Martina Gusmán: “Las escenas de sexo me resultan más fáciles si las filma mi marido”

Apasionada y vehemente, la actriz de Leonera y Carancho nos cuenta que vive en total armonía con Pablo Trapero, su pareja desde hace 18 años. Además, cómo logra congeniar la actuación con la maternidad más sus estudios de Psicología (profesión que piensa ejercer apenas se reciba)

“Con Lucero quiero atesorar cada segundo y vivirlo a pleno. Por ejemplo, hoy duerme con nosotros, ¡y no me importa nada! Ya sé que un día se va a ir de mi cama, entonces ¿por qué no disfrutarla?”
“Con Lucero quiero atesorar cada segundo y vivirlo a pleno. Por ejemplo, hoy duerme con nosotros, ¡y no me importa nada! Ya sé que un día se va a ir de mi cama, entonces ¿por qué no disfrutarla?”. (Foto: Maxi Didari/ Para Ti)

Martina Gusman (39) asegura que cocinar le resulta terapéutico. “A veces llego agotada de un día de filmación, pero me descalzo, pongo música, me sirvo una copa de vino, empiezo a preparar algo rico y el cansancio desaparece por completo. Soy feliz”, explica.

En su casa la cocina está integrada al living a través de una gran isla en la que se amasan ñoquis, panes, pizzas y también algunos postres y tortas. “Pablo (N. de la R.: Trapero, 46, director de cine) también es fanático de la cocina. A veces nos peleamos por ver quién prepara la cena”, confiesa.

-Deberían filmar una película basada en la historia de amor de ustedes que es bastante cinematográfica, ¿no?

-Tenés razón, es una linda idea. Eso sí: será el día en que empecemos a escribir comedias románticas y no los dramones de ahora (Se ríe). Porque nosotros, cuando empezamos a imaginar una película, arrancamos con una historia de amor y después nos desviamos un poco… Eso nos pasó con Carancho (vuelve a reírse). Pero volviendo a nosotros, a Pablo lo conocí un día en que fui a su casa porque necesitaba una productora –yo llevaba unos años trabajando en producción–, así que toqué timbre, me abrió y fue un flechazo. Ojo, te aclaro: no es que empezamos a salir de inmediato. Yo tenía como el prejuicio de que no había que mezclar amor y trabajo.

-¿Y cuándo se concretó el romance?

-Llevó un tiempo… Trabajábamos juntos, yo me estaba separando de un novio que tenía en ese momento y Pablo un día me propuso ir juntos al Bafici. Nos sentamos en la última fila de la sala y yo notaba que él no miraba la pantalla, me miraba a mí. No obstante, yo seguía con la mirada fija en el corto que proyectaban, durita en la butaca, sin moverme. Cuando terminó, me di vuelta, lo miré y me dio un pico rápido, como de quinceañero. Bien de película.

Con Pablo , con quien lleva 18 años en pareja.
Con Pablo , con quien lleva 18 años en pareja.

-¿Y cuál fue tu reacción?

Seguí durita en la butaca (se ríe). En ese momento se encendieron las luces de la sala y lo vinieron a buscar para que fuera a hablar con la prensa. Él se quería quedar conmigo, aclarar lo del beso… ¡pero se lo llevaron! Esperé a que se liberara y nos sentamos a charlar tranquilos. Ahí se me declaró formalmente.

-Eso fue hace 18 años y siguen juntos… Sospecho que eso de mezclar amor y trabajo quedó en el pasado.

-(Se ríe) Sí, claro. Es más: ahora no me imagino una vida diferente a ésta en la que, mientras cenamos, hablamos de planos secuencias, escenas y diálogos de un guion.

#PARA TI - MARTINA GUSMAN 2 - news - MD - 20180420
“No me imagino una vida diferente a ésta en la que, mientras cenamos, hablamos de planos secuencias, escenas y diálogos de un guión”. (Foto: Maxi Didari/ Para Ti)

-¿Y qué sentís cuando tenés que filmar un desnudo dirigida por tu marido?

-Las escenas de sexo son siempre difíciles. Pero, contrariamente a lo que muchos pueden creer, filmarlas con Pablo me resulta más cómodo y simple que con otro director porque sé que me va a cuidar como nadie. Por otra parte, conocerlo tan bien tiene sus ventajas: ya sé que si se muerde el labio es porque le gusta cómo quedó y si se empieza a rascar la ceja es que no está del todo convencido.

-El 30 de agosto  se estrena ‘La quietud’, donde interpretás a Mía, una chica bastante frágil y vulnerable, ¿tenés algo en común con ella?

-Sí, claro. Tengo algo de Mía porque ella es vulnerable, como decís vos, pero a la vez cuando tiene que plantarse lo hace. Yo también soy así. La quietud es una peli movilizante que involucra diferentes vínculos familiares –madre/hija, pareja, cuñados, hermanas–, por eso creo que a cada espectador lo tocará según su historia personal y su sensibilidad.

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“Tengo algo del personaje de Mía porque ella es vulnerable, como decís vos, pero a la vez, cuando tiene que plantarse lo hace”. (Foto: Maxi Didari/ Para Ti)

-En la película hay una relación muy fuerte y difícil entre vos (Mía) y tu mamá (Graciela Borges), ¿creés que en general es tan conflictivo el vínculo madre/hija?

-Mirá, a mí en lo personal no me pasa con mi madre. Pero sí te puedo decir que cuando estaba embarazada de Lucero (2) tuve cierto temor y me planteé: ¿cómo será esto de tener una hija mujer? Yo ya tenía a Mateo, que hoy tiene 16 años, y estaba súper acostumbrada a ser mamá de un varón, entonces era lógico que me surgiera esa inquietud.

GENTILEZA MARTINA GUSMAN - 2 - 20180420
Con la pequeña Lucero. En su lugar favorito para descansar: La playa.

-¿Y cómo es ser mamá de una mujer? ¿Sentís que es diferente el vínculo al que tenés con tu hijo?

-Claro: desde el día uno puedo asegurarte que todo es muy distinto. Lucero es súper curiosa, independiente… Si tuviera que definirla, creo que es la libertad con patas. Mateo siempre fue mucho más unido a Pablo y a mí, más apegado.

Con sus hijos Mateo (16) y Lucero (2).
Con sus hijos Mateo (16) y Lucero (2).

-¿Y qué tal es la relación entre ellos con 14 años de diferencia?

-¡Hermosa! No te imaginás lo unidos que son, lo mucho que se quieren… Me genera una gran ternura verlos interactuar porque ella lo idolatra, es su ídolo máximo y él la consiente en todo porque está fascinado con su hermana. No hay competencia entre ellos. Yo siento que tuve dos hijos únicos: a cada uno pude dedicarle el tiempo y la atención necesaria. Lucero llegó a casa para renovar la energía familiar.

-¿Esperaron tanto para tener otro hijo por algo en especial?

-Sí, quisimos estabilizarnos más a nivel laboral antes de buscar otro hijo y tener armada cierta logística. Pablo y yo fuimos papás de Mateo muy jóvenes y lo llevábamos a todos lados. Yo fui una mamá canguro: viajaba con él, me acompañaba a los rodajes o a las notas. Esa dinámica es posible con un hijo, con dos ya se complica.

-¿Pero estabas decidida a tener un segundo hijo?

-¡Sí! ¡Lo tenía clarísimo! Yo sé que algunas mujeres dicen que cuando esperan mucho para tener al segundo les agarra fiaca y piensan “Uff, qué embole volver a arrancar con los pañales y el jardín”, pero a mí no me pasó. Es más, te diría que cuando Mateo terminó la primaria tuve cierta angustia, esa cosa del nido vacío… Sentí que terminaba una etapa y que, claramente, tenía un hijo que comenzaba a independizarse. En ese momento llegó Lucero. Nada es casual, verás.

(Foto: Maxi Didari/ Para Ti)
“Cuando empecé psicología creí que nunca iba a ejercer y hoy sé que sí. Yo trabajo muy activamente en la Fundación Sí  y creo que con el tiempo voy a poder hacer un lindo trabajo social como profesional”. (Foto: Maxi Didari/ Para Ti)

-Ser mamá a los 23 y a los 37 también debe ser muy distinto, ¿qué diferencia encontrás?

-Creo que hoy tengo más conciencia del paso del tiempo. Con Mateo todo fue muy intuitivo y, si bien fui una mamá muy presente, creo que no tenía tan claro que debía disfrutar de cada uno de los momentos con él porque iba a crecer muy rápido. Con Lucero quiero atesorar cada segundo y vivirlo a pleno. Por ejemplo, hoy duerme con nosotros, ¡y no me importa nada! Ya sé que un día se va a ir de mi cama, entonces ¿por qué no voy a disfrutarla ahora que puedo y ella quiere? También pienso que estoy más serena y administro mejor mi energía que cuando tenía 23.

-¿Seguís estudiando Psicología?

-Sí, ya estoy en el último año. Estoy súper contenta porque, cuando empecé la carrera, creí que nunca iba a ejercer y hoy sé que sí. Yo trabajo muy activamente en la Fundación Sí, que dirige Manuel Lozano, y creo que con el tiempo voy a poder hacer un lindo trabajo social ahí como profesional.

-¿Abandonarías tu carrera de actriz?

-¡No, para nada! Aspiro a compatibilizar mis dos vocaciones.

Texto: Juliana Ferrini. Producción: Romina Giangreco.

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Apasionada y vehemente, la actriz de Leonera y Carancho nos cuenta que vive en total armonía con Pablo Trapero, su pareja desde hace 18 años. Además, cómo logra congeniar la actuación con la maternidad más sus estudios de Psicología (profesión que piensa ejercer apenas se reciba)

“Con Lucero quiero atesorar cada segundo y vivirlo a pleno. Por ejemplo, hoy duerme con nosotros, ¡y no me importa nada! Ya sé que un día se va a ir de mi cama, entonces ¿por qué no disfrutarla?”
“Con Lucero quiero atesorar cada segundo y vivirlo a pleno. Por ejemplo, hoy duerme con nosotros, ¡y no me importa nada! Ya sé que un día se va a ir de mi cama, entonces ¿por qué no disfrutarla?”. (Foto: Maxi Didari/ Para Ti)

Martina Gusman (39) asegura que cocinar le resulta terapéutico. “A veces llego agotada de un día de filmación, pero me descalzo, pongo música, me sirvo una copa de vino, empiezo a preparar algo rico y el cansancio desaparece por completo. Soy feliz”, explica.

En su casa la cocina está integrada al living a través de una gran isla en la que se amasan ñoquis, panes, pizzas y también algunos postres y tortas. “Pablo (N. de la R.: Trapero, 46, director de cine) también es fanático de la cocina. A veces nos peleamos por ver quién prepara la cena”, confiesa.

-Deberían filmar una película basada en la historia de amor de ustedes que es bastante cinematográfica, ¿no?

-Tenés razón, es una linda idea. Eso sí: será el día en que empecemos a escribir comedias románticas y no los dramones de ahora (Se ríe). Porque nosotros, cuando empezamos a imaginar una película, arrancamos con una historia de amor y después nos desviamos un poco… Eso nos pasó con Carancho (vuelve a reírse). Pero volviendo a nosotros, a Pablo lo conocí un día en que fui a su casa porque necesitaba una productora –yo llevaba unos años trabajando en producción–, así que toqué timbre, me abrió y fue un flechazo. Ojo, te aclaro: no es que empezamos a salir de inmediato. Yo tenía como el prejuicio de que no había que mezclar amor y trabajo.

-¿Y cuándo se concretó el romance?

-Llevó un tiempo… Trabajábamos juntos, yo me estaba separando de un novio que tenía en ese momento y Pablo un día me propuso ir juntos al Bafici. Nos sentamos en la última fila de la sala y yo notaba que él no miraba la pantalla, me miraba a mí. No obstante, yo seguía con la mirada fija en el corto que proyectaban, durita en la butaca, sin moverme. Cuando terminó, me di vuelta, lo miré y me dio un pico rápido, como de quinceañero. Bien de película.

Con Pablo , con quien lleva 18 años en pareja.
Con Pablo , con quien lleva 18 años en pareja.

-¿Y cuál fue tu reacción?

Seguí durita en la butaca (se ríe). En ese momento se encendieron las luces de la sala y lo vinieron a buscar para que fuera a hablar con la prensa. Él se quería quedar conmigo, aclarar lo del beso… ¡pero se lo llevaron! Esperé a que se liberara y nos sentamos a charlar tranquilos. Ahí se me declaró formalmente.

-Eso fue hace 18 años y siguen juntos… Sospecho que eso de mezclar amor y trabajo quedó en el pasado.

-(Se ríe) Sí, claro. Es más: ahora no me imagino una vida diferente a ésta en la que, mientras cenamos, hablamos de planos secuencias, escenas y diálogos de un guion.

#PARA TI - MARTINA GUSMAN 2 - news - MD - 20180420
“No me imagino una vida diferente a ésta en la que, mientras cenamos, hablamos de planos secuencias, escenas y diálogos de un guión”. (Foto: Maxi Didari/ Para Ti)

-¿Y qué sentís cuando tenés que filmar un desnudo dirigida por tu marido?

-Las escenas de sexo son siempre difíciles. Pero, contrariamente a lo que muchos pueden creer, filmarlas con Pablo me resulta más cómodo y simple que con otro director porque sé que me va a cuidar como nadie. Por otra parte, conocerlo tan bien tiene sus ventajas: ya sé que si se muerde el labio es porque le gusta cómo quedó y si se empieza a rascar la ceja es que no está del todo convencido.

-El 30 de agosto  se estrena ‘La quietud’, donde interpretás a Mía, una chica bastante frágil y vulnerable, ¿tenés algo en común con ella?

-Sí, claro. Tengo algo de Mía porque ella es vulnerable, como decís vos, pero a la vez cuando tiene que plantarse lo hace. Yo también soy así. La quietud es una peli movilizante que involucra diferentes vínculos familiares –madre/hija, pareja, cuñados, hermanas–, por eso creo que a cada espectador lo tocará según su historia personal y su sensibilidad.

#PARA TI - MARTINA GUSMAN 3 - news - MD - 20180420
“Tengo algo del personaje de Mía porque ella es vulnerable, como decís vos, pero a la vez, cuando tiene que plantarse lo hace”. (Foto: Maxi Didari/ Para Ti)

-En la película hay una relación muy fuerte y difícil entre vos (Mía) y tu mamá (Graciela Borges), ¿creés que en general es tan conflictivo el vínculo madre/hija?

-Mirá, a mí en lo personal no me pasa con mi madre. Pero sí te puedo decir que cuando estaba embarazada de Lucero (2) tuve cierto temor y me planteé: ¿cómo será esto de tener una hija mujer? Yo ya tenía a Mateo, que hoy tiene 16 años, y estaba súper acostumbrada a ser mamá de un varón, entonces era lógico que me surgiera esa inquietud.

GENTILEZA MARTINA GUSMAN - 2 - 20180420
Con la pequeña Lucero. En su lugar favorito para descansar: La playa.

-¿Y cómo es ser mamá de una mujer? ¿Sentís que es diferente el vínculo al que tenés con tu hijo?

-Claro: desde el día uno puedo asegurarte que todo es muy distinto. Lucero es súper curiosa, independiente… Si tuviera que definirla, creo que es la libertad con patas. Mateo siempre fue mucho más unido a Pablo y a mí, más apegado.

Con sus hijos Mateo (16) y Lucero (2).
Con sus hijos Mateo (16) y Lucero (2).

-¿Y qué tal es la relación entre ellos con 14 años de diferencia?

-¡Hermosa! No te imaginás lo unidos que son, lo mucho que se quieren… Me genera una gran ternura verlos interactuar porque ella lo idolatra, es su ídolo máximo y él la consiente en todo porque está fascinado con su hermana. No hay competencia entre ellos. Yo siento que tuve dos hijos únicos: a cada uno pude dedicarle el tiempo y la atención necesaria. Lucero llegó a casa para renovar la energía familiar.

-¿Esperaron tanto para tener otro hijo por algo en especial?

-Sí, quisimos estabilizarnos más a nivel laboral antes de buscar otro hijo y tener armada cierta logística. Pablo y yo fuimos papás de Mateo muy jóvenes y lo llevábamos a todos lados. Yo fui una mamá canguro: viajaba con él, me acompañaba a los rodajes o a las notas. Esa dinámica es posible con un hijo, con dos ya se complica.

-¿Pero estabas decidida a tener un segundo hijo?

-¡Sí! ¡Lo tenía clarísimo! Yo sé que algunas mujeres dicen que cuando esperan mucho para tener al segundo les agarra fiaca y piensan “Uff, qué embole volver a arrancar con los pañales y el jardín”, pero a mí no me pasó. Es más, te diría que cuando Mateo terminó la primaria tuve cierta angustia, esa cosa del nido vacío… Sentí que terminaba una etapa y que, claramente, tenía un hijo que comenzaba a independizarse. En ese momento llegó Lucero. Nada es casual, verás.

(Foto: Maxi Didari/ Para Ti)
“Cuando empecé psicología creí que nunca iba a ejercer y hoy sé que sí. Yo trabajo muy activamente en la Fundación Sí  y creo que con el tiempo voy a poder hacer un lindo trabajo social como profesional”. (Foto: Maxi Didari/ Para Ti)

-Ser mamá a los 23 y a los 37 también debe ser muy distinto, ¿qué diferencia encontrás?

-Creo que hoy tengo más conciencia del paso del tiempo. Con Mateo todo fue muy intuitivo y, si bien fui una mamá muy presente, creo que no tenía tan claro que debía disfrutar de cada uno de los momentos con él porque iba a crecer muy rápido. Con Lucero quiero atesorar cada segundo y vivirlo a pleno. Por ejemplo, hoy duerme con nosotros, ¡y no me importa nada! Ya sé que un día se va a ir de mi cama, entonces ¿por qué no voy a disfrutarla ahora que puedo y ella quiere? También pienso que estoy más serena y administro mejor mi energía que cuando tenía 23.

-¿Seguís estudiando Psicología?

-Sí, ya estoy en el último año. Estoy súper contenta porque, cuando empecé la carrera, creí que nunca iba a ejercer y hoy sé que sí. Yo trabajo muy activamente en la Fundación Sí, que dirige Manuel Lozano, y creo que con el tiempo voy a poder hacer un lindo trabajo social ahí como profesional.

-¿Abandonarías tu carrera de actriz?

-¡No, para nada! Aspiro a compatibilizar mis dos vocaciones.

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