Rubén Fangio reclama una fortuna de USD 40 millones y afirma: “Estoy en paz con mi padre, el dolor ya pasó”

Luego de trece años de batallar hasta conseguir que la Justicia confirme su identidad, el hijo del Chueco de Balcarce, acaba de ser legalmente reconocido como único heredero. “Ahora empieza la carrera más difícil: recuperar lo que es mío”, asegura quien hoy cobra una jubilación de 12 mil pesos y va en busca de una importante fortuna

El hijo del campeón –que vive en Cañuelas–posa al pie del Obelisco.
El hijo del campeón –que vive en Cañuelas–posa al pie del Obelisco.

La duda lo iba carcomiendo a través de los años, y aumentaba cada vez que un amigo, o hasta un desconocido, le repetía a quien por entonces se llamaba Rubén Vázquez: “¡Qué parecido que sos a Fangio!”.

Aquella semejanza física con Juan Manuel (1911-1995), su propia infancia en Balcarce (tierra natal del legendario automovilista) y cierta cercanía que el Quíntuple (así llamado a raíz de los cinco títulos ganados en la Fórmula Uno) tuvo por aquel entonces con su familia, lo llevaron a preguntarse: “¿No tendré algo que ver con él?”.

Así fue hasta que un día del año 2012, poco antes de la muerte de su longeva madre, Catalina Basili, Rubén se decidió a preguntarle: “Mamá, ¿quién es realmente mi padre?”.

La respuesta llegó con cierto suspenso, porque Catalina (que ya superaba los 90 años) primero rechazó aquella interpelación, pero ante la insistencia de su hijo no pudo más que reconocer que su padre no era aquel que lo había criado sino el automovilista, producto de un amorío que mantuvo en secreto por más de seis décadas. Aquel día también se llenó de luz el atribulado interior de quien hoy puede decir, sin equivocarse, que se llama Rubén Fangio (76).

El gran Chueco de Balcarce, cuando brillaba en la Fórmula I.
El gran Chueco de Balcarce, cuando brillaba en la Fórmula I.

“Al principio, luego de enterarme, me enojé, estuve con bronca. Pero me fui dando cuenta de que se trataba de otra época y, en fin… Juan Manuel habrá tenido sus razones. Hoy estoy en paz con mi padre: el dolor ya pasó. Lo que lamento, por él, es que se perdió una familia como la mía”, reflexiona Rubén, recién llegado de Europa.

El derrotero legal lleva más de trece años. Primero se probó el lazo genético padre-hijo. Exhumación mediante, la Justicia avaló el parentesco en 2016. Desde entonces, con su nuevo nombre ya impreso en el Documento Nacional de Identidad, sólo restaba dar un paso clave: que la Justicia reconociera a Rubén como el heredero universal del Chueco de Balcarce.

Así, podría acceder a una fortuna que ascendería –según estima el doctor Miguel Angel Pierri, su abogado–, a más de 40 millones de dólares entre derechos económicos y patrimoniales. Estos, hasta hace poco tiempo, se mantuvieron bajo dominio de otros descendientes. “Por eso digo que ahora empieza la carrera más difícil: recuperar lo que es mío”, sentencia Rubén.

Rubén y su medio hermano, Cacho Fangio, viajaron días atrás a Europa, invitados por una firma automotriz. Pudieron apreciar los motores de última generación de Ferrari, abordar réplicas de los bólidos que condujo su padre en el Viejo Continente, y recibir numerosas muestras de respeto al apellido que portan
Rubén y su medio hermano, Cacho Fangio, viajaron días atrás a Europa, invitados por una firma automotriz. Pudieron apreciar los motores de última generación de Ferrari, abordar réplicas de los bólidos que condujo su padre en el Viejo Continente, y recibir numerosas muestras de respeto al apellido que portan

–¿Cuánto cobra usted como jubilado ferroviario?

–Menos de 12 mil pesos… Considerando que mi esposa cobra la mínima, entre los dos juntamos unos 20 mil.

–¿Llegan a fin de mes o deben ayudarlos sus hijos (tiene tres, y cuatro nietos)?

–Y… raspando…

–Recibir esa cuantiosa herencia les otorgaría a sus descendientes la tranquilidad que a usted le fue negada.

–Sí, sería muy bueno para ellos. Por eso voy a seguir peleando. No pretendo quitarle nada a nadie, sino que me devuelvan lo que me pertenece.

–¿Cómo está su relación con los otros familiares de Juan Manuel?

–(Contesta enojado) Se portaron mal. Nos pusieron todo tipo de trabas. Me trataron de estafador y oportunista. Pero nunca levantaron un teléfono, ni siquiera para insultarme.

Probando una réplica del auto de su papá.
Probando una réplica del auto de su papá.

–¿Entre ellos hay primos suyos?

–Hay sobrinos de mi padre, que no son mis primos.

–¿Cómo es eso?
–No los considero familia, porque ellos nunca me consideraron así a mí.

–¿Cuánto tiempo queda por delante hasta acceder a la herencia?

Pierri: Unos dos años. La familia no decide más nada: ha quedado totalmente de lado. La declaración de Rubén como hijo por parte de la Justicia ya provocó una paralización en los movimientos. Igual, tan pronto como empezamos con los procedimientos filiatorios, se subastó en Christie’s (la famosa casa londinense de remates) uno de los autos de Juan Manuel. ¿Por cuánto dinero? ¡Quince millones de dólares!
Rubén: (Agrega con ironía) ¡Pero qué casualidad!

–¿Hay más autos de colección por vender?

Pierri: Eran cinco en total. Dos ya se vendieron y otros tres no sabemos aún dónde están. Estamos auditando a la Fundación Fangio y a otra sociedad que está utilizando la marca; también un millonario emprendimiento hotelero y una serie de terrenos y propiedades, más todo lo que comprende al merchandising a nivel internacional. Como dije, el único heredero universal es Rubén, aunque reconocemos que tiene un hermano, Cacho, a quien de hecho hemos ayudado.

¿EL OTRO HEREDERO? Oscar “Cacho” Fangio (80) (su anterior nombre era Oscar Espinoza y fue piloto de automóviles aquí y en Europa) es otro hijo no reconocido por el corredor: todo indica que terminará sumándose como nuevo heredero. Rubén y Cacho mantienen desde hace dos años un fluido contacto. Pocas semanas atrás viajaron juntos a Europa, invitados por la automotriz Alfa Romeo (marca para la que compitió el Chueco). “Anduvimos por España, Inglaterra –para el Gran Premio de Fórmula 1 en Silverstone–, Alemania, Bélgica… ¡Allá también es un ídolo! Mi padre siempre buscó superarse; por eso es un verdadero campeón”, afirma con orgullo Rubén.

Ya en Buenos Aires, Rubén se entrevistó con Pierri, su abogado desde el comienzo de la lucha por conseguir su auténtica filiación, hace ya trece años.
Ya en Buenos Aires, Rubén se entrevistó con Pierri, su abogado desde el comienzo de la lucha por conseguir su auténtica filiación, hace ya trece años.

–Y usted, desde que sabe que es su hijo, ¿no se siente un poco más empoderado al volante?

–(Contesta con pícardía). Cuando en la ruta tengo un auto adelante, mi esposa siempre me dice: “¿Por qué no dejás que se aleje?”. Y yo le contesto: “¿Por qué? Si yo lo puedo pasar, ¿para qué voy a dejarlo?”. No me gusta correr, ¡pero para un Fangio el horizonte debe estar despejado!

Fotos: Fabián Mattiazzi, álbum personal R.F.
y archivo Atlántida.

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