Test: arrancó un nuevo año, ¿para dónde se inclina tu balanza?

El horóscopo dirá sus predicciones, pero nosotros te ayudamos a ver dónde fue tu inversión más heavy de 2018 para que evalúes cómo mover las fichas en este 2019.

Cambió el año y llegó el inevitable balance. Una le mete energías a todo lo que puede, pero el equilibrio sólo les queda perfecto a los del Cirque du Soleil, a los mortales estándar no tanto. Nos llevamos ganancias y arrastramos deudas. El horóscopo dirá sus predicciones, pero nosotros te ayudamos a ver dónde fue tu inversión más heavy de 2018 para que evalúes cómo mover las fichas en este 2019.

Ilustraciones:  123RF y Mariana Weschler, diseñadora y humorista gráfica

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Jorgelina Aruzzi: “El humor es un arma de seducción imbatible”

Su personaje en 100 días para enamorarse creció muchísimo y es de los más queridos. Separada hace tres años, asegura que el próximo hombre que se decida a seducirla tendrá que usar una herramienta que ella maneja a la perfección: el humor.

Para Ti - Jorgelina Aruzzi (7)
“Yo soy súper agradecida con la gente que me expresa su cariño y me dice algo que me llena el alma”.

La primera sensación que uno tiene cuando conoce a Jorgelina Aruzzi (44) es que no tiene absolutamente nada en común con Inés, su personaje en 100 días para enamorarse. Su tono de voz es cálido y amigable, habla en forma pausada y hasta se sonroja cuando todos le aseguramos que brilla en la exitosa tira de Telefe.

“Ay, chicos, ¡qué lindo lo que me dicen! Hoy me voy a casa más canchera y agrandada que Inés”, dice entre risas mientras elige el tercer y último cambio de la producción de fotos.

Porque si bien Jorgelina Aruzzi vive hoy un gran momento profesional, cabe aclarar que debutó en televisión hace ya varios años, en 1997, en Videomatch (actual Showmatch, siempre conducido por Marcelo Tinelli), luego participó en varias tiras de Pol-ka –como Campeones de la vida y El sodero de mi vida–, pero tal vez su personaje más recordado fue la simpática y disparatada Lilí Garcés, protagonista de Chiquititas sin fin, la tira de Cris Morena que protagonizaba Romina Yan.

-¿Cómo te llevás con Inés? ¿Sentís que te parecés a ella en algo?

-Nooo, nada. Yo soy cero peleadora, intento ser cordial hasta con las personas que no me caen demasiado bien y considero que soy mucho menos machista y negadora que ella.

-Sin embargo, y a pesar de la certera descripción que hacés de tu personaje, se convirtió en uno de los favoritos de la tira… ¿Por qué creés que pasó eso?

-Yo estoy muy feliz con lo que ocurre con Inés pero, a la vez, sorprendida porque convengamos que no es muy querible: se cree mil, es exagerada, intensa y bastante narcisista. Pero bueno, creo que cuando descubrió que su marido –N. de la R.: Javier, interpretado por Juan Gil Navarro (45)– era bígamo y ese mundo perfecto que ella creía tener se desmoronó, a la gente le dio ternura, se solidarizó con su desgracia y comenzó a quererla mucho.

Para Ti - Jorgelina Aruzzi (8)
“Yo soy cero peleadora, intento ser cordial y considero que soy mucho menos machista y negadora que Inés, mi personaje”

-Estás haciendo Niní en el aire, una obra basada en monólogos de Niní Marshall… ¿Siempre fuiste fan de ella como comediante?

-Yo la conocí a Niní por mi abuela, pero ahora que la estoy interpretando e investigué su vida la amo profundamente. El espectáculo surgió como idea de Gustavo Yankelevich (68, productor y empresario) y lo que hicimos con Mariano (Torre, 40) y Pablo (Marcovsky, 48) fue elegir los mejores chistes de sus monólogos, actualizarlos un poco, y montamos esta obra hermosa. La gente viene, se emociona y se ríe mucho. Niní fue una mujer de vanguardia: ella escribía sus propios guiones en la década del ‘30, ¡cuando la mujer aún no votaba! Y la censuraban muchísimo. Los hombres le perdonaban que fuera actriz, pero no que escribiera lo que quería decir.

-En el 2006 protagonizaste Chiquititas y este año fuiste convocada para participar del homenaje a Romina Yankelevich –Vive Ro– que se realizó el 5 de septiembre. ¿Qué te pareció esa experiencia?

-Fue muy impactante. Desde el día en que me lo propusieron sabía que me iba a movilizar volver a vincularme con Romina, con sus hijos, recordar la gran amistad que tuvimos. Y así fue. Pero lo disfruté a pleno.

Para Ti - Jorgelina Aruzzi (4)
Junto a Juan Gil Navarro, su exmarido en la ficción de Telefe.

-Estás muy involucrada en el colectivo de actrices argentinas que trabajaron para que se votara a favor de la ley por un aborto legal y gratuito, ¿qué sentiste cuando el senado no la aprobó?

Una mezcla de tristeza, indignación y desilusión. Y lo peor es ahora comprobar lo que siempre sospechamos: los pañuelos celestes, cuando se votaba la ley, proponían que hubiera educación sexual en los colegios y hoy están luchando para que eso no exista. Me duele este nivel de hipocresía.

En 100 días para enamorarse el personaje de Jorgelina tiene una historia de amor con Osvaldo Laport, es muy amiga de Carla Peterson y está separada de Juan Gil Navarro
En 100 días para enamorarse el personaje de Jorgelina tiene una historia de amor con Osvaldo Laport, es muy amiga de Carla Peterson y está separada de Juan Gil Navarro

-¿Y vos cómo manejás este tema con tu hija? ¿Hablás de sexualidad con ella o todavía es muy chiquita?

-Ámbar tiene 9 años y ya hablamos bastante de sexualidad, de los cuidados que tiene que tener, de cuáles son sus derechos. Siempre dentro de las dudas que ella me plantea y de lo que puede entender, claro. Intento tener una relación sana y honesta con mi hija, que sienta la libertad de plantearme cualquier problema. Igual, debo decir que es una nena muy buena, que me da muy poco trabajo. Lo que sí me pasa a veces es que siento cierta culpa por estar tantas horas fuera de casa, así que cuando estoy le dedico todo mi tiempo.

-¿Le gusta tu trabajo? ¿Te la imaginás actriz en el futuro?

-Sí, a pleno. Estudia danza, guitarra y ya dice que quiere ser actriz. ¡Y a mí me encanta la idea! Bah, a mí básicamente me interesa que ella haga lo que quiera, pero creo que sería lindo tener esta profesión en común. Nosotras somos muy unidas y compinches.

-Te separaste hace tres años. ¿Tenés buen vínculo con tu exmarido (Pablo García)?

-Sí, muy bueno. Estuvimos 18 años juntos y nos queremos mucho; él vive a cinco cuadras de casa, así que si surge algo imprevisto sé que cuento incondicionalmente con su ayuda. Es un papá amoroso y súper presente. ¡No tengo ningún reclamo para hacerle! (Se ríe).

Para Ti - Jorgelina Aruzzi (6)
“Creo que cuando descubrió que su marido era bígamo y ese mundo perfecto que ella creía tener se desmoronó, a la gente le dio ternura, se solidarizó con su desgracia y comenzó a quererla mucho”

-¿Estás de novia?

-No, estoy sola. Siempre hay alguno por ahí, rondando, pero nada como para formar una pareja en serio. Escucho que a otras actrices les escriben por Instagram, pero se ve que no es lo mío: mis seguidoras son todas señoras (suelta una carcajada). Igual, ¿te digo la verdad? No estoy desesperada por estar en pareja ni mucho menos, me siento genial así.

-¿Y qué es lo que más te seduce de un hombre?

-Que me haga reír. Creo que no hay nada más erótico que el humor. Es un arma de seducción imbatible.

Textos JULIANA FERRINI producción PAOLA REYES ANDAUR fotos ALEJANDRO CARRA

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Hoy cocino yo

Mientras Nosotras nos sentimos casi obligadas a “explicar” si elegimos no entrar demasiado en la cocina, Ellos conquistan territorio gastronómico listos para el aplauso

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Mientras Nosotras nos sentimos casi obligadas a “explicar” si elegimos no entrar demasiado en la cocina, Ellos conquistan territorio gastronómico listos para el aplauso (ilustración VERÓNICA PALMIERI)

Señor chef
por QUENA STRAUSS, periodista

Habrás notado: las mujeres en la cocina somos simplemente cocineras, pero los hombres, por lo visto, no pueden acceder al reino de las hornallas sin haber sido previamente coronados con un sombrero gigante en forma de muffin para dinosaurios que los consagra como jefes.

Porque eso significa chef de cuisine, o mandamás de la cocina. Así son ellos: al volante, o nada. De goleador, o nada. De director, o nada. Nosotras, en tanto, ocupamos sin drama los márgenes de nuestros territorios, siendo a la vez mil cosas: reposteras, pelapapas, patiseras, bacheras y tanto más.

Tranquila, no comenzaré aquí con el tachún tachún de “Porque a nosotras no se nos reconoce y ñaña”. Pero esa es la triste (y cómica) realidad: a un par de pantalones en la cocina sólo se le pide que haga un puré comible, mientras que a una mujer se le exige que conozca de memoria, sin repetir y sin soplar, el listado completo de aniversarios de bodas (de papel, de seda, de hilo, de lana), los puntos de cocción del huevo y la diferencia entre punto letra y punto hilo. De todos modos, lo trágico del caso es que lo que en la cocina da gracia, en otros ámbitos (el Congreso, ponele) mueve al llanto.

En mis tiempos –los días de la gloriosa Doña Petrona C. de Gandulfo– los tipos casi no pisaban la cocina y ése era el reino abundante de las mujeres ídem.

Desde la cocina se alimentaba, se educaba y hasta se divertía. Pero sin alharaca: la cocinera era apenas una sombra severa sobre las fuentes, una visión, un fantasma. Ellos, en cambio, esperan un aplauso cerrado siempre. ¡Porque no hay quién los supere haciendo huevos duros, desde ya!

Hoy cocino yo
por LUIS BUERO, periodista

 

 

A mí me gusta cocinar toda carne bien jugosa. Por eso, en mi caso, si hago pollo a la cacerola podría pasarme lo que cuenta el chiste: Ella: Amor, me parece que el pollo te salió crudo. Él: ¿Por qué lo decís, querida? Ella: Porque veo que se está comiendo las papas (risas).

Mi carrera culinaria tuvo etapas. De chico no existió. La cocina era el trono de mi abuela, la gran cocinera de la familia, y si entrabas a buscar una cuchara ya tenías que dar explicaciones al pisar el primer mosaico.

Ahora, cuando me casé, y pasé de la casa materna a la propia, aprendí a cocinar cosas sencillas como colaborador, no sólo por aquella ideología de la igualdad de género setentista sino también porque mi entonces esposa no siempre podía encargarse de la cocina. Después vino mi etapa de divorciado, en la que nunca me enteré si el horno funcionaba.

En las panaderías, supermercados, rotiserías, compraba todo hecho. Y sumaba todo saquito, sachet, polvillo, que con un poco de agua caliente se convirtiera en comida.

Desde hace tres años estoy nuevamente en nueva pareja y volví a tomar la plancha, la sartén y el cucharón. Ocurre que no convivimos y cenar en restaurantes varias veces a la semana nos destruye el sueldo.

No llego a especialidades como cazuela de mariscos o matambre a la pizza. Eso quedará para mi próxima reencarnación. Pero me las rebusco con otras recetas, Google mediante, haciendo a veces un enchastre de harina y demás ingredientes, a limpiar.

Cocinar me sirve para “no pensar en nada”, y eso es lo más nutritivo. Y a mi novia, como hacía mi abuela, no la dejo pisar la cocina. ¡Ja!

ilustración VERÓNICA PALMIERI

Terminá con tus fobias haciendo stand up

Una manera original de ayudar a calmar los problemas de ansiedad o fobias. Es un excelente recurso para derribar miedos, además permite desenchufarse de la rutina.

#parati-estar-mejor-stand-up
El acting un gran aliado para aliviar síntomas de estrés. Foto Latinstock

La actuación, el acting out profesional suele ser utilizado por muchas personas y profesionales como una efectiva vía para superar diferentes síntomas propios de la modernidad. Un gerente que sufría de ataques de pánico al tener que hablar en público, consultó a una psicóloga y ésta le recomendó que para vencer su miedo subiera a los colectivos y trenes como vendedor ambulante y ofreciera diccionarios de la lengua castellana… El muchacho lo hizo, ¡y se curó! Suena loco, pero no.

Ya en los ‘50 del siglo pasado Jacob Levy Moreno concibió el psicodrama como psicoterapia profunda de grupo. Hoy la nueva terapia consiste en practicar especialmente el género teatral stand up para elaborar los propios conflictos. El actor-autor de stand up trabaja solo y en variados lugares: es un monarca sin reino.

SIN INHIBICIONES. Nadie puede negar el auge del stand up como expresión teatral, que empezó en el circuito off de la calle Corrientes, en pequeñas salas y en horarios tardíos, y llegó a la televisión abierta y a canales de cable. Según cuenta la teoría, la comedia en vivo (en inglés: stand-up comedy, comedia de pie) es un estilo de humor donde el intérprete (actor y humorista) se dirige directamente a una audiencia en vivo.

“Yo disfruto del stand up. Siempre es recomendable cualquier disciplina artística que ayude al paciente a expresarse para poder redireccionar toda la energía que provocan los estados ansiosos, sobre todo en las terapias conductivas/conductuales donde se apunta a resolver el problema actual del paciente”, explica Judith Gogorza, médica psiquiatra. Y agrega: “El stand up es una forma de exponerse a ese problema desde las inhibiciones, ataques de pánico y fobias sociales. Al poner en acción los pensamientos, disminuye el vigor afectivo de las ideas que generan los síntomas”.

Jorge Garzarelli, psicólogo y profesor en la Universidad del Salvador, cuenta que asiste habitualmente al Paseo La Plaza a ver espectáculos de stand up y asegura: “En algunos casos he derivado pacientes a realizar actividades teatrales, incluyendo el stand up. Esto último es posible cuando la persona está interesada en expresarse más abiertamente y tiene las posibilidades intelectuales y afectivas para realizarlo. El temor a lo escénico es relativamente habitual en muchas personas, por el sentimiento de exposición, por sentirse no habilitados, por vergüenza. Como el stand up es realmente creativo y generalmente se basa en la observación de lo cotidiano, en algunas oportunidades les he sugerido un guión, como por ejemplo cuando necesitan realizar alguna entrevista de trabajo. Y han podido vincularlo a sus vidas propias, disminuyendo el temor por el otro”.

Julio César Cottura es un joven médico que actualmente se está perfeccionando en Oncología, atiende en distintos hospitales y actúa en el Paseo La Plaza. “El año pasado no fue fácil para mí. Estaba muy estresado, el ritmo de la facultad y las guardias eran una mochila que me estaba costando llevar. Comencé a buscar alternativas y en diciembre me inscribí en un curso de stand up. Descubrí que el stand up es un espacio en el cual uno puede liberarse y contar sus miedos, sus problemas o algo de la vida cotidiana que de otra forma no haría. Te puede enseñar a transformar ese fastidio en risa”, dice. Y señala que desde lo terapeútico, “es una alternativa perfecta para las personas que se sientan con miedos, timidez, ataques de pánico u otra patología que los haga sentir que no son ellos”.
Sin duda, el stand up puede ser una manera original de hacer terapia y, además, suma una actividad extra que puede desenchufarte de la rutina.

texto LUIS BUERO

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El acting un gran aliado para aliviar síntomas de estrés. Foto Latinstock

La actuación, el acting out profesional suele ser utilizado por muchas personas y profesionales como una efectiva vía para superar diferentes síntomas propios de la modernidad. Un gerente que sufría de ataques de pánico al tener que hablar en público, consultó a una psicóloga y ésta le recomendó que para vencer su miedo subiera a los colectivos y trenes como vendedor ambulante y ofreciera diccionarios de la lengua castellana… El muchacho lo hizo, ¡y se curó! Suena loco, pero no.

Ya en los ‘50 del siglo pasado Jacob Levy Moreno concibió el psicodrama como psicoterapia profunda de grupo. Hoy la nueva terapia consiste en practicar especialmente el género teatral stand up para elaborar los propios conflictos. El actor-autor de stand up trabaja solo y en variados lugares: es un monarca sin reino.

SIN INHIBICIONES. Nadie puede negar el auge del stand up como expresión teatral, que empezó en el circuito off de la calle Corrientes, en pequeñas salas y en horarios tardíos, y llegó a la televisión abierta y a canales de cable. Según cuenta la teoría, la comedia en vivo (en inglés: stand-up comedy, comedia de pie) es un estilo de humor donde el intérprete (actor y humorista) se dirige directamente a una audiencia en vivo.

“Yo disfruto del stand up. Siempre es recomendable cualquier disciplina artística que ayude al paciente a expresarse para poder redireccionar toda la energía que provocan los estados ansiosos, sobre todo en las terapias conductivas/conductuales donde se apunta a resolver el problema actual del paciente”, explica Judith Gogorza, médica psiquiatra. Y agrega: “El stand up es una forma de exponerse a ese problema desde las inhibiciones, ataques de pánico y fobias sociales. Al poner en acción los pensamientos, disminuye el vigor afectivo de las ideas que generan los síntomas”.

Jorge Garzarelli, psicólogo y profesor en la Universidad del Salvador, cuenta que asiste habitualmente al Paseo La Plaza a ver espectáculos de stand up y asegura: “En algunos casos he derivado pacientes a realizar actividades teatrales, incluyendo el stand up. Esto último es posible cuando la persona está interesada en expresarse más abiertamente y tiene las posibilidades intelectuales y afectivas para realizarlo. El temor a lo escénico es relativamente habitual en muchas personas, por el sentimiento de exposición, por sentirse no habilitados, por vergüenza. Como el stand up es realmente creativo y generalmente se basa en la observación de lo cotidiano, en algunas oportunidades les he sugerido un guión, como por ejemplo cuando necesitan realizar alguna entrevista de trabajo. Y han podido vincularlo a sus vidas propias, disminuyendo el temor por el otro”.

Julio César Cottura es un joven médico que actualmente se está perfeccionando en Oncología, atiende en distintos hospitales y actúa en el Paseo La Plaza. “El año pasado no fue fácil para mí. Estaba muy estresado, el ritmo de la facultad y las guardias eran una mochila que me estaba costando llevar. Comencé a buscar alternativas y en diciembre me inscribí en un curso de stand up. Descubrí que el stand up es un espacio en el cual uno puede liberarse y contar sus miedos, sus problemas o algo de la vida cotidiana que de otra forma no haría. Te puede enseñar a transformar ese fastidio en risa”, dice. Y señala que desde lo terapeútico, “es una alternativa perfecta para las personas que se sientan con miedos, timidez, ataques de pánico u otra patología que los haga sentir que no son ellos”.
Sin duda, el stand up puede ser una manera original de hacer terapia y, además, suma una actividad extra que puede desenchufarte de la rutina.

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Alegrañatas: los clowns que “curan” con la alegría y la risa

Es un grupo de clowns que desde hace diez años visita hospitales, generando risas y abrazos a pacientes y sus familiares. Una periodista de Para Ti también se vistió de payaso para compartir su ejemplar experiencia detrás de una nariz colorada.

#PARATI-NEWS-ALEGRAÑATA-APERTURA-08

Sobre la cama blanca del hospital está ella, una mujer de la que nunca sabré el nombre, diagnóstico ni edad, pero que asumo ronda los 40 años… No tiene pelo y perdió tanto peso que sus ojos parecen gigantescos. Su expresión es de cansancio, miedo y desconsuelo. Sin embargo, todo cambia apenas nosotros –Colorete, Malcriada, Tormenta y yo– pasamos por la puerta.

Ellos son parte de Alegrañatas, un grupo de payasos voluntarios que van de hospital en hospital alegrando pacientes y familiares. A mí me bautizaron Ti.  “Vos vas a jugar conmigo, la idea es que te dejes llevar y le regales un momento de alegría a un desconocido que está pasando un mal momento. Jugá con tu corazón”, me sugirió Hernán Espantoso Rodríguez (48), un empresario de zona Norte que creó esta fundación sin fines de lucro en el año 2007. Hoy colabora en el Hospital Houssay de Vicente López; el CEMIC de Saavedra; el Hospital de Niños de San Isidro y en algunas escuelas.

Agus, la periodista de Para Ti convertida en una Alegrañata.
Agus, la periodista de Para Ti convertida en una Alegrañata.

“Vinimos a cumplirte un deseo”, le anuncia Hernán –personificado como Colorete– a la mujer de ojos saltones. “Me encantaría encontrar mi anillo de casada que se me cayó en algún lado”, pide mirando fijo el dedo anular de su mano izquierda. Eso es pan comido para un payaso.

Tormenta tira al piso un anillo de ella y en cuestión de segundos improvisamos una escena desopilante en la que no sólo fingimos que lo encontramos, sino que le pedimos al marido de la paciente que le vuelva a pedir matrimonio. “Gracias, nunca paren de hacer esto. No me acuerdo la última vez que había llorado de felicidad”, dice entre lágrimas la mujer.

#PARATI-NEWS-ALEGRAÑATA-APERTURA-09

CLOWN. Reírse es algo muy serio. Según el diccionario de la Real Academia Española, “es el movimiento de la boca y otras partes del rostro, que demuestra alegría”. Pero para el colorido mundo de los payasos, la risa es el idioma del alma.

No es fácil hacer reír… Y menos cuando estás frente a gente sufriendo. “Para nosotros es una gran responsabilidad venir a visitar a los enfermos y sus familiares. Ayudar a los demás es lo mejor que me pasó en la vida. Me llena el alma”, asegura Malcriada mientras me ayuda a convertirme en una de ellos. Entre todos me armaron un outfit improvisado, pero que sirve para camuflar mi rol de periodista: pantalones babucha azul, un blazer marrón, un sombrero de mimbre y la infaltable nariz roja. Un payaso grandote con cara de padrazo me presta un trapito rojo que me pone de bufanda y ya estoy lista para salir a recorrer el hospital: “Alegrañatas hace tanto bien a los pacientes como a los payasos que lo integran. Soy un apasionado de la causa. Es un lugar de mucha contención donde el amor al otro se expresa libremente y uno puede sentirse muy mimado”, resume Michael Lapidoth (49), alias Cachete.

#PARATI-NEWS-ALEGRAÑATA-APERTURA-05

CONTAGIAR AMOR. Esta misión de llevar risas a donde más lo necesitan nació cuando Hernán viajó a San Martín de los Andes de vacaciones. Por ese entonces Colorete sólo era un personaje de ficción que sacaba a jugar en sus clases de clown. Pero lo que era un hobby terminó convirtiéndose en su principal motivo de vida el día que entró de casualidad al hospital de la zona. “Estaba caminando y se me ocurrió ponerme la nariz y entrar a la sala de espera a ver qué pasaba. Yo me quedé quieto, pero la gente empezó a mirarme y a señalarme. De repente esa habitación llena de tristeza explotaba de risas. ‘¡Qué flash! ¿Cómo es que con una nariz roja se pueden hacer tantos destrozos?’, pensé”.

Actualmente, en la fundación hay 57 payasos voluntarios –el más chico tiene 19 años y el más grande 65– que visitan más de 180 pacientes al mes. “Es mágico lo que sucede. Nosotros no buscamos voluntarios ni hacemos campañas, ¡caen solos! Todas las personas que llegan es porque están en una búsqueda interna”.

Los payasos tienen de 19 a 65, ¡pero todos pueden participar!
Los payasos tienen de 19 a 65, ¡pero todos pueden participar!

El último internado que visitamos es un señor súper elegante, exrugbier y de familia de campo. En cualquier otra situación imagino que lo hubiera visto de traje. Pero en las habitaciones de hospital no existen las clases sociales, los prejuicios ni las formalidades… Lo único que se perciben son emociones: miedo, ansiedad, amor, ilusión, frustración, bronca, desesperación, ganas de salir adelante. Así que este señor lleno de miedo y angustia estaba en calzoncillos abrazado como un nene a su mujer.

“Mañana lo van a operar del corazón y no lo vamos a poder ver durante doce horas”, nos adelanta la señora tratando de ocultar la angustia. “Lo lamentamos mucho, pero nosotros venimos del cielo y no hay más lugar allá. Vas a tener que quedarte acá, viejo”, decimos entre risas y guiños antes de irnos y terminar la jornada.

Los Alegrañatas van los sábados al Hospital de Niños de San Isidro.
Los Alegrañatas van los sábados al Hospital de Niños de San Isidro.

“Cuando vivís situaciones así la vida cobra otro sentido, te resulta imposible amargarte por pavadas o ahogarte en un vaso de agua. Siempre que vuelvo del hospital me siento egoísta porque ellos me dan mucho más de lo que yo les dejo”, insiste Viviana Rodríguez Solano, más conocida como Tormenta. Sin dudas, después de mi día como Ti no seré la misma. Pero la enseñanza más valiosa que me llevo es que no hay nada más poderoso en el mundo que el amor y el sentido del humor.

Para ser uno de ellos sólo tenés que entrar a la página web (www.alegrañatas.com.ar) y pedir información.

textos AGUSTINA D’ANDRAIA (adandraia@atlantida.com.ar) fotos GENTILEZA ALEGRAÑATAS

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Sobre la cama blanca del hospital está ella, una mujer de la que nunca sabré el nombre, diagnóstico ni edad, pero que asumo ronda los 40 años… No tiene pelo y perdió tanto peso que sus ojos parecen gigantescos. Su expresión es de cansancio, miedo y desconsuelo. Sin embargo, todo cambia apenas nosotros –Colorete, Malcriada, Tormenta y yo– pasamos por la puerta.

Ellos son parte de Alegrañatas, un grupo de payasos voluntarios que van de hospital en hospital alegrando pacientes y familiares. A mí me bautizaron Ti.  “Vos vas a jugar conmigo, la idea es que te dejes llevar y le regales un momento de alegría a un desconocido que está pasando un mal momento. Jugá con tu corazón”, me sugirió Hernán Espantoso Rodríguez (48), un empresario de zona Norte que creó esta fundación sin fines de lucro en el año 2007. Hoy colabora en el Hospital Houssay de Vicente López; el CEMIC de Saavedra; el Hospital de Niños de San Isidro y en algunas escuelas.

Agus, la periodista de Para Ti convertida en una Alegrañata.
Agus, la periodista de Para Ti convertida en una Alegrañata.

“Vinimos a cumplirte un deseo”, le anuncia Hernán –personificado como Colorete– a la mujer de ojos saltones. “Me encantaría encontrar mi anillo de casada que se me cayó en algún lado”, pide mirando fijo el dedo anular de su mano izquierda. Eso es pan comido para un payaso.

Tormenta tira al piso un anillo de ella y en cuestión de segundos improvisamos una escena desopilante en la que no sólo fingimos que lo encontramos, sino que le pedimos al marido de la paciente que le vuelva a pedir matrimonio. “Gracias, nunca paren de hacer esto. No me acuerdo la última vez que había llorado de felicidad”, dice entre lágrimas la mujer.

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No es fácil hacer reír… Y menos cuando estás frente a gente sufriendo. “Para nosotros es una gran responsabilidad venir a visitar a los enfermos y sus familiares. Ayudar a los demás es lo mejor que me pasó en la vida. Me llena el alma”, asegura Malcriada mientras me ayuda a convertirme en una de ellos. Entre todos me armaron un outfit improvisado, pero que sirve para camuflar mi rol de periodista: pantalones babucha azul, un blazer marrón, un sombrero de mimbre y la infaltable nariz roja. Un payaso grandote con cara de padrazo me presta un trapito rojo que me pone de bufanda y ya estoy lista para salir a recorrer el hospital: “Alegrañatas hace tanto bien a los pacientes como a los payasos que lo integran. Soy un apasionado de la causa. Es un lugar de mucha contención donde el amor al otro se expresa libremente y uno puede sentirse muy mimado”, resume Michael Lapidoth (49), alias Cachete.

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CONTAGIAR AMOR. Esta misión de llevar risas a donde más lo necesitan nació cuando Hernán viajó a San Martín de los Andes de vacaciones. Por ese entonces Colorete sólo era un personaje de ficción que sacaba a jugar en sus clases de clown. Pero lo que era un hobby terminó convirtiéndose en su principal motivo de vida el día que entró de casualidad al hospital de la zona. “Estaba caminando y se me ocurrió ponerme la nariz y entrar a la sala de espera a ver qué pasaba. Yo me quedé quieto, pero la gente empezó a mirarme y a señalarme. De repente esa habitación llena de tristeza explotaba de risas. ‘¡Qué flash! ¿Cómo es que con una nariz roja se pueden hacer tantos destrozos?’, pensé”.

Actualmente, en la fundación hay 57 payasos voluntarios –el más chico tiene 19 años y el más grande 65– que visitan más de 180 pacientes al mes. “Es mágico lo que sucede. Nosotros no buscamos voluntarios ni hacemos campañas, ¡caen solos! Todas las personas que llegan es porque están en una búsqueda interna”.

Los payasos tienen de 19 a 65, ¡pero todos pueden participar!
Los payasos tienen de 19 a 65, ¡pero todos pueden participar!

El último internado que visitamos es un señor súper elegante, exrugbier y de familia de campo. En cualquier otra situación imagino que lo hubiera visto de traje. Pero en las habitaciones de hospital no existen las clases sociales, los prejuicios ni las formalidades… Lo único que se perciben son emociones: miedo, ansiedad, amor, ilusión, frustración, bronca, desesperación, ganas de salir adelante. Así que este señor lleno de miedo y angustia estaba en calzoncillos abrazado como un nene a su mujer.

“Mañana lo van a operar del corazón y no lo vamos a poder ver durante doce horas”, nos adelanta la señora tratando de ocultar la angustia. “Lo lamentamos mucho, pero nosotros venimos del cielo y no hay más lugar allá. Vas a tener que quedarte acá, viejo”, decimos entre risas y guiños antes de irnos y terminar la jornada.

Los Alegrañatas van los sábados al Hospital de Niños de San Isidro.
Los Alegrañatas van los sábados al Hospital de Niños de San Isidro.

“Cuando vivís situaciones así la vida cobra otro sentido, te resulta imposible amargarte por pavadas o ahogarte en un vaso de agua. Siempre que vuelvo del hospital me siento egoísta porque ellos me dan mucho más de lo que yo les dejo”, insiste Viviana Rodríguez Solano, más conocida como Tormenta. Sin dudas, después de mi día como Ti no seré la misma. Pero la enseñanza más valiosa que me llevo es que no hay nada más poderoso en el mundo que el amor y el sentido del humor.

Para ser uno de ellos sólo tenés que entrar a la página web (www.alegrañatas.com.ar) y pedir información.

textos AGUSTINA D’ANDRAIA (adandraia@atlantida.com.ar) fotos GENTILEZA ALEGRAÑATAS

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