Midachi: “Los tres sabemos que vamos a morir juntos”

A treinta años de aquel debut de 1988 en La Feliz, Dady Brieva, Miguel del Sel y el Chino Volpato lideran la taquilla del verano con Midachi Kindon. Aquí, los recuerdos de entonces, detalles de la vida en temporada y las claves de cómo funciona el trío hoy. Y como anticipo… ¡el Luna Park para celebrar los treinta y cinco años!

#GENTE---MIDACHI-001--250118
Enero de 2018, con la combi –restaurada por ellos mismos– que los lleva al balneario El Balcón, al sur de la ciudad. (Foto: Diego García/GENTE)

Paramos en una esquina a cargar nafta, miré la ciudad desde lo alto y nos preguntamos: ‘¿Podremos?’”, rememora Miguel del Sel (60) sobre aquella primera recalada de Midachi en La Feliz, cuando poco imaginaban de lo que se venía. Corría el año 1988 y tenían una única certeza: “Si conquistábamos Mar del Plata, trascendíamos a nivel nacional”, apunta el Chino Volpato (56). “Era el anticipo de lo que pasaría en Buenos Aires. Tres meses en los que metíamos ciento diez mil, ciento veinte mil espectadores”, señala Dady Brieva (60). Y en la confitería del hotel Hermitage, después del día de playa y fotos para GENTE, la charla con el trío empieza más seria de lo que se podría suponer.

–¿Qué más recuerdan de entonces?
Miguel: Vinimos después de cuatro años en Carlos Paz. Nos presentábamos en el teatro Alberti, con todo vendido quince días antes. Fue una de nuestras mejores temporadas. Superó las expectativas.
Dady: Llegamos en familia, en el 505, con el televisor arriba del portaequipaje, porque en ese entonces los departamentos no se alquilaban con tele. Empezamos el 15 de diciembre y terminamos el 15 de marzo. Hacíamos dos funciones diarias. La gente hacía colas y colas para vernos en el teatro Neptuno. Pero para mí era muy desgastante. Yo no tengo buen recuerdo de las temporadas: me secan la cabeza. Hacer lo mismo todos los días… ¡me da ganas de pegarme un tiro en los huevos!
Chino: Nosotros vivíamos en Santa Fe, así que nos gustaba llegar a un lugar donde había mar. Podías disfrutar y trabajar a la vez. Lo tomamos como un desafío, como dice Miguel. Teníamos disciplina de trabajo y más herramientas que en Carlos Paz. De hecho, la primera nota con Juan Alberto Mateyko nos llevó a trabajar en La movida del verano. Aprovechamos al máximo para que los argentinos nos conocieran.

#GENTE---MIDACHI-009--250118
Su primera actuación como trío, el 16 de julio de 1983, en el restaurante La Baguala, en la ciudad de Santa Fe. (Foto: Archivo/GENTE)

–Y aquí están, de nuevo juntos en Mar del Plata, después del abuelazgo y las vacas del Chino, del paso de Miguel por la política y de que Dady protagonizara novelas. ¿Lo imaginaban?
Da: Creo que vamos a morir juntos. El Chino –o Miguel, no me acuerdo– dice siempre una gran verdad –porque los dos son de decir verdades–: “Nunca hicimos despedida grande, tipo Los Chalchaleros”. Por eso tengo la sensación de que va a ser para siempre. Somos Midachi. Yo voy a ganar un Oscar, Miguel va a ser presidente de la Nación y el Chino, dueño de Sancor… Pero siempre vamos a ser un “ex Midachi” abordando tal o cual actividad.

–¿Cómo balancean el hecho de ser un trío, un número que puede no resultar fácil?
Da: No te quiero cagar la teoría, pero el tres es el mejor número, geométricamente. Objetivamente, desde las pirámides de los ancestros…
Mi: Por más que Maluma diga: “Felices los cuatro”.
Da: Pero si querés, le meto onda y sigo con tu teoría…

#GENTE---MIDACHI-004--250118
“Cada uno es libre. Antes nos obligábamos a estar todo el día juntos. ¡Teníamos los huevos inflados… y no nos dábamos cuenta!”. (Foto: Diego García/GENTE)

–Para nada. Me sirve que me lo discutas y me convenzas de que ser tres no es complicado.
Da: En nosotros ha funcionado casi mágicamente. Nunca dijimos: “Vos jugá acá y vos allá”. Se fue dando.
Chi: Sí, lo lógico hubiese sido el dos a favor y uno en contra, como referencia para tomar decisiones. Pero nunca fue así.

–A eso me refiero.
Chi: Hubo veces en que uno estaba convencido de que había que hacer algo y los otros dos no, pero se imponía el que sí quería. En algunas etapas no teníamos capacidad para absorber todas las propuestas. Entonces renegábamos y discutíamos, pero con el tiempo entendimos que cada uno tiene un valor agregado.

–¿Qué es lo peor y lo mejor de cada uno?
Mi: A esta altura de la vida lo peor ya no existe.
Da: ¡Ah! ¿Puede ser título eso? ¡Muy bien, Miguel!
Mi: Pasa el tiempo y te das cuenta de que son pavadas. Lo importante es salir a hacer reír y que nos vaya bien.

(Foto: Diego García/GENTE)
“Yo voy a ganar un Oscar, Miguel será presidente de la Nación y el Chino, dueño de Sancor… Pero siempre vamos a ser un ‘ex Midachi’ abordando tal o cual actividad”. (Foto: Diego García/GENTE)

–¿Eso no lo dan por sentado?
Mi: No te imaginás lo que nos exigimos para hacer reír. A veces, una palabra suma mucho. Y si lo logramos, el teatro se llena. Nos gusta estar primeros. Después viene el resto… Compartimos mucho tiempo, pero también cada uno es libre de estar con su mujer o sus hijos, durmiendo la siesta o tomando sol en la playa. Antes, por ahí nos obligábamos a pasar todo el día juntos. ¡Teníamos los huevos inflados… y no nos dábamos cuenta!
Da: Te cuento lo que hacemos para que tengas un poco de datos de color: me levanto a las seis y media… –¡No dormís nada! ¿No se van a dormir tardísimo después de la función?
Da: Sí, pero no importa. Después hago siesta. ¡Hay una determinada edad en la que uno a la mañana no puede dormir!
Mi: ¿No tenés más melatonina?
Da: Exactamente. Y la farmacia está cerrada. Entonces, me tomo unos mates, hago gimnasia y duermo una siesta. En cambio, Miguel toma café con leche y dos tostadas. Siempre igual. Es muy metódico. Y el Chino sale a caminar. Sigue y sigue, como un escorpión, con la familia detrás.

–¿Me ampliás ese concepto de que la pasás mal en temporada, Dady?
Da: Bueno, eso es mío.
Mi: Yo lo interpreto así: debemos estar bien de la garganta y físicamente. Entonces, si vas a la playa, tenés que volver a las cuatro de la tarde… ¡cuando todos están sacando las medialunas!
Da: Nunca hice una jarra de clericó para cuando cae el sol. Te vas de vacaciones en marzo, ¡pero no hay nadie!
Chi: Fue un aprendizaje. Antes queríamos hacer todo.
Mi: ¡La polenta que teníamos…! Hacíamos dos funciones; ahora, una sola. No venimos a matarnos.
Da: Físicamente por ahí nos daría… Pero no sabemos regular sobre el escenario.
Mi: Antes jugábamos al fútbol, hacíamos dos funciones, íbamos a comer afuera y después al boliche. Era parte de nuestra propaganda.
Chi: Había más inconsciencia. Improvisábamos mucho más.

(Foto: Diego García/GENTE)
“A veces renegábamos y discutíamos, pero con el tiempo entendimos que cada uno tiene un valor agregado”. (Foto: Diego García/GENTE)

–¿El público cambió con los años?
Da: No. Es el mismo.
Mi: Lo que puede cambiar es que si la gente tuvo un día formidable de playa, llegue más cansada al teatro. Si el día estuvo feo, llegan más predispuestos. Una persona dormida en la sala te arruina a los mil que están aplaudiendo. Anímicamente te mata. El día que no nos importe, nos tendremos que dedicar a otra cosa.

–Es decir que ser Midachi los sigue desafiando. No es un tren que anda solo.
Da: ¡Ni en pedo! Ahora nos vamos de gira y pensamos todo.
Mi: Y si Dios quiere, recalaremos en Carlos Paz el año que viene…
Da: … pero antes… ¿lo digo, Chino?
Chi: ¡Sí! Hacemos dos fechas en el Luna Park para celebrar los 35 años. Casi nada, ¿no?.

Por Ana van Gelderen.

LEA MÁS:

Sol Pérez: topless y polémico comentario

Una buena para Shakira: bate récords con ‘Trap’ junto a Maluma

Las vedettes de Santiago Bal se desnudaron para defenderlo: “Soy feminista y hago revista”

El Chino Volpato en su mejor versión: la de abuelo

Todas las noches rompe la taquilla junto a Dady Brieva y Miguel del Sel. Pero sus días son sagrados, ya que los tiene en exclusividad para sus nietos Benjamín y Tiziano.

#GENTE-CHINO-VOLPATO-PLAYA-EN-FAMILIA-MDP-DFG-0004---20180123
El Chino y Mirta, su mujer, pasan las tardes en El Balcón con Benjamín (el nene de su hija Gabina) y Tiziano (de Julián, el menor de los Volpato).

Junto al mar y mimando a sus nietos, los otros asuntos pasan a segundo plano. Nada importa más. Ni las alegrías por el éxito de Midachi Kindon en el Roxy-Radio, ni los dolores de cabeza que le trae su tambo en Sunchales, su pueblo natal de Santa Fe, debido a la grave crisis del sector lácteo.

Darío Elder Volpato (el Chino, claro está) no cambia por nada sus tardes de playa en familia. A los 56, el menor de los Midachi (Miguel y Dady le llevan cuatro años) es inmensamente feliz junto a Mirta, su mujer, cuidando a Benjamín Weber (dos años, el nene de su hija mayor, Gabina, ahijada de Dady) y a Tiziano Volpato (un año, hijo menor de Julián, quien es vestuarista y asistente del Chino en sus shows, además de cantante).

#GENTE-CHINO-VOLPATO-PLAYA-EN-FAMILIA-MDP-DFG-0006---20180123
Los abuelos felices junto a sus nietos.

No me imaginaba que ser abuelo fuera tan hermoso”, confiesa el Chino. “Es una sensación muy especial y diferente, que se vive con orgullo y sin presiones. Por desgracia, con las giras uno no puede disfrutarlos mucho. Pero ahora que estamos juntos en Mar del Plata, con Mirta sentimos que ya tenemos todo”.

Por Ana van Gelderen.
Fotos: Diego García.

LEA MÁS:

Yanina Latorre bloqueó a Diego en WhtasApp ¿qué pasó?

Va por más: Roberto Pettinato se casará por cuarta vez

A los 51, María Fernanda Callejón deslumbró en bikini y sin retoques

Los Midachi: “Después de tantos años juntos, cada uno ya es una parte del otro”

Llevan casi tres décadas y media de éxito y no paran. Desde sus comienzos en el Interior –pueblo por pueblo, a bordo de una camioneta– hasta su consagración, los tres repasan su apasionante historia.

Dady, Chino y Miguel. Foto: Maximiliano Vernazza/GENTE
Dady, Chino y Miguel. Foto: Maximiliano Vernazza/GENTE

Pasaron ocho presidentes… Veinticuatro ministros de Economía… Diez directores técnicos de la Selección… Pero en estos 34 años de realidad nacional hubo una constante, una imbatible fórmula humorística que ya forma parte del imaginario colectivo de los argentinos.

Midachi es indestructible. Sigue llenando teatros, se prepara para la temporada veraniega, hace llorar de risa a su público… Y Miguel del Sel (60), Rubén “Dady” Brieva (60) y Darío “Chino” Volpato (55) están ahí, al pie del cañón, como cuando recorrían pueblos arriba de un Renault 12, apretados pero llenos de sueños.

El viaje continúa y los mantiene unidos como antaño. Por caso, la están rompiendo con su nuevo show (Midachi Kindon) y restan tres funciones en el Opera de la avenida Corrientes: sábado 11, viernes 17 y sábado 18 de este mes. En el verano estarán desde el 4 de enero en el Radio City marplatense. Y sí, no paran.

Los Midachi. Foto: Maximiliano Vernazza/GENTE.
Los Midachi. Foto: Maximiliano Vernazza/GENTE.

–Muchachos, ya son tres décadas y media juntos… Cuando arrancaron, ¿se imaginaron este éxito?
Miguel: Mirá, el Chino y yo éramos docentes de Educación Física y, como muchas personas, el fin de semana nos la rebuscábamos para ganar unos mangos extra. En nuestro caso, con el humor; otros, haciendo música. Nos dimos cuenta de que al año ya ganábamos cinco veces más como humoristas. Y dijimos: “Vamos a arriesgar”.
Dady: En mi caso pedí licencia en el IAPOS (la obra social de los empleados públicos) y lo hice para no volver. Cuando tenés el infierno en las tripas no pensás: es más fuerte que vos.

–¿En qué momento se dieron cuenta de que la cosa iba en serio?
M: Al año. Nuestro éxito es por el corazón y los huevos que le pusimos. Manejábamos la camioneta, bajábamos con los bolsitos, íbamos a un pueblo, al otro, llegábamos a las cinco de la mañana… Todo lo hacíamos nosotros.
D: Una noche, en la ruta, se nos rompió el parabrisas y nos cagábamos de frío. Para no congelarnos, nos empezamos a poner todo el vestuario: el poncho de Mercedes Sosa, los sombreros… Imaginate.
Chino: Yo nunca pensé que 34 años después estaríamos acá. Hoy, cuando alguien tiene un talento, el mundo del entretenimiento está más preparado para descubrir y encapsular ese talento y llevarlo al éxito.
M: Encapsular. Nunca la escuché, Chino. Ponela en negrita vos.
Ch: Je, je. Quiero decir que lo nuestro era un hobby con futuro incierto.
M: Las pelucas nos las prestaba un negocio de la peatonal de Santa Fe. Me las llevaba el viernes y las tenía que devolver el lunes. Cuando llegamos a Buenos Aires conocimos a Teresita Scali, número uno de las pelucas. Todavía trabaja con nosotros.

Foto: Maximiliano Vernazza/GENTE
Foto: Maximiliano Vernazza/GENTE

–¿Alguno tenía estudios de actuación?
Ch: La Educación Física nos dio algo, porque hay una materia que se llama Recreación. La usás mucho en las colonias de verano, por ejemplo. Dady había estudiado algo y yo venía de la música.
–¿Cómo fueron armando la personalidad del trío?
M: ¡De cada fracaso, ja ja!
D: Para que lo sepas, en Midachi nunca hubo un libreto.

–¿Cómo…?
Ch: Cuando Argentores nos pidió los libretos, nosotros le mandamos los títulos de cada sketch… Relación de pareja, ponele.
D: La descripción era: “Miguel me dice una cosa, yo le contesto otra, y hay un remate; después se mete el Chino, me peleo con él…”, y así.

–¿Estaba ensayado por lo menos?
D: Pasa que laburábamos mucho, todo el tiempo. Así, agarrás una cancha que te ponen al lado a Frank Sinatra y no te importa nada.
M: Fuimos aprendiendo con la práctica. Hicimos cumpleaños de 15, clubes, festivales, peñas, galpones, grandes teatros… De todo. La mente va incorporando cada cosa que da resultado, y entonces en el momento la respuesta es espontánea.

Fotos: Maximiliano Vernazza
Los Midachi cerrando su espectáculo con sala llena Fotos: Maximiliano Vernazza

–¿Cómo se mantiene la convivencia en un período tan extenso? Imagino que la amistad influye.
D: La gente cree que convivimos, ¿viste? Estoy en el supermercado y me preguntan: “¿Y el Chino?”. “Y… qué sé yo” (risas). Nosotros tenemos una historia muy fuerte, de 34 años, que no hace falta que durmamos en camas cucheta para que se mantenga. Se nos fueron muriendo seres queridos, enfrentamos distintas situaciones económicas y sociales en el país, pasamos por separaciones, divorcios… Y siempre codo a codo.
M: A mi hermano hace un mes que no lo veo, y con ellos estoy todos los fines de semana. Nuestra relación supera todo. Después podemos tener las diferencias que queramos, que tampoco hacen mella.

–De algún modo ustedes dan un mensaje positivo, en tiempos en que la política ha dividido familias y roto amistades…
M: Pensar distinto nos hace crecer a todos. Cada uno tiene su inclinación. Más allá de que he sido un tipo apolítico, siempre estuve en contra de los corruptos. En un momento me animé a participar. A los corruptos los voy a rechazar siempre, sean del espacio mío o de otro. No me voy a callar. En definitiva, tenemos el mismo deseo: que a la gente le vaya mejor. Cada uno cree en alguien o no, pero eso no te tiene que llevar a la locura de ser un fanático y provocarle daño a alguien.
D: En nuestro país, el tema de las divisiones políticas viene desde mucho antes. Creo que está perfecto manifestarlas, no hay que esconderlas.
Ch: Yo creo que hay un mundo Midachi y lo vivimos con nuestras reglas, nuestras formas. Es el 70% de nuestra vida.
D: El Oreja (Raúl Fernández) –que es el cuarto Midachi– nos conoció en una peña en nuestros comienzos, y nos acompaña desde entonces. El creó una frase que resume todo: “Midachi es una forma de vida”. Somos como un circo. Todos trabajan desde hace mil, como el sonidista (Gustavo Canna), que se viene desde Santa Fe, como el vestuarista (Carlos Passano), que está desde hace 28 años…

–Chino, para ir cerrando: hablame de Miguel y Dady…
Ch: A ver… Miguel es un gran improvisador de la vida y le ha dado frutos. Juega fuerte y es un tipo honesto, cualidades que hoy no se encuentran tan fácil. Midachi es su lugar preferido, porque se muestra tal cual es… Y Dady tiene un talento especial, muy trabajado. Es como el Irízar: va rompiendo el hielo. Por eso abre el show con su monólogo. Es un tipo que vive su vida y no le importa lo que piensen los demás.

–Tu turno, Miguel
M: El Chino es lo mejor que le pasa al grupo: puro corazón, un pan de Dios. Le podés confiar cualquier cosa. Es el equilibrio, el que sostiene a los dos tarados, que somos nosotros. Hay que bancarse el rol que le ha tocado: primero era el pintón, ahora le toca ser el blanco de las gastadas… Y Dady es impresionante, de los tipos más graciosos de la Argentina, un precursor del stand-up. Hoy disfruta más que nunca en el escenario y yo me paro a mirarlo en cada función. Adoptó dos chicos, que es algo maravilloso… Hay que respetarlo mucho, más allá de que no coincidimos en algunas cosas, pero es espectacular.
D: Yo quiero decir que tanto Miguel como el Chino son una parte mía. Soy un Midachi, y me siento muy orgulloso de serlo. Ser Midachi es como una nacionalidad. Y estos dos son mi grupo comando. Somos una sola cosa.

Por Eduardo Bejuk. Fotos: Maximiliano Vernazza.

LEA MÁS:

Cómo fue el show de Cristian Castro inspirado en Sandro

Gerónimo Rauch: “Cuando canto en casa, mi hijo me pide que me calle”

Oriana Sabatini: “Mis papás son mis ídolos”