A sangre fría: el crimen de Fernando Pastorizzo

Nahir Galarza (19) disparó dos veces contra su exnovio Fernando Pastorizzo (21). El crimen, ocurrido en la ciudad de Gualeguaychú, conmueve y genera interrogantes mientras minuto a minuto surgen nuevos datos relevantes.

#parati-casonahir
Nahir Mariana Galarza (19)/ Fernando Pastorizzo (21), la víctima.

Por la espalda, de un disparo que partió del arma reglamentaria de su padre policía, la estudiante de abogacía Nahir Mariana Galarza (19) mató a su exnovio Fernando Pastorizzo (21) durante la madrugada del pasado viernes 29 de diciembre, en la ciudad entrerriana de Gualeguaychú. Fernando estaba subido a su moto cuando recibió los impactos de quien menos lo esperaba. Fueron dos tiros, pero el primero, según el informe policial, fue fulminante.

Su cuerpo se desangró en el asfalto, en plena calle, un rato después de que Nahir diera una vuelta manzana, volviera a su casa, acomodara la browning 9 mm arriba de la heladera (donde siempre estaba), se cambiara la ropa y se acostara a dormir.

Al día siguiente, por la noche, admitió el hecho en su declaración y le dedicó un mensaje de tono reconciliador en Instagram: “Cinco años juntos, peleando, yendo y viniendo pero siempre con el mismo compromiso. Te amo para siempre, mi ángel”.

Lo cierto es que todavía falta precisar detalles para determinar qué tipo de vínculo los unía, aunque se conocían hacía cinco años y en ese momento no estaban saliendo. Los abogados defensores de la joven, Víctor Rebossio y Horacio Dargainz, intentarán demostrar que la joven actuó en legítima defensa: que sufría violencia de género y que Fernando era agresivo y maltratador.

La familia de la víctima y sus amigos abonan una hipótesis muy distinta: que los chicos mantenían una relación de novios muy turbulenta, con idas y venidas, en la que Fernando era víctima de la violencia permanente de Nahir. Sus padres, querrellantes en la causa y promotores de varias convocatorias de apoyo, piden la pena máxima para la asesina de su hijo.

Esta semana se conocieron algunos extractos del diario íntimo que habría escrito Nahir a lo largo del año. Las pericias recaen también sobre los teléfonos celulares, especialmente los intercambios de mensajes de WhatsApp que mantuvieron durante el último tiempo.

Hay un año de textos para analizar. Las redes sociales de ambos también son materia de lectura de la fiscalía que se enfoca en determinar qué clase de relación tenían y si hubo alevosía y agravantes detrás del crimen. Un asesinato ya confesado, aunque la tristeza y el vacío de la ausencia persiste entre los vivos. x “Y en Entre Ríos, la aparentemente frágil y dulce Nahir Galarza fue capaz de asestarle dos certeros balazos a su novio/ex/amigo cercano, y después caminar tranquila hasta su casa”.

Textos M.DERNI (mderni@atlantida.com.ar) Fotos GENTILEZA RICARDO SANTELLAN, DIARIO EL ARGENTINO.

Nahir Galarza es retirada del Tribunal de Gualeguaychú luego de dictarse la prisión preventiva de 60 días
Nahir Galarza es retirada del Tribunal de Gualeguaychú luego de dictarse la prisión preventiva de 60 días.

 Violencia, una cuestión de género… humano

Por Carolina Balbiani, directora de Para Ti

Quien sea víctima de violencia es indistinto si es hombre o mujer. Una verdad de Perogrullo. La violencia carece de género, es violencia. Si el hombre la ejerce más habitualmente no es, a mi entender, porque nosotras seamos más amorosas, buenas y maternales, sino porque suelen tener más poder y fuerza. Y hay tres casos en los últimos tiempos que demuestran que puestas en “modo irracional” solemos actuar igual que ellos: –En Córdoba, la neurótica Brenda, de 26 años, resolvió su problema amoroso con tijeras de podar y le cortó los genitales a su pareja. – En Mendoza, la alterada Julieta, de 29 años, le pasó –sin mosquearse– por encima con su auto a su novio rugbier y luego tuvo el tupé de decir que no lo vio. Y en Entre Ríos, la aparentemente frágil y dulce Nahir Galarza fue capaz de asestarle dos certeros balazos a su novio/ex/amigo cercano, y después caminar tranquila hasta su casa, volver a poner el arma de su papá policía sobre la heladera y echarse (echarse digo ex profeso, como los animales) a dormir. Durmió mientras Fernando Pastorizzo se desangraba tirado en la calle al lado de su moto. Durmió. Después mintió. Después confesó. Después defendió a su papá. Pero antes durmió, mientras Fernando, de 20 años, el ser humano al que supuestamente amaba, moría sin remedio por los tiros de un arma que el Estado le había otorgado a su papá para defender a los ciudadanos.

Nahir, de 19 años, apretó dos veces el gatillo con precisión mortal. Atravesó el cuerpo de Fernando por la espalda y luego de frente. Whatsapps, testigos, abogados y jueces intentarán explicar, razonar, sentenciar. Pero a mí me queda boyando una pregunta: ¿cuánto más buenas somos nosotras que ellos? ¿No será que al fin de los tiempos medimos exactamente igual con la vara de la bondad o la maldad y sólo nos diferencia la fortaleza física? ¿Diría Freud que el “ello” femenino es menos impulsivo, que nuestro “yo” es más equilibrado y nuestro “súper-yo” más virtuoso a la hora de actuar?

Hombres celosos y violentos se cuentan por miles. Pero mujeres también las hay. Me gustaría saber qué pasaría si tuviésemos más fuerza y más poder, ¿no igualaríamos ese perverso ránking? En la historia, ejemplos de mujeres malas hay cientos. Y en los cuentos hay más madrastras de Blancanieves, Cruelas y pies cortados de hermanastras de Cenicienta que Lobos feroces. Yiya Murano envenenaba sin piedad en la porteña Buenos Aires. María “la sangrienta” ejecutaba con pulso firme su odio a los disidentes religiosos en la Inglaterra del 1500, mandándolos a la hoguera. Le pese a quien le pese, infinitas pruebas hay de que la maldad no tiene sexo. Porque la violencia, sin dudas, es una cuestión de género… humano.

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Por la espalda, de un disparo que partió del arma reglamentaria de su padre policía, la estudiante de abogacía Nahir Mariana Galarza (19) mató a su exnovio Fernando Pastorizzo (21) durante la madrugada del pasado viernes 29 de diciembre, en la ciudad entrerriana de Gualeguaychú. Fernando estaba subido a su moto cuando recibió los impactos de quien menos lo esperaba. Fueron dos tiros, pero el primero, según el informe policial, fue fulminante.

Su cuerpo se desangró en el asfalto, en plena calle, un rato después de que Nahir diera una vuelta manzana, volviera a su casa, acomodara la browning 9 mm arriba de la heladera (donde siempre estaba), se cambiara la ropa y se acostara a dormir.

Al día siguiente, por la noche, admitió el hecho en su declaración y le dedicó un mensaje de tono reconciliador en Instagram: “Cinco años juntos, peleando, yendo y viniendo pero siempre con el mismo compromiso. Te amo para siempre, mi ángel”.

Lo cierto es que todavía falta precisar detalles para determinar qué tipo de vínculo los unía, aunque se conocían hacía cinco años y en ese momento no estaban saliendo. Los abogados defensores de la joven, Víctor Rebossio y Horacio Dargainz, intentarán demostrar que la joven actuó en legítima defensa: que sufría violencia de género y que Fernando era agresivo y maltratador.

La familia de la víctima y sus amigos abonan una hipótesis muy distinta: que los chicos mantenían una relación de novios muy turbulenta, con idas y venidas, en la que Fernando era víctima de la violencia permanente de Nahir. Sus padres, querrellantes en la causa y promotores de varias convocatorias de apoyo, piden la pena máxima para la asesina de su hijo.

Esta semana se conocieron algunos extractos del diario íntimo que habría escrito Nahir a lo largo del año. Las pericias recaen también sobre los teléfonos celulares, especialmente los intercambios de mensajes de WhatsApp que mantuvieron durante el último tiempo.

Hay un año de textos para analizar. Las redes sociales de ambos también son materia de lectura de la fiscalía que se enfoca en determinar qué clase de relación tenían y si hubo alevosía y agravantes detrás del crimen. Un asesinato ya confesado, aunque la tristeza y el vacío de la ausencia persiste entre los vivos. x “Y en Entre Ríos, la aparentemente frágil y dulce Nahir Galarza fue capaz de asestarle dos certeros balazos a su novio/ex/amigo cercano, y después caminar tranquila hasta su casa”.

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Nahir, de 19 años, apretó dos veces el gatillo con precisión mortal. Atravesó el cuerpo de Fernando por la espalda y luego de frente. Whatsapps, testigos, abogados y jueces intentarán explicar, razonar, sentenciar. Pero a mí me queda boyando una pregunta: ¿cuánto más buenas somos nosotras que ellos? ¿No será que al fin de los tiempos medimos exactamente igual con la vara de la bondad o la maldad y sólo nos diferencia la fortaleza física? ¿Diría Freud que el “ello” femenino es menos impulsivo, que nuestro “yo” es más equilibrado y nuestro “súper-yo” más virtuoso a la hora de actuar?

Hombres celosos y violentos se cuentan por miles. Pero mujeres también las hay. Me gustaría saber qué pasaría si tuviésemos más fuerza y más poder, ¿no igualaríamos ese perverso ránking? En la historia, ejemplos de mujeres malas hay cientos. Y en los cuentos hay más madrastras de Blancanieves, Cruelas y pies cortados de hermanastras de Cenicienta que Lobos feroces. Yiya Murano envenenaba sin piedad en la porteña Buenos Aires. María “la sangrienta” ejecutaba con pulso firme su odio a los disidentes religiosos en la Inglaterra del 1500, mandándolos a la hoguera. Le pese a quien le pese, infinitas pruebas hay de que la maldad no tiene sexo. Porque la violencia, sin dudas, es una cuestión de género… humano.

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