Pros y contras del amor a distancia

Este tipo de relaciones pueden durar mucho, poquito o nada, como todas. Pero ahora, tecnología mediante, son más posibles… ¿o tan imposibles y sorprendentes como antes?

#PARA-TI---AMOR-A-DISTANCIA---Estar-mejor---20171110
Ilustración Verónica Palmieri/ Para Ti

Te quiero hasta el skype

por DANILA SAIEGH, periodista

Lo conociste de vacaciones. Estabas viajando para reencontrarte con vos misma después de esa separación horrible y apareció. Entre tanto extranjero, uno te hizo un chiste que por fin entendiste y cautivó tu atención. Al principio parecía un planazo: él allá, vos acá, y cada encuentro una luna de miel, con la cuota de drama necesaria para flashear que sos Meg Ryan en Sintonía de amor. Y todo sin presentaciones familiares, ni charlas sobre quién lava los platos o paga el gas. Pero rápidamente el chateo hot por WhatsApp se convirtió en largas conversaciones por skype para acordar día y hora de las próximas citas, la mayoría de ellas otra vez por skype. Al principio, ser espléndidos y fabulosos un fin de semana al mes es muy fácil, pero pasa el tiempo y la realidad empieza a asomar, la convivencia comprimida de esos días es una bomba de tiempo, y de pronto escuchamos: “¿Te querés mudar conmigo?” Es decir, dejar tu departamento, tu trabajo, tu familia y mudarte a su casa, a su ciudad, compartir sus amigos, su vida…

¡¡ES MUCHO!! Ya me imagino allá lejos de mi casa reprochando ante el mínimo intercambio de ideas el único y devastador argumento para ganar todas las discusiones: “Yo dejé todo para estar con vos”.

Conclusión: si querés construir algo a largo plazo, mantenete alejada de este estilo de relación. Por el contrario, si estás en un momento más volátil y/o fóbico, este plan es el indicado. Eso sí, antes de decidir si embarcarte o no en una relación a distancia, tomate un café de honestidad con vos misma para tratar de decidir cuán fuerte es lo que sentís porque puede ser un viaje con turbulencias.

 Distancias infranqueables 

por LUIS BUERO, periodista

Cuando estás solo te sentís un astronauta perdido en el espacio. En ese momento no es raro que entables relaciones por skype con una chica de México o Egipto. Pero a mí me pasó otra cosa… Advertencia: esta historia puede resultarte provocadora. Pero sucedió y lo que cuento es la pura verdad. La vi en Facebook. Su foto me subyugó. ¡Bellísima! Claro que embaucado por sus ojos claros y su cabello de oro no noté que estaba sentada en una silla de ruedas. Inmediatamente que me conecté, ella me lo aclaró: “Soy paraplégica, pero puedo mover los brazos y las manos, aunque de la cintura para abajo, no existo”.

Su rostro de hermosa hada madrina me encandiló. La llamé, hablamos mucho por teléfono, era de otra provincia, leyó mis libros, y un día nos encontramos en Buenos Aires, en el Café de los Angelitos. Es abogada. “Era maratonista, pero un accidente vial me dañó la médula espinal”, me contaba mientras yo intentaba besarla. Sin embargo, sus manos no tenían fuerza para abrir el sobrecito de azúcar. Y viajaba seguido a la Capital a atender clientes en un estudio de Tribunales. Mis amigos me decían que estaba loco, que no podía engancharme con una mujer que requería de una enfermera para casi todo, como el personaje de la película Amigos intocables. Pero lo malo vino cuando la fui conociendo y descubrí que no era su único candidato. Había otros pretendientes que como yo habían consumido el cuento de la doncella en apuros, y le hacían propuestas decentes o indecentes, según sus propias palabras. La encantadora sólo deseaba seducir a mansalva. Y esa distancia conmigo fue infranqueable. Ella era una inválida emocional. Sólo por fuera perfecta.

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