Meghan Markle, embarazada y radiante

La esposa de Harry luce su panza de 16 semanas que tiene fecha de parto para la primavera europea. Mientras tantos sigue alejada de su familia de sangre

Britain's Meghan, Duchess of Sussex (L) chats to Biddy (Elizabeth) de Nordwall and hairdresser Michael Anthony Shelton (R) during a visit to the Royal Variety Charity's residential nursing and care home, Brinsworth House in Twickenham, south west London on December 18, 2018. - The honeymoon period for former actress and newly-minted British royal Meghan Markle, it seems, is over. Six months on from her fairytale wedding to Prince Harry at Windsor Castle, Meghan is faced with a daily barrage of tabloid headlines criticising her courtly manner and warning her against becoming "Duchess Difficult". (Photo by Geoff PUGH / POOL / AFP)
Será princesita o principito. Meghan Markle lució un vestido estampado de la firma americana Brock Collection –zapatos de Aquazzura– que resaltó su panza.

“Hoy estoy muy embarazada”, dice Meghan Markle (37) cuando le preguntan cómo se siente. Es que esta tarde, en la residencia de Brinsworth House (un asilo para actores y gente del mundo del espectáculo al oeste de Londres), la panza de al menos 16 semanas de embarazo de la duquesa de Sussex parece haber salido definitivamente.

La mujer del príncipe Harry, que luce un vestido estampado al cuerpo de corte midi con líneas rectas (que resaltan aún más su condición) y mangas abullonadas, encabeza en soledad este compromiso oficial, pero sin perder la sonrisa.

Tanto que parece no haber leído los titulares de estos días, en los que su padre salió a pedirle clemencia: “Cualesquiera que sean nuestras diferencias, debemos ser capaces de resolverlas, somos de la misma familia, así que por favor ponte en contacto conmigo”, le dijo Thomas Markle, quien se quedó afuera de la boda de su hija y el príncipe Harry por vender unas fotos a un grupo de paparazzi europeos.

Pero ahora, el hombre que no ve ni habla con su hija desde mayo siente que ya pasó un tiempo prudencial para recuperar la relación: “Tiene que haber un lugar para mí”.

Britain's Meghan, Duchess of Sussex (L) visits the Royal Variety Charity's residential nursing and care home, Brinsworth House in Twickenham, south west London on December 18, 2018. - The honeymoon period for former actress and newly-minted British royal Meghan Markle, it seems, is over. Six months on from her fairytale wedding to Prince Harry at Windsor Castle, Meghan is faced with a daily barrage of tabloid headlines criticising her courtly manner and warning her against becoming "Duchess Difficult". (Photo by Geoff PUGH / POOL / AFP)

¿Qué responde la duquesa? Se aleja del foco de la polémica (hace un par de semanas, los medios hablaban de sus diferencias con su concuñada, Kate Middleton), disfruta de su embarazo y cumple el protocolo, tal como prefieren la reina y la casa real.

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Imanol Arias en una charla sobre su vuelta al teatro, los hijos, su pareja y la vida misma

Venir seguido a Buenos Aires es un hábito para él. Pero, tras casi un cuarto de siglo alejado del teatro, hoy brilla en La vida a palos sobre el escenario del Maipo. Aquí, el protagonista de Camila (aquella histórica película con Susú Pecoraro que fuera nominada al Oscar) se muestra cercano

Imanol Arias en Buenos Aires (Foto Alejandro Carra/GENTE)
Imanol Arias en Buenos Aires (Foto Alejandro Carra/GENTE)

“La primera vez que pisé la Argentina fue en los 80’, con Pepe Sacristán, post-dictadura militar. Siempre me había causado curiosidad esta ciudad, porque en Europa se comentaba que el teatro argentino era una mezcla del clásico español y el circo italiano. Con el tiempo comprobé que es eso… ¡y mucho más! Digámoslo: Buenos Aires tiene uno de los panoramas teatrales más importantes del mundo”, cuenta Imanol Arias (62), quien vuelve a subirse a los escenarios, ahora con La vida a palos, obra que el poeta, periodista, guionista y radiofonista español Pedro Atienza no sólo escribió para él, sino que le insistió para que la haga hasta los últimos días de su vida… El pretexto perfecto para que el actor regrese a las tablas después de veinticuatro años.

–¿Extrañabas?

–Sí. Me alejé del teatro absorbido por otros compromisos. Durante diecisiete años seguidos hice Cuéntame cómo pasó para la televisión española (N. de la R.: aquí se vio la versión argentina el año pasado, protagonizada por Nicolás Cabré). Además, participé en seis series y dieciséis películas. Aunque no me daba el tiempo para más, igual siento que nunca dejé de pertenecer al teatro. Sin embargo, te confieso, me dio vértigo volver a subirme a un escenario: los primeros días haciendo la obra he sentido un reencuentro lleno de emoción. Siento que, al mismo tiempo que ahora me considero un actor mayor, soy muy joven todavía en el teatro.

Imanol Arias en Buenos Aires (Foto Alejandro Carra/GENTE)
Imanol Arias en Buenos Aires (Foto Alejandro Carra/GENTE)

–La vida a palos es la historia de un hombre que vuelve a encontrarse con un hijo a quien no ve desde pequeño. ¿Cómo es tu relación con los tuyos?

–Es buena, y además no los he abandonado, como hace el personaje. Igual, debo reconocer que, desde mi rol de artista, he tenido muchas dificultades para ser padre. Como con su madre (Pastora Vega) somos dos personas públicas y nunca quisimos exponerlos, para hacernos fotos en familia los reporteros hasta se disfrazaron de doctores. Y vaya paradoja, porque ellos, que crecieron con la presión de ser hijos de artistas, terminaron haciendo arte. Jon (31), que es músico y estudió Drama en Londres, estuvo por acompañarme en esta obra. Sucedió que le salió un papel en El instinto, una miniserie de Netflix, y hasta yo mismo le pedí que no dejara pasar la oportunidad. En cuanto a Daniel (17), le encanta filmar videos.

–Tanto entusiasmo exige la siguiente pregunta: ¿pensás encargar un nuevo hijo?

–No, no. La verdad, ya no tengo ganas de volver a ser padre (risas). Hace una década que estamos juntos con Irene (Meritxell, fotógrafa y diseñadora de 41 años), y nos complementamos muy bien. Nos conocimos en la fiesta de un amigo argentino en Madrid y nunca nos separamos. Admiro su arte. Al punto que ella, inspirándose en los cuadros de Lita Cabellut –una artista multidisciplinar, gitana española, que trabaja con óleo sobre lienzo–, se encargó del arte de La vida a palos: en el Maipo expone sus fotos de la obra.

Imanol Arias en Buenos Aires (Foto Alejandro Carra/GENTE)
Imanol Arias en Buenos Aires (Foto Alejandro Carra/GENTE)

–¿Sentís los veintiún años de diferencia entre ustedes?

–A veces sí, pero la siento para bien. Irene me ha rejuvenecido. Ahora tengo más ganas de salir de la casa y conocer nuevas cosas. Ella dice que yo le doy tranquilidad, y que la ayudo a ver la realidad con otra madurez y profundidad. Y a mí me encantan su sonrisa y sus tobillos: no los tiene española, sino finos y elegantes, como las argentinas. Irene critica mi ego y yo destaco su sentido positivo de la vida. Sabe disfrutarla y me enseñó a hacerlo, aunque le debo vacaciones: hace tres años que no paro de trabajar.

–Explayate sobre lo del ego, por favor…

–Bueno, soy un charlatán al que le avergüenza mucho tener tanto ego. Me gustaría ser invisible, para salir a la calle y que nadie me reconozca. Ya no puedo salir a caminar tranquilo y descubrir nuevos personajes para poder nutrirme.

Imanol Arias en Buenos Aires (Foto Alejandro Carra/GENTE)
Imanol Arias en Buenos Aires (Foto Alejandro Carra/GENTE)

–¿Nutrirte?

–Cuando los artistas perdemos el anonimato, perdemos el poder de la observación. Entonces nos convertimos en ladrones de sensaciones o momentos. En estos 62 años se dijeron muchas cosas de mí. Si debiera sintetizártelo, diría que a mí no me gusta la vida del actor, sino trabajar como actor, porque no me agradan las alfombras rojas, hacer fotos ni dar notas, pero sí me gusta subirme a un escenario y entrar en un set de filmación.

–Que traigas la obra acá no parece casualidad. ¿Hay una relación especial entre vos y Buenos Aires, verdad?

–Totalmente. Con Irene intentamos venir seguido. Yo me siento muy porteño; me gusta vivir esta ciudad. Es maravillosa para caminar y encontrarse con amigos, compartir una charla pausada y larga con colegas. Y aquí tengo más aciertos que cagadas (risas): este país fue una gran escuela para mí, aunque yo nunca consiguiera actuar con acento argentino. Por ejemplo, cuando encarné al padre Ladislao Gutiérrez en Camila (película que me abrió las puertas de América latina y que se estrenó en 1984), como mi tono no era argentino, me tuvieron que doblar… Pasé grandes temporadas en este país, hice buenos amigos y vi buen teatro. Sólo que nunca tuve el tiempo suficiente para enamorarme de alguien. La gente me sigue gritando por la calle: “¿Estás ahí, Ladislao?”, y yo con una sonrisa les contesto: “A tu lado, Camila”. Siempre que vengo, regreso lleno a España.

Imanol Arias y su mujer Irene Meritxenll (Foto Alejandro Carra/GENTE)
Imanol Arias y su mujer Irene Meritxenll (Foto Alejandro Carra/GENTE)

–¿Y con qué imagen de nuestro país y su cultura pensás que partirás esta vez?

–Es una lástima, pero en los últimos años a la Argentina no la veo muy bien. Las políticas conservadoras no acostumbran a ayudar ni apoyar al arte. A los políticos no les interesa una sociedad culta: son empresarios que trabajan para ellos, no para el pueblo. A los ciudadanos, además de trabajo, hay que darles la posibilidad de acceder a la cultura. Pero los gobernantes no lo hacen.

–¿Te ofrecieron hacer política?

–Hace mucho, pero sin demasiada convicción. Igual, no me interesa. Yo soy actor y para mí la actuación no es un acto subversivo ni un lugar de protesta, sino un sitio desde donde se puede educar.

Por Pablo Procopio

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Andrea Frigerio: “El sexo a los 50 es menos apasionado, pero más amoroso que a los 20”

Es una amiga de la casa, hizo su primera tapa en nuestra revista y la acompañamos durante toda su carrera, en la que fue creciendo hasta convertirse en la gran actriz que es hoy. Luego de 26 años en pareja, reflexiona sobre el amor después de los 50. Inteligente, profesional y súper simpática, Andrea asegura que la clave de su alegría es mantenerse fiel a sí misma y no hacer concesiones.

# PARA TI - ANDREA FRIGERIO
“¡Para Ti tiene un lugar de privilegio en mi vida y en mi corazón!”

“¿Me podrás traer un tazón con agua caliente, por favor?”, pide Andrea Frigerio (56) antes de comenzar la nota. “¿Un té?”, pregunta el mozo un poco sorprendido. “No, no, sólo agua caliente en una taza grande. Sin azúcar ni edulcorante”, pide ella y se acomoda en el sillón de uno de los salones del hotel Four Season donde se desarrollará la entrevista.

-Había escuchado que tomar agua caliente después de las comidas era uno de tus secretos de belleza…

-¿En serio? ¡Qué gracioso! ¿Te digo la verdad? Tomo agua caliente sólo porque necesito tener algo calentito en el cuerpo y lo hago en cualquier momento del día. Yo siempre tomé mucho té y café, pero los dejé porque me caían pesados.

-Estarás harta de que los periodistas te preguntemos cómo se llega tan diosa a los 56…

-(Se ríe) No, estoy acostumbrada y me gusta desmitificar un poco, como hago ahora con esto del agua. No te voy a mentir: me cuido con las comidas, pero no obsesivamente; si un domingo tengo ganas de comerme un asadazo, lo hago. Si preparo un postre rico, lo pruebo. Lo que nunca abandono es el ritual de pesarme: todos los días, a la misma hora, en la balanza que tengo, desde hace años, en el baño de casa. Si un lunes peso 58 kilos, listo: sé que tengo que cerrar la boca por dos días. Mi peso es entre 56 y 57 kilos y me mantengo siempre igual.

"Lucas es un hombre que me quiere y respeta tal cual soy y me hace sentir querida, cuidada y, a la vez, libre. Todo eso es muy importante para mí"
“Lucas es un hombre que me quiere y respeta tal cual soy y me hace sentir querida, cuidada y, a la vez, libre. Todo eso es muy importante para mí”.

-Llevás 26 años casada con Lucas Bocchino, me imagino que habrás pasado por diferentes etapas en tu matrimonio, ¿en cuál dirías que estás ahora?

-(Piensa unos segundos) Estoy en una etapa en la que me encanta estar con él, lo disfruto mucho: Lucas es mi mejor plan. Hemos tenido nuestras crisis –no muchas, pero sí algunas– y hoy siento que nos divertimos a pleno cuando viajamos o recibimos gente en casa. Para que te des una idea, los viernes saltamos de alegría porque llegó el fin de semana.

-¿Existe una fórmula para tener una pareja feliz y estable?

-No, no. O yo al menos no la tengo. debo destacar algo de Lucas: el jamás intentó cambiarme. Nunca me critica ni me pide que deje de hacer algo porque no le gusta. Es un hombre que me quiere y respeta tal cual soy y me hace sentir querida, cuidada y, a la vez, libre. Todo eso es muy importante para mí.

# PARA TI - ANDREA FRIGERIO (4)
“Yo ahora siento que el fuego en la relación pasa por estar juntos y listo. Pero de una forma más romántica y cariñosa”

-¿Vos sos igual?

-¡Noooo! ¡Yo lo he criticado y he intentado cambiarle mil cosas! Pero aprendí, justamente de él, que eso no sirve.

-¿Y cómo definirías el sexo después de los 50?

-Yo diría que es más amoroso que a los 20. ¿Viste que a esa edad todo es muy apasionado e intempestivo? Te arrancás la ropa en la cocina y tenés sexo sobre la mesa. Bueno, yo ahora siento que el fuego pasa por estar juntos y listo. Pero de una forma más romántica y cariñosa.

Con su marido Lucas Bocchino.
Con su marido Lucas Bocchino.

-Si tenés que elegir un programa para hacer con tus nietos, ¿qué hacés?

-A mí me invitan a muchos espectáculos infantiles y trato de llevarlos a todos los que puedo. Pero el sábado pasado quise hacer algo distinto y les propuse a los dos más grandes –que tienen 3 y 5 años– ir al museo de Tigre a ver una muestra de animales autóctonos y después a un taller de plastilina y fue una experiencia hermosa, ¡nos divertimos mucho!

Feliz con sus tres nietos: Olivia (5), Ramón (3) y Jacinta (1).
Feliz con sus tres nietos: Olivia (5), Ramón (3) y Jacinta (1).

Tenerlo a Tomy fue la mejor decisión de mi vida y somos muy unidos

-¿Con tus hijos tenés una buena relación?

-Yo fui una mamá muy distinta con cada uno de mis hijos: a Tomy lo tuve a los 19 años; quedé embarazada de mi primer novio, el primer hombre de mi vida y te diría que fue la segunda vez que tuvimos sexo. Era otra época y, si bien nos queríamos mucho, la realidad es que nuestras familias nos casaron. Tomy llegó en un momento incómodo de mi vida, pero lo amé desde el primer día y fue un bebé que me acompañó a todos lados porque era un santo. Tenerlo fue la mejor decisión de mi vida y somos muy unidos.

Con su hija menor, Fini.
Con su hija menor, Fini.

-¿Con Josefina tenés el mismo vínculo?

-Fini nació 15 años después y yo ya no era una mamá tan relajada como con Tomy. Ella llegó cuando yo ya estaba asentada, llevaba cinco años con Lucas, tenía una estructura armada, cierta tranquilidad económica y, a pesar de todo esto, siempre tuve muchos más miedos durante la crianza de ella que la de su hermano. ¡Es increíble eso!

Es parte del elenco de Cuerpos perfectos, la obra de teatro que arranca el mes que viene.
Es parte del elenco de Cuerpos perfectos, la obra de teatro que arranca el mes que viene.

-Se estrenó Mi obra maestra, integrás el elenco de Rizhoma Hotel y a fin de mes debutás con la obra de teatro Cuerpo perfecto en el Tabarís, ¿no es mucho todo en un mismo año?

-(Suelta una carcajada) Y te falta: ¡en septiembre sale mi libro, que se llama Belleza emocional! Y el mes pasado se estrenó en Paraguay la película Leal donde también trabaja Fini. Soy una persona con mucha energía y disfruto realmente de mi trabajo. En el caso de Mi obra maestra, el guion me llegó cuando estaba en el medio del rodaje de otra película, pero no podía rechazar la propuesta de Gastón (Duprat) y Mariano (Cohn) –con quienes filmé El ciudadano ilustre, una película que amo–, así que me tomé unos días para filmar mis escenas y las disfruté a pleno.

Protagonizó Leal, que se estrenó en julio en los cines de Paraguay
Protagonizó Leal, que se estrenó en julio en los cines de Paraguay

 -Con Guillermo Francella ya habías trabajado en Poné a Francella.

 Sí, claro. Guillermo es una persona muy importante en mi vida: el fue quien me descubrió como actriz y me estimuló para que eligiera este camino.

# PARA TI - ANDREA FRIGERIO (3)
“No te voy a mentir: me cuido con las comidas, pero no obsesivamente; si un domingo tengo ganas de comerme un asadazo, lo hago”.

-Queríamos tenerte en esta edición –el Anticipo Colecciones– porque te sentimos una amiga de la casa, en cierta forma sos parte de Para Ti.

-¡Pero claro! ¡Yo siento lo mismo! Mi primera tapa fue en Para Ti. ¡Para Ti tiene un lugar de privilegio en mi vida y en mi corazón!

Textos: Juliana Ferrini. Fotos: Fabián Uset. / Producción: Romina Giangreco para estudio RFG Stylecoaching

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Recuérdame: reflexiones después de ver ‘Coco’ nominada al Oscar

El domingo es noche de premiación y entre las nominadas está la película animada, sobre la importancia de recordar a los afectos perdidos. Lloremos nosotras y que lloren ellos.  

#PARA TI - NOSOTRAS ELLOS LA IMPORTANCIA DE RECORDAR - Estar mejor - VP - 20180302

Recuérdame

Por QUENA STRAUSS, periodista

Hacé la prueba: buscá entre tus amigas y compañeras de trabajo una que no haya llorado con Coco, la última de Disney/Pixar. Decí que estás dispuesta a pagar por la que haya logrado mantenerse cual vaca sagrada, pastando pochoclos del balde gigantesco, mientras en la pantalla el protagonista luchaba por ser músico, bajaba a encontrarse con quien creía que era su ancestro y terminaba desculando una saga familiar llena de adioses, tristezas y canciones de esas que ponen a llorar hasta a los guardiacárceles. Pero tal vez lo notable sea que, por lo general, los chicos no lloran: lloran los grandes.

Lloramos las que fuimos en plan “llevo los chicos al cine” y terminamos atrincheradas atrás del balde sin entender del todo bien qué está pasando en la pantalla. Será que lo que está pasando es mucho y denso: pasa la muerte, pasan los mandatos familiares, pasan esas personas de nuestro corazón a las que de a poco les hemos ido perdiendo el rastro. Primero se fueron ellos, después su ropa, los ritos asociados a ellos (yo todavía, mareada a la mañana, a veces agarro el teléfono y me pongo a marcar un número adonde ya no hay nadie), su perfume. Los perdimos en cuotas, en días, en capas. Pero de algún extraño modo siguen ahí mientras los recordemos (aunque sea poquito) y de eso habla precisamente Coco: del amor amasando recuerdos y de los recuerdos como última prenda del amor.

Mientras alguien nos recuerde y sonría, no estaremos del todo muertos. Por eso seguramente este domingo, cuando finalmente Coco se lleve algún Oscar, vamos a ser millones moqueándonos la vida del otro lado de la pantalla. Recordando a los que quisimos y hoy, con suerte, son sólo una foto que nos hace llorar.

Yo recuerdo

por LUIS BUERO, periodista

Ilustración: VERÓNICA PALMIERI

Coco es una excelente película animada estadounidense de Lew Unkrich, inspirada en la festividad mexicana del Día de los Muertos, en la que se plantea que hay vida después de la muerte en otra dimensión donde nuestros afectos perdidos siguen existiendo, pero sólo en la medida en que algún pariente vivo los recuerde. Si no con el tiempo se desvanecen, desaparecen. No voy a contarles el argumento para que vayan a verla, pero sí les digo que es súper imaginativa.

Ahora bien, yo opino como Jean Paul Sartre que la vida es sólo un chispazo entre dos nadas, y que todo relato sobre la existencia post mortem, ya sea religioso o de otro tipo, parte de la incomprensión del ser ante semejante realidad y de la negación del final absoluto, que es nuestro principal mecanismo de defensa.

Pero eso no me impide pensar que sería lindo, cuando ya no esté más entre los vivos, reencontrarme con mi querida abuela, que con tanto amor me enseñó a leer y a escribir, con mi madre, que me acompañó siempre en mi vocación, con mi padre, cuya imagen valoro más ahora con el tiempo, con mi tío que me legó su amor por el piano haciéndome tocar temas de Piazzolla, con mi hermanita Graciela que partió siendo simplemente un bebé, y así puedo seguir un rato más. No niego que es encantador creer que hay un nivel, un espacio invisible donde nuestros afectos fallecidos nos esperan para recibirnos y ayudarnos a dar el paso final. Y en cuanto al mensaje de la película, ya lo escribió el poeta Antonio Porchia: “Se vive con la esperanza de llegar a ser un recuerdo”. Por las dudas, como diría Fellini: Amarcord… Yo recuerdo.

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Lloramos las que fuimos en plan “llevo los chicos al cine” y terminamos atrincheradas atrás del balde sin entender del todo bien qué está pasando en la pantalla. Será que lo que está pasando es mucho y denso: pasa la muerte, pasan los mandatos familiares, pasan esas personas de nuestro corazón a las que de a poco les hemos ido perdiendo el rastro. Primero se fueron ellos, después su ropa, los ritos asociados a ellos (yo todavía, mareada a la mañana, a veces agarro el teléfono y me pongo a marcar un número adonde ya no hay nadie), su perfume. Los perdimos en cuotas, en días, en capas. Pero de algún extraño modo siguen ahí mientras los recordemos (aunque sea poquito) y de eso habla precisamente Coco: del amor amasando recuerdos y de los recuerdos como última prenda del amor.

Mientras alguien nos recuerde y sonría, no estaremos del todo muertos. Por eso seguramente este domingo, cuando finalmente Coco se lleve algún Oscar, vamos a ser millones moqueándonos la vida del otro lado de la pantalla. Recordando a los que quisimos y hoy, con suerte, son sólo una foto que nos hace llorar.

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Coco es una excelente película animada estadounidense de Lew Unkrich, inspirada en la festividad mexicana del Día de los Muertos, en la que se plantea que hay vida después de la muerte en otra dimensión donde nuestros afectos perdidos siguen existiendo, pero sólo en la medida en que algún pariente vivo los recuerde. Si no con el tiempo se desvanecen, desaparecen. No voy a contarles el argumento para que vayan a verla, pero sí les digo que es súper imaginativa.

Ahora bien, yo opino como Jean Paul Sartre que la vida es sólo un chispazo entre dos nadas, y que todo relato sobre la existencia post mortem, ya sea religioso o de otro tipo, parte de la incomprensión del ser ante semejante realidad y de la negación del final absoluto, que es nuestro principal mecanismo de defensa.

Pero eso no me impide pensar que sería lindo, cuando ya no esté más entre los vivos, reencontrarme con mi querida abuela, que con tanto amor me enseñó a leer y a escribir, con mi madre, que me acompañó siempre en mi vocación, con mi padre, cuya imagen valoro más ahora con el tiempo, con mi tío que me legó su amor por el piano haciéndome tocar temas de Piazzolla, con mi hermanita Graciela que partió siendo simplemente un bebé, y así puedo seguir un rato más. No niego que es encantador creer que hay un nivel, un espacio invisible donde nuestros afectos fallecidos nos esperan para recibirnos y ayudarnos a dar el paso final. Y en cuanto al mensaje de la película, ya lo escribió el poeta Antonio Porchia: “Se vive con la esperanza de llegar a ser un recuerdo”. Por las dudas, como diría Fellini: Amarcord… Yo recuerdo.

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