Moda de bebés para la hora de dormir

Pijamitas, ositos y bodies súper tiernos, en tonos pastel y en colores fuertes, para que duerman cómodos y contentos.

Llega la hora de dormir y los benjamines de la casa se ponen más lindos y tiernos que nunca. ¡Marche una mamadera, que llegó la hora de hacer noni!

Guadalupe: conjunto de algodón con remera bordada y pantalón estampado ($1.380), Magdalena Esposito.
Guadalupe: conjunto de algodón con remera de manga corta bordada y pantalón estampado ($1.380), Magdalena Esposito.
Santos: conjunto de remera y ranita de algodón rayado en celeste y blanco ($119, $330 y $139), Mimo & Co.
Santos: conjunto de remera y ranita de algodón rayado en celeste y blanco ($119, $330 y $139), Mimo & Co.
Sasha: osito sin pie de manga larga en algodón estampado ($484), Anchus.
Sasha: osito sin pie de manga larga en algodón estampado y puños lisos al tono ($484), Anchus.
Juana: body de manga corta rayado, con animal bordado ($548), Anchus.
Juana: body de manga corta rayado multicolor, con estampa bordada ($548), Anchus.
Guadalupe: pijama con body y ranita a lunares rosas ($398 y $320), Mimo & Co.
Guadalupe: pijama con body de manga corta y ranita a lunares rosas ($398 y $320), Mimo & Co.
Santos: osito de algodón de manga larga y pie, estampado con estrellas ($795), Mimo & Co.
Santos: osito de algodón de manga larga y pie, con estampado de estrellas ($795), Mimo & Co.
Sasha: pijama con remera de manga corta y pantalón corto en azul y blanco ($1.380), Magdalena Esposito.
Sasha: pijama con remera de manga corta y estampa con pantalón corto en azul y blanco ($1.380), Magdalena Esposito.
Juana: pijama con batita y ranita de algodón estampada con flores ($390 y $395), Mimo & Co.
Juana: pijama con batita y ranita de algodón estampada con flores ($390 y $395), Mimo & Co.

 

Producción: Paula Germino / Fotos: Maxi Didari.

 

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¿Por qué no debemos zarandear a los bebés?

Agarrar a upa a tu recién nacido es hermoso, y hacerle mimos ni hablar. Ahora, sacudirlo para jugarle es una opción que deberías dejar de lado hasta que sea un poco más grande. En esta nota te damos los motivos.

Está bien jugar con el bebé, pero hay que tener cuidado con el zarandeo. Foto: Archivo Atlántida / Para Ti Mamá.
Está bien jugar con el bebé, pero hay que tener cuidado con el zarandeo. Foto: Archivo Atlántida / Para Ti Mamá.

“¡Qué bebé más bonito!”… “¡Te amo, te amo, te amo!”, le decís a tu hijo mientras lo sostenés con los brazos arriba y lo sacudís hacia adelante y hacia atrás, sonrisa de por medio. Por supuesto que no lo hacés con mala intención, pero zarandearlo puede traerle consecuencias poco gratas.

En qué consiste

Se lo llama “Síndrome del zarandeo”. Proviene de la expresión del inglés “shaken baby” que puede provocar un tipo de lesión a nivel cerebral en los pequeños.

El neuropediatra Claudio Waisburg explica que sus cabezas son mucho más grandes en proporción a otras partes de su cuerpo y, por ende, son también más pesadas. Entonces, al sacudir al bebé fuertemente, el cerebro puede golpear el cráneo y producir hematomas o hemorragias internas.

“Todos los movimientos bruscos, sacudones fuertes o en forma de látigo (cuando la cabeza va y viene de un lado a otro) deben evitarse, sobre todo en los bebés menores de 3 meses, que aún no tienen sostén cefálico”, agrega el experto.

Pasos a seguir

Entonces, si vas a jugarle, que sea sosteniéndole la cabeza. Lo mismo al momento de acostarlo: apoyá su cabecita primero con tu mano debajo y luego el cuerpo, así evitás que se le vaya bruscamente para atrás.

Ahora bien, si a pesar de estos recaudos, creés que se le pudo haber caído la cabecita de manera brusca hacia abajo y hacia arriba, o notás que presenta más decaimiento, somnolencia, mala actitud para alimentarse, vómitos o llanto constante que de costumbre, lo mejor va a ser que consultes con su pediatra.

En la consulta

Waisburg cuenta que el profesional lo va a revisar con un detallado examen neurológico (como por ejemplo reflejos de los ojos, perímetro cefálico, características de la fontanela anterior-mollerita, tono muscular, nivel de alerta).

Si sospechara que puede llegar a tener este síndrome, seguramente te indicará diferentes estudios como ecografía abdominal, radiografía de huesos largos para descartar fracturas, neuroimágenes para descartar sangrado del sistema nervioso central y te derivará a un oftalmólogo para que le realice un adecuado fondo de ojo y descarte hemorragias retinales. En caso de que se encuentre alguna lesión, según de cuál se trate, será su tratamiento.

No dejes de mimar a tu bebé ni le saques ese placer a la gente que lo quiere. Simplemente tengan el recaudo de sostenerle siempre la cabecita al agarrarlo, y listo. Él necesita sentirse amado y ser mimado, siempre.

Por Milagros Mignaquy y Paula Labonia / Asesoró: Dr. Claudio Waisburg, neuropediatra, director médico del Instituto SOMA, M.N. 98.128.

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El poder de la siesta: por qué es la clave en el desarrollo de los bebés

El descanso adecuado es fundamental en la etapa de crecimiento. Acá explicamos su importancia y cómo lograr que lo hagan.

Foto: Archivo Atlántida / Para Ti Mamá.
El poder de la siesta en el bebé. Foto: Archivo Atlántida / Para Ti Mamá.

Cuántas veces, después de almorzar, pensaste: “Me voy a tirar un ratito y sigo”. Y al despertarte te sentís como nueva. Es que la siesta nos renueva la energía. Y nuestro bebé también la necesita, ya que además de eso, le permite tener una digestión descansada (sin idas ni venidas, sin alzarlo, sin hablarle) y libre de sobresaltos (lo que acelera y mejora la digestión).

Sin reglas

“Un bebe feliz, es un bebé que ha dormido bien”, sostiene el pediatra Andrés Cohen, quien dice que hay que motivarlo a dormir siestas regularmente, pero siempre su ritmo biológico natural va a determinar cómo y cuándo duerme.

Hay bebés que desde que nacen duermen largos ratos durante el día y establecen fácilmente un patrón de sueño. Otros están bien haciendo siestas cortitas o durmiendo en horarios menos regulares. Lo ideal, según el médico, es una siesta de 3 horas aproximadamente, que debería comenzar por lo menos 30 a 45 minutos después de tomar el pecho del mediodía, para evitar el reflujo gastroesofágico, vómitos post alimentarios, etc.

Señales

¿Cómo notamos si nuestro bebé necesita una siesta? Observando sus movimientos o señales, como por ejemplo que se quede quieto, que no juegue, que bostece, que esté irritable, entre otras. “Como sucede en cualquier edad, cada bebé es un mundo distinto, y reaccionan de diferentes formas, pero por lo general suelen obedecer el horario de la siesta”, señala el asesor.

Energía

Lo más probable es que durante su siesta, nosotras también aprovechemos para dormir. ¡Y está buenísimo! Porque como dijimos, es nuestro momento de cargar energías.

¿Te da culpa tirarte a descansar? Te damos la solución: ¡Ayudás a tu bebé! Ya que su crecimiento depende de la energía obtenida de la leche materna. Y para eso, necesitamos estar descansadas. “La ayuda de los papás en los primeros 3 meses, es fundamental, para permitir el mayor descanso posible de las mamás”, afirma el profesional, y agrega: “Siempre acostarlos boca arriba o de costado, con una almohadita sosteniendo la posición. Nunca boca abajo”.

¿En la misma cama?

La mayoría de las mamás aprovechamos las siestas para dormir con nuestro bebé acurrucados, ya que generalmente “papá no está”. Hay entidades que consideran que ésta es una práctica peligrosa por el riesgo de asfixia, y otras que no están para nada en contra . El Dr. Cohen indica que si bien hubo poquísimos de estos casos, es mejor dormir junto al bebé, pero no acurrucados.

Prácticos

El pediatra recomienda lo siguiente para ayudar a dormir la siesta a nuestro bebé:
*Cantale una canción suave.
*Apagá la luz del cuarto.
*Mecelo suavemente.
*Hablale en tono bajo.

Por Paula Labonia / Asesoró el Dr. Andrés Cohen, pedíatra de Swiss Medical Center, M.N: 57.259.

 

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Esta actitud del bebé, que a veces se extienden a los nenes chiquitos, puede deberse a diversas y variadas razones. Qué hacer ante esta situación y algunos incentivos para que esto no suceda.

Foto: Archivo Atlántida / Para Ti Mamá.
A partir de los 20 meses, 8 de cada 10 niños suelen pasarse a la cama. Foto: Archivo Atlántida / Para Ti Mamá.

“¡Al fin solos!”.
“¡Cómo extrañaba dormir boca abajo!”.
“Voy a poder mirar tele hasta la hora que quiera”.
Y sí, el tiempo pasa, y llegó el momento en que tu pequeño empezó a dormir en su propia habitación. Y ustedes felices, porque no hay nada más lindo que ver crecer a un hijo. Aunque de pronto, una noche, y otra, y otra…. ¡comenzó a dormir entre ustedes dos nuevamente!

Según la pediatra Celeste Celano, las estadísticas arrojan que 8 de cada 10 niños, suelen tener este hábito a partir desde los 20 meses, que es cuando tienen cierta autonomía motriz.

La especialista cuenta que el niño que se pasa de cama, tiende a hacerlo sistemáticamente todas las noches, generando un hábito. Esto por supuesto varía en función de algunos factores personales ya que cada chico tiene diferentes etapas de sueño que lo llevan a distintos despertares nocturnos.

Cuando despiertan por las noches e identifican que están “lejos de mamá y papá” es cuando, generalmente, van corriendo a la otra habitación. “Este tipo de conductas o hábitos tiene una intrínseca relación con la dinámica familiar, los horarios de trabajo de los padres, la asistencia o no a guarderías, horarios escolares y rutinas en general”, indica la profesional.

Cuando despiertan por las noches e identifican que están ‘lejos de mamá y papá’ es cuando generalmente van corriendo a la otra habitación.

MOTIVOS POSIBLES

Los más frecuentes, esperables y no patológicos suelen ser varios: miedo a la oscuridad, inseguridad, soledad o simplemente el deseo de querer pasar más tiempo con papá y mamá.

“Es tarea de los padres y eventualmente del pediatra, descubrir los motivos. El diálogo y el juego son dos herramientas clave para detectar o visualizar las causas”, sostiene la asesora. Y continúa: “Cada uno conoce a su hijo y lo conveniente es buscar un espacio de diálogo en familia para que se pueda expresar y manifestar lo que le sucede”. Para la experta, esta es una manera de interiorizarnos en su mundo e identificar los problemas con mayor facilidad.

PLAN DE ACCIÓN

Una vez identificado el motivo, hay que trabajar para erradicar esta práctica porque, por un lado, puede perjudicar el desarrollo del pequeño, haciéndolo más dependiente e inseguro, y por el otro, obstaculiza la relación de pareja, que también necesita tiempo y espacio para su propia intimidad.

“No hay razones para preocuparse sino más bien razones para ocuparse de criar niños sanos e independientes. Lo más importante es reconocer que los cambios no suceden de un día para otro y siempre requieren de constancia y paciencia”, señala Celano, quien aconseja que por más difícil que sea, lo ideal es regresarlo a su cama cada vez que se pase.

Por las noches esto cuesta porque los papás estamos cansados. Por eso es importante anticiparse y trabajar el tema con el niño durante el día, reforzando la confianza en sí mismo y su autoestima. Y concluye: “En el caso de que lloren o no quieran volver a su cama, una forma de recobrarles la seguridad es quedarse un ratito con ellos, cantarles una canción o hacerles saber que no están solos”.

INCENTIVOS

Si bien no hay una serie de ítems específicos para evitar esta situación, la Dra. Celano nos da algunos consejos para que quieran dormir en su habitación:
• Que tenga sus juguetes y objetos cotidianos para que se sienta familiarizado con el espacio.
• Colgale sus dibujos en las paredes.
• Aplicá el uso de premios: cada vez que duerma solo, al otro día hagan algo que le guste, como jugar en la plaza un rato más, o ver una película juntos.

Por Milagros Mignaquy / Asesoró: Dra. Celeste Celano, pediatra del Sanatorio Modelo de Caseros, M.N. 127.066.

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