Superclásico: mientras se espera la final…

Ahora sí. Este fin de semana es el último partido entre Boca y River, y antes de decir ¡por fin!, repasamos lo que hicimos y vivimos mientras todos hablaban de ESO.

nos ellos 23-11 - 20181123

 El clásico según Dante

por QUENA STRAUSS, periodista

Siempre detesté el fútbol. Lo siento, pero es así: toda esa movida sudorosa y gritona, llena de gente que se preinfarta frente a un descenso o compra camisetitas minúsculas para bebés de un día cuya voluntad quieren digitar literalmente “desde la cuna”, saca lo peor de mí. Con todo, acepto cual cordera pacientísima las explicaciones, las voces amigas que buscan destacar lo espectacular de este momento: es una superfinal, es –literal– un Boca-River y también, me dicen, es más probable que baje la inflación antes de que esto vuelva a suceder en esta era. “Porque una final de Libertadores en casa y entre estos dos, ma, no existe”, me dice Dante, mi niño ya preadolescente, híper futbolero, hincha de Ferro y desde siempre reacio a que yo me siente a su lado para mirar un partido importante.

Sinceramente lo entiendo: no cazo un palo de fútbol, heredé el desdén de mi padre por eso de 22 tipos corriendo atrás de un pedazo de cuero que se empeña en huir y ahora, ya de grande, me he tomado la molesta costumbre de comentar en voz alta todo lo que no entiendo. “¿Cómo se llama ese? ¿Guanchoqué? ¿Y ahí qué cobró? Ese que entra ahora es igualito a Massa”, comento convencida de ser la madre que todo adolescente sueña tener en su casa. Pues no. ¡Cuánta ingratitud! ¡Justo a mí que lo ayudé “dende potrillo” a comer, a caminar y a vestirse, un chistido! ¡Habrase visto tamaña berretada! Por eso ahora, y en venganza, la próxima (que es también la definitiva en este duelo de titanes) me compro un megáfono, me siento justo frente al plasma y desde ahí comienzo a gritarle mis preguntas improcedentes desde el minuto cero. ¿Sabés cómo va a aprender a respetar a sus mayores?

Fanáticos

por LUIS BUERO, periodista

ilustración VERÓNICA PALMIERI

En 2018 se mezcló la agenda de los medios con la de la gente y al final ya no sabíamos quién influenciaba a quién para que en todos lados se hablara del Mundial de Fútbol de Rusia, el clima tan lluvioso, la miniserie sobre la vida de Luis Miguel, el poliamor, la disputa Uber/taxistas, la proliferación de “motochorros”, el G-20 que se avecina con los dirigentes más importantes del mundo… hasta que Boca y River quedaron como finalistas de la Copa Libertadores de América. Como si esto fuera poco y no le nublara la mente a los muy apasionados por uno y otro club, así sean cirujanos en el quirófano o paracaidistas a punto de saltar, semanas atrás a Mauricio se le ocurrió proponer la idea de que los partidos se hicieran con hinchas visitantes.

Otra polémica nacional. Parece que en su entusiasmo el primer mandatario se olvidó que en 2015, en el partido de octavos de final por la misma Copa que disputaban los dos equipos, un grupo de tipos desde la tribuna de Boca (el famoso Panadero y sus secuaces) les arrojaron gas pimienta a los jugadores de River mientras salían por el túnel. Cómo explicarle a nuestro presidente que para algunos fanáticos (en el fútbol tanto como en la política, la música o la religión) no pasaron 3.000 años de civilización y siguen siendo seres prehistóricos. En el fanático ultrafutbolero su “Yo”, su alegría, su autoestima, están depositadas en el equipo de sus amores, al que seguirá de manera incondicional y tal vez sea ésta su única fidelidad en la vida. Yo por suerte soy distinto, ¡pero no me critiquen a Racing que va primero!