Alimentación vegana para perros y gatos ¿sí o no?

No son pocos los dueños de mascotas que intentan que sus gatos y perros sigan un plan nutricional exento de carne animal, plegándose a la filosofía vegana. Sin embargo, los expertos en nutrición llaman a la cautela con este tipo de alimentación.

a feeding bowl full of salad and vegetables before white background
La corriente alimenticia vegana tiene alcanzó el universo de las mascotas.

Lentejas, quinoa, soja o cebada perlada, aderezadas con aceite de oliva. Mucha fruta, verduras y algunas cucharadas de levadura de cerveza o semillas hidratadas. Parece una extravagancia snob, pero lo cierto es que el listado compone la principal fuente de alimentación de algunas mascotas que siguen los lineamientos de la filosofía vegana.

Es que el veganismo, como movimiento que condena el maltrato animal y cuyos seguidores se abstienen de incluir alimentos que provengan de ellos (como carne, miel, huevos o leche), empieza a involucrar, de un tiempo a esta parte, a perros y gatos.

De hecho, las principales marcas de suplementos vitamínicos y el nuevo alimento balanceado cien por ciento veggie (que incluye semillas de lino y pulpa de remolacha) empezó hace un tiempo a cosechar adeptos entre los dueños de mascotas.

Muy en contra de la preocupación e inquietud (que roza la indignación) de veterinarios y nutricionistas, quienes advierten que si caninos y felinos no comen carne a gusto y piacere no cumplen con los requerimientos básicos para llevar una vida activa, saludable y, ante todo, acorde a su naturaleza.

PUNTO CERO. La restricción de carne en la dieta la sufren más los gatos, que a diferencia de los perros –omnívoros como nosotros– son estrictamente carnívoros. Como explica el veterinario del servicio de nutrición clínica del Hospital Escuela de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad de Buenos Aires, Héctor Quintana, “están diseñados para consumir tejidos animales, que son los que les aportan la mayoría de los nutrientes que necesitan”.

Para poder cubrir la variedad de aminoácidos requeridos ambas especies deberían ingerir cantidades excesivas de proteína vegetal, que tienen menor digestibilidad y valor biológico que las de origen animal. Y para suplir la faltante nutricional no queda otra opción que agregar al preparado del día suplementos sintéticos específicos.

 

Como son cazadores solitarios, los gatos necesitan mantenerse ágiles y comer pequeñas raciones varias veces al día. Son estrictamente carnívoros, necesitan de la proteína y de los aminoácidos de la carne para estar bien alimentados y no perder músculo.
Como son cazadores solitarios, los gatos necesitan mantenerse ágiles y comer pequeñas raciones varias veces al día. Son estrictamente carnívoros, necesitan de la proteína y de los aminoácidos de la carne para estar bien alimentados y no perder músculo.

Los felinos, por otro lado, obtienen de la carne y de la grasa animal nutrientes esenciales para su desarrollo y crecimiento: entre otros, aminoácidos (como la taurina, carnitina, arginina y triptófano), ácido araquidónico (que les mantiene la piel y el pelo en buenas condiciones) y las vitaminas A y D.

Ahora bien, qué argumentos esgrimen quienes siguen la corriente “libre de carne” para sus mascotas (y para ellos, obvio). En general, la elección está motivada por la intolerancia o la dificultad de contactar con ese olor que habían logrado eliminar de sus cocinas y les resulta nauseabundo y persistente.

Algunos van allá y buscan fundamentos más empáticos. La decisión se sustenta en la supuesta relación de ciertas enfermedades (alergias, cáncer, problemas en los riñones, corazón) con el consumo de proteína no vegetal. Sin embargo, esclarece la médica veterinaria Silvia Vai, no hay estudios con rigurosidad científica que respalden tal aseveración.

“Ciertos trastornos o dolencias que sufren las mascotas tienen que ver con el hecho de que actualmente los animales son más longevos, gracias a la mejora en la calidad y en las fórmulas cada vez más acertadas de las dietas balanceadas, caseras y comerciales”, analiza y agrega otro frente de debate a la cuestión: problemas de comportamiento de las mascotas, una queja recurrente de los cuidadores que a menudo escucha en el Hospital Escuela de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad de Buenos Aires, UBA.

“Los animales son predadores y, por lo tanto, para mantener su bienestar emocional y estar en buen estado físico tienen que tratar de mantener algunos hábitos que aprendieron ancestralmente de su madre. Desde ya que un perro que vive en una gran ciudad, en una casa o departamento también está distanciado de sus rutinas, pero quien lo cuida debería poder proporcionarle ciertos estímulos que le posibilitaran acortar el extrañamiento o escenario poco familiar”, aclara Vai.

MANDAMIENTO VEGETAL. Si bien a la especialista en medicina china Marina Mercedes Brañas no le hace nada de gracia que el veganismo se cuele en los platos de los animales domésticos, hace algunas concesiones con ciertos dueños convertidos y convencidos. Casi nunca accede, pero cuando el cliente insiste y promete que se va a ocupar a conciencia de balancear y suplementar los platos de sus mascotas, acepta, poniendo algunas condiciones.

Los perros son omnívoros: su aparato digestivo está preparado para procesar vegetales, frutas, cereales y grasas, además de carne. Pero los requerimientos de proteína animal son altos y es fundamental para su desarrollo porque solía vivir en manada y cazaba en grupo. Lo ideal es prepararles platos contundentes, nutritivos y bien balanceados (no siempre arroz, fideos y carne) entre dos o tres veces por día.
Los perros son omnívoros: su aparato digestivo está preparado para procesar vegetales, frutas,
cereales y grasas, además de carne. Pero los requerimientos de proteína animal son altos y
es fundamental para su desarrollo porque solía vivir en manada y cazaba en grupo.

Y siempre que se trate de perros. Con los gatos es categórica: “Sería muy complicado porque estaría muy suplementado, y estaría destinado a llevar un plan alimentario completamente diferente a lo que su naturaleza le requiere”

¿Algunas de las garantías que pide antes de diseñar una dieta sin carne?: el cuidador asume el costo de tiempo y dinero extra que la elección requiere (hay que anticipar y organizar las compras y gastar bastante más que si le diéramos un suculento pedazo de carne, que ya por sí solo satisface lo que su cuerpo necesita) y se compromete a hacerle chequeos regulares para atajar posibles déficits o excesos. Demasiada fibra puede provocarles diarrea o molestias hepáticas.

En felinos un menú vegano podría dar lugar a una cardiomiopatía dilatada o a la degeneración de la retina y en ambas especies; la falta de carne puede traer como consecuencia ciertas intolerancias alimenticias, inflamación intestinal, flatulencias, sobrepeso u obesidad (agravada por excesos de carbohidratos), trastornos dermatológicos, menor resistencia a otras enfermedades por fallas en la respuesta inmunológica y hasta diabetes. Por eso los expertos defensores de la carne piden cautela. Siempre es necesario adaptar cada menú a la etapa de vida de cada animal.

Por ejemplo, en algunos casos se pueden suplementar los platos con espirulina, un alga con alta proporción de proteínas. Siempre, de todos modos, es fundamental incorporar cada nuevo ingrediente de a poco y nunca innovar sin el cuidadoso asesoramiento personalizado. “Al no estar acostumbrados y no ser lo natural para su organismo, es probable que haya resistencia a ciertos productos”, suma Brañas.

Pero una inquietud más, de respuesta compartida: ¿puede que una alimentación rica en vegetales redunde en algún beneficio o ventaja para ellos? No rotundo. El veganismo es creencia y cosa nuestra.

Textos Mara Derni (mderni@atlantida.com.ar) Fotos: Latinstock

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Es que el veganismo, como movimiento que condena el maltrato animal y cuyos seguidores se abstienen de incluir alimentos que provengan de ellos (como carne, miel, huevos o leche), empieza a involucrar, de un tiempo a esta parte, a perros y gatos.

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Para poder cubrir la variedad de aminoácidos requeridos ambas especies deberían ingerir cantidades excesivas de proteína vegetal, que tienen menor digestibilidad y valor biológico que las de origen animal. Y para suplir la faltante nutricional no queda otra opción que agregar al preparado del día suplementos sintéticos específicos.

 

Como son cazadores solitarios, los gatos necesitan mantenerse ágiles y comer pequeñas raciones varias veces al día. Son estrictamente carnívoros, necesitan de la proteína y de los aminoácidos de la carne para estar bien alimentados y no perder músculo.
Como son cazadores solitarios, los gatos necesitan mantenerse ágiles y comer pequeñas raciones varias veces al día. Son estrictamente carnívoros, necesitan de la proteína y de los aminoácidos de la carne para estar bien alimentados y no perder músculo.

Los felinos, por otro lado, obtienen de la carne y de la grasa animal nutrientes esenciales para su desarrollo y crecimiento: entre otros, aminoácidos (como la taurina, carnitina, arginina y triptófano), ácido araquidónico (que les mantiene la piel y el pelo en buenas condiciones) y las vitaminas A y D.

Ahora bien, qué argumentos esgrimen quienes siguen la corriente “libre de carne” para sus mascotas (y para ellos, obvio). En general, la elección está motivada por la intolerancia o la dificultad de contactar con ese olor que habían logrado eliminar de sus cocinas y les resulta nauseabundo y persistente.

Algunos van allá y buscan fundamentos más empáticos. La decisión se sustenta en la supuesta relación de ciertas enfermedades (alergias, cáncer, problemas en los riñones, corazón) con el consumo de proteína no vegetal. Sin embargo, esclarece la médica veterinaria Silvia Vai, no hay estudios con rigurosidad científica que respalden tal aseveración.

“Ciertos trastornos o dolencias que sufren las mascotas tienen que ver con el hecho de que actualmente los animales son más longevos, gracias a la mejora en la calidad y en las fórmulas cada vez más acertadas de las dietas balanceadas, caseras y comerciales”, analiza y agrega otro frente de debate a la cuestión: problemas de comportamiento de las mascotas, una queja recurrente de los cuidadores que a menudo escucha en el Hospital Escuela de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad de Buenos Aires, UBA.

“Los animales son predadores y, por lo tanto, para mantener su bienestar emocional y estar en buen estado físico tienen que tratar de mantener algunos hábitos que aprendieron ancestralmente de su madre. Desde ya que un perro que vive en una gran ciudad, en una casa o departamento también está distanciado de sus rutinas, pero quien lo cuida debería poder proporcionarle ciertos estímulos que le posibilitaran acortar el extrañamiento o escenario poco familiar”, aclara Vai.

MANDAMIENTO VEGETAL. Si bien a la especialista en medicina china Marina Mercedes Brañas no le hace nada de gracia que el veganismo se cuele en los platos de los animales domésticos, hace algunas concesiones con ciertos dueños convertidos y convencidos. Casi nunca accede, pero cuando el cliente insiste y promete que se va a ocupar a conciencia de balancear y suplementar los platos de sus mascotas, acepta, poniendo algunas condiciones.

Los perros son omnívoros: su aparato digestivo está preparado para procesar vegetales, frutas, cereales y grasas, además de carne. Pero los requerimientos de proteína animal son altos y es fundamental para su desarrollo porque solía vivir en manada y cazaba en grupo. Lo ideal es prepararles platos contundentes, nutritivos y bien balanceados (no siempre arroz, fideos y carne) entre dos o tres veces por día.
Los perros son omnívoros: su aparato digestivo está preparado para procesar vegetales, frutas,
cereales y grasas, además de carne. Pero los requerimientos de proteína animal son altos y
es fundamental para su desarrollo porque solía vivir en manada y cazaba en grupo.

Y siempre que se trate de perros. Con los gatos es categórica: “Sería muy complicado porque estaría muy suplementado, y estaría destinado a llevar un plan alimentario completamente diferente a lo que su naturaleza le requiere”

¿Algunas de las garantías que pide antes de diseñar una dieta sin carne?: el cuidador asume el costo de tiempo y dinero extra que la elección requiere (hay que anticipar y organizar las compras y gastar bastante más que si le diéramos un suculento pedazo de carne, que ya por sí solo satisface lo que su cuerpo necesita) y se compromete a hacerle chequeos regulares para atajar posibles déficits o excesos. Demasiada fibra puede provocarles diarrea o molestias hepáticas.

En felinos un menú vegano podría dar lugar a una cardiomiopatía dilatada o a la degeneración de la retina y en ambas especies; la falta de carne puede traer como consecuencia ciertas intolerancias alimenticias, inflamación intestinal, flatulencias, sobrepeso u obesidad (agravada por excesos de carbohidratos), trastornos dermatológicos, menor resistencia a otras enfermedades por fallas en la respuesta inmunológica y hasta diabetes. Por eso los expertos defensores de la carne piden cautela. Siempre es necesario adaptar cada menú a la etapa de vida de cada animal.

Por ejemplo, en algunos casos se pueden suplementar los platos con espirulina, un alga con alta proporción de proteínas. Siempre, de todos modos, es fundamental incorporar cada nuevo ingrediente de a poco y nunca innovar sin el cuidadoso asesoramiento personalizado. “Al no estar acostumbrados y no ser lo natural para su organismo, es probable que haya resistencia a ciertos productos”, suma Brañas.

Pero una inquietud más, de respuesta compartida: ¿puede que una alimentación rica en vegetales redunde en algún beneficio o ventaja para ellos? No rotundo. El veganismo es creencia y cosa nuestra.

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Las enseñanzas de nuestras mascotas

Nosotras y Ellos escribimos algunas cosas que aprendimos de los queridos animalitos de la casa. “Te miran profundamente, como ninguna persona lo hace”.

nos ellos mascotas - 20180427

Mis maestros peludos

Por Quena Strauss, periodista

Perros, conejos, gatos, cuises, hámsters, canaritos… ¿qué animal no he tenido? Sinceramente no lo sé. Por mi casa han pasado toda clase de bichos y bichitos, todos adoptados, rescatados, recibidos con amor y con abrazos porque para eso son los maestros peludos: para abrazarlos, quererlos y cuidarlos por lo que dure el viaje. He despedido lagartijas, peces, tortugas y palomas, pero creo que ninguno deja el hueco que dejan esos que pueden meterse con vos en la cama para dormir juntos en un compás de ronquidos y panzas que suben y bajan.

Será que Nube, la gata siamesa que un día llegó a casa y nunca más se fue, me acompañó durante todo el embarazo y también después, en la alta noche, cuando el mundo dormía y nosotros tres (Dante, Nube y yo) velábamos el universo y tomábamos la teta. Será que ningún perro me ha hecho la compañía que me hizo Betania, una cachorra que de tan roja parecía un zorrito colorado, o que nadie me ha abrigado el cuello como Conejola, un conejo que crié desde chiquito y para quien me pasaba las tardes juntando tréboles en el jardín.

¿Qué te enseñan los animales? Creo que exactamente lo mismo que nosotros a ellos: la confianza, la paciencia, el amor con las manos, la calma. Aquello de que los animales se parecen a sus dueños tiene que ver con eso: con que devuelven lo que les hayas dado… lo que sea que les hayas dado. Veo ahora a mi Sheps por la calle y me reconozco en ella. Va de persona en persona, saludando, moviendo la cola, buscando un mimo. Se aleja de los animales y de las personas con cara de traste. Así vamos las dos: confiadas, sonrientes y siempre hacia adelante. Recordando juntas todo lo que sabíamos.

La lección de Loli y Pelu

Por LUIS BUERO, periodista

Ilustración VERÓNICA PALMIERI

Loli y Pelu son mis dos compañeros de vida. Loli es una graciosa caniche micro toy y Pelu es un hermoso gato que heredé luego de la muerte de mi abuelo, que para mí es marca Alpargatas, pero todos dicen que se le ven los genes de siamés. De ellos aprendí por lo menos diez cosas en este tiempo. Una es que uno vive con un perro; en cambio, el gato te deja vivir con él. El concepto de dependencia del “amo” o “dueño” es totalmente distinto. Otra es que Pelu es como un teléfono del más allá; él me demostró la serenidad zen: ante todo se mantiene calmo, observando, meditando vaya a saber qué. Loli en cambio, pese a su breve tamaño, es la “guardiana” que ladra ante el menor ruido extraño en el palier del edificio.

Tres: yo aseguro que Loli me enseñó lo que es el amor incondicional; siempre me recibe con alegría, mimos y la mejor bienvenida. Y me sorprendió, y aquí viene el cuarto aprendizaje: el ronroneo de Pelu, cuando se me acerca, me tranquiliza. Diría que el quinto saber se relaciona con el tema de la fidelidad: Lolita está donde voy yo y estoy seguro de que un día dormirá sobre mi tumba. La sexta sorpresa es ver que las mascotas, aunque envejezcan, nunca pierden las ganas de jugar. La séptima es notar cómo se respetan y conviven frente a sus platos de comida, con total pasividad. Mi octava observación es que beben agua para reponer líquido una vez que han hecho pipí. La novena es que viven el día, el momento, seguidos por el principio del placer. Y la décima es que te miran profundamente, como ninguna persona lo hace. Quisiera reencarnarme en perro o gato… pero dicen que no se puede.

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Será que Nube, la gata siamesa que un día llegó a casa y nunca más se fue, me acompañó durante todo el embarazo y también después, en la alta noche, cuando el mundo dormía y nosotros tres (Dante, Nube y yo) velábamos el universo y tomábamos la teta. Será que ningún perro me ha hecho la compañía que me hizo Betania, una cachorra que de tan roja parecía un zorrito colorado, o que nadie me ha abrigado el cuello como Conejola, un conejo que crié desde chiquito y para quien me pasaba las tardes juntando tréboles en el jardín.

¿Qué te enseñan los animales? Creo que exactamente lo mismo que nosotros a ellos: la confianza, la paciencia, el amor con las manos, la calma. Aquello de que los animales se parecen a sus dueños tiene que ver con eso: con que devuelven lo que les hayas dado… lo que sea que les hayas dado. Veo ahora a mi Sheps por la calle y me reconozco en ella. Va de persona en persona, saludando, moviendo la cola, buscando un mimo. Se aleja de los animales y de las personas con cara de traste. Así vamos las dos: confiadas, sonrientes y siempre hacia adelante. Recordando juntas todo lo que sabíamos.

La lección de Loli y Pelu

Por LUIS BUERO, periodista

Ilustración VERÓNICA PALMIERI

Loli y Pelu son mis dos compañeros de vida. Loli es una graciosa caniche micro toy y Pelu es un hermoso gato que heredé luego de la muerte de mi abuelo, que para mí es marca Alpargatas, pero todos dicen que se le ven los genes de siamés. De ellos aprendí por lo menos diez cosas en este tiempo. Una es que uno vive con un perro; en cambio, el gato te deja vivir con él. El concepto de dependencia del “amo” o “dueño” es totalmente distinto. Otra es que Pelu es como un teléfono del más allá; él me demostró la serenidad zen: ante todo se mantiene calmo, observando, meditando vaya a saber qué. Loli en cambio, pese a su breve tamaño, es la “guardiana” que ladra ante el menor ruido extraño en el palier del edificio.

Tres: yo aseguro que Loli me enseñó lo que es el amor incondicional; siempre me recibe con alegría, mimos y la mejor bienvenida. Y me sorprendió, y aquí viene el cuarto aprendizaje: el ronroneo de Pelu, cuando se me acerca, me tranquiliza. Diría que el quinto saber se relaciona con el tema de la fidelidad: Lolita está donde voy yo y estoy seguro de que un día dormirá sobre mi tumba. La sexta sorpresa es ver que las mascotas, aunque envejezcan, nunca pierden las ganas de jugar. La séptima es notar cómo se respetan y conviven frente a sus platos de comida, con total pasividad. Mi octava observación es que beben agua para reponer líquido una vez que han hecho pipí. La novena es que viven el día, el momento, seguidos por el principio del placer. Y la décima es que te miran profundamente, como ninguna persona lo hace. Quisiera reencarnarme en perro o gato… pero dicen que no se puede.

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GERALDINE NEUMANN Y SU GATA CHETA. “Volví a casa después de un mes de vacaciones y esa noche escuché que Cheta hacía ruido, así que le di un poco de atún. A la mañana siguiente me levanté y la encontré en el living con dos gatitos que ya caminaban –mínimo tendrían 15 días– y ella estaba amamantándolos. Fue una hermosa sorpresa y ahora tenemos a Cheta con sus bebitos (Zimba y Luna)”.

Geraldine Neumann (modelo) y su gata Cheta (1 año y medio)
Geraldine Neumann (modelo) y su gata Cheta (1 año y medio)

CINTIA GARRIDO Y SU YORKSHIRE TERRIER. “Su nombre Lupita es porque cuando era chiquita yo decía que había que mirarla con lupa: era diminuta. Cuando llegó a casa, uno de los primeros días, no la encontraba en su cucha. Entonces la empecé a buscar desesperadamente por todo el departamento y no aparecía. Después de más de una hora, me di cuenta de que estaba en el vestidor, durmiendo adentro de una bota”.

Cintia Garrido (modelo) y su yorkshire terrier Lupita (9)
Cintia Garrido (modelo) y su yorkshire terrier Lupita (9)

PANCHO DOTTO Y SU GOLDEN LENNON. “Con Lennon –en honor a John Lennon– pasamos miles de cosas juntos. Viajamos mucho en auto: él nunca se duerme, siempre está atento y va mirando la ruta como si estuviera manejando. Además, tiene una novia (Olivia) que vive en Entre Ríos y está completamente enamorado. Cuando los dueños de Olivia vienen a Capital Lennon los visita, busca a su novia desesperado y, si no la ve, se pone triste”.

Pancho Dotto (manager) y su golden Lennon (9)
Pancho Dotto (manager) y su golden Lennon (9)

JULIA TERES Y SU GOLDEN ALÍ. “Fue muy gracioso cuando un día lo saqué a pasear y todo el mundo lo miraba y se sonreía. Al principio no me sorprendí porque los cachorros suelen llamar la atención. Sin embargo, cuando llegué a casa vi que tenía algo en la boca. ¡Era un chupete! La gente debe haber pensado: ‘Esta loca le pone un chupete al perro’”.

 

Julia Teres (modelo) y su golden Alí (1)
Julia Teres (modelo) y su golden Alí (1)

BETTINA FRUMBOLI Y SU MALTÉS NUBE. 

“Con mi marido no queríamos que durmiera en la cama con nosotros, entonces hicimos una especie de ‘Duermete niño’ en la cocina para que aprendiera a dormir sola. Fue una tortura, lloraba durante horas. Entraba a mi cuarto y hacía pequeños aullidos –como pidiendo permiso– para que la subiera a la cama. Hoy duerme con nosotros y estamos chochos”.“

Bettina Frumboli (maquilladora) y su maltés Nube (1 año y 8 meses)
Bettina Frumboli (maquilladora) y su maltés Nube (1 año y 8 meses)

ROMINA SENESI Y SUS BOSTON TERRIER. “Siempre me gustó ir al parque con los perros, era como una rutina por las noches. Cuando nació mi hija Rita, salía con ellos y el cochecito. Me sentaba en el pasto y los ataba con correas largas al cochecito. Hasta que un día una señora le estaba dando de comer a las palomas, éstas se asustaron y salieron volando, ¡y mis perros las empezaron a correr y se llevaron el cochecito! ¡Y yo detrás de ellos! Lo mejor de todo fue que Rita nunca se asustó, todo lo contrario, se reía como la gente que estaba en el parque”.

 

Romina Senesi (modelo) con sus boston terrier Lupita (8) y Cheesecake (4)
Romina Senesi (modelo) con sus boston terrier Lupita (8) y Cheesecake (4)

NATALIA GÓMEZ Y SUS GOLDEN. “Con mi novio alquilamos una casa de verano en Tigre. Un día fuimos a caminar por un campo de golf que tenía lagunas y Romeo y Román, que estaban recién bañados, salieron a correr a dos perros y se cayeron en la laguna. Enseguida mi novio fue atrás y se tiró para sacarlos. ¡No podían salir, estaban enredados con las plantas! Cuando llegué tuve que bañarlos por el olor a podrido que tenían”.

Natalia Gómez (modelo) y sus golden Romeo (8) y Román (4)
Natalia Gómez (modelo) y sus golden Romeo (8) y Román (4)

BENITO FERNÁNDEZ Y SU SHARPEI. Cuando llegó a casa tenía 35 días y subí cinco fotos de él a mi Facebook, que en ese momento no lo usaba tanto, y sus fotos se viralizaron enseguida. En esa semana, 1.070.000 personas vieron sus fotos. A partir de entonces lo incorporé a mis redes y ahora ya es una celebrity. Ha estado en programas de televisión, salió en revistas y hasta fue a avant premieres”.

Benito Fernández (diseñador) y su sharpei José Antonio (5) 
Benito Fernández (diseñador) y su sharpei José Antonio.

Textos: Valeria Mariño (vmarino@atlantida.com.ar)

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Cintia Garrido (modelo) y su yorkshire terrier Lupita (9)
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Pancho Dotto (manager) y su golden Lennon (9)
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Julia Teres (modelo) y su golden Alí (1)
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Bettina Frumboli (maquilladora) y su maltés Nube (1 año y 8 meses)
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ROMINA SENESI Y SUS BOSTON TERRIER. “Siempre me gustó ir al parque con los perros, era como una rutina por las noches. Cuando nació mi hija Rita, salía con ellos y el cochecito. Me sentaba en el pasto y los ataba con correas largas al cochecito. Hasta que un día una señora le estaba dando de comer a las palomas, éstas se asustaron y salieron volando, ¡y mis perros las empezaron a correr y se llevaron el cochecito! ¡Y yo detrás de ellos! Lo mejor de todo fue que Rita nunca se asustó, todo lo contrario, se reía como la gente que estaba en el parque”.

 

Romina Senesi (modelo) con sus boston terrier Lupita (8) y Cheesecake (4)
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BENITO FERNÁNDEZ Y SU SHARPEI. Cuando llegó a casa tenía 35 días y subí cinco fotos de él a mi Facebook, que en ese momento no lo usaba tanto, y sus fotos se viralizaron enseguida. En esa semana, 1.070.000 personas vieron sus fotos. A partir de entonces lo incorporé a mis redes y ahora ya es una celebrity. Ha estado en programas de televisión, salió en revistas y hasta fue a avant premieres”.

Benito Fernández (diseñador) y su sharpei José Antonio (5) 
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Textos: Valeria Mariño (vmarino@atlantida.com.ar)

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Perros en la playa ¿sí o no?

Pros y contras de llevar a las mascotas de vacaciones o dejarlas en casa. Y… la convivencia con los bichos de los otros.

nos ellos 16-2 - 20180216

Loa al perro de playa

Por QUENA STRAUSS, periodista.

Siempre fui bichera. Desde siempre mi casa ha sido un sanatorio de pájaros averiados, gatos abandonados y perros atontados por los cohetes de Nochebuena. Será por eso que amo a los perros de playa, esos bichos llenos de pelos y de arena que te miran, te enamoran y en dos minutos ya se adueñaron de tus sentimientos. Así que preparate para que te rompan el corazón sin miramientos cuando decidan partir.

Pero, ¿por qué hablo de todo esto? Porque en muchas playas argentinas, presentarse con el termo, la conservadora, el familión y –además– el perro de la familia está prohibido.

En los parques nacionales, de hecho, antes de admitirte y darte el mapa de senderos se aseguran de que no escondas nada peludo en tu auto (más allá de tu marido y de tu hijo adolescente, claro). Según dicen, el perro es una “especie exótica” y podría enfermarse y enfermar a los habitantes naturales del lugar.

Hasta ahí lo entiendo perfectamente, pero, ¿por qué no puede Bobby ir a corretear las olas si tanto le gusta? Veamos: es posible que el susodicho Bobby le ladre a los más chicos, se la agarre con toda pelota playera que salga a rodar y hasta intente devorar cuanto sánguche de milanesa, huevo duro o “milo quenchi” le dejen a mano. Además, terminada su comilona es altamente probable que elija como baño alguna de las carpas que tanto cuesta rentar. A diferencia del perrito de playa, el perrito en la playa es un incordio notable, así que mejor, como sugieren en algunos balnearios, en verano, las mascotas en casa. Y el perro de playa en su casa, que es la costa, claro.

Vacaciones sin perro

Por LUIS BUERO, periodista.

Para mí las vacaciones son algo idealizado, para realizar solo, en pareja o en familia, pero sin animales. Tengo una mascota hace muchos años y comprendí que un perro es como un bebé de seis meses eterno por el que debés conservar los más diversos cuidados si querés obrar responsablemente.
Recuerdo que cuando iba a hacer el primer viaje al que pensé en llevarlo, la señorita veterinaria me dio mil previsiones legales –faltaba que le tuviera que hacer sacar un pasaporte al can para ir hasta Las Toninas–. Luego comenzó con las indicaciones para llevarlo a la playa: “preparale una mochila especial con papeles del animal, agua y plato bebedero, juguetes, bolsa para recoger sus necesidades fisiológicas, crema solar y un protector con almohadillas para las patitas”. A lo que yo pensé: “este bichito me trae más problemas que si llevo a mi suegra”.
Pero la doctora no se detuvo y siguió: “Llevá sombrilla y ponelo a la sombra, que no vague suelto por la playa ni se exponga tanto al sol, si va al mar, que no beba de las olas y que esté solo en la orilla, y de vuelta en casa dale un buen baño con agua dulce para limpiarlo de la sal y la arena”. ¿Algo más?, pensé. Y sí, vinieron los consejos sobre cómo llevarlo en el auto, avión, tren o barco, sin olvidar un botiquín con pomada antiinflamatoria, pastillas antidiarreicas, gasas, agua oxigenada, analgésicos, productos antiparasitarios… ¡Uf! Me cansé. Y decidí dejar al perro en un house-dog-holidays que me cobró por día más que el hotel que reservé. Pero el próximo verano me interno en esa guardería de pichichos con él.

Ilustración: VERÓNICA PALMIERI

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#Nosotras y ellos: Lo que más nos cuesta dejar en las dietas

Perros en la playa ¿sí o no?

Pros y contras de llevar a las mascotas de vacaciones o dejarlas en casa. Y… la convivencia con los bichos de los otros.

nos ellos 16-2 - 20180216

Loa al perro de playa

Por QUENA STRAUSS, periodista.

Siempre fui bichera. Desde siempre mi casa ha sido un sanatorio de pájaros averiados, gatos abandonados y perros atontados por los cohetes de Nochebuena. Será por eso que amo a los perros de playa, esos bichos llenos de pelos y de arena que te miran, te enamoran y en dos minutos ya se adueñaron de tus sentimientos. Así que preparate para que te rompan el corazón sin miramientos cuando decidan partir.

Pero, ¿por qué hablo de todo esto? Porque en muchas playas argentinas, presentarse con el termo, la conservadora, el familión y –además– el perro de la familia está prohibido.

En los parques nacionales, de hecho, antes de admitirte y darte el mapa de senderos se aseguran de que no escondas nada peludo en tu auto (más allá de tu marido y de tu hijo adolescente, claro). Según dicen, el perro es una “especie exótica” y podría enfermarse y enfermar a los habitantes naturales del lugar.

Hasta ahí lo entiendo perfectamente, pero, ¿por qué no puede Bobby ir a corretear las olas si tanto le gusta? Veamos: es posible que el susodicho Bobby le ladre a los más chicos, se la agarre con toda pelota playera que salga a rodar y hasta intente devorar cuanto sánguche de milanesa, huevo duro o “milo quenchi” le dejen a mano. Además, terminada su comilona es altamente probable que elija como baño alguna de las carpas que tanto cuesta rentar. A diferencia del perrito de playa, el perrito en la playa es un incordio notable, así que mejor, como sugieren en algunos balnearios, en verano, las mascotas en casa. Y el perro de playa en su casa, que es la costa, claro.

Vacaciones sin perro

Por LUIS BUERO, periodista.

Para mí las vacaciones son algo idealizado, para realizar solo, en pareja o en familia, pero sin animales. Tengo una mascota hace muchos años y comprendí que un perro es como un bebé de seis meses eterno por el que debés conservar los más diversos cuidados si querés obrar responsablemente.
Recuerdo que cuando iba a hacer el primer viaje al que pensé en llevarlo, la señorita veterinaria me dio mil previsiones legales –faltaba que le tuviera que hacer sacar un pasaporte al can para ir hasta Las Toninas–. Luego comenzó con las indicaciones para llevarlo a la playa: “preparale una mochila especial con papeles del animal, agua y plato bebedero, juguetes, bolsa para recoger sus necesidades fisiológicas, crema solar y un protector con almohadillas para las patitas”. A lo que yo pensé: “este bichito me trae más problemas que si llevo a mi suegra”.
Pero la doctora no se detuvo y siguió: “Llevá sombrilla y ponelo a la sombra, que no vague suelto por la playa ni se exponga tanto al sol, si va al mar, que no beba de las olas y que esté solo en la orilla, y de vuelta en casa dale un buen baño con agua dulce para limpiarlo de la sal y la arena”. ¿Algo más?, pensé. Y sí, vinieron los consejos sobre cómo llevarlo en el auto, avión, tren o barco, sin olvidar un botiquín con pomada antiinflamatoria, pastillas antidiarreicas, gasas, agua oxigenada, analgésicos, productos antiparasitarios… ¡Uf! Me cansé. Y decidí dejar al perro en un house-dog-holidays que me cobró por día más que el hotel que reservé. Pero el próximo verano me interno en esa guardería de pichichos con él.

Ilustración: VERÓNICA PALMIERI

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Buenos y malos vecinos en vacaciones

#Nosotras y ellos: Lo que más nos cuesta dejar en las dietas