Señales de que una relación se terminó

Hay gestos, actitudes, cosas que se hacen y, sobre todo, que no se hacen más, para dar a entender que una relación se está acabando y que no vale la pena seguir insistiendo en ella. Cómo cortarla sin tijera…

NOS ELLOS 1 - 20181116
“Nada nos consuela cuando alguien desapareció de nuestras vidas”.

El llamado del silencio
por QUENA STRAUSS, periodista

De chica –como todo– era más fácil. Pelearse con una amiga tenía sus frases rituales, empezando por “Corto mano, corto fierro, que te vayas al infierno”, que era la declaración formal de fin de la amistad. En una sola línea informábamos (o nos informaban) que ya nada sería como había sido. En esa fórmula inocente y fatal quedaba todo claro.
A medida que crecemos todo se vuelve más turbio. Más cobardón. Es pues la inacción la que habla por nosotros, el dejar de hacer. Si dejás de escribirle o de whatsappear con una amiga se da por sobreentendido que ya no la considerás tal. En el caso de los familiares, los saludos de cumple y de Navidad tienen esa misma función: año en el que la tía Coca ya no te llama con su voz de lija para desearte lo mejor, año en el que seguro está enojada. En el ámbito laboral la cosa se pone aún más opaca y ya no son las declaraciones las que hablan, sino los silencios. Unos silencios sonoros de tan callados y llenos de miradas de reojo y gestos mal disimulados. ¿Tu compañera de oficina se calla o cierra la pantalla de la compu cuando te acercás? Listo, fuiste. Ya no te considera como alguien cercano y su repentino ataque de discreción te lo dice. Lo mismo vale para el silencio automático (te acercás a la máquina de café y todos se callan) y para la no consulta a la hora de pedir el almuerzo. Si el habitual “¿y vos qué quéres?” ya no se deja oír, es porque en tu oficina está todo mal con vos. ¿Ves qué triste todo? Tardamos millones de años en desarrollar un lenguaje para poder entendernos con los demás y ahora que la vamos de techies y de evolucionados, nos llamamos a silencio. ¿Quién entiende a los humanos? x


Ghosting

por LUIS BUERO, periodista
ilustración VERÓNICA PALMIERI

De pronto hay alguien que te borra y bloquea del WhatsApp o Facebook y no sabés por qué. No se trata sólo de un novio que desaparece sin dejar rastro; puede ser una amiga, un excompañero de colegio, un familiar, coordinadores de un grupo, una paciente, un alumno, alguien que nos está diciendo con su silencio mortal que ya no nos quiere ver más. Y no entendemos del todo el motivo. Buscamos modos de contacto, encontrarnos cara a cara para que nos expliquen qué les pasó… pero es inútil.
Entonces empezamos a buscar razones obsesivamente, porque ese abandono sorpresivo nos remitirá seguro a alguno más inconsciente, antiguo y primordial.

Varias suposiciones rápidas son: me puse en pareja y le dio envidia, o mi nueva amistad con tal persona le provocó celos, o se enteró que voté al candidato que odia y la grieta nos separó, o desea ser el líder de un grupo y siente que yo le hago sombra, o le presté plata y no puede devolvérmela, o se metió en una secta que lo obligó a separarse de sus seres queridos. ¿Sigo?
Nada nos consuela cuando alguien se piró y desapareció de nuestras vidas sin decir ni mu. Pero mientras nuestra mente se quema dando vueltas como lavadora sin agua ni ropa, atravesando las cinco etapas del duelo (desde la ira hasta la aceptación), de pronto nos acordamos que nosotros alguna vez también hicimos lo mismo. Claro que aunque no lo hayamos comunicado al otro/a, tuvimos presente el porqué. Y de pronto reivindicamos el hecho de desaparecer sin dar explicaciones ni excusas ni ofensas ni llantos. Los norteamericanos lo llaman ghosting… y para mí es un acto de cobardía.

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