De astro del fútbol a presidente de Liberia: ¿quién es George Weah, la esperanza del país más pobre?

Fue elegido presidente de Liberia. Es la gran esperanza de dejar atrás décadas de violencia y guerras civiles. La historia del hijo pródigo que volvió a su tierra para cambiar la Historia.

George Weah en un discurso durante la campaña presidencial. Foto AFP
George Weah en un discurso durante la campaña presidencial. Foto AFP

George Weah (59) conoce bien los extremos. El sí que ha vivido en el palacio y en la calle, entre príncipes y mendigos. Nació el 1º de octubre de 1966 en Clara Town y fue criado por su abuela, igual que sus doce hermanos, en un barrio donde la tierra colorada de las calles hace arder los ojos, en las afueras de Monrovia, capital de la morena Liberia.
Quizá este país bañado por la bruma del Atlántico sea la cara más extrema de la pobreza y la violencia africanas de fines del siglo XX: violaciones, delitos de lesa humanidad, guerras civiles, magnicidios y una expectativa de vida de 56 años.

n 1995, cuando se convirtió en el mejor jugador de Europa con la camiseta del Milan. Foto: AFP
En 1995, cuando se convirtió en el mejor jugador de Europa con la camiseta del Milan.
Foto: AFP

Cuando nació Weah, los de su clase no podían soñar con ser deportistas de elite, y mucho menos presidente. Pero él torció cualquier destino: fue el único africano en ganar el Balón de Oro al mejor futbolista europeo, vivió en Mónaco, París, Milán, Fort Lauderdale… Pero más allá de lo material –construyó su casa en el barrio más pudiente de su ciudad natal, compró un Porsche que no salía de su parque y empezó a moverse en un Humvee blindado–, los millones, los premios y la pleitesía de los dueños de los clubes en los que jugó, George Weah tenía un sueño aún más grande: “Un día voy a lograr que mi país recupere la paz”.

Junto a Diego Maradona. Foto: AFP
Junto a Diego Maradona. Foto: AFP

DE LA GLORIA AL EXILIO. Liberia fue fundado por un grupo de esclavos liberados de los Estados Unidos en 1822. De esa palabra, libertad, se desprende su nombre. Y Monrovia es un tributo al presidente James Monroe, firmante del documento que les dio la emancipación. Pero, a pesar de todo eso, a los liberianos les costó mucho sentirse libres y en paz.
En 1988, George Weah tenía 22 años. Fue Claude Le Roy –un francés trotamundos que dirigió a las selecciones de Senegal, Ghana, Camerún y Omán– quien le echó el ojo en una Copa Africa, cuando jugaba para La Estrella Solitaria –como llaman a la selección liberiana– y se lo recomendó al DT Arsène Wenger, que no dudó y se lo llevó al Mónaco.

En 2005 se postulo por primera vez como candidato a presidente de su país. FOTO AFP / OLIVIER LABAN-MATTEI
En 2005 se postulo por primera vez como candidato a presidente de su país. FOTO AFP / OLIVIER LABAN-MATTEI

Un año después que George dejara su ciudad para jugar al fútbol profesional en el AC Mónaco –antes de eso trabajaba como telefonista–, comenzó la guerra civil en Monrovia. Vamos en presente. Corre 1989 y los enfrentamientos entre guerrilla y gobierno van a dejar más de 150.000 muertos en seis años.

Ya entrados los 90’, la situación es insostenible y Weah decide trasladar a todos los allegados que puede –la mitad de su familia no pudo cruzar la frontera y quedó atrapada en la balacera liberiana– a Nueva York. Pero él está en Francia, así que compra un Concorde para cruzar el océano en los días libres que le deja el campeonato galo.
Paradoja del destino: mientras su país se hundía en un matadero de barro y sangre, George se convertía en el diamante más preciado del fútbol europeo. En Mónaco ganó la Copa de Francia y llevó a su equipo a una final europea.

Rápidamente lo compró el Paris Saint Germain y luego el Milan, donde consiguió dos scudettos y fue elegido por FIFA como el mejor de Europa. Lo mismo opinó la revista France Football, que en 1995 le dio el Balón de Oro, ese que hoy apenas acarician Lionel Messi y Cristiano Ronaldo. Además, fue el primer africano –y el único– en conseguirlo. Y el primero que lo hizo sin ganar la Champions.

Votando en las elecciones que lo llevaron a ser presidente. Foto: AFP
Votando en las elecciones que lo llevaron a ser presidente. Foto: AFP

Weah aprovechó el peso de su fama para pedir por la paz en Liberia (“ofrezco mi Balón de Oro por la paz de mi tierra”) y le exigió a las Naciones Unidas que interviniera su país.

¿La respuesta? Las tropas leales al presidente Charles Ghankay atacaron su hogar y violaron a sus dos primas.
En 2003, la caída de Ghankay comenzó a aquietar las aguas de la guerra civil. Ese también fue el año en que el ciudadano más famoso de Liberia dejó el fútbol, tras convertir 268 goles en Mónaco, PSG, Milan, Chelsey y destinos más exóticos como el Al Jazira de Abu Dhabi, donde los petrodólares hacen que el retiro del fútbol sea menos traumático.

Nunca jugó un Mundial, pero no tenía nada que reprocharse ni reprocharle a su tierra: “Estoy muy orgulloso de ser liberiano. Amo a mi país y a su gente. Evidentemente, me hubiese encantado disputar la Copa mundial, pero logré tanto en mi carrera deportiva que no me puedo quejar. La única decepción es que muchos otros integrantes de la Estrella Solitaria ni fueron al Mundial ni tuvieron el éxito personal que tuve yo”.

El festejo en las calles de su ciudad natal. Foto: AFP
El festejo en las calles de su ciudad natal. Foto: AFP

LIBERIA MIA. ¿Puede un futbolista cambiar el destino de una de las naciones más pobres y golpeadas de Africa? “Hagas lo que hagas en la vida, hazlo con dedicación y perseverancia. Así hacía las cosas en el campo de juego y así las hago ahora en política. Quiero ayudar a mi pueblo y a mi país, igual que quería ayudar a mi equipo cuando era jugador”, contesta Weah, a quien el crepúsculo de la carrera lo disparó en una sola dirección: la presidencia de su país. Pero claro, en Liberia nada resulta fácil.

Caminando con sus guardaespaldas. / Foto AFP / SEYLLOU
Caminando con sus guardaespaldas. Foto AFP / SEYLLOU

En el 2005, con la guerra concluida, el ex futbolista creó su partido, Congreso para el Cambio Democrático (CDC), y se candidateó a presidente. Las clases bajas –las más perjudicadas en el conflicto interno– lo siguieron, pero las altas le recriminaron su falta de preparación profesional, justo la que tenía la candidata Ellen Johnson Sirleaf.
Weah ganó en primera vuelta, pero Sirleaf se quedó con el ballottage. Y, viendo la popularidad del ex crack del Milan, su gobierno dictó una ley que establecía que los candidatos debían tener estudios. Ya conocen el resultado: el monroviano se fue a los Estados Unidos y se recibió de administrador de Empresas y Criminología en La Florida.
Este año, con la presidenta Sirleaf fuera de la carrera presidencial –no podía presentarse para un tercer mandato–, Weah se enfrentó con un tipo pesado: Prince Johnson, un sanguinario al mejor estilo Idi Amin, el dictador ugandés personificado por Forest Whitaker en El último rey de Escocia. Pero claro, en Liberia la realidad puede superar a la ficción: en septiembre de 1990, Johnson fue filmado disfrutando una jarra de Budweiser mientras torturaban al presidente de turno, Samuel Doe. Johnson reía mientras era abanicado.
Esa era la violencia a la que quería vencer Weah y a la que comenzó a derrotar este fin de semana en los comicios, cuando obtuvo el 60 por ciento de los votos en el ballotage. “Tenemos que acostumbrarnos a la paz”, repitió el ex futbolista, que comienza a escribir otra etapa fascinante en su vida. La más importante.

Por Julián Zocchi

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