Malena Guinzburg: “Estoy harta de que me hablen de dieta”

Hace un año hizo la “dieta del metabolismo” y bajó diez kilos. Su cambio de talle se hizo cuestión pública, tanto que la saturó y hoy asegura que está cansada de que la identifiquen y busquen sólo por eso. Graciosa y extrovertida, como siempre, y más linda que nunca, conversamos -y nos divertimos muchísimo- con la humorista y panelista de Morfi, todos a la mesa.

# PARA TI - MALENA GUINZBURG 4 - news - AC - 20180126
Malena Guinzburg hizo un cambio radical, bajo 10 kilos. (Foto: Alejandro Carra/ Para Ti)

“La estética en la tele tiene una importancia de un 90%”, dispara la humorista Malena Guinzburg apenas empieza la entrevista, mate de por medio, en su casa del barrio de Chacarita. Y lo dice con conocimiento de causa. Hace un año decidió empezar una dieta más, como tantas otras que había probado durante sus 39 años, pero ésta resultó: adelgazó diez kilos. Mientras tanto, su vida continuó: siguió trabajando como panelista en el programa Morfi, todos a la mesa, de Telefe (que se emite por segundo año), integró el stand up Pucha –en el Teatro Paseo La Plaza–, y coronó el 2017 con la participación en la obra de Pablo Fábregas El árbol que tapa el bosque, en Microteatro.

Pero la noticia en todos lados no fue sobre ninguno de estos logros profesionales, sino sobre “su nuevo cuerpo”. Malena Guinzburg lo sabe, por eso cambia la postura de simpática y extrovertida a seria y resignada. Apenas se habla de la “dieta del metabolismo” de la nutricionista norteamericana Haylie Pomroy –por la que tanto le preguntan–, y aunque sabe que “es lo que vende”, deja bien en claro que está “harta del tema”.

Fotos: Alejandro Carra/ Para Ti
La humorista del momento. (Foto: Alejandro Carra/ Para Ti)

-¿Qué es lo que más te cansa?
-Me parece demasiado. Una cosa es que sea importante para mí, que toda la vida tuve un conflicto con la gordura, pero que lo sea para los demás es, por lo menos, llamativo. Obviamente, entiendo que siempre lo expuse en mis monólogos y me reía de eso, entonces ahora no puedo decir: “ay, ¿qué les importa mi cuerpo?”

-Y el medio en el que trabajás, ¿es más cruel?
-Absolutamente. ¿Quiénes son las que más venden? ¡Las modelos! Funciona así. Y para quien no tiene eso ganado se hace muy cuesta arriba. Yo empecé a laburar en la tele y pesaba más que ahora, pero era la que hacía humor. Yo no sé si una mina con sobrepeso puede conducir o hacer un protagónico.
Y cuando se habla de tu “nuevo cuerpo”, ¿cómo te sentís? El tema es que no me siento Pampita. Pensá que son casi 40 años de verme de una manera contra unos pocos meses de verme de otra. Además, no soy una chica fit que ama los deportes, no soy ejemplo de nada. Sí es verdad que hoy me siento mejor conmigo, y eso ya es un montón. Pierdo menos tiempo buscando ropa, quizás me puedo ver más linda en el espejo, y si me saco una selfie, en vez de borrar cien, borro cincuenta (se ríe).

Fotos: Alejandro Carra/ Para Ti
Fotos: Alejandro Carra/ Para Ti

-¿En tu casa se hablaba de la dieta?

-Sí, somos una familia que siempre luchó con ese tema. De chica yo fui muy gorda, me llevaron a ochocientos médicos, estuve internada en Cormillot, fui a Ravenna, pasé por millones de nutricionistas y conozco todas las dietas. A mi viejo (Jorge Guinzburg) le encantaba comer y también tenía mucha tendencia a engordar. Y decíamos: “bueno, mañana fruta”, ¡y siempre era mentira!

-Y a tu papá, ¿en qué te ves parecida?
-En la altura. Hablando en serio, creo que tengo un humor similar, me reconozco en esa espontaneidad que tenían sus respuestas. Para mí es el número uno, así que ojalá tuviera mucho más de él.

-Cuando arrancaste, ¿sentiste que por tu apellido se te exigía más?
-Sí, siempre estaba la comparación. Es que si partimos desde ese lugar siempre voy a perder yo porque no soy mi viejo. Pero también estaba el público que lo quería y me tenían cariño por ser su hija.

Fotos: Alejandro Carra/ Para Ti
Fotos: Alejandro Carra/ Para Ti

ANTIHEROÍNA. “A los nueve años le declaré con una carta mi amor a Luciano Leyrado. La leyó y me dijo: ‘no, gracias’, y después fuimos amigos durante mucho tiempo”, cuenta libremente Malena desde el living con paredes de ladrillo a la vista y puertas antiguas de su casa. Permanentemente, la standapera de Pucha se está riendo de sí misma y su forma de hablar, sus chistes, sus respuestas siguen el patrón del clásico antihéroe.

-¿En el humor encontraste un refugio?
-Sí, obvio, es un arma de defensa. A todas las cosas malas de mi vida les busqué humor. Siempre hice chistes con ser perdedora, pero realmente no es una postura, sino que lo siento real, y por eso está bueno el desafío de revertirlo a partir de ahora –este año va a escribir nuevos monólogos sobre su pérdida de peso–. Hoy ya no pienso que si algo no se da con un pibe es porque yo no le puedo gustar, sino que digo “qué se yo, somos tan complejos”. Ojo, no quiere decir que no sufra, pero me dejo de echar la culpa.

-¿Y te da fiaca el tema de la conquista con los hombres, el histeriqueo?
-A niveles extremos el histeriqueo me hincha mucho las pelotas. Me gusta que algo fluya. Obvio que el coqueteo está buenísimo, pero una vez que ya se concretó, ya pasó algo, listo, ya estoy grande para seguir histeriqueando. Los tipos así me molestan, y me doy cuenta que en realidad yo debería ser más histérica (se ríe).

-En 2016 denunciaste por abuso sexual a Mariano Feuer, que aún no compareció ante la justicia, ¿tuviste miedo después de denunciarlo?
-Sí, me daba un poco de miedo encontrármelo en la calle. Gracias a Dios nunca me contactó. Pero fue una situación que nunca antes me había pasado, donde no se respetó mi ‘no’. Y muchos me decían: “bueno, pero ¿para qué fuiste a la casa?” Y no tiene nada que ver, puede estar todo bien con un flaco y después arrepentirte, y el tipo se la tiene que bancar.

-¿Cómo te animaste a hablar?
-Me molestaba ver que él tuviera en las redes sociales (@marianofeuer) una actitud muy feminista y no podía soportar su doble discurso de psicópata, maltratador y abusador. Dudé mucho en contarlo porque me imaginaba el móvil de Intrusos esperándome, cosa que pasó, y los comentarios chotos que vienen después. Me han dicho: “Agradecé que te cojan, gorda”. Pero sentí que tenía una responsabilidad en hablar y dejar de tener miedo, dejar de sentirme culpable, y fue genial haberlo dicho. Me saqué algo de encima y sentí que ayudé a un montón de minas que después me escribieron para agradecerme.

-¿Te quedaste con miedo para relaciones futuras?
-No. Sabía que él era un psicópata hijo de puta.

-Y hoy, ¿estás abierta a enamorarte?
-Sí, me encantaría. Pero no estaría con alguien porque sí, si fuera así ya podría estar casada con hijos. Disfruto mucho de mi libertad, por eso quiero tener al lado a alguien que me sume, que me acompañe. Les dejo mi número
hombres: ‘154…’

Textos: CANDELA URTA (curta@atlantida.com.ar) Producción: SOFÍA PEREZ Y SANTÍA

Maquilló y peinó: Luisa Estévez para Estudio Dúo . Agradecemos a: Las Pepas, Portsaid y Justa Osadía.

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Hace un año hizo la “dieta del metabolismo” y bajó diez kilos. Su cambio de talle se hizo cuestión pública, tanto que la saturó y hoy asegura que está cansada de que la identifiquen y busquen sólo por eso. Graciosa y extrovertida, como siempre, y más linda que nunca, conversamos -y nos divertimos muchísimo- con la humorista y panelista de Morfi, todos a la mesa.

# PARA TI - MALENA GUINZBURG 4 - news - AC - 20180126
Malena Guinzburg hizo un cambio radical, bajo 10 kilos. (Foto: Alejandro Carra/ Para Ti)

“La estética en la tele tiene una importancia de un 90%”, dispara la humorista Malena Guinzburg apenas empieza la entrevista, mate de por medio, en su casa del barrio de Chacarita. Y lo dice con conocimiento de causa. Hace un año decidió empezar una dieta más, como tantas otras que había probado durante sus 39 años, pero ésta resultó: adelgazó diez kilos. Mientras tanto, su vida continuó: siguió trabajando como panelista en el programa Morfi, todos a la mesa, de Telefe (que se emite por segundo año), integró el stand up Pucha –en el Teatro Paseo La Plaza–, y coronó el 2017 con la participación en la obra de Pablo Fábregas El árbol que tapa el bosque, en Microteatro.

Pero la noticia en todos lados no fue sobre ninguno de estos logros profesionales, sino sobre “su nuevo cuerpo”. Malena Guinzburg lo sabe, por eso cambia la postura de simpática y extrovertida a seria y resignada. Apenas se habla de la “dieta del metabolismo” de la nutricionista norteamericana Haylie Pomroy –por la que tanto le preguntan–, y aunque sabe que “es lo que vende”, deja bien en claro que está “harta del tema”.

Fotos: Alejandro Carra/ Para Ti
La humorista del momento. (Foto: Alejandro Carra/ Para Ti)

-¿Qué es lo que más te cansa?
-Me parece demasiado. Una cosa es que sea importante para mí, que toda la vida tuve un conflicto con la gordura, pero que lo sea para los demás es, por lo menos, llamativo. Obviamente, entiendo que siempre lo expuse en mis monólogos y me reía de eso, entonces ahora no puedo decir: “ay, ¿qué les importa mi cuerpo?”

-Y el medio en el que trabajás, ¿es más cruel?
-Absolutamente. ¿Quiénes son las que más venden? ¡Las modelos! Funciona así. Y para quien no tiene eso ganado se hace muy cuesta arriba. Yo empecé a laburar en la tele y pesaba más que ahora, pero era la que hacía humor. Yo no sé si una mina con sobrepeso puede conducir o hacer un protagónico.
Y cuando se habla de tu “nuevo cuerpo”, ¿cómo te sentís? El tema es que no me siento Pampita. Pensá que son casi 40 años de verme de una manera contra unos pocos meses de verme de otra. Además, no soy una chica fit que ama los deportes, no soy ejemplo de nada. Sí es verdad que hoy me siento mejor conmigo, y eso ya es un montón. Pierdo menos tiempo buscando ropa, quizás me puedo ver más linda en el espejo, y si me saco una selfie, en vez de borrar cien, borro cincuenta (se ríe).

Fotos: Alejandro Carra/ Para Ti
Fotos: Alejandro Carra/ Para Ti

-¿En tu casa se hablaba de la dieta?

-Sí, somos una familia que siempre luchó con ese tema. De chica yo fui muy gorda, me llevaron a ochocientos médicos, estuve internada en Cormillot, fui a Ravenna, pasé por millones de nutricionistas y conozco todas las dietas. A mi viejo (Jorge Guinzburg) le encantaba comer y también tenía mucha tendencia a engordar. Y decíamos: “bueno, mañana fruta”, ¡y siempre era mentira!

-Y a tu papá, ¿en qué te ves parecida?
-En la altura. Hablando en serio, creo que tengo un humor similar, me reconozco en esa espontaneidad que tenían sus respuestas. Para mí es el número uno, así que ojalá tuviera mucho más de él.

-Cuando arrancaste, ¿sentiste que por tu apellido se te exigía más?
-Sí, siempre estaba la comparación. Es que si partimos desde ese lugar siempre voy a perder yo porque no soy mi viejo. Pero también estaba el público que lo quería y me tenían cariño por ser su hija.

Fotos: Alejandro Carra/ Para Ti
Fotos: Alejandro Carra/ Para Ti

ANTIHEROÍNA. “A los nueve años le declaré con una carta mi amor a Luciano Leyrado. La leyó y me dijo: ‘no, gracias’, y después fuimos amigos durante mucho tiempo”, cuenta libremente Malena desde el living con paredes de ladrillo a la vista y puertas antiguas de su casa. Permanentemente, la standapera de Pucha se está riendo de sí misma y su forma de hablar, sus chistes, sus respuestas siguen el patrón del clásico antihéroe.

-¿En el humor encontraste un refugio?
-Sí, obvio, es un arma de defensa. A todas las cosas malas de mi vida les busqué humor. Siempre hice chistes con ser perdedora, pero realmente no es una postura, sino que lo siento real, y por eso está bueno el desafío de revertirlo a partir de ahora –este año va a escribir nuevos monólogos sobre su pérdida de peso–. Hoy ya no pienso que si algo no se da con un pibe es porque yo no le puedo gustar, sino que digo “qué se yo, somos tan complejos”. Ojo, no quiere decir que no sufra, pero me dejo de echar la culpa.

-¿Y te da fiaca el tema de la conquista con los hombres, el histeriqueo?
-A niveles extremos el histeriqueo me hincha mucho las pelotas. Me gusta que algo fluya. Obvio que el coqueteo está buenísimo, pero una vez que ya se concretó, ya pasó algo, listo, ya estoy grande para seguir histeriqueando. Los tipos así me molestan, y me doy cuenta que en realidad yo debería ser más histérica (se ríe).

-En 2016 denunciaste por abuso sexual a Mariano Feuer, que aún no compareció ante la justicia, ¿tuviste miedo después de denunciarlo?
-Sí, me daba un poco de miedo encontrármelo en la calle. Gracias a Dios nunca me contactó. Pero fue una situación que nunca antes me había pasado, donde no se respetó mi ‘no’. Y muchos me decían: “bueno, pero ¿para qué fuiste a la casa?” Y no tiene nada que ver, puede estar todo bien con un flaco y después arrepentirte, y el tipo se la tiene que bancar.

-¿Cómo te animaste a hablar?
-Me molestaba ver que él tuviera en las redes sociales (@marianofeuer) una actitud muy feminista y no podía soportar su doble discurso de psicópata, maltratador y abusador. Dudé mucho en contarlo porque me imaginaba el móvil de Intrusos esperándome, cosa que pasó, y los comentarios chotos que vienen después. Me han dicho: “Agradecé que te cojan, gorda”. Pero sentí que tenía una responsabilidad en hablar y dejar de tener miedo, dejar de sentirme culpable, y fue genial haberlo dicho. Me saqué algo de encima y sentí que ayudé a un montón de minas que después me escribieron para agradecerme.

-¿Te quedaste con miedo para relaciones futuras?
-No. Sabía que él era un psicópata hijo de puta.

-Y hoy, ¿estás abierta a enamorarte?
-Sí, me encantaría. Pero no estaría con alguien porque sí, si fuera así ya podría estar casada con hijos. Disfruto mucho de mi libertad, por eso quiero tener al lado a alguien que me sume, que me acompañe. Les dejo mi número
hombres: ‘154…’

Textos: CANDELA URTA (curta@atlantida.com.ar) Producción: SOFÍA PEREZ Y SANTÍA

Maquilló y peinó: Luisa Estévez para Estudio Dúo . Agradecemos a: Las Pepas, Portsaid y Justa Osadía.

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