron a caer en el delito y permanecen presos, y varios murieron.

El recuerdo de esos asesinos permanece en la cárcel de Sierra Chica como una leyenda nefasta de lo que fue el motín más sangriento de la historia carcelaria argentina. En tanto, en el horno de su panadería ya no hay más sitio para el horror. Ahora allí se cuece el pan con que se alimentan los reclusos.

Por Miguel Braillard.
Fotos: Maximiliano Vernazza y archivo Atlántida.

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Los detalles de la visita privada entre Donald Trump y la familia Bush para darle sus condolencias

Eternamente enfrentado con la familia del recientemente fallecido George H. W. Bush, Trump dio muestras de acercamiento con el tradicional clan político.

El presidente de EEUU, Donald Trump, y la primera dama, Melania, saludan al exmandatario estadounidense George W. Bush y su esposa, Laura, en Blair House, frente a la Casa Blanca, en Washington, el 4 de diciembre de 2018 (AFP - Nicholas Kamm)
El presidente de EEUU, Donald Trump, y la primera dama, Melania, saludan al exmandatario estadounidense George W. Bush y su esposa, Laura, en Blair House, frente a la Casa Blanca, en Washington, el 4 de diciembre de 2018 (AFP – Nicholas Kamm)

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, acudió el martes a dar sus condolencias a la afligida familia Bush, en su último gesto para hacer las paces con el tradicional clan político contra el cual se enfrentó antes duramente.

Trump, cuyo ascenso a la cabeza del Partido Republicano supuso una agria confrontación con los Bush, se ha esforzado por demostrar unidad desde la muerte del expresidente George H.W. Bush, a los 94 años, el viernes en Houston.

Antes del funeral de Estado el miércoles, en el que Trump se sentará en la primera fila aunque no pronunciará un discurso, el presidente anunció en Twitter que visitaría a la “maravillosa familia de Bush”, alojada en la casa de huéspedes presidencial Blair House, frente a la Casa Blanca.

Trump y su esposa Melania fueron recibidos en la puerta de la residencia Blair en la fría tarde del martes por el expresidente George W. Bush, hijo del difunto mandatario, y su esposa, la ex primera dama Laura Bush, para una visita privada.

Antes, Laura Bush visitó junto a Melania Trump las decoraciones navideñas de la Casa Blanca.

Las relaciones de Trump con el ‘establishment’ republicano han sido complicadas desde que el magnate inmobiliario logró la nominación del partido para la carrera presidencial, y luego tras su sorprendente victoria electoral en 2016.

Trump no asistió al funeral este año de la ex primera dama Barbara Bush, esposa de George H.W. Bush, al contrario de sus antecesores, los exmandatarios Barack Obama, George W. Bush y Bill Clinton. Melania Trump representó a la actual Casa Blanca en esa ocasión.

Trump tampoco asistió al funeral en agosto de otro grande de la política estadounidense y del Partido Republicano: el exsenador John McCain.

La familia Bush le aseguró a Trump que los discursos mortuorios en la Catedral Nacional de Washington el miércoles evitarán cualquier crítica hacia él, informó The Washington Post.

Más de 21.600 personas, según las autoridades, habían pasado el martes por la Rotonda del Capitolio, donde desde el lunes por la tarde es velado el 41º presidente estadounidense, George H.W. Bush, referente para muchos de una generación de patriotas.

Washington (AFP)

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El presidente del millonario grupo chino HNA murió tras un absurdo accidente intentando tomar una foto

Wang Jian se quiso subir a una baranda para hacerse una foto y al caer perdió la vida dejando sin conducción al grupo con millonarios negocios en las áreas de transporte, entretenimiento, turismo y real state entre otras cosas.

El presidente del conglomerado chino HNA, en una imagen del 23 de octubre de 2012 (AFP/Archivos - ERIC PIERMONT)
El presidente del conglomerado chino HNA, en una imagen del 23 de octubre de 2012 (AFP/Archivos – ERIC PIERMONT)

El presidente del conglomerado chino HNA, en la mira de las autoridades por su frenesí de adquisiciones en el extranjero, murió en Francia tras una caída accidental cuando intentaba hacerse una foto, anunció este miércoles el grupo.

Wang Jian, presidente y fundador, murió el martes en la región de Provenza (sur) a los 57 años, indicó en un comunicado la empresa, activa en los sectores del turismo, la logística y el transporte aéreo.

Wang visitaba el pueblo de Bonnieux cuando sufrió una caída mortal, según los gendarmes.

“Se había subido a un parapeto en altura para hacerse una foto y se cayó”, precisaron los gendarmes. Los bomberos no lograron reanimarlo.

Como en el caso de Wanda (cines e inmuebles), Fosun (ocio y turismo) y Anbang (aseguradoras y hostelería), el grupo HNA, fundado el año 2000 en la isla de Hainan (sur), forma parte de los conglomerados que están desde hace un año en la mira de los reguladores chinos, a los que les preocupa la amplitud de los préstamos contraídos para financiar sus adquisiciones, especialmente en el extranjero.

“Lloramos la pérdida de un dirigente excepcionalmente talentoso y de un modelo, cuya visión y valores seguirán sirviendo de guía para todos los que tuvieron la suerte de conocerlo”, indicó HNA en su comunicado.

El grupo, casa matriz de la aerolínea china Hainan Airlines, se desarrolló rápidamente a base de adquisiciones a diestro y siniestro.

En los dos últimos años gastó al menos 50.000 millones de dólares en inversiones y compras de participaciones, no libres de controversias sobre la opacidad de sus complejas estructuras de accionariado.

Así, entró en el capital de varias aerolíneas extranjeras: Azul (Brasil), Aigle Azur (Francia), Virgin Australia (Australia) y TAP (Portugal).

A finales de 2017, HNA anunció que su deuda total se elevaba a unos 638.000 millones de yuanes (81.500 millones de euros; 94.800 millones de dólares), un incremento de 36% respecto a finales de 2016.

Pekín (AFP)

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A 30 años de la muerte de Federico Moura, el recuerdo de su hermano Marcelo

El menor de la familia y pieza clave de Virus, recuerda al inolvidable Fede a tres décadas de su muerte. Tras el homenaje que le brindaron en el festival Provincia Emergente, lo destaca como un artista incomprendido y atacado en su época, reivindicado póstumamente. Y enfatiza el profundo lazo que los unirá por siempre.

Federico Moura
Federico Moura

La casa de los Moura en City Bell estaba llena de música. “La escena era así: mi vieja tocando el piano en el living, y nosotros alrededor, cantando… Era una casa muy grande, como un casco de estancia, porque mi padre era un abogado de muy buena posición. Siempre fuimos una familia híper unida. Veníamos del cole, almorzábamos y nos poníamos al lado del hogar a leña, los tres con la guitarra. Esa imagen es, para mí, el germen de Virus. Así nos pasábamos horas. Fede –que le llevaba cuatro años a Julio–, Julio –que me lleva cuatro a mí– y yo, el más chico”, cuenta Marcelo Moura (58) entre la nostalgia y un presente pleno, arquitecto de la música de Virus, uno de los grupos más trascendentes en la historia del rock nacional.

Los ‘80 vibraron en gran parte con el sonido de los Moura, un cóctel de alegría, movimiento y sutilezas. Este año se están cumpliendo tres décadas de la muerte –prematura y trágica, a sus 37– de Federico, cantante y letrista exquisito. Negros años aquellos en que el rock criollo en pocos meses perdió también a otras dos figuras emblemáticas: Luca Prodan y Miguel Abuelo.

Los Moura en 1964. Papá Jorge (apodado Pico, exitoso abogado platense) junto a Federico (13), Julio (8) y Marcelo (4), futuros integrantes de Virus
Los Moura en 1964. Papá Jorge (apodado Pico, exitoso abogado platense) junto a Federico (13), Julio (8) y Marcelo (4), futuros integrantes de Virus.

La semana pasada, en el marco de Provincia Emergente, el festival de cultura joven que organiza el gobierno de la provincia de Buenos Aires a través del Ministerio de Gestión Cultural, se le brindó un homenaje.

Participaron figuras como David Lebón, Javier Malosetti, Lali Espósito, Ale Sergi, Soledad, Juanchi Baleirón y Angela Torres, entre otros. Y, por supuesto, los integrantes de Virus, entre los que se destacan Marcelo (58) y Julio Moura (62). La emoción y los recuerdos se amontonaron. La música, como siempre, cicatrizó todo.

–Marcelo, ¿qué te genera tocar estos clásicos de Virus? ¿Lo seguís disfrutando?

–Cada vez más. Hay gente que no, y lo entiendo. Al Flaco Spinetta le pedías que tocara Muchacha ojos de papel y te quería asesinar. A mí no me sucede. Al contrario, la paso bien. Por más que las toque dos millones de veces.

Julio y Marcelo Moura, puro sentimiento.
Julio y Marcelo Moura, puro sentimiento.

–Virus se impuso haciendo algo disruptivo y genuino. Pero en su tiempo eso le costó duras críticas y ataques.

–Todos nos decían, antes de que tuviéramos éxito, que cambiáramos la música y las letras. Y nosotros, ni locos… “Pero no las va a entender nunca nadie…”. Y bueno, que no las entiendan, pero es lo que somos. Nos la jugamos. Hay gente que hace música con la intención de triunfar y ganar guita. Para mí, eso está en segundo lugar. Es muy posible que te vaya bien haciendo lo que sentís. De hecho, hace 40 años que vivo de la música. Pero hay que sortear ese filtro. Creo que muy poquita gente hubiera aguantado lo que nos bancamos nosotros.

Federico fue uno de los grandes frontmen del rock, por presencia escénica y esa voz sugerente y cautivante. Su muerte, ocurrida el 21 de diciembre de 1988 en el barrio porteño de San Telmo, causó conmoción. Treinta años después, su legado permanece.
Federico fue uno de los grandes frontmen del rock, por presencia escénica y esa voz sugerente y cautivante. Su muerte, ocurrida el 21 de diciembre de 1988 en el barrio porteño de San Telmo, causó
conmoción. Treinta años después, su legado permanece.

–¿Es verdad que Federico llegó a llorar por las críticas despiadadas?

–Sí. Y yo también. Por ahí leo cosas en las redes sociales sobre cualquier músico: “Qué asco éste, qué asco el otro…”. Y pienso, ¿por qué insultar? Un tipo que hace una música que no te gusta no se convierte por eso en un hijo de puta ni en un delincuente. Pero bueno, la gente es así...

–De chicos, en La Plata y City Bell, ¿qué escuchaban?

–Federico viajaba mucho a Europa y traía cosas que acá llegaban tarde. A mí me regaló Reggatta de Blanc en el ’79, y cuando vino The Police en el ’83 no llenó ni Obras. No se lo conocía. Pero nosotros teníamos mucha información. Escuchábamos a Lou Reed, Bowie, Zappa, mucho Ney Matogrosso, un espectro muy diverso. Con mamá también cantábamos zamba y tango. Entonces no nos podían decir: “Ah, suenan como tal banda”. Porque las influencias eran tan disímiles que no nos parecíamos a nadie. Fue un sonido original.

Posando para Superficies de placer (1987), quizás el mejor disco de la banda, último que grabó Federico, ya enfermo de HIV
Posando para Superficies de placer (1987), quizás el mejor disco de la banda, último que grabó
Federico, ya enfermo de HIV.

–Federico estuvo bastante tiempo en Londres, ¿no?

–Sí, en un período muy loco, los 70’, la época del ácido. Fue en barco, con amigos. Uno se coló y lo terminaron deportando. Vieron bandas históricas en vivo y en directo. Los instrumentos que conseguías allá no se podían comparar. ¡Acá había teclados a querosén! Eso nos benefició: compramos todo afuera.

–Quizás muchos no estaban preparados para la música que hacían ustedes.

–¡Se armaban unos quilombos…! Un diez por ciento decía: “¡Por fin apareció algo!”. Y el otro noventa nos daba con todo. La nuestra era una imagen muy provocativa, y todo lo nuevo es como que provoca rechazo.

Un estilo único, una mirada magnética: Federico en 1976, poco antes de Virus y la fama.
Un estilo único, una mirada magnética: Federico en 1976, poco antes de Virus y la fama.

–¿Cómo la bancaron?

–Porque éramos muy unidos, estábamos conectados, como en Bluetooth. Teníamos la misma educación, los mismos códigos… Nos ofrecieron tocar por la Guerra de Malvinas y todos dijimos que no… en plena dictadura. Y eso nos costó, porque nos sacaron de todos lados.

–No hay que olvidar que tu hermano Jorge, el mayor, fue secuestrado y desaparecido en 1977.

–Fue un golpe muy duro. Jorge era como mi segundo padre, un tipo increíble. Yo tenía 17 años. Lo golpearon a un metro mío y se lo llevaron. ¿Cómo me levanto de esas cosas? Pero me levanto. Después, con mi madre fuimos a las primeras rondas en Plaza de Mayo. Si podía pegarle un piedrazo a Videla se lo pegaba, pero quería sumar desde otro lado. Entonces, las canciones tenían que ver con “a la vida hay que hacerle el amor”, o “hay que salir del agujero interior”, como diciendo “demos vuelta la página”. Y las críticas eran: “Estos banales, putos, con la situación que vive el país, haciendo estas boludeces”… Y el tipo que lo decía no había sufrido ni una milésima parte de lo que sufrí yo. Que alguien diga que soy mal músico, no hay problema. Pero cuando pretenden adjudicarme lo que pienso… ¡no! Cuando reemplacé a Federico, puse la cabeza en la guillotina. Me decían las barbaridades más atroces. En Chile me tocó llorar muchísimo. Leía: “Es un payaso, se mueve mal, canta mal”. Decían que lo hacía “para mantener el negocio”. No, flaco, eso lo suponés vos. Y me dolía. En la segunda etapa de Virus, ¿vos pensás que se me cruzó por la cabeza que podía llegar a igualar a Federico? No. ¿Cuál era entonces mi objetivo? Virus es un grupazo, y así lo conocieron tres generaciones más. Que amaron a Federico y me destrozaron a mí, pero yo puse la cabeza… Federico murió solo, sin mucho dinero, incomprendido, agredido por muchísima gente: ésa es la realidad. Hoy le hacen el homenaje que se merece.

–¿Tenés una imagen recurrente de Fede?

–Miles. No me quiero poner místico, pero lo siento mucho a Federico. Energéticamente. Como a mi padre y a mi hermano desaparecido. Su presencia es muy fuerte.

Por Eduardo Bejuk.
Fotos: Alejandro Carra, archivo Atlántida y Ministerio de Gestión Cultural de la provincia de Buenos Aires.

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Las conmovedoras palabras de Máxima sobre Inés Zorreguieta: “Mi pequeña y talentosa hermana no podía hallar la felicidad”

La reina de Holanda habló en público sobre la trágica muerte de su hermana menor y agradeció las muestras de respeto y solidaridad.

La reina Máxima sube a su automóvil tras leer un comunicado sobre la muerte de su hermana Inés, este martes 19 de junio en Groningen (Holanda) (Anp/AFP - Robin van Lonkhuijsen)
La reina Máxima sube a su automóvil tras leer un comunicado sobre la muerte de su hermana Inés, este martes 19 de junio en Groningen (Holanda) (Anp/AFP – Robin van Lonkhuijsen)

La reina Máxima de Holanda rindió este martes un emotivo homenaje a su joven hermana, que sufría depresión y fue hallada muerta hace diez días en su vivienda de Buenos Aires, probablemente debido a un suicidio.

En una inusual y personal intervención pública, la reina agradeció a quienes le enviaron cartas y mensaje de apoyo tras la muerte de Inés Zorreguieta, de 33 años de edad.

“Mi pequeña, querida y talentosa hermana Inés estaba enferma. No podía hallar la felicidad, no conseguía sentirse mejor” dijo Máxima al visitar un centro médico en Groningen.

“Nuestro único alivio es que ella está, al fin, en paz”.

La reina, nacida en Argentina, aludió a las “innumerables cartas” que recibió y agradeció “el respeto que la gente ha mostrado a mi familia en estos momentos tan duros”.

Máxima de Holanda asistió en Buenos Aires, junto con su familia, al funeral de su hermana en el cementerio Parque Memorial de Pilar. La monarca estuvo acompañada por su marido, el rey Guillermo Alejandro, y las tres princesas.

La reina Máxima mantenía una estrecha relación con su hermana, trece años más joven que ella. La monarca se sentía responsable de Inés y prodigaba sus cuidados, según la prensa holandesa. Inés fue dama de honor de Máxima en su boda y madrina de su hija Ariadna, la menor de las tres hijas de los reyes.

La Haya (AFP)

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Confirman que Adolf Hitler murió en Berlín echando por tierra su supuesta fuga a la Argentina

El año pasado por primera vez un equipo de científicos tuvo acceso a los restos adjudicados al dictador. Al confirmar que le pertenecen, descartan todas las teorías sobre su fuga.

Una figura de cera de Adolf Hitler, que le representa en su búnker poco antes del fin de la Segunda Guerra Mundial, el 3 de julio del año 2008 en el museo de cera Madame Tussaud de Berlín (AFP/Archivos - John MacDougall)
Una figura de cera de Adolf Hitler, que le representa en su búnker poco antes del fin de la Segunda Guerra Mundial, el 3 de julio del año 2008 en el museo de cera Madame Tussaud de Berlín (AFP/Archivos – John MacDougall)

Adolf Hitler murió en 1945 en Berlín, después de beber cianuro y tras dispararse un balazo, confirmaron investigadores franceses que tuvieron acceso a los restos de la dentadura del dictador, que se conservan en Moscú.

“Los dientes son auténticos, no cabe duda. Nuestro estudio prueba que Hitler murió en 1945”, dijo a la AFP el profesor Philippe Charlier.

“Ya podemos parar todas las teorías conspirativa sobre Hitler. No se fue a Argentina en un submarino, no está escondido en una base en la Antártida ni en el lado escuro de la Luna”, indicó Charlier.

El estudio, del cual Charlier es el coautor junto a cuatro otros investigadores, fue publicado el viernes en la revista científica European Journal of Internal Medicine.

El análisis de la mala dentadura de Hitler y de varias piezas, no encontró ningún rastro de carne, ya que el dictador nazi era vegetariano, indicó Charlier.

En marzo y en julio de 2017, los servicios secretos rusos FSB y los archivos estatales rusos autorizaron a un equipo de científicos a examinar los huesos del dictador, por primera vez desde 1946, contó el experto.

El equipo francés pudo analizar un fragmento del cráneo que fue atribuido al “Fuhrer”, que tenía un agujero en el lado izquierdo que probablemente fue provocado por el impacto de la bala.

Los científicos no pudieron tomar muestras de este fragmento.

La morfología del fragmento correspondía con las radiografías del cráneo de Hitler tomadas antes de su muerte, estimó el estudio.

Este estudio confirma la versión generalmente aceptada de que Hitler murió el 30 de abril de 1945 en su búnker de Berlín con su compañera Eva Braun, y además entrega nuevas informaciones sobre las causas exactas de su muerte, indicó Charlier.

“No sabíamos si había usado una cápsula de cianuro para darse muerto o una bala en la cabeza. Son muy probables ambos”, dijo.

El análisis de los dientes no encontró ningún rastro de pólvora, lo que indica que el revólver no entró en la boca y que más probablemente fue apuntado al cuello o a la frente.

Además, los depósitos azulados en sus piezas de dentadura postiza podrían indicar “que hubo una reacción entre el cianuro y la dentadura”, dijo el investigador.

Charlier, especialista en medicina legal y antropología, también participó en el análisis del corazón momificado de Ricardo Corazón de León.

París (AFP)

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