Laurencio Adot: “A mí me curó el amor”

A medio año del ACV que sufrió y que lo  tuvo tres meses internado, el diseñador de moda continúa en rehabilitación, pero pudo volver a trabajar y sueña con escribir un libro para compartir su experiencia de vida. Una charla sincera y conmovedora con un hombre que asegura haber vuelto a nacer.

“En la clínica aplaudimos el logro de cada compañero. Es hermoso ver cuando a alguien le dan el alta. Esos aplausos suenan igual a los de los desfiles, porque están llenos de fuerza, cariño y admiración"
“En la clínica aplaudimos el logro de
cada compañero. Es hermoso ver cuando a alguien le dan el alta. Esos aplausos suenan igual a los de los desfiles, porque están llenos de fuerza, cariño y admiración”

“En mi vida todo tiene un porqué, una explicación lógica. Cuando tuve el ACV, lo primero que me pregunté es por qué me pasó a mí; yo creo que fue porque tenía la fuerza para superarlo”, asegura Laurencio Adot con convicción mientras nos ofrece un café en su showroom de la calle Parera, en el barrio de Palermo.

El 7 de agosto del 2018 amaneció frío, pero Laurencio no dudó en cambiarse para ir a entrenar. Cuando volvió del gimnasio, minutos antes de entrar al baño a ducharse, cayó al piso sin explicación alguna. Según entendió tiempo después, no haber tomado la pastilla diaria para combatir su hipertensión fue la causa del accidente cerebrovascular isquémico que dañó parte del hemisferio izquierdo de su cerebro, lo dejó sin habla e inmovilizó el lado derecho de su cuerpo. Aún hoy tiene algunas secuelas, pero a fuerza de voluntad y perseverancia, los médicos esperan que pueda revertirlas en menos de un año y medio.

-¿Cómo estás hoy, a casi seis meses de ese fatídico día?

-Yo me considero un sobreviviente y me da mucho placer poder ayudar a personas que están pasando por lo mismo que yo, contándoles mi experiencia. La verdad es que me pasa mucho eso en la calle: la gente me da su cariño, su fuerza y me pregunta cómo hice para recuperarme tan rápido. No sabés cuánto me emocionan esas muestras de solidad… ¡Vivo abrazando señoras! (se ríe).

 -¿Cómo va la rehabilitación?

-Al mes recuperé la voz y ahora me falta poder mover el brazo derecho, que está un poco mimoso. Voy tres veces por semana a la clínica y me atiendo con un médico clínico, un cardiólogo, un psicólogo y fonoaudiólogos. Además, hago terapia ocupacional y gimnasia varias horas por semana. Hasta marzo no puedo tomar aviones, estoy sensible a la luz, me olvido algunas palabras y no puedo comer nada con sal.

 -De alguna manera, es como volver a empezar.

-Sí, es una prueba, un gran desafío, esto es volver a respirar, a usar el brazo, a caminar… ¿En síntesis? A vivir. Es como volver a ser un niño. Para que te des una idea: hasta hace poco no podía cerrarme el cinturón del pantalón solo, ahora lo logré y lo celebro como un gran triunfo. En la clínica aplaudimos el logro de cada compañero. Es hermoso ver cuando a alguien le dan el alta. Esos aplausos suenan igual a los de los desfiles, porque están llenos de fuerza, cariño y admiración.

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Recuperado volvió a su pasión y vocación, el diseño de indumentaria

-Seguramente hubo un antes y un después del ACV.

-Sí, claro. Desde que sufrí el ACV me tomo todo con más calma, empecé a hacerme preguntas, dejé de preocuparme por estupideces y disfruto mucho del silencio. Ahora observo cosas en las que antes no me detenía: el tiempo es muy importante, el mimo, el abrazo, darle la mano a alguien que querés. A las personas enfermas hay que abrazarlas mucho, aunque parezca que no sienten nada porque están dormidas o sedadas. Es muy duro ver que tu cuerpo no responde, que querés mover el brazo o caminar y no te es posible.

-¿En algún momento le temiste a la muerte?

-Yo sentí la muerte y pude volver. Sentí la presencia de mi mamá (Elsa, que falleció hace siete años) cuando estaba en coma. Dios me regaló esa oportunidad y para mí fue una señal muy importante.

EL ARTISTA Y SU OBRA. Laurencio confiesa que, si bien los médicos lo obligaron a bajar su ritmo de trabajo, él no puede parar de proyectar, pensar y soñar con nuevos emprendimientos. Mientras diseña sus próximas colecciones –tanto de ropa como de perfumes– y organiza los desfiles de temporada, avanza en una idea que lo tiene totalmente cautivado: estudiar periodismo para escribir un libro sobre su experiencia de vida.

“Me encantaría poder avanzar en el libro este año, pero la realidad es que no puedo abandonar mi vocación: el diseño de indumentaria. Yo siento la necesidad de realizar vestidos, para mí, cada pieza es una obra de arte y disfruto de todas las etapas de su confección. Como aún no puedo mover bien mi brazo derecho, y lo necesito para trabajar en la computadora, me ayuda mi socio Thiago Pinheiro”, explica Laurencio y recuerda que, cuando volvió al atelier luego del accidente cerebrovascular y recibió a la primera clienta, lloraron juntos y se fundieron en un abrazo eterno de alegría y emoción.

-¿Cómo fue “despertar” en el sanatorio?

-Me desperté y tenía a toda mi familia alrededor de la cama. Todos muy asustados porque nos habían explicado que el ACV podía repetirse, algo que por suerte no pasó. Fue muy fuerte verlos reunidos junto a mi cama, lloré mucho.

-¿Qué pensabas en esas primeras horas internado? ¿Te digo la verdad?

-Te va a dar risa, pero ¿sabés en qué pensaba? ¡En los 30 vestidos que tenía pendientes para entregar! Sufría por esas personas que me habían confiado un diseño para el día más importante de sus vidas y me castigaba por no poder cumplir. Eso me generaba mucha ansiedad, así que le pedí a a Thiago que me reemplazara y se ocupara de todos los pedidos que teníamos.

-¿Te sorprendió el cariño de la gente?

-¡Muchísimo! Recuerdo la tarta de ricota que me trajo Julieta Prandi, las visitas de Iliana Calabró y Karina Mazzocco, así como las de muchos que me quieren bien, pero la presencia que más me emocionó fue la de Verónica Perdomo, que se presentó y me dijo que me quería mucho. No podía creer que una persona que no me conocía me dijera eso. Habíamos tenido lo mismo y ella se había curado. Verla me dio un plus de fuerza (dice mientras respira profundo y suelta algunas lágrimas de emoción).

-¿Qué ves hoy cuando mirás al espejo?

-Veo al que soy hoy, al que volvió y logró sobrevivir. Es lo que hay. Veo también el amor de mi familia y de mis amigos. A mí me curó el amor.

Textos C. Koruk. Fotos: D. Soldini

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