El flechazo de Dinamarca a la Argentina que desafió miles de kilómetros: “No quería llegar a los 50 y arrepentirme por no haber apostado al amor”

Henrik Lundorff (danés) y Mariana (de Chubut) se conocieron en 2013 colaborando con una ONG en La Matanza. El volvió a su país y durante seis meses mantuvieron un romance a distancia. Al final, se instaló en Buenos Aires –donde montó un emprendimiento para promover el uso de la bicicleta– y le propuso casamiento

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Henrik Lundorff (29) y Mariana Cagnoli (27) en el Obelisco, punto de encuentro de una de sus primeras citas. “En Dinamarca, nueve de cada diez habitantes pedalean en dos ruedas”, cuenta él, todo un experto en el tema.

Entre Dinamarca y Buenos Aires hay 11.953 kilómetros de distancia. La primera vez que recorrió ese trayecto –unas 18 horas de avión, escala incluida– Henrik Lundorff tenía 25 años. ¿El motivo del viaje? Un intercambio universitario.

Me había recibido de politólogo y estaba cursando una maestría en Ciencia Política. El plan era combinar un semestre en la Universidad Torcuato Di Tella, con otros seis meses de pasantía laboral”, explica el joven, oriundo de Thisted, ciudad de quince mil habitantes en el noroeste del país. Sus primeros días en Capital Federal fueron “raros”.

Sabía español: lo estudió en el colegio, tomó clases particulares y en 2009 vivió cinco meses en Lima, Perú. Sin embargo, le costó hallarse. “No estaba preparado para hacerle frente al castellano rioplatense y sus modismos. Pero gracias a la amabilidad y a la paciencia de los argentinos pude interiorizarme con el idioma”, explica.

Rápidamente, Kike (como lo bautizaron los porteños) se acostumbró a pronunciar la doble “L” como una “Y”. Además, se hizo hincha de Racing y se volvió adicto a la pizza, las empanadas y el mate.

CAMBIO DE PLANES. Fue un fin de semana largo de octubre de 2013. Henrik se ofreció como voluntario para construir viviendas de emergencia en La Matanza con la ONG Un Techo. Entre las personas que integraban su grupo estaba Mariana Cagnoli, una joven oriunda de Puerto Madryn, Chubut, que se había instalado hacía un par de años en Buenos Aires para estudiar actuación en la Universidad Nacional de las Artes.

Al principio no nos caímos muy bien. Como él hacía chistes todo el tiempo, yo pensaba que era el típico extranjero que había venido de joda. Después, cuando lo conocí mejor, me di cuenta que nada que ver”, dice ella. Lo que siguió fueron un par de salidas grupales, hasta que un día Kike tomó coraje y la invitó a tomar algo.

Me sorprendió lo bien que manejaba el español. De todas formas él me pidió: ‘Si pronuncio mal alguna palabra, corregime’. Lo que más le costaba eran los artículos y los géneros. Cada tanto decía: ‘La bicicleto'”, cuenta Mariana.

Las salidas del danés y la argentina se hicieron cada vez más frecuentes. A pesar de las advertencias de sus amigas, Mariana quiso darle una oportunidad. “Tenía claro que Kike iba a regresar a Dinamarca, pero quise conocerlo de todas formas”, dice ella. Cuando llegó el momento de despedirse, él le aseguró que volvería.

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Hoy, además de ser marido y mujer, comparten la pasión por las bicis.

Mantuvimos contacto vía WhatsApp y FaceTime durante seis meses. Fue duro, porque nos extrañábamos mucho. Al final, el 3 de agosto de 2014 volví a la Argentina. No quería llegar a los cincuenta años y arrepentirme de no haber vuelto. Aposté al amor”, explica él.

¿Por qué no nos casamos?“, le dijo él a ella mientras caminaban por las playas de Puerto Madryn en julio de 2015. Se arrodilló, improvisó un anillo con una bolsa y se lo colocó en el dedo. Tres meses más tarde, el 22 de octubre, pasaron por el Registro Civil y, el 13 de febrero de 2016, hicieron una fiesta en el Sur.

Mariana es mi alma gemela y mi mejor amiga. Me ayudó a crecer. Cuando la conocí era un nene. Ahora soy un hombre”, sentencia el danés. Y agrega: “Es divertido convivir con las diferencias culturales: algunas cosas las hacemos ‘a la argentina’, como por ejemplo cenar tarde o tomar mate hasta las ocho de la noche, y otras más ‘a la danesa'”.

Ya instalado en Buenos Aires, Henrik se propuso desarrollar un proyecto que vinculara su tierra natal con su país de adopción. “Fundé Viking Bike Academy, un emprendimiento que promueve el uso de la bicicleta. Visité muchas ciudades para transmitir las bondades de este medio de transporte, tan expandido en Dinamarca. No genera tránsito, es fácil de estacionar y no es peligroso”.

Paralelamente, entre 2016 y mediados de 2017 trabajó en el Gobierno porteño como asesor de Turismo Sustentable y hasta diseñó un programa de tours en dos ruedas. “Estoy cien por ciento comprometido con el país. No desde el lado del extranjero que critica, sino como un argentino más, que quiere que mejoren las cosas. Por eso, cuando me enrosco mucho con el tema, trato de recordar el verdadero motivo por el que estoy acá”, dice Henrik… Gira la vista y mira a Mariana.

Por Flor Illbele.
Fotos: Fabián Mattiazzi y álbum personal.

 

 

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