Julián La Bruna fue tenista, camionero, productor periodístico, notero y finalmente actor (su historia)

Empezó con Badía, trabajó con Guinzburg y se hizo conocido como movilero de espectáculos. Pero antes fue camionero, compitió en la elite del tenis juniors, donde les ganó a dos finalistas de Roland Garros, estudió para ser actor y se recibió de locutor. ¿Su salto a las tablas? “Carmen Barbieri me dijo: ‘Morite de hambre pero dedicate a esto, tenés con qué…’”, cuenta el hombre que no para de cambiar.

Julián La Bruna en MDQ
Julián La Bruna brilla en el teatro en Fatima Superstar

“Mi vida es un crossover constante”, podría decir, a sus 41 años, Julián La Bruna. Sin embargo, él elige una expresión mucho más llana: “Soy un remador incansable”, dice en la madrugada de Playa Grande.

¿Qué sabemos del actor que brilla en Fátima Superstar al lado de la gran imitadora? Nació y creció en Villa Urquiza. Papá comerciante. Mamá profesora de piano y danza folclórica. De ahí se desprende la astilla que lo lleva al arte. La Bruna estudió teatro en el conservatorio y se recibió de locutor en el COSAL. Pero antes, jugó en las grandes ligas.

Julián La Bruna dejó el tenis y ahora se luce como actor
Julián La Bruna dejó el tenis y ahora se luce como actor

¿Cuáles? Participó del Circuito Metropolitano de Tenis y estuvo codo a codo con la famosa legión que encabezaron Gaudio, Coria, Puerta, Cañas… “Es muy loco, pero le gané a dos finalistas de Roland Garros”, reflexiona. Es que, técnicamente, Julián La Bruna estuvo a centímetros de ser tenista profesional ATP. Ya detallaremos.

¿Más? También fue camionero: “Sí, hacía el reparto gastronómico de mi padre”. Una vez en el medio, fue productor de Badía en Estudio País (“recorrí la Argentina gracias a Juan Alberto”) y de Guinzburg en Mañanas informales (“Jorge era un grosso increíble que disfrutaba como un chico”). Después, movilero de Viviana Canosa. Es en ese salto a cámara donde comenzó a hacerse conocido y empezaron sus conflictos de intereses.

En sus épocas de notero
En sus épocas de notero

Ahora, habla JL: “Una noche, en la entrega de los Martín Fierro, todos los movileros entrevistaban a Julio Chávez, que había ganado el Oro. El tipo estaba feliz hasta que arrancaron a preguntarle por Graciela Alfano, que era alumna suya.

Yo me metí para empatizar, pero Julio se enojó más: ‘¿Y vos qué sos? ¿Sos sólo esto?’, me preguntó. Y siguió: ‘¿A ver, cuál es el foco de conflicto de Otelo?’… Y como para mí Shakespeare es la Biblia, lo sorprendí: ‘Los celos’. Se enojó más y se fue. Yo me quería matar. ‘¡Mirá con quién me vengo a pelear!’, pensaba”.

–Querías ser actor y te peleaste con el ícono de los actores…

–¡Claro! Unos años después me lo encontré en el Auditorium de Mar del Plata, durante los premios Estrella de Mar. Cuando lo vi, le pedí disculpas. Yo ya estaba en Escandalosas, la revista de Carmen y Moria, y él había ido a vernos: “Te vi en el teatro, sos muy bueno”, me dijo. Yo después perdí el premio, pero con esas palabras, ya había ganado.

En el escenario con Fátima Flórez
En el escenario con Fátima Flórez

–Carmen fue importante para que decidieras cambiar la televisión por el teatro, ¿qué te dijo?

–Primero me tomó un casting, porque quería renovar. Y cuando le mostré lo que hacía, pronunció la frase clave: “Cagate de hambre, pero dedicate a esto: tenés con qué… Si seguís de cronista te vas a poner a todos en contra y ya no vas a poder entrar”.

–¿Fue fácil tomar la decisión?

–Y… Por primera vez yo tenía la vida más o menos resuelta porque me habían puesto en blanco en el 9, tras diez años de “facturar” por todos lados. Pero se me acababa la licencia que me había dado el canal. Subimos a un ascensor con Carmen, en el Sheraton de Tucumán, y cuando llegamos al cuarto piso, ya me había convencido. Hoy se lo agradezco cada vez que la veo.

–¿Y cómo fue tu paso por el tenis? ¿Es cierto que le ganaste a Mariano Puerta, finalista de Roland Garros?

–Y también al campeón, ¡ja ja! Yo entrenaba con Rubén Puerta, el papá de Mariano, así que éramos compañeros y amigos. Jugamos muchas veces y pude ganarle a él, a Guillermo Cañas y también a Gastón Gaudio. Eran partidos tremendos. Una vez, en el Centro Asturiano, jugamos tres horas y media con Willy. La gente se amontonaba atrás del alambrado. Fue un partidazo, en cancha dura. Gané yo y Cañas se fue re caliente.

–Por lo visto tenías condiciones, ellos llegaron todos. ¿Vos por qué dejaste?

–Yo estuve séptimo en el ranking nacional, pero nosotros no somos una familia de guita y había que bancar todo: entrenador, zapatillas de primera, encordados… y los viajes. A los 15, cuando debía ir a los Estados Unidos para jugar los primeros satélites, dije basta. Me partía el alma el esfuerzo que hacían mis viejos, y no banqué cargar con esa presión. Y también me agotó la soledad y el individualismo del tenis. Había estado once años, desde los cuatro, dedicado a full al deporte.

–Y en esta etapa, con tu laburo, que también es bastante individual, ¿se complica tener una pareja?

–Es como dice Moria: te casás con la profesión. Vivimos de gira, pero yo no podría dejar esto porque sería infeliz. Estuve en pareja tres años con Yasmín Corti, una vedette, y al final se cortó porque no siguió creciendo la relación. Me gustaría encontrar estabilidad. Estoy un poco viejo para el touch and go.

–¿Y ahora cómo sigue tu carrera, cuál es el próximo salto?

–Este año, a full con Fátima, que es muy generosa conmigo. ¡Hay chances de hacer una gira por Centroamérica y Europa! Siento que tuve suerte, pero me preparé mucho para esto. Me gustaría hacer algo en la tele. Actuar, y conducir un gran late night show. Como te dije, yo soy un remador, y me animo a jugar por toda la cancha.

Por Julian Zocchi

Foto: Cristian Heitt y Pablo Bolomo.

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