Test: filtros, ¿qué grado de protección tiene el tuyo?

Hay gente que no piensa antes de hablar, se escuda detrás de “la verdad es lo primero” o “soy frontal” y te dice cualquier cosa. Pero ¿la verdad justifica el desubique? Tus palabras ¿salen en crudo como la comida crudivegana o vienen procesadas como prefritos congelados?

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La fórmula del espíritu navideño: celebración y solidaridad

¿Y si en lugar de pensar en tantos regalos “nos regalamos” engancharnos en alguna acción solidaria? Esa es la propuesta para las Fiestas de nuestra columnista Mariana Weschler.

#PARA TI - MARIANA WESCHLER - Estar mejor - Espiritu navidad - 20171208

Soy judía y poco creyente, sin embargo, acepté escribir esta columna navideña. ¡Shhh!, no me buchoneen por favor, la Navidad me encanta. ¿A quién no? Con sus vidrieras, colores y brillos, la musiquita tintineante que te persigue hasta en las góndolas del súper y la tele que replica las mil películas de amor, milagros y esperanza.

Seamos sinceros, no existe una fiesta más hermosa. Algo que tiene una magia especial es que la Navidad no sólo llega, se anticipa. Arranca diciembre y al clásico “Hola, ¿qué hacés?” se le agrega “¿para las fiestas?” Es que algo tenés que hacer, cuanto menos comer rico y juntarte con algún ser querido. Este año la primera en anticiparme la fecha fue Valeria, una mamá del colegio de mi hijo menor. Ella participa en una asociación que se llama Uniendo Mundos (http://uniendomundos.com.ar), donde apadrinan a cuatro escuelas del Chaco con carencias inmensas. A principios de noviembre nos pidió armar cajas navideñas con comestibles y regalitos para una familia que nos sería asignada. Entre varias complicaciones y corridas cotidianas, me llegó el recordatorio para entregar la caja. Me cayó tan de sorpresa como cuando me encuentro un billete de cien en un pantalón; lo primero que pensé fue: ¿cuándo corno me ocupo de esto? Pero enseguida recapitulé y agradecí que hubiera alguien que promoviera estas acciones. Las que le dan otro sentido al festejo. Entonces, me animo a sugerir, ¿qué tal si esta Navidad impulsamos algo de fe? No se confundan, no me refiero a creencias religiosas, ni siquiera a los rituales. Pienso en la creencia más profunda y compleja, la de creer en las personas. Apostar a que algo se puede mejorar esta rueda loca e individualista y mirar un poco más allá de nuestro dedo gordo.

Hay quichicientas causas con las que se puede colaborar: desde fundaciones que colectan y reparan juguetes hasta las que hacen recorridas por calles y hospitales. También podemos comprar regalos de fin de año para asociaciones u organizaciones. Hace poco tuve la suerte de conocer la organización Red de Activos (http://redactivos.org.ar), que genera trabajo para personas con discapacidad y ofrece productos y servicios desarrollados por ellos en talleres protegidos. Además de ser una salida laboral para un grupo de personas a las que no se les suele dar mucha chance, les aseguro que el nivel de diseño es excelente.

Ya que asimilamos la Navidad con un Papá Noel abrigado hasta la deshidratación, podemos imponer el espíritu solidario del que tanto nos jactamos por estos lares. No hace falta tener la bondad infinita de Juan Carr, pero algo podemos aportar. Así le damos un toque más profundo a la Navidad, además del verde, brillante y con moños. Después, si nos entusiasmamos, le agregamos el mismo espíritu al Día del Perdón, el de la Pachamama y algún festejo budista… Que para ser una sociedad un poquito más amable, todas las fechas pueden sumar.

Texto: MARIANA WESCHLER (Facebook.com/marianaweschler)

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¿De qué nos quejamos cuando nos quejamos de los chicos?

“Dime de lo que te quejás de tus hijos, y te diré quién eres” Una reflexión de Mariana Weschler sobre padres e hijos, tablets y botellitas que caen bien paradas…

#PARA-TI---SELFIE-MARIANA-WESCHLER----Estar-mejor---20171110
La selfie

Escucho: “Estos pibes viven pegados a la tablet”. “¡No sé para qué le compro juguetes si lo único que usa es el teléfono o la play!” La queja se repite y se redobla. “¡No tiene paciencia!”, protesta la mamá en el restaurante mientras le enchufa el celular al gordito de dos años que maneja su chupete con tanta agilidad como busca videos. Y la pregunta es: ¿de qué nos estamos quejando exactamente? No quiero ahondar en el SÍ o NO del uso de la tecnología en niños.

#PARA-TI---SELFIE-MARIANA-WESCHLER-1----avioncitos-de-papel---Estar-mejor---20171110
La crianza y la tecnología una relación de amor y odio

El hecho es que la tecnología está para quedarse y además ¡a los adultos también nos fascina! Lo que sí me da de pensar es nuestra responsabilidad como facilitadores. Quejarse de que sólo usan eso es como protestar porque el pibe come únicamente salchichas con puré. ¿Quién pone la comida en el plato? Convengamos que los niños tienen por naturaleza la capacidad de jugar con lo que encuentran. El año pasado en las escuelas estallaba el juego de la botellita, ¿se acuerdan? Para quienes no lo vieron, consiste en lanzar una botella plástica a medio llenar e intentar que caiga parada. Este año hizo furor el spinner. En casa tuvimos de los comprados y las versiones manuales hechas con tapitas de botellas. En este momento, en el colegio de mi hijo los chicos andan como locos con los avioncitos de papel. Rescatan folletos y papeles de cualquier lado para armar diferentes modelos de aviones. Las juntadas de amigos te dejan un tendedero de papeles. Claro que todos estos juegos a veces agotan la paciencia de los adultos.

#PARA-TI---SELFIE-MARIANA-WESCHLER-2---juguetes---Estar-mejor---20171110

Las maestras con la cabeza por explotar del clanpum de las botellitas a la hora del recreo. Los padres podridos de levantar papeles del piso o encontrar la receta del médico transformada en un Boeing. Ni hablar del “mirame ma, mirame”. Entonces, uno sugiere el poco pedagógico: “¿no querés ir un rato a jugar con la tablet?” Y está bien, un ratito de paz no se le niega a nadie. El otro reproche que se les hace a los chicos –además de que no salen de las pantallas– es que el interés les dura poco. Está bien que la atención dispersa es un mal de la época, ¡pero lo de cambiar de un juego al otro es tan clásico en los menores como los piojos o los mocos! Hace poco escuché una situación que me pareció bastante esclarecedora de nuestro doble discurso: la mamá, con total convicción, le decía a la hija “ya te dije que no compro más álbumes de figuritas. Al final, ¿qué haces con el albúm cuando lo terminás? ¡Lo tirás al tacho!”. Lo que primero me sonó casi razonable: comprar quichicientas figuritas, la mayoría repetidas, es un gastadero de plata; luego me iluminó en otro aspecto: el juego en sí consiste en coleccionar, intercambiar, completar, buscar. La diversión está en el proceso, no en el fin. Y eso, ¿es una mala inversión? ¿Acaso tiene utilidad el rompecabezas de 1000 piezas una vez terminado? ¿Quiénes somos los impacientes? Los juguetes que se enchufan cuestan plata, pero invertir en jugar con los chicos cuesta tiempo. Y hoy por hoy, confesemos que tiempo es lo que menos tenemos disponible los padres. No juzgo, a mí también me pasa. Pero como dice Serrat “A menudo los hijos se nos parecen”, y quizás antes de la queja tengamos que mirarnos un poco más al espejo.

por Mariana Weschler

Facebook.com/marianaweschler

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Facebook.com/marianaweschler

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