¿Por qué nos refugiamos en la comida frente a emociones extremas?

Nos pasa a todas: si estamos mal, comemos… Y también comemos si estamos demasiado eufóricas. Se llama “apetito emocional” y demuestra cómo los sentimientos pueden repercutir en la balanza. Conocé de qué se trata y tomá nota de algunos tips para evitarlo.

Young woman choosing between apple and big sandwich standing in front of the refrigerator full of vegetables and fruits
La idea es comer saboreando y disfrutando lo que elegimos, no sentir que ese alimento nos calma ante una situación de estrés.

Ocho de cada 10 personas aseguran que comen más ante situaciones estresantes. Sólo el 20% es lo suficientemente fuerte para no dejarse tentar por las emociones. ¿De qué lado de la grieta estás?

Sabemos que es muy complicado no refugiarnos en los alimentos –en cierto tipo de productos, para ser más precisas– cuando nos invade la tristeza, la angustia, el enojo y hasta la euforia. Sí, porque no sólo las emociones negativas son las que nos arrastran hacia la heladera, las positivas también pueden llevarnos al mismo lugar.

¿Qué es, entonces, el apetito emociogénico? “Se ha descubierto que los procesos emocionales intervienen en la conducta alimentaria, ya que para muchos la comida es un elemento que tranquiliza y gratifica”, explica Paula Martínez, psicóloga, coordinadora de una de las mesas de las “XXI Jornadas de Medicina Nutricional y Obesidad” organizadas por la Fundación Diquecito en Córdoba.

Fabiana Stolman, especialista en nutrición y medicina interna, agrega que hablamos de apetito emociogénico cuando “la búsqueda de placer y gratificación a través de la comida se da por un desencadenante emocional como la ansiedad, el aburrimiento, la soledad, la alegría o la tristeza”.

ALIMENTOS “ANSIOLÍTICOS” ¿Qué alimentos preferimos para calmar nuestras emociones? “Las mujeres por lo general elegimos más lo dulce, como dulce de leche, chocolate y sus derivados; en cambio, los hombres, en líneas generales, se inclinan más por lo salado, como snacks o comida chatarra”, agrega la médica.

Young woman eating big sandwich in front of the refrigerator full of friuts and vegetables
Ocho de cada 10 personas aseguran que comen más ante situaciones estresantes. Sólo el 20% es lo suficientemente fuerte para no dejarse tentar por las emociones.

Su colega, el doctor Rubén Salcedo, miembro del Comité Científico de las Jornadas y director médico de Diquecito, explica un hallazgo importante de los últimos años: “Se ha encontrado que ante ciertos productos alimenticios los receptores que están en el hipotálamo liberan dopamina, lo que genera que la persona se sienta gratificada. La alimentación de alto contenido de algunas sustancias, como el glutamato de sodio o las grasas saturadas, al estimular esos receptores hacen que se mejore el estado de ánimo transitoriamente, es decir, que muchas personas usan la comida como si fuera el primer antidepresivo”.

¿ES HAMBRE REAL?La idea es comer saboreando y disfrutando lo que elegimos, no sentir que ese alimento nos calma ante una situación de estrés. Por eso es importante detenerse y pensar si lo que tenemos es hambre fisiológico o realmente estamos cubriendo con la comida alguna otra cuestión más profunda que debamos tratar”, explica la Dra. Stolman. Dicho en otras palabras, no usar la comida para “resolver˝ una situación.

Tips para enfrentar al apetito emociogénico:

xCuando sientas necesidad de “picar” algo, esperá un poco antes de acercarte a la heladera porque pasados unos minutos el apetito emociogénico pasa.

xTomá un vaso de agua.

xProbá lavándote los dientes: el sabor del dentífrico en la boca hace que se te pasen las ganas de comer algo dulce.

xNo hay que comer cuando estás ansiosa y para eso hay que detenerse y registrar cómo estás antes de comer; también conviene evitar la tecnología mientras se come,  así se registran mejor los olores y los colores de los alimentos.

Los profesionales advierten que buscar el placer a través de la comida es una estafa hacia nosotras mismas: “Es una manera de gratificarnos medio mentirosa porque sabemos que luego viene otra vez ese sentimiento negativo que nos vuelve a llevar a comer y así es un círculo que se repite. Uno cada vez quiere consumir más y eso lo va estimulando transitoriamente, el problema es que estos alimentos tienen calorías y eso puede llevar a la obesidad”, cierra Salcedo.

Prestar atención a los síntomas, detectar si realmente se trata de hambre o tiene que ver con algo emocional es clave para enfrentar la situación y no llegar a sorprendernos al ver lo que indica la balanza.

Textos: Carolina Koruk (mcarolina_k@hotmail.com) Foto: Latinstock

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