Los Jabalíes Salvajes, los chicos tailandeses del milagro, salvaron sus vidas y hoy buscan la paz

Los miembros del equipo de fútbol que estuvieron 18 días atrapados en una caverna –excepto uno, que es cristiano–fueron ordenados novicios en un templo budista, y el asistente del entrenador se convirtió en monje. Para la ceremonia, dedicada al militar que murió en el rescate, debieron rapar se y ofrendar alimentos a Buda. A tres semanas de volver a la superficie llega la calma espiritual.

Los 11 chicos tailandeses rescatados de una cueva, miembros del equipo de fútbol Jabalíes Salvajes, y su coach Ekkapol Chantawong se ordenaron como novicios en un monasterio budista en el templo Wat Phra That Doi Tung en el distrito de Mae Sai, provincia de Chiang Rai el 25 de julio, 2018. (Foto AFP / THAI NEWS PIX AND AFP PHOTO / Panumas Sanguanwong)
Los 11 chicos tailandeses rescatados de una cueva, miembros del equipo de fútbol Jabalíes Salvajes, y su coach Ekkapol Chantawong se ordenaron como novicios en un monasterio budista en el templo Wat Phra That Doi Tung en el distrito de Mae Sai, provincia de Chiang Rai el 25 de julio, 2018.
(Foto AFP / THAI NEWS PIX AND AFP PHOTO / Panumas Sanguanwong)

El 23 de junio, el mundo se conmovió con la historia de los doce chicos tailandeses de entre 11 y 17 años del equipo de fútbol Jabalíes Salvajes, y el asistente del entrenador –de 25–, atrapados en la caverna Tham Lang, cercana al límite de ese país con Laos y Birmania.

Pensaban recorrer sus laberintos una o dos horas, como habían hecho otras veces, festejando el cumpleaños del arquero –Akarat Wongsukchan–, pero los traicionó la prematura lluvia que descargó el monzón: apenas ingresaron se desató una tormenta y en pocos minutos se inundó el acceso a la cueva. Nueve días después, el 2 de julio, fueron hallados –hambrientos y con frío– por dos buzos británicos a cuatro kilómetros de la entrada.

Los chicos tailandeses rescatados de la cueva, durante la ceremonia en la que se ordenaron como monjes budistas (Foto AFP)
Los chicos tailandeses rescatados de la cueva, durante la ceremonia en la que se ordenaron como monjes budistas (Foto AFP)

Hoy, que pueden sonreír otra vez, será ése el número de días en que todos ellos –excepto uno, Adum Sam-on, que es cristiano– estarán en el monasterio budista Wat Phra That Doi Tung, ubicado en la cima del monte homónimo, de dos mil metros de altura, en la provincia de Chiang Rai. Según informó su gobernador, Parchon Pratsakul, de allí saldrán ordenados como novicios, y el entrenador Ekapol Chanthawong, de 25 años –que durante ocho fue novicio–, como monje.

El, en carácter de líder de la improvisada expedición y valiéndose de ese aprendizaje, ayudó a los chicos enseñándoles a meditar, para que el pánico no se apoderara de ellos. Luego se supo, también, que consiguieron cavar un pequeño espacio con piedras para que la hipotermia no los afectara aún más. La ceremonia de ordenación fue el miércoles 1º de agosto en otro templo, en la cima de un monte.

Una imagen de las tareas de rescate. (Foto AFP)
Una imagen de las tareas de rescate. (Foto AFP)

Tras el complicado rescate, que finalizó el 10 de julio y en el que murió ahogado el militar tailandés Saman Kunan –que les llevaba tanques de oxígeno y al que dedicaron su estancia en el monasterio–, los trece sobrevivientes fueron trasladados al hospital de Chiang Rai.

En promedio, todos habían perdido unos cinco kilogramos, y algunos presentaban lesiones oculares y raspones. Allí estuvieron poco más de una semana.

Cuando se recuperaron físicamente los llevaron al monasterio, el más cercano al lugar donde los chicos viven, para que sus familiares, que habían prometido que cumplirían este rito si salían vivos de la caverna, los puedan visitar.

Como parte de la ceremonia iniciática, todos terminaron rapados por monjes vestidos de naranja, rezaron, encendieron velas amarillas y recibieron ofrendas en vasijas doradas de la gente que se acercó para el evento, que depositaron a los pies de las estatuas de Buda.

Según las creencias, en este acto fueron limpiados espiritualmente. Convertirse en novicio es una práctica común para los adolescentes tailandeses, pero no necesariamente deben seguir internados hasta convertirse en monjes.

Los chicos tailandeses del milagro en el hospital. (Foto AFP)
Los chicos tailandeses del milagro en el hospital. (Foto AFP)

“Aquí podrán residir después de su ordenación. Espero que encuentren paz, fuerza y sabiduría de la práctica de las enseñanzas de Buda”, señaló el abad Phra Khru Prayutjetiyanukarn.

Pero las familias, y ellos, saben que pronto regresarán a una existencia normal, como antes del traumático episodio. La mamá del arquero que cumplía años el 23 de junio, Sangiemjit Wongsukchan, aceptó: “Se supone que ordenarse novicios les dará a los chicos mucha paz en sus mentes. Pero sólo pueden estar nueve días, porque deben volver a sus estudios, tienen exámenes”. La vida, como siempre, continúa.

Por Hugo Martin
Fotos: AFP

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