Gastón Trezeguet, portador del HIV, salió al cruce por los dichos de Abel Albino: “La peor enfermedad es la ignorancia”

En 2001, dentro de la casa de Gran Hermano, fue el primero en revelar en la TV argentina su condición de gay. Ahora, a los 40, tras las afirmaciones del médico Albino–quien en el debate por la legalización del aborto sostuvo que “los preservativos no sirven contra el sida”–, declara ser portador del virus y señala los peligros que conlleva la estigmatización social: “le tuve más miedo al rechazo que a la muerte”.

Gastón Trezeguet (Foto Alejandro Carra/GENTE)
Gastón Trezeguet declaró ser portador de HIV y relata cómo se contagió (Foto Alejandro Carra/GENTE)

“Sé que soy gay desde que tengo uso de razón, aunque en la primaria me gustaban mis compañeras. Después me empecé a fijar más en sus novios que en ellas. Creo que me costó asumir mi sexualidad porque fui a escuelas religiosas, pero como mis compañeros se dieron cuenta antes que yo de que era homosexual, durante todo el secundario sufrí bullying. Tan confundido estaba que yo no sabía si era puto, trans o milanesa. Me costó asumirme, porque no sentía atracción sexual por nada”. Así recuerda su adolescencia Gastón Trezeguet (40, ex Gran Hermano, hoy productor televisivo), quien para sobrevivir en aquellos años se puso un escudo e hizo un rally por diferentes escuelas secundarias. Exhibía una imagen de rebelde y niño malo para tapar las cargadas que debía soportar.

–¿Cuándo tuviste tu primera relación sexual?

–A los 18, con un fotógrafo del National Geographic que conocí en Chile. En mi familia nadie sabía que yo era gay. Recién cuando entré a Gran Hermano sentí la necesidad de contarlo públicamente. Fue liberador: no podía convivir más con la mentira. Por suerte, tanto mi familia como mis amigos reaccionaron muy bien –me tomaron como valiente–, porque mi relato sirvió para que mucha gente también se pudiera abrir.

Gastón Trezeguet (Foto Alejandro Carra/GENTE)
Gastón Trezeguet recuerda que tras el diagnóstico positivo, cayó en una depresión profunda (Foto Alejandro Carra/GENTE)

–¿Sabés cómo te contagiaste?

–Después de Gran Hermano, con 21 años empecé en un mundo de descontrol. Me drogaba y emborrachaba para tener sexo, porque sobrio no podía. No me cuidaba, en ningún sentido de la palabra. Pero un día, en un rapto de lucidez, pensé que si existe el HIV me lo tendría que haber agarrado; entonces, cada seis meses me fui haciendo los estudios. Al principio me acompañaba mi mejor amiga a buscar los resultados, y siempre me daban negativo. Pero una mañana, cuando estaba produciendo AM (el ciclo de Vero Lozano y Leo Montero en Telefe), empecé a toser mucho… Con el correr de los días no se me pasaba. Tenía 35 años y le echaba la culpa al pucho, pero en lo más íntimo sospechaba que ya tenía HIV. Volví a hacerme los análisis, aunque no habían pasado seis meses del último. El día que me iban a dar los resultados estaba tan pasado que ya tenía programado ir a bailar, sin importarme qué datos iban a aparecer. Esa vez, en lugar de darme el sobre, me hicieron pasar al consultorio, porque el médico me quería explicar cómo empezar el tratamiento. Yo me fui sin escucharlo: no quería aceptar la enfermedad. Por unas semanas viví como si me hubiesen dicho que tenía fiebre… Al mes caí, y me agarró una depresión enorme. No podía salir de mi cuarto. Iba a trabajar y a la hora me escapaba corriendo. No sabía qué hacer con mi vida.

–¿Pensaste que te podías morir?

–No. Le tuve más miedo al rechazo que a la muerte. Una tarde, en mi departamento, me largué a llorar sin parar. Llamé por teléfono a mis padres y a mis dos hermanas y les conté que tenía HIV: vinieron todos corriendo a casa. Mis viejos están separados desde que tengo siete años y ésa fue la última vez que los vi a todos juntos, uniéndonos en un abrazo. Fue bueno sentirme apoyado. Pero yo seguía bajoneado con mi diagnóstico y lo publiqué en Twitter.

Gastón Trezeguet (Foto Alejandro Carra/GENTE)
Gastón Trezeguet (Foto Alejandro Carra/GENTE)

Le tuve más miedo al rechazo que a la muerte

–¿Cómo reaccionó tu familia cuando difundiste la noticia?

–Mi mamá primero se enfureció. “¡Te cagaste la vida, pelotudo!”, me gritó. Pero después me abrazó muy fuerte y lloramos juntos. Ella estuvo siempre a mi lado, incluso me acompañó al infectólogo. Ahí comprendí que si soy riguroso y constante con la medicación no me voy a morir. Pedí licencia en el trabajo. No quería ni asomar la cara a la calle, al punto de que mi mamá me iba a buscar los medicamentos. Eso sí: le tenía miedo al señalamiento social. Nada te mata, aísla y deprime más que el estigma de la enfermedad.

–¿Empezaste terapia cuando supiste que eras portador?

–Toda la vida me psicoanalicé, pero entonces no quería hablar ni referirme al tema con nadie. Lo que más me dolía era la mirada del otro. ¡Las amigas de mi mamá se le acercaban para darle el pésame! Ojo, antes de saber que soy portador, yo también tenía esos prejuicios.

–¿Cuáles?

–Todos, porque no conocía qué es ni cómo se transmite. Después me preguntaba cómo me iba a enganchar con un HIV positivo, y así me fui quedando solo. Tampoco sabía que si uno está negativizado la carga viral es indetectable. Antes, la ignorancia generaba aislamiento: la gente tenía miedo de tocarte. Salí a hablar porque tuve temor de que nadie más quisiera abrazarme. No hay peor enfermedad que la ignorancia.

Nada te mata, aísla y deprime más que el estigma de la enfermedad

Gastón Trezeguet (Foto Alejandro Carra/GENTE)
Gastón Trezeguet (Foto Alejandro Carra/GENTE)

No hay peor enfermedad que la ignorancia

–¿Tuviste sexo sin cuidarte después de enterarte del resultado?

–Nunca tuve relaciones sobrio. La sexualidad es un tema que siempre me trajo mucha culpa. No me puedo conectar con el erotismo. A la hora de ir a la cama parezco una minita, y me cuesta un montón relajarme.

–¿Alguna vez tuviste una relación de pareja?

–Nunca. Mis relaciones siempre estuvieron ligadas al no amor y al no cuidado. Recién hoy empiezo a pensar que sería bueno estar bien con alguien, quizás porque al blanquear mi situación, por primera vez me estoy mostrando realmente como soy, sin máscaras ni armaduras. A veces hasta llego a flashear con tener un novio sin sexo, porque me cuesta mucho amar, lo tengo negado. Me da miedo envejecer solo… Me gustaría formar pareja y sentirme libre. Para eso es necesario terminar con el estigma que hay sobre el HIV.

–¿Cuando conocés a alguien le contás que tenés el virus?

–Sí, si no le digo que estoy negativizado siento que lo traiciono. Y no porque yo pueda transmitir el virus, ya que está indetectable desde hace seis años. No tengo problema en decirlo… Ahora hasta en las aplicaciones para relacionarse, como Grindr, aparece un ítem que te pregunta si tomás PrEP.

–¿Qué es el PrEP?

–La Profilaxis Pre-exposición (PrEP) es una forma de prevención de la infección en la que las personas HIV negativas toman una combinación de medicamentos en una sola pastilla –Truvada–. Estos medicamentos previenen que el HIV se establezca en el cuerpo como una infección. Las pastillas no te dan ningún efecto secundario y la medicación es gratuita, como en todas las enfermedades crónicas. Pero si no se toman, la gente se muere de SIDA; yo tengo HIV, no SIDA. Estar negativizado me ayuda a que no se propague el virus.

–Después de las poco felices declaraciones del doctor Abel Albino, quien dudó de la efectividad del preservativo para la prevención, ¿recibiste llamadas de alguna de tus parejas?

–Sí, me llamó gente con la que tuve sexo para ver qué grado de veracidad había en sus palabras. Y por mi cabeza volvió a cruzarse el miedo al rechazo y la estigmatización. Si el preservativo no te genera seguridad, nadie más me va a tocar, ni abrazar, ni nada. Te reitero: al estar negativizado yo no transmito el HIV. Y si ahora me animo a hablar es pensando en mi familia… Después de todo lo que hizo por mí, no quiero que vuelvan a darles el pésame.

Por Pablo Procopio.

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