Camila Cavallo, comprometida con Mariano Martinez dice: “Siempre me gustó la idea de adoptar un hijo”

La modelo, pareja y futura esposa de Mariano Martínez -con quien se casarán el año próximo- nos cuenta cómo es en su rol de mamá y de sus ganas de tener otros hijos.

Camila Cavallo y la pequeña Alma, bellísimas, en la producción para la tapa de Para Ti Mamá. Foto: Maxi Didari.
Camila Cavallo y la pequeña Alma, bellísimas, en la producción para la tapa de Para Ti Mamá. Foto: Maxi Didari.

A pocos días del primer cumple de su hijita Alma, hablamos con Camila Cavallo -la tapa del nuevo número de Para Ti Mamá- sobre las posibilidades de tener otro hijo, los valores que le inculca a la pequeña y las primeras palabras que ya está diciendo.

–¿Tenés ganas de ser mamá de nuevo o querés esperar un poquito más?

–No, quiero esperar. Me gustaría tener otro, un varón a lo mejor. A la vez, también siempre me gustó la idea de adoptar un hijo. Pero es algo que se hace en pareja y es una decisión.

–¿Lo hablaron?

–No ahora, pero él lo sabe. No está hablado porque Alma todavía es muy chiquita, pero cuando lo conocí se lo comenté.

–¿Por qué tuviste siempre ese deseo?

–Quizás porque mi mamá siempre trabajó en escuelas públicas e iban chicos de Casa Cuna. De hecho, íbamos con mi hermana a Casa Cuna y ver esos chicos… Para darle una familia a un chico que ya tiene vida. En vez de buscar, le das un hogar a alguien que no tuvo esa suerte.

–Y vos como mamá, ¿cómo sos? Se te ve súper relajada…

–La verdad que sí, soy súper relajada. Al mes ya estábamos de viaje con Alma, en la playa, imaginate el nivel de relajada que soy. Y también me gusta ese vínculo con otras personas, no es mi propiedad. Hay mamás que es como que no pueden soltar, que la sienten muy pegada. A mí me gusta que genere sus vínculos aparte de mí, porque el día de mañana no sé si no va a necesitar esos vínculos. Está bueno.

–Que sea libre, independiente.

–Me gusta que ella pueda elegir.

–¿Sos de tener miedos?

–El miedo siempre aparece, es tremendo. Pero ya no. Cuando la tuve y me la pusieron en el pecho fue una gran emoción, con una mezcla de miedo, “depende de mí, cómo voy a hacer, mucha responsabilidad toda en mí”. Siempre tuve esa idea de qué tipo de madre quería ser, presente, estar en los detalles, quería ser realmente eso. Ocuparme de mi hija.

–¿Y ves algo que hayas heredado de tu mamá en la forma de crianza?

En el ejemplo de los valores, y en hablarle suave. Si uno grita todo el tiempo, los chicos incorporan eso. El estado de ánimo también. Una a través de la teta, del vínculo, de todo, le transmite cómo está ante la vida. Entonces en eso siempre trato de estar bien y mostrarle que hay que ser positivo y vivir la vida así.

–¿Qué valores le transmitís?

–Ahora que es chiquita, mucho de compañía, de entenderla, de que cuando ella llora es porque me necesita y atender a su llamado, porque es su forma de contar qué le está pasando. Hacer un ritual del baño, de la comida…

–Empezó a hablar Alma, dice mucho “papá, papá”…

–¡Está enamorada de su papá! Lo ve, le sonríe, va y le da besos, no no no… Está como loca.

–Mmmm… ¿y hay un poquito de celos de tu parte?

–¡No, me encanta! Se me cae la baba de verla como quiere al padre. Igual, cuando dice todo el día “papá, papá”, le empiezo a tirar un poco “mamá, mamá” porque se olvida de decir mamá, jajaja. Lo dice en las crisis, cuando quiere teta y hay llanto.

Por Paula Labonia / Producción: Paula Germino / Fotos: Maxi Didari.

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Maternidad actual: ¿Cómo se construye el vínculo madre hijo?

La llegada de un bebé modifica todo en la vida de una mujer, y la relación entre ambos es una construcción diaria. ¿Sobre qué se funda esta conexión?

Foto: Archivo Atlántida / Para Ti Mamá.
El vínculo se genera cuando ella desarrolla una actitud adecuada para criarlo y eso es lo que transforma a la mujer en madre (Foto: Archivo Atlántida / Para Ti Mamá)

Desde que sentiste a tu bebé moviéndose en tu panza por primera vez, tu vínculo con el embarazo se modificó totalmente. La conexión con tu hijo empezó así, como quien dice, a las patadas.

La Dra. Edith Vega sostiene que ser mamá es diferente de tener un hijo: “El vínculo se genera cuando ella desarrolla una actitud adecuada para criarlo y eso es lo que transforma a la mujer en madre”, y agrega que esta actitud hace referencia a una disposición adecuada a cuidar y nutrir tanto en lo físico como en lo psicológico. Actitud que recibe el nombre de maternaje.

Los primeros mimos

Vega explica que la relación madre-bebé es una construcción y que al momento del nacimiento, el cerebro humano está abierto a configurarse, según lo que va encontrando en su camino. De ahí la importancia que pueda encontrarse con un ambiente enriquecido que facilite su desarrollo tempranamente.

Por su parte, el Dr. Manuel Bilkis recalca que luego del nacimiento, la primera hora es una auténtica “hora de oro” en el vínculo madre- hijo ya que en ese breve período, y siempre y cuando la situación médica de ambos sea adecuada, el contacto piel a piel y la precoz lactancia materna predisponen a una lactación más prolongada en el tiempo.

Contacto integral

Pero eso no es todo. La psicóloga también hace hincapié en que la lactancia, además de proveer alimento, también genera estímulos y afecto. Y hace hincapié en que cada momento es una oportunidad de encuentro con un bebé que estamos conociendo y que nos está conociendo también.

Por lo tanto no hay una única forma de tomarlo en brazos, acunarlo, bañarlo y alimentarlo para que se sienta contenido y bien tratado. Se trata de estar sintonizado con sus necesidades facilitando el establecimiento gradual y progresivo de rutinas que lo organizan. Los especialistas coinciden en que lo aconsejable es brindarles una integración sensorial, es decir, proveer simultáneamente estímulos táctiles, visuales, auditivos y olfativos.

Fortaleciéndose día tras día

Vega comenta que en los primeros días del maternaje es esperable que surjan dificultades ya que mamá y bebé están en un período de aprendizaje en su relación. “El desarrollo de la maternidad (y la paternidad) es una construcción compleja que depende del temperamento del bebé y de la sintonía, continuidad y coherencia que puedan ofrecerle sus cuidadores”, agrega la profesional.
Y para concluir, los profesionales destacan que la madre está capacitada para ofrecer al niño todo lo que necesita, pero ella también necesita sentirse apoyada y contenida por su ambiente familiar para poder dedicar al niño el tiempo que éste requiere, por lo tanto podemos decir que un recién nacido requiere de una red humana que lo reciba y lo acompañe en el proceso de su desarrollo.

Vínculo y disciplina

El Dr. Bilkis manifiesta que a la hora de hablar de vínculos no se puede dejar de nombrar la disciplina, ya que ésta constituye un punto importante y marca para bien o para mal lo transmitido a los hijos como educación y aprendizaje familiar para su adecuada inserción social, desarrollo y aprendizaje escolar, afectivo y amoroso.

“La disciplina no significa solo el rol paterno de desalentar o castigar conductas inapropiadas, sino también estimular y alentar las conductas apropiadas del niño en desarrollo”, sostiene el profesional.

Y ante de la pregunta de ¿cuándo empezar con la disciplina?, el especialista es contundente: “Cuando el bebé comience a deambular y conocer el mundo que lo rodea intentará tocar, llevar a su boca, abrir, romper, jugar con todos los objetos de su entorno. Algunos de éstos pueden ser adecuados a su edad e interés y otros no (enchufes, fuego, remedios, objetos pequeños, etc.). Ese es el momento adecuado”.

Por Gloria Kaspar / Asesoraron: Dra. Edith Vega, Dra. en Psicología de Fundación Hospitalaria, M.N. 14.363 y Dr. Manuel Bilkis, pediatra del Hospital de Niños “Ricardo Gutiérrez”, M.N. 74.047.

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Los estilos de maternar pivotean entre miradas y mandatos de crianza que suelen ser antagónicos. No hay una única manera de ser madre. El desafío es hallar la propia en el océano de información y consejos de crianza y su efecto sobre el desarrollo emocional de los chicos.

CRIANZA
MEDIDA. Lo difícil es encontrar la fórmula personal y persistir en las propias creencias.

Mi amiga Sara (40) la pasó tan mal cuando tuvo que volver a trabajar que cuando Lola (hoy 6 años) cumplió los siete meses negoció la posibilidad de hacer home office un año más. Incluso algunos días la llevaba con ella. No se arrepiente ni un poco. Tampoco de haber dormido con sus hijas varios años (además tiene a Amanda, de 3) y de haber invertido en una king size comodísima e inclusiva.

Caro (42, contadora), en cambio, quiso que su hijo durmiera en su catre desde el año de vida y jamás se le ocurrió plantearle a su jefe la posibilidad de trabajar desde su casa. Sencillamente le parece “poco serio y profesional”. Además de que nunca la motivó trasladar la vida laboral a su living.

Nada que ver con Dolores (38), madre de cinco y periodista que quiso (y pudo) optar por dejar su profesión para dedicarse full life a sus hijos. Las mujeres que antes le parecían “chatas y poco inquietas”, ahora le resultan admirables: “ocuparse de los chicos tiene un gran mérito. Irse de casa puede ser, a veces, tomar por la más fácil”, reflexiona y asume que aunque la mirada del resto muchas veces la hizo sentirse en falta, cada vez le importa menos. Y lo bien que hace.

Porque la realidad es que cualquiera sea el camino que una tome, siempre hay otra (u otro) que se siente impulsado a meterse y dar su opinión. Para colmo, cada abuela, pediatra y especialista tiende a desplegar argumentos de lo más convincentes. Uff… Sin dudas la nuestra es una generación atravesada por tensiones, mandatos, llamamientos a la reflexión sobre el género y una poderosa y aplaudible autoconciencia sobre las batallas que queremos dar. Chicas conscientes, libres, modernas pero un poco afligidas, desbordadas y tironeadas entre tantos mandatos –contradictorios y anacrónicos– que ponen en duda el propio deseo. Nunca se habló y se escribió tanto de maternidad y crianza como en esta época.

Las teorías antagónicas entre sí circulan en páginas de Facebook, blogs, revistas especializadas, manuales y hasta narrativa de ficción. Netflix, obvio, acaba de poner a disposición The Letdown, una serie en la que retrata con humor cínico la experiencia de primerizas en un grupo de autoayuda. Y así andamos, algo mareadas. Es que si alguna vez fuimos incitadas a desarrollarnos profesionalmente y ser autosuficientes, el llamamiento de época parece ser el de abrazar y conectar con el rol materno y revalorizar el desarrollo orgánico de los procesos. Tamaña confusión, porque ¿cuál es el modelo a seguir?, ¿cuál es el deber ser real? Yo, que transito un embarazo de 28 semanas ya empiezo a sentirme sobrepasada y abrumada por lo que vendrá.

MADRE NO HAY UNA SOLA. En La revolución de la crianza (Vergara) la puericultora, especialista en lactancia y crianza, Vanina Schoijett, sienta posición y revindica el apego y el retorno de las redes de apoyo femenino. En su primer compendio de artículos, que ya fueron publicados en Duérmete Hannibal, una página de FB cuyo título claramente alude al famoso (y polémico) método para enseñar a los niños a dormir, Duérmete niño (del español Eduard Estivill Sancho), invita a las mujeres a repensarse en su rol de madres como parte de un sistema ambiguo.

“Vivimos con la presión de tener que apurar los tiempos de los chicos para adaptarlos a los nuestros, sin respetar los ritmos naturales y madurativos de ellos. Los convertimos en satélites de nuestras agendas (las jornadas escolares son larguísimas) y terminamos apurándolos; sentimos que necesitamos intervenir y guiarlos cuando orgánicamente todo se acomoda: la lactancia tiene un fin y el colecho también. Incluso somos las propias mujeres las que nos autodemandamos, porque el puerperio dura mucho más que una licencia de 45 días”.

Para Schoijett, esa “especie de urgencia” de retomar el desarrollo profesional muchas veces no coincide con el verdadero sentimiento de algunas mujeres. Lo interesante sería que cada una pudiera sincerarse y asumir lo que quiere. La decisión es personal, pero también política y social: interfiere lo económico y la soledad con la que las mujeres crían a sus hijos (la actual licencia por paternidad es un chiste: dos días y no todas las empresas buscan alternativas más empáticas). “En ese escenario, trabajar es un alivio porque el hijo es demanda pura: requiere que su mamá esté disponible siempre para él”.

La psicóloga Marisa Russomando, en cambio, se reconoce “muy amiga del orden y partidaria de encontrar un punto medio en cada rol”. De hecho, Rutinas desde los pañales (Urano) es su libro más leído. Buscar el equilibrio, dice “no significa ocuparse empáticamente de tu hijo, no respetar sus tiempos o disponer de tu cuerpo en forma exclusiva durante algunos momentos del día. Pero todo tiene una medida. Los pediatras coinciden en que, a partir de los seis meses, los bebés están preparados para pasar toda la noche sin necesidad de alimentarse y podemos establecer pautas de sueño. Además, comienzan a sentarse. Con lo cual ya tienen otra mirada del mundo. No es solamente su mamá y su papá. Empiezan a considerar un mundo más amplio. Empiezan a reconocer a otros adultos como referentes, una hermana, la niñera, una abuela”.

El horizonte de una crianza feliz y saludable debería ser el de una madre feliz. Y no todas las mujeres se sienten cómodas pasando la mayoría del tiempo con sus hijos o amamantando. “Lo mejor que le puede para a un chico es ser criado por personas satisfechas”, dice, y hace una salvedad. “Los hijos deberían poder acomodarse a lo que los padres proponen. Pero por supuesto que los padres también tienen que generar los cambios necesarios por la inclusión de un hijo en casa. Tampoco estoy de acuerdo con esa típica justificación de los padres que pasan muchas horas afuera de que es mejor calidad que cantidad. Difícilmente puedan estar disociados”.

Pero nadie hace lo que hace a propósito. Porque esta necesidad infantil no suele pasar desapercibida por las madres que llegan a los consultorios culposas, fatigadas, pasadas, cansadas de hacer cuentas: “Ayer estuve ocho horas afuera, hoy vuelvo rápido”. Yo ya entendí: escuchar todas las voces antes de dar en la tecla (o creer que sí), ajustar, recalcular y volver a empezar. No pueden salir las cosas tan mal.

Textos: Mara Derni (mderni@atlantida.com.ar) Foto: Latinstock

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Post parto: guía de visitas al recién nacido

El nacimiento de un bebé suele traer felicidad y queremos conocerlo cuanto antes. Sin embargo, conviene ser cautos y consultar si somos bienvenidos.

Foto: Archivo Atlántida / Para Ti Mamá.
Antes de realizar una visita al bebé recién nacido es importante tener en cuenta  (Foto: Archivo Atlántida / Para Ti Mamá.)

Nació un bebé. ¿Qué queremos? ¡Conocerlo, obvio! Pero antes de comprar un regalito y averiguar dónde están internados la mamá y el bebé, lo mejor es considerar algunas cosas.

No es lo mismo

Por de pronto, no es lo mismo si se trata de un pariente muy cercano o nuestra mejor amiga que una compañera de trabajo o la esposa de un allegado.

Es probable que en el primer caso sepamos mejor cómo manejarnos y en el segundo debamos tantear un poco el panorama, para no importunar. ¿Qué hay que tener en cuenta?

Primero y principal, en el caso de un parto normal, no suele haber problemas, sólo que hay que averiguar que estén todavía en la clínica, porque a veces no llegan a las 48 horas de internación. Pero si fue necesario hacer una cesárea, la situación es bien diferente. Si bien es un tipo de práctica usual, a veces perdemos de vista que se trata de una intervención quirúrgica y esto supone un período de posparto pero también de posoperatorio.

Mundo nuevo

Con respecto al bebé, habrá que ver si por algún motivo, se encuentra en neonatología. De ser así, habrá que postergar la visita. Es decir, aunque suene grosero, podemos tener las mejores intenciones, pero hay que ver si la mamá y el bebé están en condiciones de recibir visitas.

Sobre esto, el neonatólogo Ernesto Lupo señala que lo más importante es tomar conciencia de que el nacimiento es un cambio profundo, como quizás no haya otro en la vida, tanto para los padres y la familia – especialmente si es el primero–, como para el recién nacido, que debe enfrentarse con un mundo nuevo del que no conoce casi nada y al que debe adaptarse. Dice que algunas de estas adaptaciones se darán rápida y espontáneamente ni bien el bebé nazca, pero otras llevarán un tiempo más prolongado y requerirán la ayuda y la guía de los padres.

“Sin embargo, también nos parece importante recordar que un niño nace porque ‘está listo para hacerlo’, es decir que ha adquirido la maduración y desarrollado las capacidades necesarias para afrontar esta nueva etapa sin complicaciones; etapa que incluye la familia que ‘le ha tocado’ con sus hábitos, sus costumbres y su manera de vivir. Es decir que habrá que hacer adaptaciones y cambios en ambos lados de la ecuación”, señala el médico.

Tiempo de adaptación

Respecto a las visitas entonces, hay dos opciones: ir al sanatorio o directamente a la casa, tras el alta.

En términos generales, se podría decir que los que no son tan allegados prefieren hacerlo en la clínica, para no molestar en el hogar (sobre todo en los primeros días, cuando todos se están adaptando a la nueva situación), mientras que la familia muchas veces es bienvenida en casa, para dar una mano con el recién nacido o algún hermanito.

“No hay una receta específica que se adecue a todos los casos, y la manera de encarar estos primeros días estará influenciado no sólo por las necesidades del bebé, sino por las condiciones de la madre para asumir sus nuevas funciones y por los hábitos familiares para ingresar un nuevo miembro a su estructura”, indica el especialista, y continúa: “Serán los padres los encargados de tomar estas primeras decisiones y, muchas veces, habrá que probar y, eventualmente, cambiar.

Ninguna de las situaciones planteadas son buenas o malas per se. Lo importante es que se sientan cómodos, confiados y que se den el tiempo y el espacio que necesiten, lo que podrá ser con más o menos gente alrededor, tanto en la maternidad como en la casa”. Por último, el profesional destaca el importante rol del padre con respecto a las visitas, ya que considera que es quien debería actuar como administrador de las mismas, según el acuerdo familiar alcanzado. “Si hay alguna contraindicación médica habrá que ajustarse a ella”, sostiene Lupo.

 La manera de encarar estos primeros días estará influenciado no sólo por las necesidades del bebé, sino por las condiciones de la madre .

Importantísimo

Aunque parezca elemental, conviene recordar que no deben estar en contacto con el bebé personas con enfermedades contagiosas, de tal manera que, si por ejemplo el tío o la abuela están resfriados o cosa similar, deberán tomar todas las precauciones necesarias para no contagiarlo. Lo mismo podemos decir del lavado de manos: debe ser una práctica obligatoria para todas las personas que se contactan con el recién nacido.

Por Florencia Romeo / Asesoró: Dr. Ernesto Lupo, neonatólogo del Hospital Italiano, M.N. 42.072.

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Juana Repetto: “Desde el segundo cero de ser madre sentía que era capaz de matar por esa cría”

Madre soltera, la hija de Reina Reech y Nicolás Repetto disfruta de Toro, su bebé de un año y medio, y hace un balance de este primer año y medio de maternidad. “El año y medio de edad de Toro es el mejor año y medio de mi vida”

Foto: Rosalía Cameroni.
Juana Repetto junto a Toro (Foto: Rosalía Cameroni)

Hace dos años, Juana Repetto sorprendió a todos, empezando por su familia, con una noticia bomba: estaba esperando su primer hijo y no había padre a la vista, sino que lo había concebido mediante inseminación. Pasado el primer impacto, todo volvió a acomodarse y hoy a nadie sorprende verlos juntos de aquí para allá.

Toribio, “Toro”, su pequeño, es un bebé feliz, súper sano y fuerte, amado por sus abuelos (Nicolás Repetto y Reina Reech), tíos y primos. Y ella, una mamá orgullosa, plena, consciente de su maternidad, tanto que decidió empezar a compartir todo lo que aprende con sus seguidores, al principio de manera informal y ahora, de forma más orgánica, a través de su blog. De todo eso y mucho más, hablamos con ella.

–¿Qué balance hacés de tu maternidad en este año y medio?

–Sin duda, el mejor año y medio de mi vida, pero los primeros tres meses fueron de lo más movilizador e intenso que viví. Me resultó difícil el primer mes, me asusté bastante. Reconozco que la etapa actual, aunque no parás un segundo, me está costando mucho menos que cuando era recién nacido, a pesar de que en ese momento sólo comen, duermen, les cambiás el pañal y parece todo más fácil.

–¿Qué cosa te sorprendió de la maternidad, que ni te imaginabas?

–Me sorprendió el puerperio, el primer tiempo fue duro. Te vas encariñando, pero en ese momento me parecía que no lo quería lo suficiente, ya sé que suena horrible, jaja… ¡Me daba una culpa! Me re hacía la cabeza: “No lo quiero todo lo que lo tengo que querer…”. Es inexplicable, imposible de poner en palabras el amor por un hijo. Hoy, siendo mamá, creo que sólo una madre lo sabe.

–Dijiste que siempre quisiste tener hijos. ¿También tenías claro qué tipo de madre querías ser?

–No. Cuando quedé embarazada empecé a investigar mucho y además fui juntándome con mamás en mi misma situación. Algunas tuvieron sus bebés un par de meses antes que yo y compartiendo experiencias fui encontrando mi propio camino. Y todavía sigo aprendiendo y haciendo cursos, por mí misma y por el blog Mammaminas que tengo con una amiga. Me gusta poder hablar con fundamento y sabiendo, por eso sigo formándome.

Cuando quedé embarazada empecé a investigar mucho y además fui juntándome con mamás en mi misma situación

–¿Creés en el instinto materno?

–Sí. De hecho creo que en aquellos primeros meses, en que todo me resultó tan difícil, incluso con mis dudas de si lo quería lo suficiente, desde el segundo cero sentía que era capaz de matar por esa cría.

Por Florencia Romeo / Producción: Gigi Viappiani / Fotos: Rosalía Cameroni.

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