Los hermanos de María Marta García Belsunce denuncian: “Por culpa del fiscal Molina Pico, el asesino está libre”

A 16 años del crimen de la socióloga, Irene y Juan Hurtig dan la cara después de que la Corte Suprema bonaerense determinara la absolución del viudo, Carlos Carrascosa, que permaneció ocho años preso como sospechoso. Mientras la Justicia sigue sin hallar culpables, la nueva pista apunta a Nicolás Pachelo, el conflictivo vecino del country donde sucedió el hecho, que hoy está preso por robar en otro barrio privado.

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Irene perdió a su marido, Guillermo Bártoli, víctima de un cáncer: “Se enfermó del disgusto, estoy segura”. Juan estuvo tras las rejas, sospechado por encubrir el crimen de María Marta: “Lo que más me dolió fue que alguien pudiera pensar que pude ser parte de semejante atrocidad”.

Sobre las espaldas de Irene (54) y Juan Hurtig (53) pesan hechos que dinamitaron sus vidas para siempre. El primero es el homicidio de su hermana, María Marta García Belsunce, ocurrido el 27 de octubre de 2002 en el archi-famoso country Carmel, de Pilar, sin que todavía se haya determinado quién o quiénes fueron los autores de los seis disparos a quemarropa en su cráneo.

El segundo se explica por separado: Irene fue sospechada, pero nunca le pudieron demostrar nada. Pero su marido, Guillermo Bártoli –que en su momento tramitó el certificado de defunción–, fue procesado por encubrimiento y preso por el crimen en 2011, hasta que finalmente murió un año y medio después, víctima de un cáncer de vejiga.

En el caso de Juan –quien descubrió el “pituto” en el baño y se lo contó al fiscal–, también fue a parar tras las rejas por el mismo supuesto delito que Guillermo. En su cabeza todavía retumba esa quincena en la cárcel de Campana, donde durante la primera noche de calabozo le advertían desde otra celda, a los gritos, que al otro día comenzaría a ser la sirvienta del pabellón. Para el entonces fiscal de la causa, Diego Molina Pico, los dos, junto a Horacio García Belsunce –otro hermano de la socióloga asesinada–, eran encubridores del autor del homicidio, nada menos que el marido de María Marta, Carlos Carrascosa.

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María Marta García Belsunce junto a sus hermanos en la nieve, en las últimas vacaciones que compartieron.

Por esta investigación que impulsó el fiscal, el viudo pasó ocho años tras las rejas, hasta que la Justicia lo absolvió por considerarlo inocente, hecho que ratificó hace pocos días la Corte Suprema bonaerense. La causa por encubrimiento de los hermanos continúa, pero ante la ratificada absolución de Carrascosa, seguramente en poco tiempo terminará en la nada, ya que si el esposo no fue el asesino, sus familiares menos tuvieron que ver con el asunto investigado. GENTE reunió a los hermanos de María Marta para saber qué piensan hoy, después de enfrentar tantas situaciones límite.

–¿Qué pasa hoy por sus cabezas?

Irene: Dos temas. Uno, que se sepa quién mató a María Marta. Dos, que el fiscal Molina Pico –que investigó tan mal– pague por lo que hizo y por lo que no hizo. Ahora es fiscal de Flagrancia en San Isidro. Ya tiene dos pedidos de jury, uno es de la Cámara de Casación que revisó el caso, y ahora vamos a hacer el nuestro, a raíz de que la Corte bonaerense se pronunció sobre la inocencia de Carlos (Carrascosa). El tema es que este funcionario cometió delitos, inventó y direccionó pruebas. Por ejemplo, instaló que le habíamos tapado los orificios de bala a María Marta con el pegamento La Gotita, sólo porque en el peritaje se encontró ciano, que es un componente que está en el fulminante de la pólvora y también en la tintura que usaba mi hermana para el cabello. En cambio, La Gotita está conformada por cianoacrilato. El acrilato no se halló, pero él aseguró a sabiendas que sí y siguió adelante con la mentira.

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Carlos Carrascosa y su mujer, María Marta García Belsunce, en la última foto juntos, cuando concurrieron a una boda en octubre de 2002, días antes del asesinato.

Juan: El cometió el error garrafal de no ordenar la autopsia, no sé por qué. Se encontró en la casa de María Marta con el entonces fiscal de Casación Juan Martín Romero Victorica, que había venido a pedido de Horacio, nuestro hermano. Y éste le dijo cuando llegó, de muy buena fe: “Te aseguro que fue un accidente”. Eso pensábamos todos. No sé por qué no ordenó la necropsia inmediata que corresponde ante una muerte accidental. Fui yo quien insistió, porque encontré el “pituto” y tenía dudas. Yo se lo conté y revolví el pozo ciego después de tirar al inodoro ese elemento, que parecía un sostén de estante. El tipo interpretó que lo estábamos engañando y se la agarró con nosotros. Siempre explico lo mismo… ¿A vos te parece que si participé y quiero encubrir le voy a decir que tengo dudas? Sería un estúpido.

I: Mi marido se enfermó al tiempo de salir de la cárcel. Recuerdo que el médico le estaba diciendo en la cara que tenía un cáncer de vejiga y él le contestaba que peor era lo que estaba viviendo en la Justicia como sospechoso de participar en el homicidio de su cuñada. En dieciocho meses se fue… Mis hijos y yo quedamos destrozados.

J: Mi mamá también murió de tristeza. Era grande pero guapa. El disgusto pesó en ella. Y Carlos, el marido de María Marta, nuestro cuñado, se bancó ocho años preso sospechado de matar a la mujer que amaba. Eso trastorna a cualquiera. El otro día le pregunté, después de que la Corte Suprema lo absolviera definitivamente, qué esperaba de ahora en más. “Que encuentren al o los tipos que se llevaron a mi amor para siempre”.

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La reconstrucción de los seis disparos que recibió en el cráneo: cinco ingresaron y uno se convirtió en el famoso “pituto”, que luego se encontró en el piso del baño.

–La familia siempre sospechó de Nicolás Pachelo, el vecino que por entonces habitaba el country de María Marta, que ahora está preso por robar en otro barrio privado de Pilar.

J: En esa época le había robado los palos de golf a otro vecino de Carmel. El abogado de nuestra familia en aquel tiempo, Alejandro Novak, hizo una gran investigación y consiguió el video de Pachelo entrando a vender los palos. El fiscal Molina Pico nunca lo tuvo en cuenta, ni siquiera para investigarlo. Por suerte, los actuales fiscales intentan determinar quiénes fueron los asesinos. Están trabajando fuerte y Pachelo ya tuvo que dar explicaciones y está procesado, igual que dos vigiladores que tienen como sospechosos, de apellidos Ortiz y Glennon. Nosotros no vamos a parar hasta que se halle a los culpables.

I: Yo estudié y me recibí de abogada en 2010, para compenetrarme en el expediente y poder entender lo que estaba haciendo la Justicia. Acá hay complicidades, asesinos no descubiertos, y el culpable de que no se supiera la verdad tiene nombre y apellido: el fiscal Diego Molina Pico, que investigó el crimen y debe pagar por su pésimo y negligente trabajo.

Por Miguel Braillard
Fotos: Fabián Uset y archivo Atlántida

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