Gloria Carrá y Julieta Díaz: “Nos une la pasión por la música y por Luis Miguel”

Son actrices desde hace más de treinta años y por primera vez eligen poner su energía en un espectáculo musical e infantil. Confiesan ser amigas y confidentes, disfrutan de tomar una copa de vino juntas y luego ir al teatro, y admiten que lo que más las une es su “amor incondicional” por Luis Miguel.

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“Nuestro lema con Luis Miguel es: ‘gordo y naranja te queremos igual’. para que se entienda bien, sentimos una pasión arrolladora por él”.

Gloria Carrá (47) y Julieta Díaz (40) charlan sin parar mientras las maquillan y peinan y luego debaten sobre la música que escucharán durante la producción de fotos. Al verlas interactuar cualquiera diría que son de esas amigas de la infancia que se conocen a la perfección, pero no es así: “Nos encontramos por primera vez hace dos años, en el 2016, cuando nos convocaron para trabajar en Silencios de familia y pegamos onda de inmediato”, explica Gloria, y Julieta suelta una frase que deja a su amiga perpleja: “Voy a aprovechar esta nota para confesar algo: yo tenía un poco de miedo de trabajar con Gloria”. “¡Ay, Julieta, ¿cómo miedo?!, ¿por qué decís eso?”, pregunta Gloria entre risas.

 -Aclaremos esto, por favor, es una nota del Día del amigo y empiezo a temer que termine mal…

Julieta: ¡Déjenme explicarles! A mí me generaba una gran ilusión trabajar con Gloria porque la consideraba una bestia de actriz, una mina muy fuerte, la admiraba desde siempre pero, cuando me enteré que seríamos hermanas en el programa, me pregunté: ¿cómo será su personalidad? ¿Será una mina muy brava?

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“Luis Miguel fue mi primer amor. ¡Pero de verdad lo digo! Vino a Canal 13 cuando yo trabajaba en Señorita maestra, lo crucé, lo vi y fue un flechazo instantáneo: ¡me enamoré locamente de él!” Gloria Carrá

 -¿Y? ¿Es muy brava?

J: ¡Gloria es un dulce de leche! ¡La persona más amorosa del mundo entero! Ojo, tiene mucho carácter, es súper fuerte –tal como yo imaginaba–, pero también generosa y una excelente compañera.

-Y vos, Gloria, ¿no sentías cierto temor de trabajar con la esposa oficial de Adrián Suar en la ficción?

-(N. de la R.: Julieta fue la mujer de Suar en las películas El fútbol y yo, Dos más dos y en la miniserie Silencios de familia. Gloria: ¿Sabés que no lo pensé así? ¡Pero tenés razón! Juli, reclamá la mitad de Pol-ka yaaaaaaaaa (Se ríe). Hablando en serio: para mí Julieta fue una sorpresa enorme. Porque, sinceramente, una no llega a un programa esperando encontrar a una amiga. Una va a grabar con la esperanza de que haya un lindo clima en el elenco y todo fluya en armonía y punto.

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“Cuando terminó el programa la invité a Juli a un par de recitales de Coronados de Gloria para cantar conmigo y bueno, ahora surgió la posibilidad de compartir un espectáculo infantil y estamos súper felices”

-Pero no fue sólo eso, terminaron siendo amigas de verdad, ¿no?

J: Sí, exacto, fue así. Gloria compartía camarín con Flor (Bertotti, 35) y muchas veces llegaba con su guitarra porque venía de ensayar con su banda y se ponía a tocar y Flor y yo cantábamos con ella. ¿Te acordás que inventábamos canciones?

G: Sí, ¡nos divertíamos mucho en esas previas que hacíamos mientras nos maquillaban y peinaban! Cuando terminó el programa la invité a Juli a un par de recitales de Coronados de Gloria para cantar conmigo y bueno, ahora surgió la posibilidad de compartir un espectáculo infantil y estamos súper felices.

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“El proyecto surgió hace cuatro meses cuando me me contactaron desde Acercarte, un programa del Gobierno de la Ciudad, para hacer un espectáculo para chicos en vacaciones de invierno y pensé de inmediato en Juli porque ella ama cantar”. Gloria Carrá.

-¿Es un espectáculo musical?

G: Sí, se llama Coronados de Gloria y Julieta Díaz y vamos a estar el 25 de julio en la Usina del arte y el 26 en el Teatro Helios. El proyecto surgió hace cuatro meses cuando me me contactaron desde Acercarte, un programa del Gobierno de la Ciudad, para hacer un espectáculo para chicos en vacaciones de invierno y pensé de inmediato en Juli porque ella ama cantar. J: A mí me encantó la propuesta, pero no te voy a mentir: un poco me asusté. La verdad es que Gloria hace cinco años canta con su banda y lo hace maravillosamente bien y yo la única experiencia que tenía era una comedia musical que protagonicé con el Puma Goity en 2013: Los locos Adams.

#PARATI - DIAZ CARRA - News - Coronados de gloria1 - 20180713
Coronados de Gloria y Julieta Díaz, el espectáculo infantil que presentan juntas en la Usina del Arte y a partir del 26 en el Teatro Helios

-¿Angela suele ir a ver tus shows?

G: Sí, le gusta venir y yo le pido que suba al escenario a cantar conmigo. Amo compartir ese momento con ella. A los 14 años, Adrián (Suar), que trabajaba con ella en Solamente vos, le regaló un parlante y un micrófono y ese fue el principio del fin: nunca más dejo de cantar, ¡nos enloqueció a todos! Eran las 2 AM y ella seguía en su habitación, un tema tras otro y yo a los gritos: “Angelaaaaaaa, ¡queremos dormir! ¡Mañana tenés clases! ¡Apagá todo!”

J: Es lindo ver a tu hija crecer, desarrollarse en libertad, ser fiel así misma. Yo la escucho a Gloria hablar de los logros de Angela y muero de amor.

Angela (de su relación con Marcelo Torres) y Amelia (con Luciano Cáseres), las hijas de Gloria.
Angela (de su relación con Marcelo Torres) y Amelia (con Luciano Cáseres), las hijas de Gloria.

-¿Son de recomendarse películas o series?

J: Bueno, ahora Gloria está en un momento muy especial: vive por y para la serie de Luis Miguel ¡Y yo todavía no arraqué a verla! G: Momento, yo necesito explicar esto: Luis Miguel fue mi primer amor. ¡Pero de verdad lo digo! Vino a Canal 13 cuando yo trabajaba en Señorita maestra, lo crucé, lo vi y fue un flechazo instantáneo: ¡me enamoré locamente de él!

4. Julieta con la pequeña Helena de 3 años que tuvo con su marido Brent Federinghi
4. Julieta con la pequeña Helena de 3 años que tuvo con su marido Brent Federinghi

-¿Y qué sentís ahora cuando lo ves así, un poco deteriorado físicamente?

J: ¡¿Perdón?! Gloria, yo no voy a permitir que ella diga esto. Nuestro lema con Luis Miguel es: “Gordo y naranja te queremos igual”. G: Juli, no sé si hacemos bien en decir esto en una nota. ¿Mirá si la lee y se deprime? (ambas sueltan una carcajada). J: Es que, te explico para que se entienda bien, con Luismi nos pasa algo rarísimo: por un lado sentimos una pasión arrolladora por él y, por otro, queremos hacerle un tecito con miel y jengibre para que cuide esa voz hermosa que tiene mientras lo arropamos y llenamos de besos.

Actuando en Silencios de familia, la tira de Adrián Suar en la que se conocieron.
Actuando en Silencios de familia, la tira de Adrián Suar en la que se conocieron.

-El blanqueado de dientes, ese bronceado eterno… ¿no les molesta?

J: ¡Lo queremos igual! ¡Somos incondicionales! A ver, no te voy a mentir, yo le diría: “aflojá con el sol, paremos con el entretejido y la tintura…”. G: Tenía esas paletitas hermosas, separadas, y se hizo ese comedor entero que brilla como si tuviera luces de neón, ¡rarísimo! Pero lo bancamos. Como verás, en nuestra amistad el amor por Luis Miguel es un pilar fundamental, no intentes venir a derribarlo.

Textos: Juliana Ferrini Producción: Marité Rizzo Fotos: Christian Bebiera

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Mujeres guerreras: le ganaron al cáncer y participan de un rally femenino

Médicas y amigas, enfrentaron la enfermedad juntas. El año pasado celebraron sus diez años sanas participando de una competición automotriz 100 por ciento femenino. Hoy una de ellas enfermó otra vez, pero planean seguir dando batalla y por qué no participar de alguna otra carrera. Estas dos mujeres no bajan la guardia y comparten sus secretos de superación.

Las médicas Patricia Imamura y Alicia Bagur en la última edición del rally femenino que corrieron juntas en el norte. Fueron las primeras participantes argentinas del Trophée Roses de Andes.
Las médicas Patricia Imamura y Alicia Bagur en la última edición del rally femenino que corrieron juntas en el norte. Fueron las primeras participantes argentinas del Trophée Roses de Andes.

“Ustedes dos deberían conocerse y charlar. Tienen mucho para conversar”. Alicia Bagur (59), médica osteóloga y Patricia Imamura (60), reumatóloga, siguieron el consejo de una amiga y colega en común y nunca más dejaron de acompañarse. Ambas estaban desoladas y angustiadas: acababan de recibir un diagnóstico de cáncer de mama. Desde entonces son equipo en la vida y en los circuitos más insólitos.

El año pasado y el anterior celebraron diez años sin enfermedad con una aventura loca. Nada de un tecito o un día de spa: festejaron participando del Trophée Roses de Andes, un rally exclusivo para mujeres que cada mes de abril recorre Salta y Jujuy.

Bajo el nombre de Rosas Argentinas, manejaron diez horas por día una camioneta cuatro por cuatro, a 4000 metros de altura, sin GPS ni señal de celular, guiadas por la salida del sol y los puntos cardinales, durmieron en campamentos, aprendieron a cambiar cubiertas en medio del desierto y a salir del barro.

Aunque a la vuelta de la segunda edición (en 2017) Patricia volvió enfermarse, enseguida recupera la entereza y la sonrisa calma cuando piensa en aquellos días a pura adrenalina, a solas con su amiga que, por estos días, le hace compañía en su departamento de Palermo, donde vive con su marido y su hijo (Gonzalo, de 18).

En la casa de Patricia, donde suelen ponerse al día. (Foto: Fabián Mattiazzi/ Para Ti)
En la casa de Patricia, donde suelen ponerse al día. (Foto: Fabián Mattiazzi/ Para Ti)

El mes pasado, doce años después de aquel primer tumor en la mama izquierda, le descubrieron un tumor en la vejiga y a continuación otro en la uretra. Por las dudas, el pasado 25 de enero, le sacaron todo: en una intervención compleja que la tuvo cuatro días en terapia intensiva y otros cinco en el piso del Hospital Italiano -“su segundo hogar”, y donde atiende a sus pacientes tres veces por semana-. Recién la semana pasada dio su primer paseo, sin faja y sin sonda, y empezó a hablar con más soltura.

-El lazo entre ustedes sigue siendo un gran pilar para salir adelante…
-Bagur: Sí, en esos momentos tan duros, cuando te enfrentás con un diagnóstico así, es muy importante sentir que alguien al que le está pasando lo mismo te comprende de verdad, que entiende exactamente lo que estás viviendo. Nosotras nos conocimos bajo quimio, y ya nos vimos con pelucas, peladas, en los peores estados. Además, pensá que hasta hace apenas algunos años no se hablaba con apertura del cáncer como ahora. Era una mala palabra, asociada a la muerte. Cuando en realidad es algo que sucede y a lo no hay que tenerle miedo porque se puede salir adelante. Incluso a mí, como todo lo malo que me pasó en la vida, me ayudó a modificar cosas que no me hacían bien. Es un sacudón importante que te hace ver cosas que quizás una ya sabe, pero no termina de hacerse cargo.

-¿Por ejemplo?
Bagur: Empecé a priorizar espacios y situaciones que antes no ponía en primer plano. Una siempre sabe lo que le hace bien, pero muchas veces deja de hacerlo porque las obligaciones te llevan por delante, te arrastran, te invaden. Pateás lo que te gusta para adelante, cuando una, en realidad, no sabe si después vas a estar. Obvio que es muy difícil y es un trabajo continuo. Más cuando te gusta lo que hacés. Apenas me enfermé, dejé el Hospital de Clínicas y me quedé con el consultorio privado, pero me sigue pasando que me sobrecargo de actividades y vuelvo a tener que ponerme un límite. -Imamura: Lo mismo yo. Después del primer diagnóstico estaba full time en el hospital y luego de la operación decidí quedarme como médica asociada, con muchas menos horas de atención. Porque una se contenta con pensar “dejo lo que me gusta para más adelante, total hay tiempo”, cuando en realidad lo que viene es realmente incierto.

“Se sabe que uno nace con un patrón genético, con un mapa de las enfermedades que puede tener, pero los genes se expresan o no de acuerdo a lo que te pase en la vida”. Alicia Bagur
“Se sabe que uno nace con un patrón genético pero los genes se expresan o no de acuerdo a lo que te pase en la vida”. Alicia Bagur. (Foto: Fabián Mattiazzi/ Para Ti)

EMPATÍA. Padecer como sus pacientes, cruzarse de escritorio, sentarse del otro lado, entender el significado de la escucha real, exacerbó y modificó para ambas mujeres la relación médico paciente. Más cuando piensan que lo emocional tiene un efecto concreto en la salud. Alicia acababa de separarse del padre de sus dos hijos, Azul (34) y Juan (30), cuando supo que algo andaba mal en su cuerpo. En Brasil, en las primeras vacaciones sola (antes de conocer a su actual marido), notó un bulto extraño en su mama derecha.

“Se sabe que uno nace con un patrón genético, con un mapa de las enfermedades que puede tener, pero los genes se expresan o no de acuerdo a lo que te pase en la vida. Pueden saltar o no, según los golpes fuertes que tengas. Las actitudes derrotistas frente a lo que nos pasa, sin duda, tienen un impacto negativo en la salud. Igual que no cuidarse, dormir mal o comer cualquier cosa”, comparte. Atrás quedaron las reacciones adversas que le trajo la quimio, los rayos y la medicación que tomó durante cinco años después de la operación. El cáncer no volvió aparecer y luchó contra los fantasmas que volvían con cada mamografía. “Cada vez que vas a buscar el resultado revivís el momento del diagnóstico. Es inevitable, pero el paso del tiempo ayuda para todo”.

-El hecho de ser médicas y contar con más información y recursos, ¿vuelve diferente el proceso?
-Bagur: No, lo que cambia es que sabés todo mucho más rápido. Mi ginecóloga estaba de viaje, así que hice lo que no hay que hacer: miré yo la mamografía y ya supe que algo andaba mal. -Imamura: Yo me enteré en el hospital haciéndome los controles de rutina. Cuando vi la cara de la especialista que me hacía la ecografía, me di cuenta de que algo feo venía. Antes de la biopsia.

Otra imagen del último rally que corrieron juntas. Patricia y Alicia valoran su amistad: “Es muy importante sentir que alguien al que le está pasando lo mismo te comprende de verdad”, sostienen.
Otra imagen del último rally que corrieron juntas. Patricia y Alicia valoran su amistad: “Es muy importante sentir que alguien al que le está pasando lo mismo te comprende de verdad”, sostienen.

-Alicia, ¿cómo manejaste el tema con tu hija?
-Lo conversé especialmente con ella porque es grande y porque así como yo no tuve antecedentes familiares, ahora sí los hay y tiene que hacerse los controles con mayor rigurosidad. Imamura: Siempre es complicado con los chicos. La primera vez que me enfermé el mío tenía seis años, y si bien no podía expresarse tanto, estaba muy nervioso y agresivo en el colegio. Ahora habla más, pero sé que guarda mucho.

-¿Y a vos Patricia?, además de las amigas, ¿qué te está ayudando a salir adelante?
-Diferentes tratamientos complementarios que hice, como reiki, terapias de sanación y cadenas de oración. El humor también. Lo más importante es tratar de no deprimirme porque de esto tengo que sacar algo bueno. Lo tomo como una oportunidad para mejorar cosas. Intento no enroscarme en cosas que no valen la pena y disfrutar como estoy. Tengo bastante para ocuparme de la adolescencia de mi hijo que viene brava. El por qué a mí y el enojo no ayuda demasiado, nunca me llevó a buenos lugares. Pero es difícil correrse del lugar negativo y de la mala onda. Otro empuje positivo es imaginar planes hacía adelante.

-¿Cuáles son los tuyos?
-Dejé postergado ikebana y tengo pendiente aprender a tocar el bombo japonés; se necesita bastante fuerza y está bueno para sacar adrenalina y bronca. Y tengo postergado un cursito de medicina forense de dos años. Empiezan ahora en marzo, por ahí el año que viene. Y obvio, con Alicia no descartamos, si es que nos aceptan por la edad (se ríen) entrenar nuevamente para volver a participar de otro rally y sumar más aventuras juntas.

Textos: MARA DERNI (mderni@atlantida.com.ar)

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Las médicas Patricia Imamura y Alicia Bagur en la última edición del rally femenino que corrieron juntas en el norte. Fueron las primeras participantes argentinas del Trophée Roses de Andes.
Las médicas Patricia Imamura y Alicia Bagur en la última edición del rally femenino que corrieron juntas en el norte. Fueron las primeras participantes argentinas del Trophée Roses de Andes.

“Ustedes dos deberían conocerse y charlar. Tienen mucho para conversar”. Alicia Bagur (59), médica osteóloga y Patricia Imamura (60), reumatóloga, siguieron el consejo de una amiga y colega en común y nunca más dejaron de acompañarse. Ambas estaban desoladas y angustiadas: acababan de recibir un diagnóstico de cáncer de mama. Desde entonces son equipo en la vida y en los circuitos más insólitos.

El año pasado y el anterior celebraron diez años sin enfermedad con una aventura loca. Nada de un tecito o un día de spa: festejaron participando del Trophée Roses de Andes, un rally exclusivo para mujeres que cada mes de abril recorre Salta y Jujuy.

Bajo el nombre de Rosas Argentinas, manejaron diez horas por día una camioneta cuatro por cuatro, a 4000 metros de altura, sin GPS ni señal de celular, guiadas por la salida del sol y los puntos cardinales, durmieron en campamentos, aprendieron a cambiar cubiertas en medio del desierto y a salir del barro.

Aunque a la vuelta de la segunda edición (en 2017) Patricia volvió enfermarse, enseguida recupera la entereza y la sonrisa calma cuando piensa en aquellos días a pura adrenalina, a solas con su amiga que, por estos días, le hace compañía en su departamento de Palermo, donde vive con su marido y su hijo (Gonzalo, de 18).

En la casa de Patricia, donde suelen ponerse al día. (Foto: Fabián Mattiazzi/ Para Ti)
En la casa de Patricia, donde suelen ponerse al día. (Foto: Fabián Mattiazzi/ Para Ti)

El mes pasado, doce años después de aquel primer tumor en la mama izquierda, le descubrieron un tumor en la vejiga y a continuación otro en la uretra. Por las dudas, el pasado 25 de enero, le sacaron todo: en una intervención compleja que la tuvo cuatro días en terapia intensiva y otros cinco en el piso del Hospital Italiano -“su segundo hogar”, y donde atiende a sus pacientes tres veces por semana-. Recién la semana pasada dio su primer paseo, sin faja y sin sonda, y empezó a hablar con más soltura.

-El lazo entre ustedes sigue siendo un gran pilar para salir adelante…
-Bagur: Sí, en esos momentos tan duros, cuando te enfrentás con un diagnóstico así, es muy importante sentir que alguien al que le está pasando lo mismo te comprende de verdad, que entiende exactamente lo que estás viviendo. Nosotras nos conocimos bajo quimio, y ya nos vimos con pelucas, peladas, en los peores estados. Además, pensá que hasta hace apenas algunos años no se hablaba con apertura del cáncer como ahora. Era una mala palabra, asociada a la muerte. Cuando en realidad es algo que sucede y a lo no hay que tenerle miedo porque se puede salir adelante. Incluso a mí, como todo lo malo que me pasó en la vida, me ayudó a modificar cosas que no me hacían bien. Es un sacudón importante que te hace ver cosas que quizás una ya sabe, pero no termina de hacerse cargo.

-¿Por ejemplo?
Bagur: Empecé a priorizar espacios y situaciones que antes no ponía en primer plano. Una siempre sabe lo que le hace bien, pero muchas veces deja de hacerlo porque las obligaciones te llevan por delante, te arrastran, te invaden. Pateás lo que te gusta para adelante, cuando una, en realidad, no sabe si después vas a estar. Obvio que es muy difícil y es un trabajo continuo. Más cuando te gusta lo que hacés. Apenas me enfermé, dejé el Hospital de Clínicas y me quedé con el consultorio privado, pero me sigue pasando que me sobrecargo de actividades y vuelvo a tener que ponerme un límite. -Imamura: Lo mismo yo. Después del primer diagnóstico estaba full time en el hospital y luego de la operación decidí quedarme como médica asociada, con muchas menos horas de atención. Porque una se contenta con pensar “dejo lo que me gusta para más adelante, total hay tiempo”, cuando en realidad lo que viene es realmente incierto.

“Se sabe que uno nace con un patrón genético, con un mapa de las enfermedades que puede tener, pero los genes se expresan o no de acuerdo a lo que te pase en la vida”. Alicia Bagur
“Se sabe que uno nace con un patrón genético pero los genes se expresan o no de acuerdo a lo que te pase en la vida”. Alicia Bagur. (Foto: Fabián Mattiazzi/ Para Ti)

EMPATÍA. Padecer como sus pacientes, cruzarse de escritorio, sentarse del otro lado, entender el significado de la escucha real, exacerbó y modificó para ambas mujeres la relación médico paciente. Más cuando piensan que lo emocional tiene un efecto concreto en la salud. Alicia acababa de separarse del padre de sus dos hijos, Azul (34) y Juan (30), cuando supo que algo andaba mal en su cuerpo. En Brasil, en las primeras vacaciones sola (antes de conocer a su actual marido), notó un bulto extraño en su mama derecha.

“Se sabe que uno nace con un patrón genético, con un mapa de las enfermedades que puede tener, pero los genes se expresan o no de acuerdo a lo que te pase en la vida. Pueden saltar o no, según los golpes fuertes que tengas. Las actitudes derrotistas frente a lo que nos pasa, sin duda, tienen un impacto negativo en la salud. Igual que no cuidarse, dormir mal o comer cualquier cosa”, comparte. Atrás quedaron las reacciones adversas que le trajo la quimio, los rayos y la medicación que tomó durante cinco años después de la operación. El cáncer no volvió aparecer y luchó contra los fantasmas que volvían con cada mamografía. “Cada vez que vas a buscar el resultado revivís el momento del diagnóstico. Es inevitable, pero el paso del tiempo ayuda para todo”.

-El hecho de ser médicas y contar con más información y recursos, ¿vuelve diferente el proceso?
-Bagur: No, lo que cambia es que sabés todo mucho más rápido. Mi ginecóloga estaba de viaje, así que hice lo que no hay que hacer: miré yo la mamografía y ya supe que algo andaba mal. -Imamura: Yo me enteré en el hospital haciéndome los controles de rutina. Cuando vi la cara de la especialista que me hacía la ecografía, me di cuenta de que algo feo venía. Antes de la biopsia.

Otra imagen del último rally que corrieron juntas. Patricia y Alicia valoran su amistad: “Es muy importante sentir que alguien al que le está pasando lo mismo te comprende de verdad”, sostienen.
Otra imagen del último rally que corrieron juntas. Patricia y Alicia valoran su amistad: “Es muy importante sentir que alguien al que le está pasando lo mismo te comprende de verdad”, sostienen.

-Alicia, ¿cómo manejaste el tema con tu hija?
-Lo conversé especialmente con ella porque es grande y porque así como yo no tuve antecedentes familiares, ahora sí los hay y tiene que hacerse los controles con mayor rigurosidad. Imamura: Siempre es complicado con los chicos. La primera vez que me enfermé el mío tenía seis años, y si bien no podía expresarse tanto, estaba muy nervioso y agresivo en el colegio. Ahora habla más, pero sé que guarda mucho.

-¿Y a vos Patricia?, además de las amigas, ¿qué te está ayudando a salir adelante?
-Diferentes tratamientos complementarios que hice, como reiki, terapias de sanación y cadenas de oración. El humor también. Lo más importante es tratar de no deprimirme porque de esto tengo que sacar algo bueno. Lo tomo como una oportunidad para mejorar cosas. Intento no enroscarme en cosas que no valen la pena y disfrutar como estoy. Tengo bastante para ocuparme de la adolescencia de mi hijo que viene brava. El por qué a mí y el enojo no ayuda demasiado, nunca me llevó a buenos lugares. Pero es difícil correrse del lugar negativo y de la mala onda. Otro empuje positivo es imaginar planes hacía adelante.

-¿Cuáles son los tuyos?
-Dejé postergado ikebana y tengo pendiente aprender a tocar el bombo japonés; se necesita bastante fuerza y está bueno para sacar adrenalina y bronca. Y tengo postergado un cursito de medicina forense de dos años. Empiezan ahora en marzo, por ahí el año que viene. Y obvio, con Alicia no descartamos, si es que nos aceptan por la edad (se ríen) entrenar nuevamente para volver a participar de otro rally y sumar más aventuras juntas.

Textos: MARA DERNI (mderni@atlantida.com.ar)

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