La humorista española Raquel Córcoles: “Ahora tengo el conflicto de ser feminista y estar enamorada”

La humorista española del momento vino por primera vez al país a presentar su libro sobre feminismo, corrección política y humor. Charla a fondo con una chica moderna y divertida que acepta el desafío de estar enamorada sin resignar independencia.

#PARA TI - RAQUEL CORCOLES 7 - news - AC - 20181116
“El reto es encontrar nuevamente el punto. Para mí la clave está en estar convencida de que no estás diciendo nada malo”.

“Mis viñetas más machistas”, dice el primer artículo que Moderna de pueblo –el nombre con el que sus seguidores conocen a la humorista Raquel Córcoles (32)– tiene publicado en su página web. Se trata de una sección íntegramente dedicada a la autocrítica, un repaso por sus errores y una explicación de por qué están mal. No es extraño que Córcoles haya hecho su propio mea culpa; nadie que lleve diez años haciendo humor femenino puede resistir un archivo en pleno despertar feminista.

Con 32 años, Raquel misma estuvo atravesada por ese movimiento del que hoy es vocera: basta comparar la chica que se reía de sus desencuentros amorosos y soñaba con historias de romance “a lo Bridget Johnes” en 2013 con la que llegó hace unos días de Madrid a presentar Idiotizadas en nuestro país.

Su último libro es un poco una condensación de ese pensamiento feminista y del humor que la ilustradora elige difundir hace un tiempo. Criada en un pueblito de Cataluña, su historia es la de una mujer que se mudó a Madrid después de ganar una beca para publicar su primera viñeta. Lo gracioso es que contrario a lo que uno imagina, hasta ese momento no sabía nada de dibujo: lo suyo era el humor. A esas clases de ilustración y primeras experiencias en la ciudad que tanto la emocionaba les debe Soy de pueblo, el primero de los cuatro libros que tiene publicados. Libros, revistas, medios impresos y redes sociales fueron parte de ese camino que en menos de diez años la convirtió en un suceso.

-¿Desde el principio hiciste humor femenino?

-Sí. Cuando empecé, en España había un par de revistas de humor gráfico. Yo veía que los que publicaban eran todos hombres, no había ninguna tía hablando desde el punto de vista femenino, y eso fue lo que me dio las ganas y la seguridad de que había un terreno por explorar. Lo cierto es que, aunque lo femenino siempre estuvo, ahora hay todo un despertar y empecé a pensarlo más. En ese sentido es un poco autobiográfico porque tampoco es fácil encontrar un tema que te motive lo suficiente.

"Cuando empecé, en España había un par de revistas de humor gráfico. Yo veía que los que publicaban eran todos hombres, no había ninguna tía hablando desde el punto de vista femenino, y eso fue lo que me dio la seguridad de que había un terreno por explorar"
“Cuando empecé, en España había un par de revistas de humor gráfico. Yo veía que los que publicaban eran todos hombres, no había ninguna tía hablando desde el punto de vista femenino, y eso fue lo que me dio la seguridad de que había un terreno por explorar”

-¡Y te metiste en un terreno difícil! Porque de tu adolescencia a hoy la mirada sobre lo femenino cambió mucho…

-Sí, totalmente. Yo a los 25 años hice un libro de pánfila total que se llamó Los capullos no regalan flores, en el que lo único que me importaba era el amor y todos los hombres me dejaban, con todo el humor en torno a esas situaciones. Eso fue justo antes del boom feminista.

-¿Creés que hasta ese momento éramos machistas o éramos feministas a ciegas?

-Yo creo que nuestra generación fue de feministas a ciegas. Cada vez somos todas más feministas conscientes, pero si lo pienso, mi madre a mi siempre me decía: “Tu tienes que tener tu carrera para que no te mantenga ningún hombre”, cuando ellas habían sido educadas de manera muy distinta, y si las hacían estudiar era más para que conocieran a un universitario que para que tuvieran una carrera. Entre ellas y nosotras hay un gran cambio, pero también pasa que se mezclan los mandatos de los dos mundos. Por un lado, se espera que seamos unas señoritas y que siempre estemos guapas y arregladas, pero también que seamos independientes y tengamos una carrera. ¡Una mezcla de feminismo y machismo con unas contradicciones terribles!

En su visita a Buenos Aires la humorista hizo un posteo con ilustraciones en las que se reía de la barrera lingüística: Pibas & tías.
En su visita a Buenos Aires la humorista hizo un posteo con ilustraciones en las que se reía de la barrera lingüística: Pibas & tías.

-¿Se puede hacer humor con corrección política?

-Hay dos cosas distintas: por un lado está el tema de la corrección política y, por el otro, el hecho de que en Internet interactuamos con millones de personas, entre las que hay algunas que hacen comentarios válidos y otras que simplemente están ahí para criticar. A veces nos pasa que subimos una viñeta y ya sabemos dónde va a estar la crítica, pero la hacemos igual. Otras veces no te imaginabas para nada que había algo malo y hay una opinión que parece súper verdadera que te expone. Con lo que sí no estoy de acuerdo es con esa acusación que se hace al feminismo en la que se lo vincula a la corrección política: “pues que ya no se puede decir nada, que todo cae mal”. Bueno, no, no es que no se puede decir nada, es que hay cosas que no son graciosas. A mí el humor racista no me hace gracia, el machista tampoco.

-Pero debe llegar un punto en el que se pierde un poco la frescura si busca dejar contentos a todos.

-Al final, en una reunión de amigos somos mucho más graciosos que en las redes. Sí, creo que el reto es encontrar nuevamente el punto. Para mí la clave está en estar convencida de que no estás diciendo nada malo, si empiezas a dudar, entonces quizás sí pase que hay algo que no está bien.

Idiotizadas es el último libro de Moderna de pueblo que acaba de publicarse.
Idiotizadas es el último libro de Moderna de pueblo que acaba de publicarse.

-Éste es un libro que habla de un cambio positivo. ¿Hay cosas pendientes?

-Sí, veo muchos pendientes, pero cada una tiene su conflicto. Yo, por ejemplo, ahora tengo el de ser feminista y estar enamorada: siento que hay un conflicto entre ese amor romántico y el mandato de ser plenamente independiente; una parte mía me dice “¡no!, tienes que demostrarte que puedes estar sola”. El tema de la sororidad es otro tema complicado. Ayer mismo, estando en un programa me decían que nosotras somos las que más criticamos a las mujeres: se nos tiene muy controladas y burladas. El mismo feminismo tiene sus corrientes que no podemos permitirnos discutir porque si no se nos acusa de que ni nosotras nos entendemos.

-El tema del conflicto en el amor también es llamativo: en tu libro pareciera que el amor o los hombres son el enemigo. ¿Lo ves así?

-Creo que lo que puede pasar es que, como nosotras estamos despertando en algún sentido y empezando a ver algunas cosas, eso genere un cierto conflicto. Si la pareja no lo vive igual que una, eso puede desempoderarte. Conozco muchas mujeres fuertes y exitosas que están con hombres incapaces de lavar un plato o cocinar. También me ha pasado que mujeres a las que admiro terminan contándome que un gran conflicto en su pareja es que ellos están acomplejados por el éxito de ellas. Lo mismo veo con mi amiga que tuvo un bebito: a los dos días él estaba trabajando a tiempo completo y ella seguía todo el día con el niño. Al final terminamos cayendo en el mismo sistema sin que el gobierno ni nadie haga mucho por cambiarlo. Si encima estás enamorada, ¡te montas tus argumentitos!

Texto: Lucía Benegas. Fotos: Alejandro Carra

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