Pelo de animé japonés: el nuevo look de Charlotte Caniggia inspirado en Kim Kardashian

La hija del pájaro decidió seguir los pasos de la diva de los realities y reapareció con un jugado nuevo look.

Charlotte Caniggia decidió cambiar nuevamente de imagen y copiarle el look a Kim Kardashian (aunque Kim ya volvió al castaño, su clásico). La hija del Pájaro se mostró en las redes sociales con el pelo más largo de lo normal, teñido de rosa pero con las raíces oscuras, igual que la diva de los realities Kim Kardashian.

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El nuevo look de Charlotte. (Foto Instagram Stories)
Kim Kardashian, su inspiración. (Foto Instagram)
Kim Kardashian, su inspiración. (Foto Instagram)

Para el look rosa, Kim Kardashian se inspiró en el personaje Zero Two del animé japonés Darling in the FranXX.

Zero Two, el personaje trendsetter. (Fotos Instagram)
Zero Two, el personaje trendsetter. (Fotos Instagram)

La transformación de look de Charlotte se debe a que en breve arranca la segunda temporada de Caniggia Libre, el reality que tiene junto a su hermano Alexander en MTV. Para este año los hermanos viajaron a Tailandia con planes siempre disparatados y en clara búsqueda de lograr su objetivo: Charlotte quiere ser la nueva gran diva del país y Alex convertirse en un reconocido cantante de música pop.

En rosa. (Foto Instagram)
En rosa. (Foto Instagram)

Además del cambio en el color de pelo, Charlotte se habría sometido a nuevos retoques estéticos para modificar su nariz y sumar volumen en sus labios. Si bien en las fotos que publicó en su cuenta de Instagram el cambio es evidente, ella no admitió ni negó nada.

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Adiviná qué diseñador local le robó el look de boda a Em Rata

Provocador, el diseñador usó en un evento el mismo traje color mostaza de Zara con el que Em Rata se casó.

Primero fue Em Rata quien lo eligió para su boda sorpresa con Sebastian Bear McClard. En ese momento contamos que la elección de un traje, a diferencia de un vestido blanco pomposo, tenía un significado extra.

El traje de pantalón es un ícono impuesto por Hillary Clinton que las mujeres americanas y de todo el mundo tomaron como símbolo de empoderamiento femenino.

Emily Ratajkowski el día de su boda. (Foto Instagram)
Emily Ratajkowski el día de su boda. (Foto Instagram)

Y como buen provocador que se divierte jugando con los géneros, Santiago Artemis eligió usar el mismo traje mostaza que Em para la inauguración de la exposición Archivo Aldo Sessa 1958-2018: 60 años de imágenes en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires.

Santiago Artemis en la muestra de Aldo Sessa en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires.(Foto Instagram)
Santiago Artemis en la muestra de Aldo Sessa en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires.(Foto Instagram)

El ya famoso traje color mostaza con botones negros y lazo en la cintura es de Zara y Santiago eligió llevarlo, al igual que Emily, con un sombrero negro. El diseñador le sumó un colgante de plata, lentes de sol oscuros y sobre a tono.

El traje que es tendencia. (Foto Zara)
El traje que es tendencia. (Foto Zara)

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Santiago Artemis: de Tierra del Fuego al vestidor de las celebs más osadas

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A pocos días del desfile más importante de su carrera, el diseñador fueguino afirma sin culpa que no admira a ningún colega nacional. ¿Uno de sus sueños? Vestir a Susana.

Artemis x Artemis. (Foto Santiago Artemis)
Artemis x Artemis. (Foto Santiago Artemis)

Santiago Artemis (25) se hizo famoso a los 17 años por vestir nada más ni nada menos que a Katy Perry. Su estilo por demás particular es elegido por las famosas que recurren a él cada vez que buscan impactar con ese plus extra que lográs cuando a una actitud despampanante le sumás un atuendo que acompañe.

Es fanático de los hombros marcados -ama las hombreras-, la cintura definida, los escotes, las espaldas desnudas y los colores luminosos. A pocos días de presentar Bulletproof (en español a pueba de balas) su última colección inspirada en sus raíces fueguinas, Santiago nos contó qué implica diseñar para famosas.

Pampita es una de sus fieles seguidoras. (Foto Santiago Artemis)
Pampita es una de sus fieles seguidoras. (Foto Santiago Artemis)

-¿A qué diseñadores nacionales admirás?
-A ninguno.

-¿Qué particularidad tiene diseñar para famosas?
-Que podés permitirte armar propuestas que normalmente no podés porque la ropa de la calle es más tranquila y las clientas piden menos extravagancia.

Guille Valdes, otra musa perfecta. (Foto Santiago Artemis)
Guille Valdes, otra musa perfecta. (Foto Santiago Artemis)

-¿A qué famosa te gustaría vestir. Una pendiente que tengas de acá o de allá.
-¡Muchísimas! Desde Susana Giménez hasta Liza Minelli.

-Si tuvieras que elegir un personaje histórico para ser, ¿cuál sería?
-Amaría ser Joan Crawford o Natalie Wood.

En la semana de la moda de Milán. (Foto Instagram)
Santiago en la semana de la moda de Milán. (Foto Instagram)

-Última y off topic, ¿viste El Hilo Fantasma, la última película de Paul Thomas Anderson? La película cuenta la vida de un famoso diseñador inglés de los años 50. Muy obsesivo, riguroso y perfeccionista.
-¡Me encanto! Me sentí identificado con Reynolds Woodcock, el personaje que interpreta Daniel Day-Lewis.

Por Soledad Martínez Caneda

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La historia de Fátima Berro, una refugiada siria: “Vine a la Argentina porque no quería ser otra víctima de la guerra”

Escapó hace cinco años del conflicto bélico: “Nuestra población era de veinticuatro millones y ahora sólo hay doce”, dice la protagonista de una historia escalofriante con un final feliz: en Buenos Aires formó su propia familia con un argentino y hoy ayuda a reescribir el futuro de sus hermanos.

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Fatima Berro

A diez minutos de llegar a su hogar, Ahmad Birrw (31), el hermano menor de Fátima Berro (33) –él usa su apellido sirio y ella, el que figurará en su documento argentino– nos muestra su celular con la foto de tres nenes en la pantalla. “Son los hijos de mi prima”, dice con una tranquilidad que no deja entrever el golpe glaciar que vendrá después: “En 2014 a los tres les cortaron la cabeza y los prendieron fuego con su mamá. Y cuando el papá fue a reclamar a la policía, lo mataron también”. La guerra está a 12.418 kilómetros de este departamento del barrio de Congreso, pero en un segundo, apareció en ese living y en los ojos de Fátima y Ahmad, quienes nunca olvidarán aquel horror.

–Fátima, fuiste la pionera de tu familia en migrar a nuestro país. ¿Qué te llevó a dejar Damasco, la ciudad en la que trabajabas?

–Dos bombas. La primera explotó en una combi frente al edificio en el que vivía y mató a varios vecinos… Yo estaba en el quinto piso y sentí los gritos antes de ver una columna de humo a través de mi ventana. Sólo unos días antes había resonado en toda la ciudad una bomba que mató a más de quinientas personas.

–¿Vivías con miedo?

–Sí. A diario pensaba “¿hoy voy a morir?”. Hasta que un día, media hora antes de llegar a mi oficina, explotó un auto que destruyó los vidrios del edificio. Si hubiera estado ahí, hoy no estaría acá. Por eso emigré. Deseaba tener una vida sin guerras, como la que tienen los argentinos. No quería ser otra víctima.

–¿Por qué la Argentina?

–Originalmente pensé en irme a Dubai, pero justo cerraron la frontera para los sirios. Y mi cuñada, la hermana de mi marido sirio de aquel entonces, me recomendó el país diciéndome que era bonito. Googleé cómo era la vida, las posibilidades de trabajo y el idioma, y pedí la visa. A los dos meses ya la tenía.

–¿Fue muy difícil hacer las valijas?

–Y, uno no puede empacar la memoria. Esa sigue allá, con mis amigos, mi familia, mi calle… salir del país fue muy difícil (se quiebra en llanto).

–¿Qué día llegaste a Buenos Aires?

–El 17 de enero de 2013, con mi marido. Durante el primer mes me encerré, al principio en la casa de mi cuñada y después en una que alquilamos por Palermo. No quería saber nada: lloraba, no dormía, sólo podía pensar en mi tierra. Recién salí a la calle para pedir refugio porque quería vivir legalmente en el país. Por suerte me lo dieron por dos años.

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“Sí. A diario pensaba “¿hoy voy a morir?”. Hasta que un día, media hora antes de llegar a mi oficina, explotó un auto que destruyó los vidrios del edificio”

–En ese lapso también te divorciaste…

–Es que con mi ex tenía problemas de violencia. Tantos, que a los seis meses de casarnos, en Siria, había pedido el divorcio. Pero no me lo dieron porque él no quería separarse y el juez le dio la razón. Pero bueno, estábamos acá, él me pegó de nuevo después de prometerme que iba a mejorar, y decidí que ya no quería más. Así que, después de cuatro años de casada y cinco meses de vivir en Argentina, fui a la Embajada de Siria y llegamos al acuerdo de que cada uno seguiría con su vida.

–¿La tuya cómo siguió?

–Y, fue difícil, porque estuve un año completamente sola y en cero; él se llevó toda la plata. Y como no hablaba casi nada de español, empecé a trabajar en un taller de joyería para pagar el alquiler de un monoambiente: a veces no tenía ni para comer. Algo que jamás había imaginado, porque mi nivel de vida era otro. En Siria tenía mi auto y me desempeñaba como asistente de dirección con estrellas y productores de televisión… Así pasó un año hasta que decidí volver a Siria.

–¿Cómo encontraste tu país?

–En 2014 había cambiado casi todo: en mi casa ya no había nada, mi ex había vendido todo. Además, la mayoría de mis amigos partieron y las bombas seguían. Caí en la cuenta de que la guerra no iba a terminar y, después de tres meses, volví a la Argentina. ¡Al año ya estaba casada!

–¿Con un argentino? ¿Cómo se conocieron?

–A Walter (Cortes, un santafesino que trabaja en la Policía Federal) lo había conocido en la casa de una amiga siria de mi ex. Cuando volví, lo reencontré y me dijo que estaba enamorado: me pidió casamiento. Al tiempo llegó Siriana (2), nuestra hija que nació en el Hospital Italiano y tiene un nombre que refleja nuestras culturas: Siriana Beatriz Cortes Berro.

Hoy, la ciudadana de Homs (que dentro de unos días también tendrá la ciudadanía argentina) comparte su vida con su marido, el policía federal santafesino Walter Cortes, y la hija de dos años y medio de ambos: Siriana Beatriz.
Hoy, la ciudadana de Homs (que dentro de unos días también tendrá la ciudadanía argentina) comparte su vida con su marido, el policía federal santafesino Walter Cortes, y la hija de dos años y medio de ambos: Siriana Beatriz.

–Tu vida familiar quedó resuelta. ¿Y la profesional?

–Durante un tiempo di clases de inglés y de árabe a hijos de embajadores. Mientras, en paralelo, estudié Dirección Teatral en la Universidad de Palermo e hice un curso de cine que me permitió hacer un corto con el que gané un premio en el 2017. Luego, aprobé el ingreso de la carrera de Cine en la UNA, pero dejé porque abrí Siriana, un restaurante, junto a mi hermano Ahmad. Cerramos el mes pasado porque la zona no era muy buena, pero vamos a inaugurar otro en Palermo. Igual veo mi futuro en la pantalla grande.

–Ya que mencionás a tu hermano, ¡te lo trajiste! ¿Cómo fue?

–A él lo llamaron a cumplir el servicio militar y mi papá, que no quería que muriera, lo mandó a Turquía, y de ahí a Buenos Aires porque pude conseguirle papeles. Dentro de poco viene otro hermano (en total somos nueve) al que también convocaron al servicio militar. Está en el Líbano desde 2014, y su mujer y sus dos hijos en Siria. ¡Su reencuentro va a ser en la Argentina! Si pudiera, traería a todos mis familiares, pero a los viejos no les gusta dejar su tierra…

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Junto a su hermano menor Ahmad Birrw, adquirieron las costumbres argentinas, entre ellas el mate

–¿Sufriste un choque al empezar a tratar con argentinos?

–Y, sí… Vengo de un país musulmán en el que las leyes dependen de la religión y la cultura es machista: el hombre domina.

–¿Adquiriste nuestras costumbres?

–¡Todas! Si bien el dulce de leche me parece demasiado dulce, me gustan el alfajor, los sándwiches, las medialunas, las tortillas y las milanesas.

–¿Cómo seguís las noticias de la guerra?

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7 años de horror, una imagen de las desoladoras calles de Siria

–A través de las redes sociales, donde mis amigos y parientes cuentan todo lo que está pasando. A veces quisiera olvidarme, pero cuando pasan cosas importantes como ahora, que están tirando misiles en Guta, no puedo quedarme al margen. Se dice que durante la guerra murieron quinientos mil sirios, pero sé que son muchos más. Nuestra población era de veinticuatro millones y ahora sólo hay doce. Entre los muertos, los desaparecidos –hace dos años que no tenemos noticias de un primo– y los emigrados, mi país quedó por la mitad.

–Después de cuatro años acá, ¿ya te sentís como en casa?

–Digamos que sí, pero uno no puede olvidar su país. Ojalá mejore, aunque en el fondo sé que nunca va a ser como antes. Por otra parte, hace pocos días me dieron la ciudadanía. ¡Soy argentina!

Por Kari Araujo Fotos: Fabián Mattiazzi,
AFP y álbum personal F.B.

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El espectacular book veraniego de Martina Villar, la novia de Fran Tinelli

Es modelo, “it girl” y estudiante de ingeniería textil. Tiene 23 años y su belleza emula la estética noventosa de Carolyn Bessette-Kennedy más toda la actitud millennial.

Foto: Instagram
Fran (19) junto a Martina (23). (Foto: Instagram)
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“Que nunca nadie te haga creer que no sos suficientemente linda ni inteligente”, pondera desde las redes sociales. (Foto: Instagram)
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Martina tiene un estilo muy parecido al de Carolyn Bessette, la mujer de John F. Kennedy Jr.( Foto: Instagram)
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En traje de baño disfrutando de Punta del Este  (Foto: Instagram)
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Martina pasó algunos días con los Tinelli en las playas esteñas (Foto: Instagram)
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Días de relax.( Foto: Instagram)
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Fran Tinelli hace muchas veces de fotógrafo personal. (Foto: Instagram)
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Al natural (Foto: Instagram)
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Selfie  (Foto: Instagram)
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Es una auténtica fashionista con un estilo relajado (Foto: Instagram)
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Improvisando una sesión playera. (Foto: Instagram)
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Pet friendly. (Foto: Instagram)

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Darío Gualtieri despide a Paul Bocuse: “Influyó en todos los cocineros del mundo”

Clásico y moderno, respetado por sus colegas y maestro de muchos de ellos, el argentino es un fiel exponente de la Nouvelle Cuisine en nuestro país. Conoció al chef francés –que encabezó ese movimiento culinario del siglo XX– en 1999, cuando representó a la Argentina en el Bocuse d’Or.

En su restaurante de Palermo, como hace 19 años, con la medalla y la chaqueta que usó en el Mundial de la Cuisine. (Fotos: Maximiliano Vernazza y álbum D.G)
En su restaurante de Palermo, como hace 19 años, con la medalla y la chaqueta que usó en el Mundial de la Cuisine. (Fotos: Maximiliano Vernazza y álbum D.G)

Tenía catorce años cuando vio por primera vez a Paul Bocuse. Fue en una foto de una revista. La impronta del chef lo impactó tanto que, desde su puesto de lavacopas en Hippopotamus, decidió que ya era hora de saber algo más del padre de la Nouvelle Cuisine. Estudió francés, hizo una pasantía en el Plaza Hotel, fue cocinero del Alvear, de la Mansión Hyatt, del Armani Caffé, del Llao Llao, de Casa Umare… Desde hace dos años, Darío Gualtieri (51) es dueño de DG Bistró. Miembro de la Academia Nacional Bocuse d’Or Argentina, en 2005 recibió el premio a la trayectoria de la Académie Culinaire de France. Bautizado por sus colegas como “el artista” y referente de la cocina francesa en nuestro país, es además el primero que nos representó en el Concours Mondial de la Cuisine en Lyon, que lleva el nombre del célebre Paul Bocuse, fallecido el 20 de enero pasado, a los 91 años.

–¿Cuál fue tu primer contacto con Bocuse?
–Con la foto de esa revista, a mis catorce años. Estaba en su cocina rodeado de cacerolas de cobre, con una brigada imponente detrás: todos tenían el cuello MOF (siglas de Meilleur Ouvrier de France) y los gorros altos.

Con Bocuse y Ariel Rodríguez Palacios, compañero de viaje a Lyon (Fotos: Maximiliano Vernazza y álbum D.G)
Con Bocuse y Ariel Rodríguez Palacios, compañero de viaje a Lyon (Fotos: Maximiliano Vernazza y álbum D.G)

–¿Ya eras cocinero a esa edad?
–En realidad no. Trabajaba en varios restaurantes en Recoleta, por ejemplo en Hippopotamus: hacía la limpieza, lavaba platos, cargaba las heladeras, cuidaba la farmacia (el lugar donde se guardan las azucareras) y hacía café para el servicio de salón. Casi de inmediato fui a la Librería Francesa y descubrí, entre otros libros de cocina clásica, éste de Bocuse (lo muestra: es una edición de lujo). Todavía no sabía francés, así que encargué la versión en español y lo esperé como dos meses hasta que llegó. ¡Me gasté casi todo el sueldo!

–Dieciocho años después lo conociste en el Bocuse d’Or. ¿Cómo se te ocurrió presentarte?
–Yo estaba en Dique 4 y me lo vinieron a proponer. Siempre fui autodidacta, pero cuando trabajaba en el Hyatt pude viajar a Francia y capacitarme en L’Ecole Lenôtre y en Ferrandi Paris. Dije que sí. Para competir en la selección argentina empecé a entrenarme al salir de mi trabajo. Practicábamos en Ezeiza… Era complicado, porque mi hija Jazmín tenía un año, así que prácticamente no descansaba. El día de la competencia –fines de octubre del ’98– fui sin dormir. Cociné merluza negra con cabutia y mandioca… ¡y gané! Tuve que seguir entrenando hasta enero, y por eso busqué un lugar más cerca. Yo daba clases en una escuela donde estaba Rodríguez Palacios y le pedí que me diera una mano con el lugar. Con Ariel y Pedro Demuru viajamos a Lyon.

El plato ganador del Premio a la Promoción: Calissons de lieu noir (pescado con centro de centolla, escamas de vieiras y trufa negra, envuelto en hoja de repollo). (Fotos: Maximiliano Vernazza y álbum D.G)
El plato ganador del Premio a la Promoción: Calissons de lieu noir (pescado con centro de centolla, escamas de vieiras y trufa negra, envuelto en hoja de repollo). (Fotos: Maximiliano Vernazza y álbum D.G)

–¿Cómo te fue?
–Bien, pero quedé en el puesto 16. Antes de competir tuve que afeitarme y cortarme el pelo, porque les pareció largo. Apenas terminamos, el presidente del Bocuse d’Or nos felicitó por uno de nuestros platos –pigeon, es decir, paloma– y Bocuse, que estaba a su lado, comentó que habíamos sido los mejores representantes de la cocina francesa fuera de su país, y se tomó una foto con nosotros. Y pese a no ganar, dos días después me invitó a su cocina en Collonges-au-Mont-d’Or. ¡Sí, estaba con Paul Bocuse en su restaurante! Tenía tanta emoción que nunca pude acordarme qué comí, si era pato o qué… Sólo sé que estaba muy rico.

–¿Por qué es el padre de la gastronomía?
–Monsieur Paul Bocuse –lo llamo así por una cuestión de respeto– llevó la cocina francesa a un nivel increíble. Influyó en todos los cocineros del mundo, estableció las normas a seguir e hizo una especie de reglamento de lo que uno debe saber sí o sí: cómo se hace un fondo, un jugo, una clarificación, un consomé… y lo puso en marcha. Murió a los 91, feliz, después de haber comido y tomado todo, y de haber cumplido una misión: llevar la cocina a lo más alto. Paul Bocuse es un clásico, un conjunto de método y pasión, es como escuchar a Wagner o a Chopin. Marcó la tradición, algo muy importante en la cultura gastronómica, además de la innovación: en su restaurante, L’Auberge du Pont, se hace el mismo plato que hace cuarenta años.

25 de enero de 1999, en Lyon, con su ayudante Juan Pedro Demuru y Paul Bocuse. (Fotos: Maximiliano Vernazza y álbum D.G)
25 de enero de 1999, en Lyon, con su ayudante Juan Pedro Demuru y Paul Bocuse. (Fotos: Maximiliano Vernazza y álbum D.G)

–¿Sabés quién era el mejor cocinero para él?
–Se lo pregunté y me respondió: “El más vago”. Ante mi mirada extrañada, agregó: “Inteligente y vago. Una buena organización en la cocina implica menos trabajo físico. No podés tener la pimienta allá y el aceite en la otra punta. Hay que tener todo a mano y estar lo más quieto posible. Ese es el mejor cocinero”.

En DG Bistró, su restó de Palermo, colgó el diploma a la trayectoria 2005 que recibió de la Académie Culinaire de France. (Fotos: Maximiliano Vernazza y álbum D.G)
En DG Bistró, su restó de Palermo, colgó el diploma a la trayectoria 2005 que recibió de la Académie Culinaire de France. (Fotos: Maximiliano Vernazza y álbum D.G)

Por Graciela Guiñazú.
Fotos: Maximiliano Vernazza y álbum D.G.

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Carla Quevedo habla de su historia de autosuperación

La actriz, que se lució como bailarina junto a Julio Chávez en El maestro, ya triunfó en Hollywood, compartió cartel con Dakota Johnson y Winona Ryder y actuó en El secreto de sus ojos, la película ganadora del Oscar. Íntima, revela: “Soy mega analizada. Tengo ansiedad y angustia patológicas y contarlo ayuda “.

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Carla Quevedo triunfa en El Maestro Fotos: Axel Rodríguez.

Carla Quevedo (29) o –según ironiza ella misma en su bio de Twitter– “la actriz que triunfa poco en Estados Unidos”. Atípica, primero tuvo éxito en el país del Norte y, después de ser rechazada en varios castings locales “por tener poco nombre”, Suar retomó una de esas pruebas de cámara y la convocó para el unitario El Maestro.

“Sospecho que Dios y mi familia bloquean las reseñas negativas. De hecho, hasta críticos que se saben bravos y duros hicieron párrafo aparte con mi labor”, dice la actriz de El secreto de sus ojos –interpretó a la joven asesinada– y de la serie en HBO Show me a hero (con Winona Ryder), resumiendo la repercusión de su personaje Luisa, esa bailarina por la que sangró una y otra vez sus pies: “No soy consciente; vivo una realidad paralela”. ¿Lo que más le gusta de la respuesta del público? “Que no me pongan ‘qué buena que estás, casate conmigo’”.

Siempre me siento más cómoda delante de la cámara que con las personas

–¿Por qué tenías prejuicios para trabajar en la tele abierta?
–Porque es difícil que te valoren realmente por lo que hacés. Creo que era miedo a lo desconocido. García Márquez dice que el éxito no se lo desea a nadie. Y en la tele pasás del anonimato a la popularidad de modo inmediato. Parece que se abre la tierra y empezás a existir. La verdad, el ascenso fugaz me parece peligroso.

–Has rechazado muchas propuestas basada en esta idea.
–Sí. Desde los 21 vivo en Estados Unidos, y siempre me escudé con que no podía estar tanto tiempo acá. Preferí actuar en cine, porque se trabaja de un modo más profundo con los personajes. Es muy loco, porque por ejemplo para la serie Show me a hero filmamos seis episodios en seis meses, más tiempo del que se usa en una película.

–¿Y por qué esta vez dijiste que sí a una ficción argentina como El maestro?
–Sentí que ese proyecto era mi gran oportunidad, que era justo para mí y en el momento indicado. Durante ocho años estuve con un pie en NY, otro en Los Angeles y otro en Buenos Aires; por eso necesitaba algo que me obligara a estar más tiempo en un lugar. El año pasado me pasó con dos proyectos: todos decían que la protagonista era yo, y el papel terminó siendo para otra actriz. El motivo que me daban era que necesitaban más nombre, y yo me preguntaba: “¡¿Más letras?!”. Hoy, los productores eligen por la cantidad de contactos que tenés en las redes sociales… ¡Y no es joda! Dicen sin tapujos: “Necesitamos gente con más de 200 mil seguidores en Instagram”. Me puse re mal, porque perdí ese casting en el que no quedé, pero gracias a eso me vio Suar y se le plantó la idea de que yo tenía que ser la bailarina.

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Vive en Estados Unidos desde los 21. Fotos: Axel Rodríguez.
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Fotos: Axel Rodríguez.

–Un papel que fue un desafío absoluto. Parece que bailás de toda la vida, pero no sabías ni pararte en puntas.
–Ay, sí. Fue un gran desafío actoral y físico, aprender de cero. Y mi gran oportunidad de trabajar con Julio Chávez, que es lo más. Después del casting, el 4 de enero volé a Estados Unidos y, sin saber si iba a ser elegida, me anoté en una escuela de ballet. Fue muy frustrante: todo el tiempo decía que no lo iba a poder lograr. En febrero me confirmaron el papel y me vine a estudiar con Raúl Candal, gran maestro y bailarín. Estudié desde marzo hasta hace quince días, ensayando cinco veces por semana, tres horas por jornada. Pensá que yo no me podía tocar ni la punta del pie. “No tenés fuerza. Si te subís a las puntas antes de los ocho meses te quebrás”, me decían. Lo logré a los dos meses de tomar clases.

Me decían que iba a terminar quebrada si me paraba en puntas antes de los ocho meses, y a los sesenta días estaba bailando el ‘meneaíto’ y Justin Bieber en puntas

–Muy Black Swan todo. ¿Cuál fue el peor momento del entrenamiento?
–Y… me sangraron los pies, pero terminé bailando el “meneaíto” y Justin Bieber en puntas.

–Es muy la historia de autosuperación de Luisa, el personaje de El maestro.
–Sí. Y cuando me entero de que había quedado, me agarraron trastornos de ansiedad. No soy muy amiga del ejercicio, porque me agito y el corazón me late muy fuerte; está relacionado al pánico. Por eso siempre hice aqua gym con señoras y pilates. Ese pánico lo viví mucho en las clases. Cuando me enteré de que había quedado hice toda la clase llorando. Y ahí mi profesor me dijo: “La danza es que duela. No poder más y seguir”.

–Acompañaste este proceso en terapia, imagino.
–Sí, soy mega analizada. Tengo ansiedad y angustia patológicas. No me molesta hablar de esto. Creo que el mensaje ayuda cuando es real. Me acompañé de terapia y también de medicación. Cuando uno necesita apoyo, hay que pedirlo. También me ayuda toda expresión artística, como escribir… Siento que me rescata. Al igual que la poesía, el perro, algunos amigos y mi familia. Aunque tengas amor, te podés seguir sintiendo solo y vacío. Y hay que aceptarlo.

–Ahora que lograste lo que querías, ¿no te sentís más feliz?
–Esto es buenísimo para mi carrera, pero no sé si cambia cómo me siento. La felicidad no pasa por el éxito. Aun siendo linda, con guita y una piel divina, podés sentirte para el orto.

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“No soy muy amiga del ejercicio, porque me agito y el corazón me late muy fuerte ” Fotos: Axel Rodríguez.
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Ya triunfó en Hollywood, compartió cartel con Dakota Johnson y Winona Ryder Fotos: Axel Rodríguez.

–Veo que leés mucho, más que nada poesía, ¿por qué?
–Mucha poesía porque tengo pánico al compromiso: prefiero todo a corto plazo. Me cuesta menos leer poesía que una novela. Pero estoy escribiendo una que, si todo va bien, saldrá este año. Es una historia de amor y obsesión, que se llama Mi correspondencia con siete extraños o cómo me enamoré de Nicolas Cage. Está basada en hechos reales. Es la historia con un músico famoso, con quien estuve desde 2011 a 2016… Se van a enterar cuando lean la novela. Hemingway decía: “Agarren su primera historia de amor y háganla pedazos”. El arte me sirvió como catarsis.

Por Karina Noriega. Fotos: Axel Rodríguez.

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