Malvinas: “Nuestros héroes son el último mojón de soberanía”

El lunes 26, 214 familiares de caídos en la Guerra de Malvinas viajaron a encontrarse por primera vez con sus hermanos, hijos y tíos, identificados después de treinta y seis años. Aquí, la historia de Elbio Eduardo Araujo, contada por su hermana María Fernanda y su mamá María del Carmen: “Fue sanador ver el nombre en la lápida”.

Un día histórico para la Argentina: los familiares de los héroes de guerra llegan a Las Malvinas para ver sus lápidas con nombre por primera vez.
26 de marzo de 2018. Un día histórico para la Argentina: los familiares de los héroes de guerra llegan a Las Malvinas para ver sus lápidas con nombre por primera vez.

Son las 8 AM y las manos de María del Carmen Penón (81) se humedecen con el rocío que aún yace sobre la tumba del soldado Elbio Eduardo Araujo. Es un día atípico en las Malvinas. No sólo por la presencia de 248 argentinos sobre el suelo del archipiélago, sino porque el sol de abril hace que los ocho grados sean mucho más agradables. No hay viento y el paisaje se completa con “una estela blanca, que dibuja la bandera argentina en el cielo”.

Después de 36 años María del Carmen hace el duelo frente a la tumba de su hijo Elbio Araujo.
Después de 36 años María del Carmen hace el duelo frente a la tumba de su hijo Elbio Eduardo Araujo.

Así lo piensa María Fernanda Araujo (45), mientras su mamá (más de ocho décadas, con una prótesis en la rodilla que apenas cuenta doce meses) se arrodilla sobre la tumba de su hermano, caído en la guerra con Inglaterra, hace treinta y seis años.

María Fernanda deja una ofrenda en la tumba de su hermano, Julio
María Fernanda deja una ofrenda en la tumba de su hermano, Elbio Eduardo Araujo.

Elbio Eduardo Araujo (de 19 años) partió de su casa el mismo 2 de abril en que Galtieri anunció la recuperación de las islas. “Nunca creí que iba a la guerra. Para mí estaba en el Sur”, confiesa su madre. Once días más tarde, Eduardo (como lo llaman en casa) llegó a las Malvinas. “Ese martes 13 fuimos directo al Palomar a las 5.30… Llegamos a Río Gallegos a las 8.30 más o menos; desayunamos y a las 10 partimos en un 737 de Aerolíneas hacia Puerto Stanley. Llegamos a las once…”, contaba el soldado a mediados de abril, en una carta que encabezó con un sentido “Queridos míos”. El 27 de ese mes volvió a escribir y en mayo lo hizo por última vez. Sesenta y nueve días después de haber llegado a la guerra, una bomba explotó en la posición del pelotón del “valiente soldado Araujo”, como se definía en otro de las mensajes.

Fernanda, presidenta de la Comisión de familiares y su mamá Carmen.
Fernanda, presidenta de la Comisión de familiares y su mamá Carmen.

El 11 de junio de 1982, cuando Elbio Eduardo cayó en combate, llevaba encima el documento, una medalla identificatoria y un recibo del pago que había hecho en su colegio antes de partir, porque a la vuelta pensaba terminar la secundaria. Lo increíble es que, 36 años después, esos documentos permanecerían intactos entre su uniforme de guerra y su cuerpo.

Una de las cartas que envió Elbio desde Las Malvinas.
Una de las cartas que envió Elbio desde Las Malvinas.

Lo insólito también es que su familia nunca fue informada por el Estado de que había perdido la vida en el famoso bombardeo de la batalla de Monte Longdon. “A fines de junio del ’82, con la guerra terminada, volvieron los soldados del Regimiento 7 de Infantería Mecanizada de La Plata y fuimos a buscar a mi hermano. No lo encontrábamos y empezamos a gritar, ‘¡Soldado Araujo! ¡Soldado Araujo!’. Pero no apareció. Nunca nos informaron de su muerte”, cuenta María del Carmen, ahora en el departamento de su hija en Palermo.

La licencia de conducir de Araujo fue encontrada junto al cuerpo en perfectas condiciones.
La licencia de conducir de Araujo fue encontrada junto al cuerpo en perfectas condiciones.

A su lado, María Fernanda –que tenía nueve en el ’82 y hoy preside la Comisión de Familiares de los Caídos en Malvinas– agrega: “Estuvimos mucho tiempo esperando. Después supimos que había muerto en el bombardeo y pensamos que sería imposible recuperar sus restos”.

El equipo forense identificó a 90 soldados argentinos.
El equipo forense identificó a 90 soldados argentinos.

–¿Cómo fue el momento en que enfrentaron la tumba, después de treinta y seis años de vacío?
María del Carmen: Cuando vi el nombre en la lápida sentí mucha paz. Ahora lo tengo, ahora está conmigo. Esa incertidumbre de no saber dónde estaba no nos permitía hacer el duelo. Y ahora lo tenía ahí. Sabía que debajo de ese pedacito de piedra estaba él. Fue como abrazarlo, tenerlo de nuevo…
María Fernanda: Cuando fuimos a recibir la notificación en el Archivo de la Memoria de la Secretaría de Derechos Humanos, yo pensaba que era imposible que encontraran a Eduardo. Nos daban vueltas sin decirnos lo que necesitábamos y de repente les digo: “Bueno, ¡basta! No quiero que me hablen más. ¿Qué me tienen que decir?”. Entonces me contestan: “El soldado Araujo fue identificado”. Fue una sorpresa total. Mamá gritaba.

La medalla de Araujo, otra de las pertenencias que fueron halladas junto al cuerpo.
La medalla de Araujo, otra de las pertenencias que fueron halladas junto al cuerpo.

–¿Cómo definen los años que posteriores a la guerra?
MF: De mucha desidia, desinterés de la sociedad y escuchando: “Esa guerra al p…, esa guerra injusta”. Trataban a nuestros héroes como chicos. Es lo peor que le podés decir a un veterano o a un familiar, porque sentís: “Hermano, moriste al p…”. No sentimos lástima, porque son héroes de la Patria.

–¿Qué otra estigmatización o calificación les molestó?
MF: Había un grupo de soldados que pedía: “Libertad a los NN desaparecidos por la dictadura”. Y mi hermano no es un desaparecido. Se mezclaba todo. Entonces, pasó a ser una víctima de Malvinas. Para nosotros no son víctimas, son héroes. Víctimas son los desaparecidos que cayeron en manos de los milicos. Son dos historias nuestras, argentinas, pero diferentes.

Agustín, el hijo de María Fernanda en la tumba de su tío.
Agustín, el hijo de María Fernanda en la tumba de su tío.

CERRANDO HERIDAS. En 2008, el veterano de Malvinas Julio Aro viajó a Londres a fin de hacer un curso de salud mental para ex combatientes. Necesitaba un traductor y le asignaron a Geoffrey Cardozo, alto militar inglés. Conectaron bien y Aro le confesó un malestar que lo seguía: “Le contó que se sentía mal porque no había podido identificar a sus compañeros en el cementerio de Darwin”, recapitula María Fernanda, todavía en Palermo. “Yo te puedo ayudar. Tengo las posiciones de todos, porque soy quien los enterró”, fue la respuesta del inglés, que había hecho un trabajo titánico en el cementerio, sepultando a los argentinos por sectores, de acuerdo al lugar donde habían caído: “Cardozo trabajó con un amor increíble. Lo hizo como si se tratara de sus compañeros o de sus hijos. ‘Mis chicos’, dice. El no estuvo en la guerra: lo mandaron después, para hacer ese trabajo y levantar el cementerio. Gracias a Dios que vino él y no otro, que hubiera metido a todos en un pozo enorme”, reflexiona la mamá del soldado Araujo.

El abrazo de María y Rosa, familiares del soldado Díaz
El abrazo de María y Rosa, familiares del soldado Díaz

–En un principio la Comisión de Familiares se oponía a la exhumación de los cuerpos. ¿Por qué?
MF: Al principio no estábamos de acuerdo, porque fue todo tirado de los pelos. Además, vos supuestamente tenés tu tumba en el cementerio y de repente te dicen que van a abrir todo el cementerio. ¿Quién lo va a abrir? ¿Cómo? Nunca vino nadie oficial a hablar con nosotros. ¿Señora, usted qué siente? ¿Está de acuerdo? Además, algunos veteranos nos picaban la cabeza: “Esto viene de los ingleses, sabés qué intenciones tienen, ¿no?”.

Elbio Eduardo y María Fernanda en unas vacaciones en Colón.
Elbio Eduardo y María Fernanda en unas vacaciones en Colón.

¿Y usted qué sentía, Carmen?
M del C: Un día, después de hablar con el psicólogo, María Fernanda me preguntó qué pensaba. “Yo realmente no necesito que abran las tumbas, pero si otra mamá lo necesita ¿quién soy yo para impedirlo?”.
MF: Ahí me di cuenta de que teníamos que ir para adelante. La Comisión rompió con los veteranos que trababan la situación. Cuando se corrieron, salió el sol.

–¿Y vos qué sentiste, Fernanda, cuando te informaron que habían identificado los restos de Eduardo?
MF: Cuando me dijeron que estaba en Darwin y encima tenía las pertenencias, no lo podía creer. Le pregunté a la antropóloga si estaba muy lastimado y me dijo que no. Yo pensaba que había explotado en pedazos. ¡Fue sanador! Cuando salí a hablar con la prensa, les pedí perdón a las madres que querían la exhumación desde el principio. Pero a nosotros nunca nos habían informado nada.

El cemenerio de Darwin en las Islas Malvinas.
El cemenerio de Darwin en las Islas Malvinas.

–¿Quieren que los restos se queden en Malvinas?
M del C: Dios quiso que quede en las islas y se tiene que quedar ahí. Si lo llevara a Entre Ríos, donde nací yo, lo recordaríamos nosotros, su madre, su hermana, sus sobrinos… Con el tiempo, sería uno más. En cambio en Malvinas va a seguir siendo un héroe.
MF: Están en la Argentina y tienen que descansar allí. Además, son nuestro último mojón de soberanía.

Por Julián Zocchi
Fotos: Adrián Sandoval, Francisco Trombetta y Presidencia de la Nación.

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