Martín Páez, el hijo de Fito y Cecilia Roth, expuso su arte y concedió su primera nota

Se animó a presentar su arte en una muestra que en el Centro de Expresiones Contemporáneas de Rosario . Mientras termina el colegio secundario y disfruta sus primeros pasos como pintor, concede a GENTE su primera entrevista.

La imagen bien podría ser el final de una película de Juan José Campanella. Esas escenas emotivas que tocan el corazón. En un momento, padre e hijo se alejan de la multitud.

Y ahí, en la costa, con el Río Paraná de fondo, el primero, orgulloso, le dice al segundo: “Todas tus horas de concentración, tus horas de soledad, tus decisiones, tus cambios de humor sobre colores y formas, ya están reflejados en esta obra. Eso que vos hiciste tiene un valor emocional muy fuerte, y hoy lo está apreciando mucha gente. Lo que estás viviendo ahora no tiene precio, no se paga con nada. Porque de eso se trata un poco la vida: tener el valor y el coraje de intentar expresar lo que siente tu corazón”.

Martín Páez en su primera exposición (Fotos: Fabián Uset/GENTE)
Martín Páez en su primera exposición (Fotos: Fabián Uset/GENTE)

El cierre de esta historia es con un abrazo interminable entre ambos, padre e hijo, con los ojos llenos de lágrimas: es martes 6 de marzo a las ocho de la noche y el Centro de Expresiones Contemporáneas de Rosario está colmado. Martín Páez (18), el hijo de Fito y Cecilia Roth, presenta La invención de Hugo, una muestra de arte donde expone once de sus obras más destacadas, y ni su mamá, su papá, su hermana Margarita, sus tíos, sus primos, ni los músicos, actores y amigos de la familia que vieron cómo Martín fue creciendo y transformando su talento en arte quisieron perderse la inauguración.

Martín Páez en su primera exposición (Fotos: Fabián Uset/GENTE)
Martín Páez en su primera exposición (Fotos: Fabián Uset/GENTE)

Desde que tiene memoria, Martín siempre dibujó y pintó. Primero con un lápiz, después con crayones, hasta que papá le compró su primer bastidor. A los ocho años ya pasaba largas horas mezclando colores y haciendo algo difícil a esa edad: llevar al óleo lo que le dictaba su corazón.

Martín Páez en su primera exposición (Fotos: Fabián Uset/GENTE)
Martín Páez en su primera exposición (Fotos: Fabián Uset/GENTE)

Hasta que un día se cansó y colgó el pincel durante tres años. Pero en su interior sentía un vacío que lo hizo volver al ruedo con todo. Hoy, cuadros de más de un metro son un formato común para Martín, quien se siente cómodo con tales medidas. Lo cierto es que parte de ese largo y esforzado trabajo (“Tengo obras por toda mi casa y hasta tuve que alquilar un lugar para guardarlas”, explica) estará expuesto hasta el 26 de marzo en el Paseo de las Artes y el río, de jueves a domingo, de 17 a 21.

Una de las pinturas de Martín Páez (Fotos: Fabián Uset/GENTE)
Una de las pinturas de Martín Páez (Fotos: Fabián Uset/GENTE)

“Empecé a pintar estas figuras hace unos años y la técnica es acrílico y óleo, pero a veces le agrego lana, hilos y relieves. Son parte de una serie que se llamaba Volver a la normalidad y que ahora llevan el nombre de La invención de Hugo”, cuenta Martín, que nació en Rosario, vive en Buenos Aires (algunos días en la casa de Cecilia y otros en la de Fito), cursa sexto año en el colegio Perito Moreno de San Isidro, todavía no sabe qué carrera seguir (aunque seguro estará relacionada con la pintura o la fotografía, su otra pasión)… y a continuación nos brinda la primera nota de su vida.

Una de las pinturas de Martín Páez (Fotos: Fabián Uset/GENTE)
Una de las pinturas de Martín Páez (Fotos: Fabián Uset/GENTE)

–Para los que no somos críticos de arte, a veces nos cuesta entender una obra o un dibujo que no obedece a alguna forma cotidiana. ¿Vos le encontrás una explicación a cada una de tus obras?
–No, cada uno le puede encontrar la explicación que quiera. Hay gente que ve cosas en mis cuadros, como cuando levantás la vista al cielo y… ¿no vemos todos cosas diferentes en las nubes? Eso es lo lindo, que cada uno interprete mi obra como mejor le guste.

Una de las pinturas de Martín Páez (Fotos: Fabián Uset/GENTE)
Una de las pinturas de Martín Páez (Fotos: Fabián Uset/GENTE)

–¿Por qué las tuyas no tienen nombre?
–Porque no me gusta titular las cosas. Prefiero que cada uno le ponga el nombre que más le guste.

–¿Dónde pintás? ¿Tenés una técnica que seguís a rajatabla?
–Pinto en mi casa, en el taller, pero no sigo una regla establecida. Todo arranca con bocetos que después traslado a la tela.

–¿Qué artistas y pintores admirás?
–Miró me gusta mucho, Guillermo Kuitca también, y Xul Solar. Voy mucho al Malba, y ahí también aprecio algún que otro artista contemporáneo.

Martín recibió la vista de amigos, entre ellos Andrea Rincón y Gastón Pauls. (Fotos: Fabián Uset/GENTE)
Martín recibió la vista de amigos, entre ellos Andrea Rincón y Gastón Pauls. (Fotos: Fabián Uset/GENTE)

–¿Vendiste alguna vez un cuadro?
–Sí, cuando tenía nueve años vendí mi primer cuadro…, ¡a diez pesos! (sonríe por primera vez en la entrevista).

–¿Cómo fue aquello?
–Estábamos en casa. Era un cumpleaños de mamá. Se me acercó un amigo de ella y me dijo: “Te quiero comprar un cuadro”. Entré a mi habitación y los puse a todos a la venta. Me compraron ése y el resto. Hoy quienes adquirieron aquellas obras me recuerdan: “Tengo tu cuadro colgado en el living de mi casa… ¡Y me salió 10 pesos!”.

Con Roberto Echen, uno de los curadores de la muestra. (Fotos: Fabián Uset/GENTE)
Con Roberto Echen, uno de los curadores de la muestra. (Fotos: Fabián Uset/GENTE)

–¿Los once cuadros de la muestra están a la venta?
–Sí, todos… ¡Hasta el que le saqué a mi papá del living de su casa!

–¿Tenés a la venta un cuadro que estaba en la casa de tu papá?
–Sí. Cuando Diego De Aduriz y Roberto Echen, los curadores de la muestra, comenzaron a bucear por todos los lugares donde estaban mis cuadros, eligieron el que le había pintado a papá. Y él me lo dio sin problemas.

–¿Cuándo se lo pintaste?
–Hace unos años. Un día vino y me pidió: “Quiero tener un cuadro tuyo en el living de mi casa. Necesito que ande en los 2,60 metros por 1,30”. Y comencé a hacerlo. Lo increíble fue que arranqué el dibujo y, sin levantar el lápiz, me salió de un solo trazo. A papá le encantó. Tiene filmado hasta cuando lo pinté. Que me lo haya dado para exponerlo y venderlo es un gran gesto que tuvo.

Martín Páez (Fotos: Fabián Uset/GENTE)
Martín Páez (Fotos: Fabián Uset/GENTE)

–Volvamos a los once cuadros que ahora tenés a la venta: ¿siguen costando 10 pesos?
–Un poquito más: entre 17 y 22… mil pesos.

–¿Es difícil ser el hijo de Fito Páez y Cecilia Roth?
–A veces es insoportable (risas). Pero no por culpa de ellos. Pasa que es complicado hacer tu propio camino y despegarte de apellidos tan fuertes. Quizá por eso también me dediqué a la pintura: no se relacionaba en nada con lo que hacen mi mamá o mi papá.

–¿Decís que si te hubieses dedicado a la música o a la actuación, todo el tiempo te estarían comparando?
–Exacto. Por ejemplo, tomé dos meses clases de guitarra, pero nunca pude tocar nada… ¡No me salía ni el Mi ni el La! De haber seguido ese camino, en el primer acorde alguien diría con acierto: “La verdad, no suena como su papá”.

–¡Todo se resume en eso!
–Siempre. Por ahí estás hablando con alguien que recién conocés y a la media hora te manda: “¿Vos sos el hijo de Fito?… ¿Puedo ir a conocerlo?”. O estás hablando con una chica que te gusta y al rato, lo mismo: “¿Me conseguís una entrada para ver a tu viejo en el Luna?” (se ríe con ganas). A mi hermana Margarita, que tiene 13 años, sí le gusta la música, e incluso toca muy bien el piano y algo de guitarra.

–¿Vas a ver los shows de tu papá?
–Sí, muchas veces. Mi primer trabajo fue a los 15 años, como plomo de su banda. Ahora hago y vendo fotos en sus shows. Mi viejo es un groso… ¿Cuál de sus temas es el que más me gusta? Difícil elegir uno, pero ponele que Track Track, de su disco Ciudad de pobres corazones.

–¿A tu mamá la seguís?
–Bastante. Vi pocas películas. Los amantes pasajeros, de Pedro Almodóvar, y no mucho más. Pero sí voy al teatro. Ya fui cinco veces a verla en Entonces la noche, en Paseo la Plaza. ¡Es una obra muy buena!

–¿Y qué te dijeron tus padres cuando se enteraron de que ibas a exponer?
–Están emocionados, para ellos también es cumplir un sueño. Siempre les voy a estar agradecido por todo el apoyo que me dieron. Nunca me obligaron a nada, me dejaron ser libre y que tomara mis propias decisiones.

–… Recién contabas que se te acercan chicas. ¿Tenés novia?
–Me separé hace unos meses. Terminamos una relación de dos años. Por ahora, soltero.

–Naciste en Rosario: ¿sos canalla?
–¡Mi papá me regaló decenas de veces la camiseta de Rosario Central!, pero no miro fútbol (carcajadas). Tampoco sé cuándo se cobra foul, un penal, y mucho menos cuando un jugador está adelantado. Incluso cuando papá mira un partido o el clásico con Newell’s, y me invita a mirarlo, voy dos minutos y cuando se distrae, me escapo. No miro un partido entero. Ni que sea del Mundial. ¡De pedo sé quién es Lio Messi! Lo mío, por ahora, es el arte.

–¿Te imaginas una vida dedicada justamente al arte?
–Me encantaría, aunque sé que es difícil… ¡Ahora, vender los once cuadros de la muestra, te aseguro me podría incentivar mucho para seguir! (risas finales).

Martín, según Fito

Martín junto a sus padres Fito Páez y Cecilia Roth. (Fotos: Fabián Uset/GENTE)
Martín junto a sus padres Fito Páez y Cecilia Roth. (Fotos: Fabián Uset/GENTE)

“Estoy en shock. Vine a ver la muestra y lo que siento es pura felicidad. Descubrir a la gente que sale del lugar maravillada de las obras de mi hijo es muy fuerte. Martín es un artista poderoso que pinta desde muy chico y sin ninguna influencia. Empezó dibujando con lápiz y papel, después siguió con crayón, acrílico, un taller en Almagro, lienzos más grandes, óleo: no para de producir. Como si quisieran contar algo, sus cuadros te dejan sin palabras. Cuando vi sus primeras cosas, sospeché algo y le compré un caballete, pero dándole la libertad de que pudiera elegir su camino. Hoy, sus horas de trabajo y tenacidad están reflejadas en un trabajo digno de admirar.”

Martín, según Cecilia

Martín Páez con su mamá, la actriz Cecilia Roth (Fotos: Fabián Uset/GENTE)
Martín Páez con su mamá, la actriz Cecilia Roth (Fotos: Fabián Uset/GENTE)

“Es un día de mucha emoción. Martín pinta desde muy chiquito. Primero lo descubrimos nosotros, su familia, y que ahora lo suyo sea algo masivo y se muestre al mundo es fuerte. Todo es mérito de él: con Fito lo único que hicimos fue potenciar ese talento que veíamos comprándole hojas, pinturas, telas. Siempre coincidimos en que tiene una mirada y una luz especial para ver las cosas y para contarlas, y eso es lo que se refleja en sus pinturas. Las hizo con tanta pasión que, en lo personal, estaba segura de que algún día iba a pasar algo como lo que hoy estamos viendo… Como mamá, te aseguro, no puedo evitar las lágrimas.

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Margarita, la hija de Fito Páez y Romina Ricci, debuta en el cine: “Quiero ser actriz como mamá”

La hija de Ricci y Fito Páez tiene 13 años, toca el piano desde los 5 y acaba de debutar en el cine en “El padre de mis hijos”, una divertida comedia en la que ambas trasladan sus roles a la ficción. “Primero, le inculco que estudie; y después, que se dedique a lo que más le guste”, afirma mamá, súper orgullosa.

Romina Ricci y su hija Margarita
Romina Ricci y su hija Margarita

El mapa genético de Margarita, quien en tres meses cumplirá 14 años, no miente ni una pizca. Porque la chica actúa con llamativa soltura… Y toca el piano, con dedos ágiles y precisos. Además, encanta con sus buenas maneras y precoz madurez.

A la hija de Romina Ricci (39) y Fito Páez (54) le sobra eso que llaman “ángel” y no se adquiere en el supermercado de la esquina. Quedó clarísimo en su debut como actriz, que podrá verse en todos los cines a partir de este jueves 15, cuando se estrene El padre de mis hijos.

Esta divertida comedia –dirigida por Martín Desalvo y protagonizada por Mora Recalde– cuenta con los trabajos de Ricci y Margarita, quienes encarnan a madre e hija en la ficción. “Pero la nena de la película es terrible, la vuelve loca a la mamá. ¡Y ella nada que ver!”, dice Romina, y le brilla la mirada.

Romina y Margarita
Romina y Margarita

A su lado, Margarita, recién salida del colegio, tiene motivos para sonreír. No solo porque se acerca el día del estreno, sino porque acaba de sacarse un 8,5 en Matemáticas. “Me va bien en el cole, pero esa materia me cuesta un montón”, reconoce. Es que lo suyo es el arte. Los genes no engañan.

–Romina, ¿qué tal esta experiencia de actuar con Margarita? ¿Cómo llegó la propuesta?
R: Cuando leí el guión y vi que mi personaje tenía una hija, le pregunté a Margarita si tenía ganas de hacerlo. Me dijo que sí de una, muy entusiasmada. Así que lo consulté con Martín, vino a verla, conversó con ella y todo avanzó bien. Después, en el set, estábamos sorprendidos de la facilidad que tuvo para interpretarlo.

–¿Estudiás actuación, Margarita?
M: No, nunca lo hice. Sí hago danza y toco el piano desde los cinco años. Así que estaba re nerviosa… Me encantó la experiencia.
R: Estaba más chiquita, en un año y medio creció un montón.
M: Sí, hasta me cambió la voz.

–Vos, Romina, empezaste a trabajar a los 12…
R:Sí. Siempre le digo a ella que prefiero que termine de estudiar y después, si quiere, se dedique a lo artístico. Un actor con estudios siempre va a estar más enriquecido para cualquier personaje que quiera abordar.

Margarita debuta en el cine junto a su mamá.
Margarita debuta en el cine junto a su mamá

–¿Te ves como actriz?
M: Sí, sí, es lo que quisiera hacer.

–¿Lo pensaste después de hacer la película?
M: No, siempre lo pensé.
R: Sí, es así. Y me parece bárbaro. Claramente se encamina hacia un lugar artístico. Pero repito: primero, el estudio.

–Vos, además de tu carrera de actriz, tenés otras inclinaciones: pintás, hiciste fotografía…
R:Sí. Y en abril empiezo a estudiar la carrera de Dirección General de Ópera, en el Colón. Me anoté el año pasado, di un examen bastante difícil y entré, así que estoy muy entusiasmada. Son tres años, es grosso, hay maestros muy prestigiosos… Me parece muy enriquecedor seguir formándome.

Margarita junto a su papá, Fito Páez.
Margarita junto a su papá, Fito Páez

–Y mientras desarrollás tu carrera sos madre de tres hijas. Además de Margarita, tenés a Valentina (19) y Bethania (2). ¿Cómo lograste ese equilibrio?
R: Mirá, cuando nace un hijo te corrés un poco de tu carrera. El año pasado hice cosas, seguro, pero no todos los días, porque Betha era chiquita y me necesitaba. En toda la etapa del embarazo y del primer año parás mucho.

–Con Valentina ya tuviste la experiencia de ser madre de una adolescente.
R: Sí, y todavía la tengo porque recién suma nada más que 19 años…
M: ¡Y lo que se te viene, mamá, ja!
R: Sí. ¡Y después con Bethania! Es agotador esto, jaja. Vos me prometiste que no ibas a hacer cosas muy bravas, ¿te acordás? Lo filmaste y todo: “Mamá, quedate tranquila que cuando sea adolescente, te prometo…”.
M: Es cierto.
R: Pero ella es divina. Tiene una inteligencia emocional de una persona más grande. Es muy madura en ese sentido.

–¿Y cómo es Romina como mamá?
M: Muy buena. Me cuida siempre.

–¿Qué cosas hacen juntas?
M: Muchas. Escuchar música es una de las que más nos gustan. Michael Jackson, David Bowie… Salimos a pasear bastante, también.
R: Es una genia. Además, me ayuda mucho con Betha.

–¿En qué la ves parecida a vos?
R: En lo artístico. En la inteligencia emocional. Y en esta cosa maternal que yo también tengo.

Romina en otra escena de la película.
Romina en otra escena de la película

–¿Y en qué te parecés a tu papá, Margarita?
M: Y… físicamente me parezco mucho. Me inculca varias cosas, como el respeto hacia los demás, y yo lo escucho. Que me guste el piano se lo debo a él…
R: Ojo que yo también estoy tocando el piano, ya hice mi primera melodía. Les voy a re competir.
M: ¿Con las dos manos tocás?
R: Sí, sí. Ojo, eh. Le voy a poner letra y va a ser mi primera canción.

–Para las tomas de la película, ¿ensayaron mucho?
M: Nos dieron el libreto y nos fuimos a un bar a ensayar. Yo le decía el texto y ella me corregía.
R: Trabajamos para que el texto fuera verosímil.
M: Algunas tomas las repetimos, porque me reía. Pobre, el director me pedía que estuviera seria. Me divertía hacer de mala, de rebelde.

–El filme toca un tema sensible: los mandatos sobre la maternidad, sobre todo cuando una mujer se acerca a los 40.
R: Creo que las mujeres atraviesan por miles de circunstancias distintas, y cada una tiene derecho a elegir lo que quiere. Eso es lo que les digo a mis hijas: que deben decidir sin ningún mandato religioso de por medio. Tiene que ser por amor, por deseo.

–Margarita, ¿qué significa tu mamá para vos?
M: Mi mamá es todo. Casi no nos peleamos. Si nos enojamos, nos arreglamos enseguida. La amo mucho.
R: Yo, cuando me nombran a Margarita, pienso en un sol… Un sol que alumbra la vida de todos.

Por Eduardo Bejuk
Fotos: Guido Adler y Florencia Trincheri.

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