Flavio Cianciarulo y su hija Cocó: “Compartir surf y música es sagrado para esta familia”

El histórico bajista de los Fabulosos Cadillacs, fanático del deporte de la tabla, les transmitió la pasión a sus tres hijos. La menor, de 14 años, es un fenómeno: brilla en el país e integra la selección nacional. En Mar del Plata, donde viven, disfrutan todos los días. “Es algo que nos llena espiritualmente”, coinciden los Cianciarulo.

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“El surf nos permite estar en contacto con la naturaleza”, cuentan Flavio y Cocó, parte de este clan que se mueve “en bloque”, siempre muy unido.

El rumor del mar es, muchas veces, la mejor música. Si lo sabrán los Cianciarulo, unidos en comunión sobre la arena de la playa, respirando el aire puro de las mañanas y empecinados en domar las olas. Todos saben quién es Flavio –Señor Flavio para los fanáticos de los Fabulosos Cadillacs–, 53 años, marido de Jenny, bajista y fundador de esta banda legendaria del rock nacional.

Pero quizás no todos conocen su costado surfer, que lo atrapó desde adolescente y les legó a sus hijos. Los tres –Astor (20), Jaco (19) y Cocó (14)– disfrutan de esta actividad, y la más pequeña se lo tomó todavía más en serio: no para de ganar competencias en el país (es la mejor en categoría Junior) e integra la selección nacional. Le va tan bien que Roxy la eligió para ser la imagen de la marca y papá –a su vez embajador de Quicksilver– la apoya incondicionalmente. Al vivir en Mar del Plata, a sólo dos cuadras de la playa, la pasión se alimenta día a día.

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Flavio junto con Vicentico en el escenario, dos piezas insoslayables de los Fabulosos Cadillacs.

–¿Cómo surge este amor por el surf?

Cocó: ¡Viene de familia! La conexión que tengo con el mar es inexplicable. Y este deporte también me permite viajar, conocer nueva gente, competir… Es una experiencia hermosa, que vivo gracias al apoyo de todos. Amo este deporte.

–Mucho tiene que ver lo que vos le transmitiste, Flavio.

Flavio: Mirá, yo me crié en Mar del Plata, cerca del océano. Mis padres se separaron y yo me fui a Buenos Aires con mi mamá, pero mi viejo se quedó acá. Así que venía seguido y siempre me gustó surfear. Nunca fui un crack… Hacía lo que podía. Al final me capturó la música y lo dejé por completo. Luego, ya de grande, durante una temporada en mi ciudad adoptiva, algo me dijo que tenía que volver a la tabla. Luego fue una transmisión muy natural hacia mis hijos y lo empezamos a compartir, tanto el surf como el skate.

–Vos, Cocó, arrancaste fuerte con el skate, ¿no?

C: Sí, empecé a andar a los tres años. Mi primer campeonato fue a los cinco, en Mar del Plata. Me enamoré del skate y empecé a competir hasta los 13. También es un deporte que me encanta. Lo sigo practicando, pero ya no compito.

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A los 53 años, Flavio se mantiene impecable gracias al surf y el skate.

–En un momento tuviste que optar.

C:También influyó que en 2015 sufrí una fractura muy fuerte en la tibia y el doctor me recomendó que fuera a recuperarme al mar. Me fui a entrenar a Brasil con Rubén Muñiz y, bueno, decidí ser surfista. Mi idea es llegar lo más lejos posible.

–Y ustedes, como padres, la apoyan.

F: Sí, la acompañamos a todos los viajes, naturalmente. Si no puedo yo, lo hace mi esposa, Jenny. Hace poco fueron las dos a Chile. La verdad, somos una familia muy unida. Nos movemos en bloque y nos encanta estar juntos.

–¿Qué tiene el surf que te enamora?

C: Es muy divertido y, particularmente, podemos compartirlo en familia. Mamá no surfea, pero siempre nos acompaña, nos filma, la pasa re bien.
F:Es una diversión profunda, no hueca. Una sensación de enorme felicidad. Como dice un entrenador, la cara de alegría que se dibuja en el que logra pararse ante una pequeña ola es impagable… Es una actividad que tiene ese plus de conectarte con la naturaleza. No soy montañista (mi mujer sí escalaba), pero me imagino que les debe pasar algo parecido. Hay algo más espiritual, que le llega tanto al principiante como al profesional. Podés estar una, dos o hasta tres horas en el mar, y vivís algo místico, casi mágico.

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Cocó, la única de la familia que eligió competir, tiene un futuro brillante. En octubre irá a mostrar su talento a California, nada menos.

–El mar es fundamental en tu vida.

F: Es algo que, en general, atrae a todos. Y en mi caso como que lo necesito todavía más, aunque sea ir a tomar unos mates y contemplarlo. Es una hermosa necesidad. Nos gusta estar cerca, verlo, pasar por la costa. Ni hablar si te ponés un traje y surfeás.

–¿Sos competitiva, Cocó?

C: Te diría que sí, que me lo tomo muy en serio. Dejo todo en el agua, salgo sin aliento. Este deporte me ha llevado a Brasil, Perú, Ecuador, Chile y el año pasado a Japón, representando a la Argentina en el Mundial junior.

–¿Cómo te preparás? ¿Hay que resignar algunas cosas?

C:Y sí, cuidarse con las comidas, estar enfocada… A mí no me gusta salir de fiesta, así que prefiero irme a dormir temprano, para poder surfear al día siguiente desde la primera hora.
F: Eso de que no le gusta salir de fiesta lo dice ahora, que tiene 14 años, eh. Vamos a ver si a los 18 sigue pensando lo mismo, ja ja… ¡Ojalá que sí!

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En perfecta armonía Con la tabla y la guitarra, dos formas distintas de conectarse con uno mismo.

–Para vos, Flavio, debe ser lindo poder compartir esta pasión con tu familia.

F: ¡Ni hablar! Compartir música, roncanrol, surf y skate es sagrado para nosotros, algo simple pero muy importante. Con mis hijos tengo una banda, Sotana: tocamos un metal extremo, ideal para los amantes del género. Y, bueno, el surf nos une a todos, incluida mi esposa, que aunque no se mete al mar está siempre acompañándonos. Por ahí ahora mismo, después de la nota, agarramos todo y vamos a la playa. Cocó es la única que compite y los resultados que consigue son en base a su dedicación y trabajo, que se impone ella misma con muchísima rigidez. Yo no la presiono, al contrario. Soy muy hippie. Pero cuando veo los resultados que consigue por su exigencia –porque tiene ese rigor de guerrera– me pone muy contento.

Por Eduardo Bejuk.
Fotos: Lucas Elías Andreatta y archivo Atlántida.

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