Por qué no escribimos más cartas de amor

Escribió sobre su hija en Cuadernos de crianza, escribió relatos en El lugar de las despedidas y la novela Los silencios. Pero Mauricio Koch, el autor de esta columna, extraña cuando escribíamos cartas de amor.

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“En la carta quizá nos animemos a decir aquello que no nos sale decir de frente, por pudor, timidez o miedo a hacer el ridículo”.

La última vez que se enamoró, Henry Miller tenía 84 años; vivía postrado y estaba ciego de un ojo. Conoció por carta a Brenda Venus, una actriz de treinta años que le había enviado una nota en la que le expresaba la pasión por él a través de sus libros. La relación duró los últimos cuatro años de Miller. En esos años le mandó a Brenda mil quinientas cartas de amor. Le escribía para decirle, por ejemplo: “Sólo gracias a ti continúo vivo. Lo sé mejor que nadie”.

Hay mil ejemplos más, pero este solo debería bastar para reivindicar al género. Hoy nadie escribe cartas. Hay costumbres e inventos que se las arreglaron para convivir con las nuevas tecnologías; el libro en papel, sin ir más lejos, sigue firme a pesar de los malos augurios. Pero no pasó eso con las cartas. Y tal vez está bien. El mail, el mensaje de texto y los chats nos han librado de tener que agotar un tema, por razones de tiempo y costos, lo que volvía las cartas largas y soporíferas. Pero la carta de amor es otra cosa.

Henry Miller
Henry Miller

En este caso el mail no sólo no aporta sino que quita, empobrece, da pena. La carta de amor perdió terreno ante lo peor de la presentación de imágenes, ante la frase de sobrecito de azúcar con letra inmaculada y melodía de sala de espera. Las máquinas tienen tipografía, la repetición ad infinítum de un mismo molde, pero nosotros tenemos caligrafía, y no importa qué tan elegante o despatarrada sea nuestra letra: es nuestra, y eso le da un valor distinto, un valor humano precisamente.

Leo en una enciclopedia actual un texto que dice: “Las cartas de amor son un género decadente”. Decadente, según una de las acepciones del diccionario es “que gusta de lo pasado de moda”. Perfecto, me digo entonces, cada día hay más personas dando vueltas por ahí, usando y reivindicando lo vintage o pasado de moda: es el momento ideal.
No se trata de decir que todo tiempo pasado fue mejor, ni de hacer un rescate de las costumbres de la bisabuela. ¿No se acuerdan cómo era escribir a mano? Prueben, es hermoso. Sólo se necesita papel y una lapicera.

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“Después de todo, si no hacemos algo jugado por nuestro amor, qué clase de amor es el que estamos viviendo”

Durante mucho tiempo los enamorados se sentaban a pensar y a dar lo mejor de sí para ponerlo en un papel que soñaban eterno; fumaban, mordían el lápiz, volvían a empezar una y otra vez porque no encontraban las palabras justas o nos les salía la curvita de la S. Era un desafío que valía la pena. Después de todo, si no hacemos algo jugado por nuestro amor, qué clase de amor es el que estamos viviendo.

Una buena carta de amor tiene que ser palabrera, exagerada, llena de esos floripondios que sólo nos salen cuando estamos enamorados. Tiene que oler a perfume, y después hay que ir corriendo hasta el correo y despacharla o entregarla en mano, acompañada de una flor, mejor aún, o de un regalo, y si hay lugar, de un gran beso con ruido.

En la carta quizá nos animemos a decir aquello que no nos sale decir de frente, por pudor, timidez o miedo a hacer el ridículo. Porque las cartas de amor son, deben ser, ridículas. Y esto no lo digo yo, sino el gran Fernando Pessoa: “Todas las cartas de amor son ridículas, no serían cartas de amor si no fuesen ridículas”.

por Mauricio Koch (mauriciok­­_74@hotmail.com)

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S.O.S. espalda: 9 hábitos saludables para evitar dolores

Cuando nos duele el cuello o la espalda hay mucho que se puede hacer para aliviarlo y hasta para prevenirlo. Es cuestión de proponérselo: podés aprender a utilizar algunas herramientas e implementar nuevas rutinas para preservar tu columna.

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“El secreto para lograr el bienestar de la columna consiste en aprender a convivir con ella y con su posible trastorno en armonía, como si fuera nuestra pareja a quien queremos complacer”.

La importancia de una buena postura va mucho más allá de que queda más lindo y elegante caminar con la espalda derecha: es fundamental para la salud. Sonia Valentina Tomazin, licenciada en Kinesiología y Fisiatría y vicepresidente y cofundadora del Centro de Estudios e Investigación Praxis Vertebral, lanzó el libro Adiós a tu dolor de columna (Editorial Dunken) donde, según sus propias palabras, “intenta transmitir de manera didáctica y práctica los pasos a seguir ante un dolor tanto agudo como crónico y todo tipo de consejos, alternativas, posturas, ejercicios y herramientas varias para aliviarlo”.

Sonia Valentina Tomazin, licenciada en Kinesiología y Fisiatría y vicepresidente y cofundadora del Centro de Estudios e Investigación Praxis Vertebral, lanzó el libro Adiós a tu dolor de columna (Editorial Dunken), una guía práctica de todos los pasos a seguir ante un dolor tanto agudo como crónico y consejos, alternativas, posturas, ejercicios y herramientas varias para aliviarlo. FB: adiosatudolordecolumna. IG: @adiosatudolordecolumna
Sonia Valentina Tomasen, licenciada en Kinesiología y Fisiatría y vicepresidente y cofundadora del Centro de Estudios e Investigación Praxis Vertebral, lanzó el libro Adiós a tu dolor de
columna (Editorial Dunken). FB: adiosatudolordecolumna. IG: @adiosatudolordecolumna

POSTURA: ACTITUD FRENTE A LA VIDA. La columna vertebral tiene influencia en casi todo el organismo. Por el interior de cada una de las 33 vértebras que la integran pasa la médula espinal, formada por un cordón cilíndrico por donde circulan los impulsos nerviosos que conectan el cerebro con todos los músculos y órganos del cuerpo.

Los nervios entran y salen en forma milimétrica a lo largo de toda la columna para gobernar gran parte del funcionamiento de nuestro organismo, como por ejemplo levantar un brazo, doblar una rodilla o regular, entre otras, las funciones digestivas, urinarias o respiratorias.

Cualquier desplazamiento vertebral producido por una desalineación postural, una caída o un movimiento inadecuado, puede traer trastornos en alguna parte del cuerpo, muchas veces a distancia, inclusive a nivel orgánico y hasta psíquico o emocional.

#PARA TI - COLUMNA - Estar mejor - GENTILEZA AUTORA - 20180608
Es una guía práctica de todos los pasos a seguir ante un dolor tanto agudo como crónico y consejos, alternativas, posturas, ejercicios y herramientas varias para aliviarlo.

“La mayoría de los dolores de columna son producidos por microtraumatismos repetitivos, es decir, comienzan como malas posturas o vicios posturales que se van sucediendo y generando leves (micro) tensiones musculares que sostenidas en el tiempo (días, meses, años) producen un efecto acumulativo de agresiones, traumatismos. La columna posee un grado de nobleza y ‘aguante’ que antes de lesionarse es capaz de soportar numerosas agresiones leves –es lo que se conoce como efecto ‘gota a gota’– y malas posturas que terminan con el tiempo rebalsando el vaso y llevan a una lesión estructural de las articulaciones por fatiga de material de discos, ligamentos, tendones y/o músculos”, explica Tomazin.

Amamantar al bebé. Mantené los hombros bajos, en lo posible apoyando los codos o antebrazos sobre apoyabrazos, almohadas, etc., para relajar la zona y evitar sostener el peso del bebé con los hombros.
Amamantar al bebé. Mantené los hombros bajos, en lo posible apoyando los codos o antebrazos sobre apoyabrazos, almohadas, etc., para relajar la zona y evitar sostener el peso del bebé con los hombros.

¡Atención! La columna da avisos antes de dañarse y es importante detectarlos. Estos avisos se manifiestan en forma de dolor.

“Hay que aprender a escuchar el cuerpo. Hay varias instancias: primero, una sensación de incomodidad; segundo, cansancio, contracturas, dolores de cuello, torso y cintura; tercero, dolores de cabeza, mareos, desgano, dificultad para concentrarse, y finalmente vienen las lesiones discales o discopatías. Muchas personas dicen que el cuerpo no les avisa, por lo general son aquellas que tienen poca conexión con lo que le sucede a su cuerpo, y recién reaccionan cuando el dolor llega al límite”, afirma la especialista.

Ocio. Para leer en la cama lo ideal es de costado con el libro apoyado sobre la cama
Ocio. Para leer en la cama lo ideal es de costado con el libro apoyado sobre la cama

TIPS INFALIBLES

x Posición de sentada. Es fundamental que evites que la columna se encorve y trates de que permanezca lo más alineada posible. El peso del cuerpo debe distribuirse equilibradamente hacia las caderas y la pelvis y no detenerse en algún sector de las articulaciones intervertebrales. Si la silla no tiene respaldo llevá la cola (pelvis) hacia atrás para que el peso caiga sobre los isquiones.

 x En la postura sentado. Evitá asientos blandos, no permanezcas por tiempo prolongado con las piernas cruzadas y tampoco sentada por más de 40 minutos seguidos.

Usuarios de computadora. A. La cabeza/cuello en posición recta y los hombros relajados. B. Borde superior del monitor al nivel de los ojos o algo por debajo. C. Los antebrazos y brazos a 90 grados o un poco más. D. Muslos y espalda a 90° o un poco más. E. Piernas y muslos a 90° o un poco más. F. Pies pegados al suelo o sobre un reposapiés. Importante: la distancia entre el cuerpo y el monitor deber ser entre 50 a 60 cm.
Usuarios de computadora. A. La cabeza/cuello en posición recta y los hombros relajados. B. Borde superior del monitor al nivel de los ojos o algo por debajo. C. Los antebrazos y brazos a 90 grados o un poco más. D. Muslos y espalda a 90° o un poco más. E. Piernas y muslos a 90° o un poco más. F. Pies pegados al suelo o sobre un reposapiés. Importante: la distancia entre el cuerpo y el monitor deber ser entre 50 a 60 cm.

x Cargar bolsos. Si los llevás en un solo hombro no hay que levantarlos para sostenerlos. Lo ideal es cruzarlos, así se distribuye el peso hacia los dos lados.

 xViajar en auto. Sentate bien contra el respaldo y ubicá el asiento a una distancia tal que las rodillas y los codos queden con una ligera flexión. Los hombros deben permanecer flojos y bajos y no tensionar los dedos en el volante.

xCelulares. Evitá tener la cabeza en flexión sostenida. Elevá el celular de modo de acercarlo a la vista formando una especie de atril con el codo y el antebrazo.

 x Dormir. Los primeros minutos permanecé boca arriba con el cuerpo estirado y alineado. Luego adoptá la postura preferida –se sugiere la fetal–. Evitá dormir boca abajo porque lleva a una posición asimétrica prolongada de la cabeza.

x Si aparece el dolor, colocá frío en la zona 10 minutos cada 2 o 3 horas, hacé reposo activo, ejercicios, consultá a un profesional.

 x No olvides el aspecto emocional de la columna. El estrés crónico conduce a la tensión muscular, para ello hay terapias corporales. Es importante hacer ejercicio físico, meditar y respirar, escuchar buena música, escribir, llorar, expresarse a través del arte.

Textos: Valeria Mariño (vmarino@atlantida.com.ar) Fotos: Latinstock/ Gentileza Graciela Caivano (Ilustraciones)

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Pegados al desapego

Ni tan independientes ni súper pegoteados. Nuestra columnista nos propone encontrar el justo equilibrio, pero sobre todo aferrarnos a un amor: el propio.

“La cultura del desapego llegó para derribar certezas, para confundirnos, para remendarnos”.
“La cultura del desapego llegó para derribar certezas, para confundirnos, para remendarnos”

Que nos animemos a soltar todo aquello que nos amarre a cualquier cosa o persona. Que nos alejemos de las orillas, confiados. Que el pasado no existe, que el presente ya pasó y que el futuro es tan incierto que mejor ni nombrarlo. Que nada ni nadie es tan imprescindible. Que nada ni nadie es tan necesario.

La cultura del desapego llegó para derribar certezas, para confundirnos, para remendarnos. Intentar encontrar la receta del dulce equilibrio entre lo merecido, lo perdido y lo ganado por ahora sigue siendo el mismo enigma de siempre.

“Si estamos libres de emociones, estamos desapegados; si estamos desapegados, no tenemos pasado; si no tenemos pasado, estamos en el presente, y si estamos en el presente, tenemos claridad”. Ya sé, parece un juego de palabras, pero no. Aunque muchos de ustedes no puedan creerlo, estos son recortes de texto que circulan por internet.

El último me lo envió una amiga por WhatsApp hace unas semanas, después de una conversación que tuvimos. “¿Lo leíste?”, me preguntó. “Sí”, le contesté. “Bueno, ahora decime qué hago. Porque pensar que tengo que olvidarme de él sólo me sirve para recordarlo”, sentenció.

Mi amiga no la está pasando bien y, por cuestiones demasiado personales y que no vienen al caso, no logra olvidarse de aquel hombre que en algún momento formó parte de su presente, su pasado y su destino. ¿Quién era yo para decirle qué hacer? Decidí repasar los arbitrarios mandamientos del cartelito encaprichado, pero fue inútil.

Asegurarle que la claridad siempre nos vuelve más felices era una mentira. Decirle que la única manera de salvarnos de las garras del recuerdo era vivir desapegados de todo aquello que alguna vez quisimos, deseamos o sentimos, resultaba monstruoso. Mi silencio la inquietó. A los tres minutos mi teléfono ardía de mensajes.

Finalmente (y a pesar de mi buena voluntad), terminamos hablando más de una hora y media respecto del difícil arte de superar los olvidos forzados, pero tampoco le sirvió demasiado.

LUCIANA PRODAN 2 - 20180427

De todos modos, eso no es lo importante. Porque de lo único que me interesa hablar en esta columna (que más que una columna es un acto de justicia) es de nuestro amor propio. O, mejor dicho, de la diferencia que existe entre el amor propio y aquella sentencia absoluta que se esconde detrás del desapego para dejarnos ciegos de fe.

Del único amor que no deberíamos dejar escapar, pero al que muchos de nosotros todavía no pudimos acercarnos. De ese amor que queremos conquistar, pero que preferimos desconocer por miedo de que nos robe el permiso para poder amar a los otros. De ese resguardo, de esa manta y ese cobijo que es y será el único capaz de abrigarnos las ganas para siempre, a pesar del frío, la soledad y el desamparo que cualquiera se atreva a regalarnos.

La verdadera libertad, esa que nos desnuda los miedos, se trasluce a través de nuestra capacidad para poder seguir a pesar de los dolores, los recuerdos y las pérdidas. Vivir sin sentir no puede ser una opción. Las almas anestesiadas no sirven para nada; son almas mustias, oscuras, resecas.

Por Luciana Prodan
Facebook.com/LucianaProdan

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Quedar afuera… ¡no da!

Si siempre hay alguno que queda afuera; si en la sala son 15, pero la pijamada es para 10, es hora de poner nuevas reglas y educar tanto a los pequeños como a los padres.

SELFIE 1 - 20180504
“Quedar afuera y dejar afuera es parte del aprendizaje, pero cuando le pasa a tu hijo, ¡da un dolor de panza!”

Con la escuela arrancan los primeros amigos, los grupitos, las afinidades y también los conflictos. Quedar afuera y dejar afuera es parte del aprendizaje, pero cuando le pasa a tu hijo, ¡da un dolor de panza! Ya que tenemos ciertas normas de respeto establecidas en grupos de mamis de WhatsApp como: evitar fotos y videos porno en caso de que los niños miren los teléfonos o hablar pestes del colegio que en definitiva elegimos todos los miembros del chat… podríamos también sumar un listadito de normas de convivencia sobre lo que se le hace o no a un amigo.

No hace falta ser licenciado en psicología, pedagogía o educación, basta con tener un poco de sentido común. Aquí, algunas de las cosas que a mi entender NO DAN:

xLa regla del porcentaje: “Es que no me entran 16 en tres autos, por eso invité a 15”. “Una pijamada de 7 pibes ni loca, mi número máximo es 6”. A ver, si la suma de los invitados respecto al número general del grupo es bastante más de la mitad, ¡está mal! Invitamos a ALGUNOS o a TODOS.

xJugártela de Ghandi y portarte como el dictador coreano Kim Jong-un: el otro día una amiga mía me mostró indignada un WhatsApp que le llegó de un grupo de mamis. Quizás lo leyeron, es sobre invitar a un niño especial que suele quedar excluido de los cumpleaños, cuyo único deseo es ser aceptado, bla bla bla. Ese mismo grupo de madres es el que permite que en el club sus hijos se inviten unos a otros frente al hijo de mi amiga y le digan en la cara que él no está invitado. Esto es sentido común: invitar a un chico frente a otro al que se deja afuera ¡NO DA! (a un adulto tampoco, por supuesto). Y después hacerte la buena por WhatsApp, menos.

SELFIE 2 - 20180504
Con la escuela arrancan los primeros amigos, los grupitos, las afinidades y también los conflictos. ¡Tomá nota de las cosas que NO DAN!

xJugar al huevo podrido: cuando escuchás que siempre es o son los mismos a los que eligen últimos para los juegos, les tocan los peores roles, ocupan el lugar que nadie más quiere tener, etcétera, y estamos involucrados en el grupo como padres o maestros, no nos hagamos los distraídos. Los roles se pueden mover y más cuando los chicos son chicos, así que si vemos que la nube gris siempre precipita sobre la misma cabeza, abramos el paraguas porque ¡NO DA!

xLa cómplice: le compramos un paquete de figuritas por semana y el pibe vuelve con sesenta, ¿no se nos ocurre preguntar de dónde las sacó? O si llega con un juguete costoso que “le regaló” un amigo, ¿no preguntamos, al menos? No sea cosa que alguno por querer estar adentro y no afuera esté pagando un costo que no corresponde. Para que uno se aproveche siempre hay como mínimo dos implicados. Permitir que se aprovechen de otro ¡NO DA!

Aprenden los chicos, aprendemos los padres. A todos un poquito nos va a doler, eso es inevitable. Da equivocarse, da pedir perdón, lo que no da es ser menos empático que conductor estacionado en rampa de discapacitados.

por Mariana Weschler
Facebook.com/marianaweschler

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SELFIE 1 - 20180504
“Quedar afuera y dejar afuera es parte del aprendizaje, pero cuando le pasa a tu hijo, ¡da un dolor de panza!”

Con la escuela arrancan los primeros amigos, los grupitos, las afinidades y también los conflictos. Quedar afuera y dejar afuera es parte del aprendizaje, pero cuando le pasa a tu hijo, ¡da un dolor de panza! Ya que tenemos ciertas normas de respeto establecidas en grupos de mamis de WhatsApp como: evitar fotos y videos porno en caso de que los niños miren los teléfonos o hablar pestes del colegio que en definitiva elegimos todos los miembros del chat… podríamos también sumar un listadito de normas de convivencia sobre lo que se le hace o no a un amigo.

No hace falta ser licenciado en psicología, pedagogía o educación, basta con tener un poco de sentido común. Aquí, algunas de las cosas que a mi entender NO DAN:

xLa regla del porcentaje: “Es que no me entran 16 en tres autos, por eso invité a 15”. “Una pijamada de 7 pibes ni loca, mi número máximo es 6”. A ver, si la suma de los invitados respecto al número general del grupo es bastante más de la mitad, ¡está mal! Invitamos a ALGUNOS o a TODOS.

xJugártela de Ghandi y portarte como el dictador coreano Kim Jong-un: el otro día una amiga mía me mostró indignada un WhatsApp que le llegó de un grupo de mamis. Quizás lo leyeron, es sobre invitar a un niño especial que suele quedar excluido de los cumpleaños, cuyo único deseo es ser aceptado, bla bla bla. Ese mismo grupo de madres es el que permite que en el club sus hijos se inviten unos a otros frente al hijo de mi amiga y le digan en la cara que él no está invitado. Esto es sentido común: invitar a un chico frente a otro al que se deja afuera ¡NO DA! (a un adulto tampoco, por supuesto). Y después hacerte la buena por WhatsApp, menos.

SELFIE 2 - 20180504
Con la escuela arrancan los primeros amigos, los grupitos, las afinidades y también los conflictos. ¡Tomá nota de las cosas que NO DAN!

xJugar al huevo podrido: cuando escuchás que siempre es o son los mismos a los que eligen últimos para los juegos, les tocan los peores roles, ocupan el lugar que nadie más quiere tener, etcétera, y estamos involucrados en el grupo como padres o maestros, no nos hagamos los distraídos. Los roles se pueden mover y más cuando los chicos son chicos, así que si vemos que la nube gris siempre precipita sobre la misma cabeza, abramos el paraguas porque ¡NO DA!

xLa cómplice: le compramos un paquete de figuritas por semana y el pibe vuelve con sesenta, ¿no se nos ocurre preguntar de dónde las sacó? O si llega con un juguete costoso que “le regaló” un amigo, ¿no preguntamos, al menos? No sea cosa que alguno por querer estar adentro y no afuera esté pagando un costo que no corresponde. Para que uno se aproveche siempre hay como mínimo dos implicados. Permitir que se aprovechen de otro ¡NO DA!

Aprenden los chicos, aprendemos los padres. A todos un poquito nos va a doler, eso es inevitable. Da equivocarse, da pedir perdón, lo que no da es ser menos empático que conductor estacionado en rampa de discapacitados.

por Mariana Weschler
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Vamos (todos) a la playa

Nuestra columnista Mariana Weschler parodia unas vacaciones en familia, con días con nada para hacer y multitudes alrededor para compartir en la costa.

PARA TI SELFIE 2 - 20180126
Escapada de playa

Cuando pensás en vacaciones en la playa, el ideal es algo como HACER NADA. El despeje completo y absoluto de todo. “Que ganas de hacer nada en todo el día”, decís convencida allá por noviembre. Mi familia, la arena, las olas y nada más. Y lo sostenés uno, dos, tres días. Hasta que el cuarto te surge la imperiosa necesidad de encontrarte con otro ser humano, o varios, para que cada miembro de la familia se junte con otra gente y cambie esa cara de tujes que no era la que esperabas como tu ideal de NADA.

Armás una logística playera con esos amigos que además de mate y buena onda tienen edades afines. “Che, ¿esa playa no es un quilombo?”, anticipás. “Un poco”, dice tu amiga. Cargás a todos –y todo– en el auto. Llegás al balneario y te encontrás buscando lugar para estacionar como si estuvieras en el microcentro. Tenés la certeza de que te van a pedir propina por ese espacio incómodo y la incertidumbre de si el auto logrará salir de ese terreno hundido en la arena con la misma facilidad con que entró.
Cargada como repositor de supermercado, en el caminito de madera nomás te ponés a buscar “un hueco”. Sincerémonos, una playa donde se busca “el hueco” en lugar de disfrutar la amplitud de la arena no merece ser llamada playa. Pero todos van a estar entretenidos, así que te la bancás.

"Sincerémonos, una playa donde se busca el hueco en lugar de disfrutar la amplitud de la arena no merece ser llamada playa"
“Sincerémonos, una playa donde se busca el hueco en lugar de disfrutar la amplitud de la arena no merece ser llamada playa”

Una vez que clavaste la sombrilla te das cuenta de que el vecino de al lado tiene más amigos que famoso en Instagram y para cuando tu amiga te ceba el mate, temés que alguno de los vecinos te lo babee. Andás con cuatro ojos mirando a los pibes, que los adolescentes encuentren lo que buscan para no tener que verles la cara un rato, y que los más chicos no se te pierdan de vista, lo cual es imposible. “Mirá Pedrito que nuestra sombrilla es la verde pegada a la amarilla, en diagonal a la casilla del guardavidas…”; el pibe no sabe lo que es una diagonal, vos que intentás maniobrar charla, mate y chicos desparramados, los tenés fichados por el color de malla, y rogá que el tuyo no sea muy osado con el mar porque es más complicado sacar al chico del agua que llevarte sin querer otro de malla del mismo tono.

PARA TI SELFIE 1 - 20180126
Playa

“Tiene onda esta playa”, dice tu amiga, “te encontrás con todo el mundo”, agrega mientras saluda gente a más no poder. Y sí, aunque sabés que no está todo el mundo en la playa y te reconocés afortunada de poder irte de vacaciones, por ese momento podrías jurar que sí. Hasta que emprendés el camino de regreso a tu casa y te das cuenta de que todo el mundo está en la misma ruta, y la tarde de playa termina con un tránsito que sería la envidia de Roma. Con decirte que los chicos que estaban haciendo dedo ahora te miran desde sus cómodas ojotas para gozarte nomás. Finalmente llegás a tu casa para bañarte, hacer algo de comer –que la playa da hambre, parece– y te tirás en el balconcito a mirar al cielo. Tan despejado que podrías contar las estrellas. Ese vacío inmenso que te da paz, te hace pensar en la locura que es vivir en medio del despelote todo el año. Sentís esa hermosa sensación de que la naturaleza es generosa, que por ese instante no necesitás nada más. Hasta que escuchás desde una habitación “¿Vamos a tomar algo al centro?”

Por Mariana Weschler
Facebook.com/marianaweschler

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