Los detalles del divorcio de Nicole Neumann y su deseo: “Quiero un hombre que lleve los pantalones más puestos que yo”

A sus 37 –y con tres hijas– se animó a poner fin a su matrimonio de once años con Fabián Cubero (39), “en pos de la felicidad de los cinco”, asegura. A horas de haber firmado, “más sanguínea y visceral”, habla del temor que tuvo por caer en una depresión y la frustación tras la ruptura

Nicole Neumann (Foto Christian Beliera/GENTE)
Nicole Neumann reveló los secretos de su divorcio con Fabián Cubero (Foto Christian Beliera/GENTE)

Divorciada. “Le puse firma a una frustración” –dice Nicole Neumann (37)– “tal vez la más grande de las tantas que cargué. Crecer con una mamá separada de un papá ausente fue todo un tema en mi vida. Tanto, que pasé los años trabajando conmigo misma para no repetir la misma suerte”.

A ocho días de la disolución legal y formal de su matrimonio con Fabián Cubero (39) –un 2016 de reflexiones, que incluyó tres meses de convivencia en cuartos separados, y finalmente una decisión que tomó con “absoluta sensatez” a principios de 2017– describe: “El cara a cara fue muy fuerte (se reunieron para mediar, firmaron por separado). Después de once años, mirarse a los ojos para acordar qué es de uno y qué no, es difícil. Pero tener que dividirse el tiempo de nuestras hijas es devastador”.

Hoy, “tan escorpiana, visceral y con la sangre más caliente que nunca”, acepta echar un vistazo sobre sensaciones y lecciones que hoy deshielan a “esa mujer que fui años atrás”.

–¿Por qué dejaste de ser feliz?

–Mi psicóloga me dijo alguna vez: “Las parejas que subsisten son las que evolucionan juntos a todo nivel”. Y nosotros no pudimos. El instinto nos hizo remar. Pero cuando ya no se quiere, se siente o se necesita lo mismo, es irreversible.

Nicole Neumann (Foto Christian Beliera/GENTE)
Nicole Neumann (Foto Christian Beliera/GENTE)

Voy demasiado al frente, acostumbrada desde muy chica a ser autosuficiente y resolutiva

–¿Y qué necesitabas?

–No es fácil toparse con una mina como yo: tan animal, muy “ley de la selva”. Una leona que sale a pelear, pero a la vez tan vulnerable que busca un macho alfa posesivo, que sepa plantar límites y la proteja cuando deba. Voy demasiado al frente, acostumbrada desde muy chica a ser autosuficiente y resolutiva. Tengo un costado masculino muy intenso, y por eso necesito al lado a un hombre que lleve los pantalones más puestos que yo, en todos los aspectos.

–¿A una mujer de familia se le perdona menos la toma de una decisión así?

–Se la juzga más. Muchas veces lloré a solas, imaginando el momento en que debería contarles a las chicas (Indiana, 9; Allegra, 7, y Siena, 3) que sus papás ya no estarían juntos. Pero encontré razones de peso para saber que hacía lo correcto. Entendí que no podía darles una mamá amargada o poco motivada. Y que la conformidad es egoísmo, que mi infelicidad no permitiría que ni ellas, ni su papá, ni yo, pudiésemos ser felices. Porque mi lección de siempre es: “Nada debe detener la búsqueda de la felicidad”.

–¿Llorás?

–Sí. Busco esos momentos de silencio conmigo misma: encerrarme a gritar, llorar y pensar, soltar culpas y frustraciones, cargar fuerzas para seguir… Pero me contengo hasta el día en que mis hijas se van con el papá. Sólo así me lo permito.

–¿Sentís la soledad?

–A veces me siento sobrepasada.

–¿Cómo juegan tus padres, que son clave en la frustración que describís?

–Acompañan. Mamá (Claudia Neumann) nos visita, ayuda a las chicas a hacer la tarea… Tiene un gran vínculo con Indiana. Y papá (Bernd Unter Ruberbacher)… A él le pesaron mucho la frustración y las opiniones cuando se alejó de mí. Vino de Alemania, apostó a una relación que no se dio… Las dificultades con el idioma y para conseguir un buen trabajo lo alejaron. Era muy joven… En esa época, toda la culpa recaía en el hombre. Al año, mamá conoció al padre de mi hermana (Geraldine) y creyó que también sería el mío. Papá no vio conveniente confundirme con una visita anual siendo tan chiquita… Nos reencontramos a mis dieciocho. Hoy tenemos una gran relación. Cuando empezó mi crisis con Fabián hablé mucho con él. Me decía: “¡No existen ni el hombre perfecto ni la pareja perfecta; resistí, peleala, hay que salvar la relación”.

Nicole Neumann (Foto Christian Beliera/GENTE)
Nicole Neumann (Foto Christian Beliera/GENTE)

–¿Y tus suegros?

–No volví a hablar con ellos.

–¿Buscaste refuerzo terapéutico?

–Hice terapia toda mi vida, pero cuando empecé a gestar la decisión, leí el libro Encuentros: El lado B del amor, de Gabriel Rolón. Y enseguida dije: “¡Quiero hacer terapia con él!”. Necesitaba la mirada masculina sobre “por qué esto” y “por qué aquello”… Nos vimos durante un poco más de un año.

–Escuché por ahí que en algún momento de ese proceso temiste caer en una depresión…

–Yo no sé qué es eso, pero creo haber sentido algo que se acercaba demasiado. Una angustia constante que no me permitía tener otro tipo de sentimiento. Me asusté mucho. Jamás había sufrido insomnio, y de repente me costaba dormir. Me despertaba de madrugada, alterada por la duda de si estaría tomando la decisión correcta.

Por Sebastián Soldano

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Adrián Suar y Gustavo Bermúdez, dos papitos en Punta del Este

No sólo son sinónimo de éxito en televisión: también forjaron una de esas amistades de fierro. Pasaron Navidad y la última semana de 2017 en Punta con sus hijas menores, Margarita y Manuela, mientras charlaron de un proyecto de cine que los llevaría a compartir pantalla.

Adrián Suar y Gustavo Bermudez con sus hijas Margarita (5) y Manuela (16). Foto: Alejandro Carra/GENTE
Adrián Suar y Gustavo Bermudez con sus hijas Margarita (5) y Manuela (16). Foto: Alejandro Carra/GENTE

Cuando se conocieron en los estudios de Canal 13 nadie los llamaba Adrián y Gustavo. Eran Martín y Federico, los nombres de sus personajes en Pelito. Desde entonces –1983– pasaron treinta y cinco años de éxitos, amores y, fundamentalmente, amistad. Algo que Suar (49) y Bermúdez (53) mantienen inalterable, más en estos tiempos en que ambos están solteros.

Y qué mejor que cerrar el año en Punta, ejerciendo el rol que mejor juegan y que más les gusta: el de padres. Adrián, con Margarita (5) y Gustavo con Manuela (16).

Manuela y Margarita suben juntas custodiadas por sus papás. Foto: Alejandro Carra/GENTE
Manuela y Margarita suben juntas custodiadas por sus papás. Foto: Alejandro Carra/GENTE

Los cuatro pasaron Nochebuena y Navidad en el Este, donde se quedaron hasta el 30. Hicieron vida de playa bien tranquila y hasta se divirtieron cocinando en casa, después de resolver –los cuatro– las compras en el super.

Suar es muy compinche de Margarita –la hija que tuvo con Griselda Siciliani–, quien este 2018 cursará el preescolar en una escuela de Colegiales.

Cruzando a Laguna Garzon. Foto: Alejandro Carra/GENTE
Cruzando Laguna Garzón para llegar a La Caracola. Foto: Alejandro Carra/GENTE

Bermúdez tiene devoción por Manuela, su hija menor –la mayor, Camila, vive con él en Buenos Aires–, que en diciembre terminará la secundaria en San Martin de los Andes, lugar en el que durante cuarto año fue escolta de la bandera.
Pese a la diferencia de edad, las chicas se llevan muy bien. Para ellas fue toda una aventura cruzar en lancha el brazo de la Laguna Garzón, en José Ignacio, para llegar al parador La Caracola. En especial, porque estaban con sus papitos.

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