Agatha Ruiz de la Prada: “Todas necesitamos un momento de locura”

"Nada de colores oscuros”. El dress code de la entrevista solicitaba colores, muchos colores. Hacerlo realidad te hace dar cuenta de lo complicado que es combinar sin aferrarte al negro salvador. La ocasión lo ameritaba: llegaba a Buenos Aires Agatha Ruiz de la Prada, “la” diseñadora de los colores, irreverente del mundo fashion y protagonista de eventos memorables en las páginas de Para Ti. Marquesa de Castelldosrius y Baronesa de Santa Pau, Agatha supo ponerle su toque no sólo a la indumentaria sino también al mundo de la decoración, la ambientación y a exitosos perfumes. Hoy llega al país para presentar su nueva fragancia, Crazy Florever (un juego de palabras que combina locura y flores por siempre) y lo hace en un momento especial. La mujer que se atrevió a desafiarlo todo y a convertir en arcoíris hasta lo más insólito, acaba de separarse luego de 30 años junto al prestigioso periodista Pedro J. Ramírez (exdirector del diario El Mundo).

Cuando me pidió el divorcio ni rompí platos ni me he encerrado, pero lloré mucho. Tengo muchísimas amigas, ¡y ayudan una barbaridad!

Años de entrevistas hablando de su convivencia sin papeles y, cuando finalmente pasaron por el registro civil, a los tres meses Jota –como le dicen a Ramírez– solicitó el divorcio. Con el apoyo de sus dos hijos –Cósima y Tristán, quienes estudiaron en el exterior y ya están de vuelta en España–, Agatha enfrentó su peor momento y en abril firmó el divorcio. Flaquísima, con varios kilos menos, hoy aterriza en Buenos Aires. En viaje relámpago y, tras una jornada a full, se muestra al natural, súper sincera aunque pausada, a otra velocidad.

¿Cómo es tu nuevo perfume, Crazy Florever? Ha caído muy bien el nombre, en este momento de mi vida necesito un poco de esta “locura”. No entiendo por qué no he tenido más momentos así antes, pero ha caído perfecto. Fresco, floral, chispeante, Crazy es para una mujer que necesita un momento de locura, todas lo necesitamos.

Siempre tuviste fama de “loquita linda”. Bueno, siempre lo he sido, pero nunca tan claro como ponerlo en un frasco. ¿Qué te cuento Para Ti? ¡Uf! Desde que nos hemos visto me he casado y a los tres meses me divorcié –aclara–. Y sí, chicas, no hay que firmar. O mejor, ¡sí! Fijate que conozco a mucha gente a la que le ha pasado esto, pero es mejor que estar toda la vida así sin saber qué sucede.

¿Te esperabas esta separación? Para nada, si la tarde anterior me preguntabas “Agatha, del 1 al 10, ¿cómo crees que va su relación?”, te hubiera dicho nueve y medio. Para llevar treinta años juntos yo pensaba que estábamos divinamente. Él dijo que quería ser feliz. Al final me ha hecho un favor bien grande sin saberlo. Da pereza que te hagan el favor porque una está bien cómoda con su rutina… ¡yo estaba muy cómoda, la verdad! Pero al generarte el cambio te sientes mucho más vivo…

¿Qué pasó cuando Jota te pidió el divorcio? Ni rompí platos ni me he encerrado, pero lloré mucho. Tuve mucho apoyo, tengo muchísimas amigas, ¡y ayudan una barbaridad! Tener amigas es lo más importante del mundo; cuando te llevas un disgusto de este tipo, en especial en la primera época, son lo más importante. Me siento ayudada, la prensa misma –porque son muchos los que no lo quieren a él–, hasta la gente por la calle… Este tipo de traición le pasa a uno de cada mil y la verdad es que yo no me lo merecía.

Siempre dijiste que evitarías usar el color negro, hasta en tu propio funeral, ¿qué atuendo usaste al firmar tu divorcio? ¿Sabes? No he ido. Mandé a una procuradora amiga. Sí fui a firmar unos papeles antes y fui con un burka, ¡te lo voy a enseñar! –busca en su celular hasta dar con la foto de una espléndida y solemne Agatha–. Me lo habían regalado hace muchos años, lo habían traído de Afganistán, y lo tenía metido en un cajón. Es de un violeta clarito espectacular, nunca me lo puse y de repente dije “Hoy sí”. Él ni siquiera me iba a ver, pero por si acaso me lo cruzaba en el ascensor o me lo encontraba por el pasillo… no quería que nadie me viera. Es bonito, elegante, maravilloso… Así firmé el papelerío.

De repente tu estilo jovial, “loco”, lleno de flores y de colores se puso de moda, desde los pompones hasta el estilo informal de Kate Spade o Jeremy Scott en Moschino… –sonríe–. ¡Es que yo voy unos años adelantada! No me molesta, ahí está el archivo con mis trabajos del pasado. Me gusta que todo esto hoy esté de moda.

¿Quiénes te gustan? Creo que ahora el que está marcando tendencia es éste de Gucci, Alessandro Michele, que es un fenómeno. Me encanta, es el que más me divierte. Aunque yo toda la vida me he vestido de Agatha y creo que así será siempre.

Mi perfume Crazy es para una mujer que necesita un momento de locura, todas lo necesitamos

¿Cómo estás hoy? En la etapa de renacer, ya he pasado el duelo. Creo que todo esto se va a traducir en mis trabajos. Es un renacimiento total, y ésta es la primera vez que lo digo en público porque hace un mes y medio que estoy de vacaciones alejada de todo y de todos. En este momento lo más importante son mis hijos. Cósima está trabajando conmigo cada día mejor, nos queremos una barbaridad pero no conviene que estemos mucho rato juntas, ¡tiene muy mal carácter! –se ríe–. Y mi hijo Tristán también volvió a Madrid, lo he puesto en mi empresa de director general y es fenomenal. Estoy delegando cosas, aunque pensé que me iban a quitar trabajo y no, se ha generado más porque cada uno está en su sitio.

A esta altura, ¿esperabas estar retirada y con nietos dando vueltas a tu alrededor? Retirada no, pero nietos ¡ya los estoy deseando!, es mi sueño. Por eso también me ha sorprendido tanto la separación. Yo pensaba que lo próximo era tener un nieto, un bebé en casa ¡y no que tendría que buscarme un novio!

Candidatos no te deben faltar… ¡Más deberían caerme! Cómo no me voy a animar. ¿Mi edad? Siempre en descenso. No te digo que buscamos a un tío de veinte, pero de cuarenta o de treinta y cinco… ¿Mayor? Nunca me ha gustado ser enfermera, sería muy mala. Me estoy haciendo una colección de jóvenes guapos. Te vas a morir –muestra fotos–. ¿Usarías Tinder? No. ¡Conozco tanta gente que creo que ya no necesito Tinder! Igual no se me acercan mucho, a los hombres no les doy miedo, ¡les doy terror!

"Nada de colores oscuros”. El dress code de la entrevista solicitaba colores, muchos colores. Hacerlo realidad te hace dar cuenta de lo complicado que es combinar sin aferrarte al negro salvador. La ocasión lo ameritaba: llegaba a Buenos Aires Agatha Ruiz de la Prada, “la” diseñadora de los colores, irreverente del mundo fashion y protagonista de eventos memorables en las páginas de Para Ti. Marquesa de Castelldosrius y Baronesa de Santa Pau, Agatha supo ponerle su toque no sólo a la indumentaria sino también al mundo de la decoración, la ambientación y a exitosos perfumes. Hoy llega al país para presentar su nueva fragancia, Crazy Florever (un juego de palabras que combina locura y flores por siempre) y lo hace en un momento especial. La mujer que se atrevió a desafiarlo todo y a convertir en arcoíris hasta lo más insólito, acaba de separarse luego de 30 años junto al prestigioso periodista Pedro J. Ramírez (exdirector del diario El Mundo).

Cuando me pidió el divorcio ni rompí platos ni me he encerrado, pero lloré mucho. Tengo muchísimas amigas, ¡y ayudan una barbaridad!

Años de entrevistas hablando de su convivencia sin papeles y, cuando finalmente pasaron por el registro civil, a los tres meses Jota –como le dicen a Ramírez– solicitó el divorcio. Con el apoyo de sus dos hijos –Cósima y Tristán, quienes estudiaron en el exterior y ya están de vuelta en España–, Agatha enfrentó su peor momento y en abril firmó el divorcio. Flaquísima, con varios kilos menos, hoy aterriza en Buenos Aires. En viaje relámpago y, tras una jornada a full, se muestra al natural, súper sincera aunque pausada, a otra velocidad.

¿Cómo es tu nuevo perfume, Crazy Florever? Ha caído muy bien el nombre, en este momento de mi vida necesito un poco de esta “locura”. No entiendo por qué no he tenido más momentos así antes, pero ha caído perfecto. Fresco, floral, chispeante, Crazy es para una mujer que necesita un momento de locura, todas lo necesitamos.

Siempre tuviste fama de “loquita linda”. Bueno, siempre lo he sido, pero nunca tan claro como ponerlo en un frasco. ¿Qué te cuento Para Ti? ¡Uf! Desde que nos hemos visto me he casado y a los tres meses me divorcié –aclara–. Y sí, chicas, no hay que firmar. O mejor, ¡sí! Fijate que conozco a mucha gente a la que le ha pasado esto, pero es mejor que estar toda la vida así sin saber qué sucede.

¿Te esperabas esta separación? Para nada, si la tarde anterior me preguntabas “Agatha, del 1 al 10, ¿cómo crees que va su relación?”, te hubiera dicho nueve y medio. Para llevar treinta años juntos yo pensaba que estábamos divinamente. Él dijo que quería ser feliz. Al final me ha hecho un favor bien grande sin saberlo. Da pereza que te hagan el favor porque una está bien cómoda con su rutina… ¡yo estaba muy cómoda, la verdad! Pero al generarte el cambio te sientes mucho más vivo…

¿Qué pasó cuando Jota te pidió el divorcio? Ni rompí platos ni me he encerrado, pero lloré mucho. Tuve mucho apoyo, tengo muchísimas amigas, ¡y ayudan una barbaridad! Tener amigas es lo más importante del mundo; cuando te llevas un disgusto de este tipo, en especial en la primera época, son lo más importante. Me siento ayudada, la prensa misma –porque son muchos los que no lo quieren a él–, hasta la gente por la calle… Este tipo de traición le pasa a uno de cada mil y la verdad es que yo no me lo merecía.

Siempre dijiste que evitarías usar el color negro, hasta en tu propio funeral, ¿qué atuendo usaste al firmar tu divorcio? ¿Sabes? No he ido. Mandé a una procuradora amiga. Sí fui a firmar unos papeles antes y fui con un burka, ¡te lo voy a enseñar! –busca en su celular hasta dar con la foto de una espléndida y solemne Agatha–. Me lo habían regalado hace muchos años, lo habían traído de Afganistán, y lo tenía metido en un cajón. Es de un violeta clarito espectacular, nunca me lo puse y de repente dije “Hoy sí”. Él ni siquiera me iba a ver, pero por si acaso me lo cruzaba en el ascensor o me lo encontraba por el pasillo… no quería que nadie me viera. Es bonito, elegante, maravilloso… Así firmé el papelerío.

De repente tu estilo jovial, “loco”, lleno de flores y de colores se puso de moda, desde los pompones hasta el estilo informal de Kate Spade o Jeremy Scott en Moschino… –sonríe–. ¡Es que yo voy unos años adelantada! No me molesta, ahí está el archivo con mis trabajos del pasado. Me gusta que todo esto hoy esté de moda.

¿Quiénes te gustan? Creo que ahora el que está marcando tendencia es éste de Gucci, Alessandro Michele, que es un fenómeno. Me encanta, es el que más me divierte. Aunque yo toda la vida me he vestido de Agatha y creo que así será siempre.

Mi perfume Crazy es para una mujer que necesita un momento de locura, todas lo necesitamos

¿Cómo estás hoy? En la etapa de renacer, ya he pasado el duelo. Creo que todo esto se va a traducir en mis trabajos. Es un renacimiento total, y ésta es la primera vez que lo digo en público porque hace un mes y medio que estoy de vacaciones alejada de todo y de todos. En este momento lo más importante son mis hijos. Cósima está trabajando conmigo cada día mejor, nos queremos una barbaridad pero no conviene que estemos mucho rato juntas, ¡tiene muy mal carácter! –se ríe–. Y mi hijo Tristán también volvió a Madrid, lo he puesto en mi empresa de director general y es fenomenal. Estoy delegando cosas, aunque pensé que me iban a quitar trabajo y no, se ha generado más porque cada uno está en su sitio.

A esta altura, ¿esperabas estar retirada y con nietos dando vueltas a tu alrededor? Retirada no, pero nietos ¡ya los estoy deseando!, es mi sueño. Por eso también me ha sorprendido tanto la separación. Yo pensaba que lo próximo era tener un nieto, un bebé en casa ¡y no que tendría que buscarme un novio!

Candidatos no te deben faltar… ¡Más deberían caerme! Cómo no me voy a animar. ¿Mi edad? Siempre en descenso. No te digo que buscamos a un tío de veinte, pero de cuarenta o de treinta y cinco… ¿Mayor? Nunca me ha gustado ser enfermera, sería muy mala. Me estoy haciendo una colección de jóvenes guapos. Te vas a morir –muestra fotos–. ¿Usarías Tinder? No. ¡Conozco tanta gente que creo que ya no necesito Tinder! Igual no se me acercan mucho, a los hombres no les doy miedo, ¡les doy terror!

Lady Di, a 20 años de su muerte

El 31 de agosto se cumplen 20 años de la muerte de Lady Di, una mujer que marcó el siglo XX. Princesa de Inglaterra, madre moderna, en 1996 su divorcio del príncipe Carlos puso en duda el futuro de la monarquía británica. De igual manera lo hizo su trágica muerte. En estos días la princesa es recordada con una avalancha de fi lms, miniseries y documentales, y las miradas están puestas sobre sus dos hijos, los príncipes William y Harry. Ellos, a sabiendas de esta fecha tan especial, llevan meses preparándose, sin dejar ningún detalle suelto. Los príncipes acaban de compartir sus memorias de manera inédita en un documetal, Our Mother: Her Life and Legacy (Nuestra madre: su vida y legado) de HBO. El documental se filmó en enero dentro del mismo Palacio Kensington, con el aval de amigos y familia y el hilo conductor de las memorias fueron los álbumes de fotos que la misma Diana armó para cada uno de sus hijos. Participan desde Elton John y Rihanna hasta el mismo hermano de Lady Di, el Conde Spencer (propietario de la residencia familiar Althorph, lugar donde Diana fue enterrada). Ésta es su manera de mostrar a una Diana íntima que aprendió a vivir bajo la exposición pública desde 1981 cuando se casó con el príncipe Charles y se convirtió en la más mirada de la monarquía. Lady Diana Spencer, una rubia que –con su casi 1,80 m y porte de modelo– vivió casi como en una novela. A los 19 años se comprometió con el príncipe Carlos de  Inglaterra, “el soltero más codiciado”, y a los 20 se con- virtió en princesa de Gales. Vivió una boda de ensueño (una de las primeras seguidas por televisión) aunque rápidamente se decepcionó –con un Carlos que jamás dejó de lado su relación con Camilla Parker Bowles, su amante– y padeció depresión, bulimia y una resonante separación. El mundo siguió su pelea palmo a palmo por sus hijos con la Corona (Diana deseaba para ellos una vida lo más normal posible versus los protocolos y lo que se esperaba de los herederos al trono) y su renacer cual Ave Fénix tras el divorcio (ya sin título de “alteza real” y más como “princesa de los corazones” como la llamaba el pueblo), con nuevas relaciones y la fortaleza de quien decide llevar adelante su vida. Fue en esta instancia que Diana, quien se codeaba con celebrities y aprendía a sacar provecho de la atención que generaba en los medios para encauzarla hacia causas humanitarias, falleció. Fue en un trágico accidente de auto en la madrugada de París, acosada por los paparazzi que la perseguían con el afán de retratarla junto a su nuevo novio musulmán, el heredero Dodi Al Fayed (hijo del dueño de las tiendas Harrods).

EL LEGADO. Diana murió lejos de casa, en París. Sólo tenía 36 años. Por entonces era época de vacaciones y sus hijos (usualmente pupilos en el colegio) disfru- taban con la familia paterna en el castillo Balmoral, en Escocia. “Ella era la mejor madre del mundo. No hay día en que William y yo no deseemos que esté con nosotros. Ésta es la primera vez que los dos hemos hablado de ella como madre”, declaró el príncipe Harry. Al morir Diana, William tenía 15 años, el pelirrojo sólo 12. “Aún hoy puedo escuchar su risa en mi cabeza, ese tipo de risa loca por donde sea que fuera, pura felicidad en su rostro. Uno de sus lemas para mí era, ‘Puedes ser tan travieso como quieras, sólo no permitas que te pesquen’”… Harry contaba con la informalidad de ser hijo el menor y no cargar con el peso de ser “un futuro rey” como su hermano. En el documental el pelirrojo habló sobre su último llamado telefónico: “No recuerdo bien qué dijo, sólo que me lamentaré por el resto de mi vida por lo corto que fue –confesó–. No saber que ésa iba a ser la última vez que iba a hablar con mi mamá… Cuán distinta hubiera sido esa conversación si hubiese sabido que su vida le iba a ser arrancada esa noche”. “Harry y yo estábamos desesperados por despedirnos y seguir jugando con nuestros primos. ‘¿Ya podemos cortar?’ Ése llamado aún resuena en mi mente”, confesó William, actual Duque de Cambridge.

 

Ella era la mejor madre del mundo. No hay día en que William y yo no deseemos que esté con nosotros.

Tras esa noche todas fueron dudas. Si Lady Di ya era un ícono viviente (de la moda, la ele- gencia, rebeldía o la monarquía moderna), su muerte la elevó a mito. Generó teorías de todo tipo: desde si Al Fayed fue su gran amor, si estaba embarazada al morir (un rollito en sus fotos en traje de baño bastó para desatar la sospecha) a teorías de conspiración que aún hoy resuenan. ¿La madre de un futuro rey casada con un musulmán? En los ‘90 ese tabú parecía motivo válido para pensar lo peor. Eran tiempos donde las escuchas telefónicas equivalían a que se fi ltraran chats de WhatsApp y donde los paparazzi seguían a la princesa a donde sea que fuera. Una atención que Diana había comenzado a redirigir hacia sus accio- nes benéfi cas (ayudando sobre todo por causas como SIDA o por la abolición de las minas terrestres). Tras su muerte, los paparazzi se convirtieron en mala pa- labra. Sus hijos se criaron bajo un acuerdo tácito de no ser molestados por los medios. William asegura que lo vivido por su madre le enseñó a los herma- nos a “nunca dejar que lleguen tan lejos, porque nunca volverás a alejarlos de nuevo”. Así, fueron contadas las oportunidades en que ambos se abrieron al público. Adulto, el Duque de Cambridge superó etapas, vivió la boda de su padre con su (ya divorciada) amante Camilla y él mismo se casó con Kate Middleton en 2011. Sin embargo, asegura que no hay día en que no recuerde a su madre: “Me gustaría tener su consejo, me hubiera gustado que conociera a Katherine y que viera a nuestros hijos –George y Charlotte– crecer”, destacó William, fiel guardián de la memoria de su madre, y quien impulsó y siguió atentamente las obras del Memorial Fountain Park en su honor en Hyde Park. “Me pone triste que ellos nunca llegarán a conocerla. Ella era tan informal, disfrutaba tanto de reír y de divertirse que amaría tremendamente a los chicos, pero hubiera sido una pesadilla como abuela. Seguramente vendría a la hora de su baño, armaría un desastre de burbujas y agua por doquier y se iría”, describió William. Segun- do en la línea de sucesión tras su padre, el duque describió cómo le cuenta a sus hijos acerca de “la abuelita Diana”: “Hemos puesto más fotos por la casa y hablamos sobre ella. Al acostar a los chicos por las noches, les cuento de ella y trato de que entiendan que tuvieron dos abuelas en sus vidas, es importante que sepan quién fue”. A 20 años de su muerte, hay Diana por doquier. Su vida se transfomó en un mito. La conociste en cine vía La Reina (protagonizada por Helen Mirren, el fi lm que detalló la semana de su muerte y cómo eso afectó la monarquía británica), por Diana (con la visión de sus últimos días junto a Dodi Al Fayed, protagonizada por Naomi Watts) o por numerosos documentales de Netfl ix. Estos días también National Geographic emite Diana en primera persona. En la presentación del documental de HBO, William dejó en claro que esta confianza pública con los medios es una puerta que no dejará abierta: “No sólo es la primera vez que hablo tan abiertamente sobre mi madre, también es la última”. Sin Diana entre nosotros, queda su legado. El público reconoce muchos de sus gestos y acciones en sus hijos. En una manera de descontracturar –como a ella le hubiera gustado– el protocolo británico, ellos también se aseguran de mantener su recuerdo vivo. Junto a Kate, los hijos de Lady Di tomaron la posta en sus causas humanitarias (desde las bombas terrestres, Sida a instituciones infantiles y otras que ayudan a causas mentales). “Ella tenía la habilidad de cambiar la mentalidad de millones de personas”, la des- cribió William. A 20 años, sus hijos están decididos a mantener su memoria viva.

 

El 31 de agosto se cumplen 20 años de la muerte de Lady Di, una mujer que marcó el siglo XX. Princesa de Inglaterra, madre moderna, en 1996 su divorcio del príncipe Carlos puso en duda el futuro de la monarquía británica. De igual manera lo hizo su trágica muerte. En estos días la princesa es recordada con una avalancha de fi lms, miniseries y documentales, y las miradas están puestas sobre sus dos hijos, los príncipes William y Harry. Ellos, a sabiendas de esta fecha tan especial, llevan meses preparándose, sin dejar ningún detalle suelto. Los príncipes acaban de compartir sus memorias de manera inédita en un documetal, Our Mother: Her Life and Legacy (Nuestra madre: su vida y legado) de HBO. El documental se filmó en enero dentro del mismo Palacio Kensington, con el aval de amigos y familia y el hilo conductor de las memorias fueron los álbumes de fotos que la misma Diana armó para cada uno de sus hijos. Participan desde Elton John y Rihanna hasta el mismo hermano de Lady Di, el Conde Spencer (propietario de la residencia familiar Althorph, lugar donde Diana fue enterrada). Ésta es su manera de mostrar a una Diana íntima que aprendió a vivir bajo la exposición pública desde 1981 cuando se casó con el príncipe Charles y se convirtió en la más mirada de la monarquía. Lady Diana Spencer, una rubia que –con su casi 1,80 m y porte de modelo– vivió casi como en una novela. A los 19 años se comprometió con el príncipe Carlos de  Inglaterra, “el soltero más codiciado”, y a los 20 se con- virtió en princesa de Gales. Vivió una boda de ensueño (una de las primeras seguidas por televisión) aunque rápidamente se decepcionó –con un Carlos que jamás dejó de lado su relación con Camilla Parker Bowles, su amante– y padeció depresión, bulimia y una resonante separación. El mundo siguió su pelea palmo a palmo por sus hijos con la Corona (Diana deseaba para ellos una vida lo más normal posible versus los protocolos y lo que se esperaba de los herederos al trono) y su renacer cual Ave Fénix tras el divorcio (ya sin título de “alteza real” y más como “princesa de los corazones” como la llamaba el pueblo), con nuevas relaciones y la fortaleza de quien decide llevar adelante su vida. Fue en esta instancia que Diana, quien se codeaba con celebrities y aprendía a sacar provecho de la atención que generaba en los medios para encauzarla hacia causas humanitarias, falleció. Fue en un trágico accidente de auto en la madrugada de París, acosada por los paparazzi que la perseguían con el afán de retratarla junto a su nuevo novio musulmán, el heredero Dodi Al Fayed (hijo del dueño de las tiendas Harrods).

EL LEGADO. Diana murió lejos de casa, en París. Sólo tenía 36 años. Por entonces era época de vacaciones y sus hijos (usualmente pupilos en el colegio) disfru- taban con la familia paterna en el castillo Balmoral, en Escocia. “Ella era la mejor madre del mundo. No hay día en que William y yo no deseemos que esté con nosotros. Ésta es la primera vez que los dos hemos hablado de ella como madre”, declaró el príncipe Harry. Al morir Diana, William tenía 15 años, el pelirrojo sólo 12. “Aún hoy puedo escuchar su risa en mi cabeza, ese tipo de risa loca por donde sea que fuera, pura felicidad en su rostro. Uno de sus lemas para mí era, ‘Puedes ser tan travieso como quieras, sólo no permitas que te pesquen’”… Harry contaba con la informalidad de ser hijo el menor y no cargar con el peso de ser “un futuro rey” como su hermano. En el documental el pelirrojo habló sobre su último llamado telefónico: “No recuerdo bien qué dijo, sólo que me lamentaré por el resto de mi vida por lo corto que fue –confesó–. No saber que ésa iba a ser la última vez que iba a hablar con mi mamá… Cuán distinta hubiera sido esa conversación si hubiese sabido que su vida le iba a ser arrancada esa noche”. “Harry y yo estábamos desesperados por despedirnos y seguir jugando con nuestros primos. ‘¿Ya podemos cortar?’ Ése llamado aún resuena en mi mente”, confesó William, actual Duque de Cambridge.

 

Ella era la mejor madre del mundo. No hay día en que William y yo no deseemos que esté con nosotros.

Tras esa noche todas fueron dudas. Si Lady Di ya era un ícono viviente (de la moda, la ele- gencia, rebeldía o la monarquía moderna), su muerte la elevó a mito. Generó teorías de todo tipo: desde si Al Fayed fue su gran amor, si estaba embarazada al morir (un rollito en sus fotos en traje de baño bastó para desatar la sospecha) a teorías de conspiración que aún hoy resuenan. ¿La madre de un futuro rey casada con un musulmán? En los ‘90 ese tabú parecía motivo válido para pensar lo peor. Eran tiempos donde las escuchas telefónicas equivalían a que se fi ltraran chats de WhatsApp y donde los paparazzi seguían a la princesa a donde sea que fuera. Una atención que Diana había comenzado a redirigir hacia sus accio- nes benéfi cas (ayudando sobre todo por causas como SIDA o por la abolición de las minas terrestres). Tras su muerte, los paparazzi se convirtieron en mala pa- labra. Sus hijos se criaron bajo un acuerdo tácito de no ser molestados por los medios. William asegura que lo vivido por su madre le enseñó a los herma- nos a “nunca dejar que lleguen tan lejos, porque nunca volverás a alejarlos de nuevo”. Así, fueron contadas las oportunidades en que ambos se abrieron al público. Adulto, el Duque de Cambridge superó etapas, vivió la boda de su padre con su (ya divorciada) amante Camilla y él mismo se casó con Kate Middleton en 2011. Sin embargo, asegura que no hay día en que no recuerde a su madre: “Me gustaría tener su consejo, me hubiera gustado que conociera a Katherine y que viera a nuestros hijos –George y Charlotte– crecer”, destacó William, fiel guardián de la memoria de su madre, y quien impulsó y siguió atentamente las obras del Memorial Fountain Park en su honor en Hyde Park. “Me pone triste que ellos nunca llegarán a conocerla. Ella era tan informal, disfrutaba tanto de reír y de divertirse que amaría tremendamente a los chicos, pero hubiera sido una pesadilla como abuela. Seguramente vendría a la hora de su baño, armaría un desastre de burbujas y agua por doquier y se iría”, describió William. Segun- do en la línea de sucesión tras su padre, el duque describió cómo le cuenta a sus hijos acerca de “la abuelita Diana”: “Hemos puesto más fotos por la casa y hablamos sobre ella. Al acostar a los chicos por las noches, les cuento de ella y trato de que entiendan que tuvieron dos abuelas en sus vidas, es importante que sepan quién fue”. A 20 años de su muerte, hay Diana por doquier. Su vida se transfomó en un mito. La conociste en cine vía La Reina (protagonizada por Helen Mirren, el fi lm que detalló la semana de su muerte y cómo eso afectó la monarquía británica), por Diana (con la visión de sus últimos días junto a Dodi Al Fayed, protagonizada por Naomi Watts) o por numerosos documentales de Netfl ix. Estos días también National Geographic emite Diana en primera persona. En la presentación del documental de HBO, William dejó en claro que esta confianza pública con los medios es una puerta que no dejará abierta: “No sólo es la primera vez que hablo tan abiertamente sobre mi madre, también es la última”. Sin Diana entre nosotros, queda su legado. El público reconoce muchos de sus gestos y acciones en sus hijos. En una manera de descontracturar –como a ella le hubiera gustado– el protocolo británico, ellos también se aseguran de mantener su recuerdo vivo. Junto a Kate, los hijos de Lady Di tomaron la posta en sus causas humanitarias (desde las bombas terrestres, Sida a instituciones infantiles y otras que ayudan a causas mentales). “Ella tenía la habilidad de cambiar la mentalidad de millones de personas”, la des- cribió William. A 20 años, sus hijos están decididos a mantener su memoria viva.

 

¡Alerta! Dieta GM

Lleva las siglas de la automotriz General Motors (GM) como nombre, ya que se supone que fue desarrollada por la compañía en comunión con la Food and Drug Administration y el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos, en 1985. El plan fue diseñado en aquel entonces con el objeto de aumentar la productividad de la mano de obra haciendo que los trabajadores comieran más saludable y liviano. Pero al transcurrir apenas una semana de comenzado el plan, los empleados no sólo experimentaron una mayor efi ciencia y energía, sino que observaron una brusca pérdida de peso de entre 5 y 8 kilos. Ese fue el motivo por el cual la dieta se volvió un éxito digno de ser copiado en aquella época y, aunque la compañía desconoció cualquier vínculo con ella, su nombre quedó instalado como uno de los regíme- nes “milagrosos” desde entonces. Hace algunos meses la dieta GM empezó a figurar nuevamente entre los títulos de revistas y sitios web orientados a la salud y la belleza. ¿El motivo? ¡¿Quién no quisiera perder siete kilos en tan solo una semana?! Youtubers, instagramers, blogueros y gurús que rinden culto al físico a través de alguna red social, aseguran que es fácil de seguir: no hay ingredientes com- plicados, ni implica llevar a cabo grandes demandas en la rutina. El plan se centra en limitar la ingesta semanal al consumo de frutas, verduras, arroz integral y pollo. Una combinación de carbohidratos complejos, verduras bajas en calorías y frutas, junto a un aumento en la ingesta de agua, logra una pérdida de peso rápida y signifi cativa. Pero, como diría mi madre, “no todo lo que brilla es oro”, es una dieta en la que se pasa hambre y se revoluciona el aparato digestivo, especialmente en quienes no están muy habituados al consumo de frutas o verduras crudas… Así que hay que tener cuidado.

NI-NI. “Ni se engorda signifi cativamente en una semana, ni se pierde peso real y positivo porque retroceda la aguja de la balanza”, asegura nuestra nutricionista de cabecera Lic. Pilar Llanos (M. N. 0205). “Siempre el aumento de peso es exceso de tejido adiposo, resultado de un balance continuado y positivo de energía, ocasionado por un incremento en la ingesta y una dismi- nución de los gastos por actividad. Tampoco un descenso de peso pasa solamente por perder kilos, sino por reducir el tejido adiposo acumulado sin disminuir la masa magra o tejido muscular, que es el metabólicamente activo”, aclara la especialista. Pero el ser humano siempre quiere resultados ¡YA! y con el menor trabajo posible, sin medir consecuencias. Según Pilar, lo primero y más básico a tener en cuenta es que el concepto de esta dieta es “DE EMERGENCIA”, es decir, busca un descenso de peso/desintoxicación mediante el esfuerzo de intestino y riñón, “por ese motivo no debe mantenerse por más de una semana y mucho menos, repetir. La instalación en ella o la repetición frecuente traerá consecuencias serias para la salud”, advierte. Al comienzo de la dieta se proponen tres días sólo a base de verduras y frutas sin límite de cantidad, a lo que se le suman 10 vasos de agua. “Esto puede signifi car una alta ingesta de fi bras y mucho estímulo, que le puede venir bien a un intestino perezoso, pero puede provocar diarreas en uno normal o sensible, con el descenso de peso que se busca, pero también con pérdida de fuerzas y riesgo de deshidratación, porque se distorsiona la oferta de minerales (sodio, potasio, mag- nesio, calcio)”, aclara Pilar y asegura que estos primeros tres días seguramente irán acompañados de mareos, pérdida de fuerzas, cansancio o incluso con síntomas más serios. 

DIETA POBRE. No hace falta aclarar que éste no es un esquema para adolescentes, ni para mujeres embarazadas o que amamantan, ni para personas que tengan patolo- gías gástricas o intestinales, ni patologías metabólicas, ni tampoco para adultos mayores. Es una dieta muy pobre en calorías y puede ser muy difícil de tolerar. Dependiendo de las cantidades de frutas que se ingieran y de la selec- ción que se realice su valor calórico puede ser mínimo, ya que hay frutas más ricas en azúcares que otras (no es lo mismo incluir uvas, duraznos y mangos que solo melón y sandía). También de la selección que se haga de vegetales dependerán las calorías y las proteínas, ya que si se incluyen arvejas y porotos frescos la cantidad de proteínas puede mejorarse, aunque la calidad esos días siga siendo defi citaria en aminoácidos esenciales. Por otro lado, el plan tiene una alta presencia de fibras, lo que no siempre es tolerado; en intestinos sensibles puede favorecer la presencia de dia- rreas que, a su vez, pueden ser causa de deshidratación, desequilibrio electrolítico y pérdida de fuerzas. Este cuadro sin duda desfavorece el cumplimiento de actividad física saludable. Otra cosa que falta en la dieta son explicacio- nes. Por ejemplo, cuando se suman lácteos y carnes no se aclara que deben elegirse bajos en grasas porque las grasas que ofrecen son saturadas en alta proporción. Y si bien apuesta a la ingesta de frutas y verduras, no es educativa al respecto. Le falta considerar varios grupos de alimentos que son vitales para la salud, como un buen manejo de los almidones (cereales, vegetales feculentos, legumbres); tam- poco incluye una correcta selección en cantidad y calidad de grasas saludables (aceites, semillas y frutas secas), ni da pautas para una selección adecuada de alimentos proteicos de alto valor biológico que sean saludables por sus conteni- dos grasos en cantidad y calidad. Por último, elimina por completo los dulces, fuente de gratificación y de excesos calóricos que tanto tienen que ver con nuestro peso y que, en cuanto se vuelvan a probar, pueden resultar altamente peligrosos.

Advertencias

  • Esta dieta promete reducir entre 5 y 7/8 k en una semana, pero ¡atención! porque el descenso de peso se logrará debido a que los aportes calóricos de la dieta son muy bajos: está comprobado que si se dispone de un solo grupo de alimentos (sólo frutas, sólo verduras) la monotonía hace que se coma menos.
  • Las ingestas de calcio, vitamina E, algunas vitaminas del complejo B y ácidos grasos poliinsaturados (sobre todo los ácidos grasos esenciales: Omega 6, Omega 3 y Omega 9) son escasas.
  • Si bien promueve la ingesta de vegetales y frutas, no ayuda a educar en una buena y saludable elección de los alimentos que deben ingerirse a diario y sobre todo de aquellos que pueden tener relación con nuestro peso.
  • En caso de seguir esta dieta durante una semana, es indispensable que se continúe con un plan saludable de calorías reducidas para que el organismo vuelva a recuperar su funcionalidad y el peso no se dispare a valores a veces superiores a los iniciales.

Lleva las siglas de la automotriz General Motors (GM) como nombre, ya que se supone que fue desarrollada por la compañía en comunión con la Food and Drug Administration y el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos, en 1985. El plan fue diseñado en aquel entonces con el objeto de aumentar la productividad de la mano de obra haciendo que los trabajadores comieran más saludable y liviano. Pero al transcurrir apenas una semana de comenzado el plan, los empleados no sólo experimentaron una mayor efi ciencia y energía, sino que observaron una brusca pérdida de peso de entre 5 y 8 kilos. Ese fue el motivo por el cual la dieta se volvió un éxito digno de ser copiado en aquella época y, aunque la compañía desconoció cualquier vínculo con ella, su nombre quedó instalado como uno de los regíme- nes “milagrosos” desde entonces. Hace algunos meses la dieta GM empezó a figurar nuevamente entre los títulos de revistas y sitios web orientados a la salud y la belleza. ¿El motivo? ¡¿Quién no quisiera perder siete kilos en tan solo una semana?! Youtubers, instagramers, blogueros y gurús que rinden culto al físico a través de alguna red social, aseguran que es fácil de seguir: no hay ingredientes com- plicados, ni implica llevar a cabo grandes demandas en la rutina. El plan se centra en limitar la ingesta semanal al consumo de frutas, verduras, arroz integral y pollo. Una combinación de carbohidratos complejos, verduras bajas en calorías y frutas, junto a un aumento en la ingesta de agua, logra una pérdida de peso rápida y signifi cativa. Pero, como diría mi madre, “no todo lo que brilla es oro”, es una dieta en la que se pasa hambre y se revoluciona el aparato digestivo, especialmente en quienes no están muy habituados al consumo de frutas o verduras crudas… Así que hay que tener cuidado.

NI-NI. “Ni se engorda signifi cativamente en una semana, ni se pierde peso real y positivo porque retroceda la aguja de la balanza”, asegura nuestra nutricionista de cabecera Lic. Pilar Llanos (M. N. 0205). “Siempre el aumento de peso es exceso de tejido adiposo, resultado de un balance continuado y positivo de energía, ocasionado por un incremento en la ingesta y una dismi- nución de los gastos por actividad. Tampoco un descenso de peso pasa solamente por perder kilos, sino por reducir el tejido adiposo acumulado sin disminuir la masa magra o tejido muscular, que es el metabólicamente activo”, aclara la especialista. Pero el ser humano siempre quiere resultados ¡YA! y con el menor trabajo posible, sin medir consecuencias. Según Pilar, lo primero y más básico a tener en cuenta es que el concepto de esta dieta es “DE EMERGENCIA”, es decir, busca un descenso de peso/desintoxicación mediante el esfuerzo de intestino y riñón, “por ese motivo no debe mantenerse por más de una semana y mucho menos, repetir. La instalación en ella o la repetición frecuente traerá consecuencias serias para la salud”, advierte. Al comienzo de la dieta se proponen tres días sólo a base de verduras y frutas sin límite de cantidad, a lo que se le suman 10 vasos de agua. “Esto puede signifi car una alta ingesta de fi bras y mucho estímulo, que le puede venir bien a un intestino perezoso, pero puede provocar diarreas en uno normal o sensible, con el descenso de peso que se busca, pero también con pérdida de fuerzas y riesgo de deshidratación, porque se distorsiona la oferta de minerales (sodio, potasio, mag- nesio, calcio)”, aclara Pilar y asegura que estos primeros tres días seguramente irán acompañados de mareos, pérdida de fuerzas, cansancio o incluso con síntomas más serios. 

DIETA POBRE. No hace falta aclarar que éste no es un esquema para adolescentes, ni para mujeres embarazadas o que amamantan, ni para personas que tengan patolo- gías gástricas o intestinales, ni patologías metabólicas, ni tampoco para adultos mayores. Es una dieta muy pobre en calorías y puede ser muy difícil de tolerar. Dependiendo de las cantidades de frutas que se ingieran y de la selec- ción que se realice su valor calórico puede ser mínimo, ya que hay frutas más ricas en azúcares que otras (no es lo mismo incluir uvas, duraznos y mangos que solo melón y sandía). También de la selección que se haga de vegetales dependerán las calorías y las proteínas, ya que si se incluyen arvejas y porotos frescos la cantidad de proteínas puede mejorarse, aunque la calidad esos días siga siendo defi citaria en aminoácidos esenciales. Por otro lado, el plan tiene una alta presencia de fibras, lo que no siempre es tolerado; en intestinos sensibles puede favorecer la presencia de dia- rreas que, a su vez, pueden ser causa de deshidratación, desequilibrio electrolítico y pérdida de fuerzas. Este cuadro sin duda desfavorece el cumplimiento de actividad física saludable. Otra cosa que falta en la dieta son explicacio- nes. Por ejemplo, cuando se suman lácteos y carnes no se aclara que deben elegirse bajos en grasas porque las grasas que ofrecen son saturadas en alta proporción. Y si bien apuesta a la ingesta de frutas y verduras, no es educativa al respecto. Le falta considerar varios grupos de alimentos que son vitales para la salud, como un buen manejo de los almidones (cereales, vegetales feculentos, legumbres); tam- poco incluye una correcta selección en cantidad y calidad de grasas saludables (aceites, semillas y frutas secas), ni da pautas para una selección adecuada de alimentos proteicos de alto valor biológico que sean saludables por sus conteni- dos grasos en cantidad y calidad. Por último, elimina por completo los dulces, fuente de gratificación y de excesos calóricos que tanto tienen que ver con nuestro peso y que, en cuanto se vuelvan a probar, pueden resultar altamente peligrosos.

Advertencias

  • Esta dieta promete reducir entre 5 y 7/8 k en una semana, pero ¡atención! porque el descenso de peso se logrará debido a que los aportes calóricos de la dieta son muy bajos: está comprobado que si se dispone de un solo grupo de alimentos (sólo frutas, sólo verduras) la monotonía hace que se coma menos.
  • Las ingestas de calcio, vitamina E, algunas vitaminas del complejo B y ácidos grasos poliinsaturados (sobre todo los ácidos grasos esenciales: Omega 6, Omega 3 y Omega 9) son escasas.
  • Si bien promueve la ingesta de vegetales y frutas, no ayuda a educar en una buena y saludable elección de los alimentos que deben ingerirse a diario y sobre todo de aquellos que pueden tener relación con nuestro peso.
  • En caso de seguir esta dieta durante una semana, es indispensable que se continúe con un plan saludable de calorías reducidas para que el organismo vuelva a recuperar su funcionalidad y el peso no se dispare a valores a veces superiores a los iniciales.

Charla íntima con Luisana Lopilato

 

A la rubia más linda de la Argentina le pasó de todo en sus primeros 30 años de vida: empezó a trabajar a los seis haciendo publicidades (“hice mil cosas, desde promocionar hamburguesas y estaciones de servicio hasta yogures”, asegura divertida); la rompió como estrella teen y participó de giras mundiales; salió con los galanes más codiciados (vale recordar a Felipe Colombo, Mariano Martínez y Pico Mónaco) y hace diez años conquistó a la megaestrella canadiense Michael Bublé (41), con quien tuvo a Noah (4) y Elías (1). Además, ahora se luce como modelo de Vitamina. “A Mike le encanta cómo me queda, yo soy fan de las babuchas”, nos cuenta. Pero no todo fue felicidad para Luisana Lopilato, hay un capítulo de su vida del que prefiere no hablar: el cáncer de hígado que padeció el pequeño Noah. “Hoy tengo ganas de pensar en el futuro y tirar para adelante. Quiero dejar de hablar del pasado”, nos aclaró Lu sin perder la sonrisa. Luego de cuatro meses de tratamiento en el St. Jude Children’s Research Hospital de Los Angeles, el hijo mayor de los Bublé ya está sano, aunque habrá que chequearlo muy de cerca durante los próximos cinco años. Sin embargo, nada será lo mismo para ellos: “Estas cosas te cambian la perspectiva de la vida. Te dejan ver qué es lo verdaderamente importante y qué no. A mí me hizo valorar lo que tengo. Lo más preciado es mi familia”. Recién aterrizados en Buenos Aires, Michael, Noah y Elías viajaron especialmente para hacerle el aguante a la mujer del clan en los dos proyectos en los que estuvo trabajando en el último tiempo: el estreno de la película Los que aman, odian con Guillermo Francella el próximo 7 de septiembre y el lanzamiento de la colección primavera/verano de Vitamina de la que es imagen. “Tenemos una casa en Canadá y otra acá, y nos vamos mudando de una a otra según nuestros compromisos laborales. Con Michael somos muy, muy unidos. Es mi familia, mi sangre”, explica Mrs. Bublé.

¿Qué extrañás de Buenos Aires cuando estás en Canadá? Nada, porque mi familia viaja muchísimo y además tengo todo lo que me gusta de acá: mi mate, dulce de leche, amigos, una carnicería donde tienen carne argentina y hasta un decodificador para ver nuestros programas. Yo prendo la tele y veo Telefe como cualquiera (risas). Igual allá son cuatro horas más, así que veo todos los programas desfasados.

Y cuando estás acá, ¿qué te hace falta de tu vida en Canadá? Nada. Me traje miles de condimentos canadienses que me encantan. Pero allá no hay una comida típica, comen mucho pescado y poca carne roja. Sin embargo, encontré una carnicería en la que venden carnes argentinas y siempre compro mis cortes de vacío. Cuando quiero me hago un asado. 

Nosotros nos casamos para tener hijos y envejecer juntos

¿Sos buena asadora? ¡Sí! Acá tengo una parrilla de carbón y allá una eléctrica. Si bien Mike también sabe, yo soy especial para hacer asados porque no me gusta que me toquen la carne. ¡No soporto que la anden pinchando ni dando vuelta! Para mí hay que poner la carne de un lado, dejar que se cocine bien y, cuando le está saliendo el juguito por arriba, darla vuelta. Si no, sale dura. Por eso prefiero hacerla yo sola.

¿Te considerás una fashion victim? No. De hecho, a Mike le gustaría que yo estuviera todo el día en taco aguja, ¡pero la vida no es así! Yo voy al supermercado, tengo dos hijos, los corro por todos lados y soy una mamá re presente. Priorizo estar cómoda, ahora aprovecho para armarme todos los outfits de Vitamina y me los llevo. A Mike le encanta cómo me quedan.

¿Por qué elegiste protagonizar la campaña de Vitamina? Vitamina es una marca pensada para la mujer actual que se va reinventando temporada a temporada, y eso me atrae. Siento que puedo encontrar una prenda para cada momento del día, y creo que a todas las mujeres les pasa lo mismo. Es una marca que me representa, es fácil de usar. Me gusta la variedad y sobre todo la calidad. Vitamina se compromete con el resultado y a todas nos hace felices vernos lindas.

¿Qué tipo de mamá sos? Creo que es mi mejor rol. Trato de repetir lo que recibí en mi casa, que es mucho amor. Soy cero límites, no puedo escuchar a ningún chico llorar. Enseguida los alzo, los hamaco y mimo.

¿Noah y Elías se portan bien? No, se matan. Son unos terremotos, todos los días es un golpe, siempre corren, se trepan de las ventanas, juegan con palos de hockey. Las grandes peleas son por un Spiderman baratísimo que los dos aman. ¡Más adelante vendrán los problemas de teenagers!

¿Quieren tener más hijos? Sí, ¡así les vuelvo más loca la vida a las abuelas! (se ríe). ¡Ojalá venga la nena! Pero creo que soy madre de varones… Igualmente no es tan fácil quedar embarazada. En octubre voy a rodar una película y claramente no puedo buscar un hijo ahora. Ya se va a dar. 

 

Creo que ser mamá es mi mejor rol

 

MR. Y MRS. BUBLÉ. “Yo me voy a casar con vos”. Así, directo y sin vueltas, la encaró Michael en aquel recital donde se conocieron a fines de 2008. Ella, no menos orgullosa, le dijo: “Sí, claro, todos se quieren casar conmigo”. Y como en las mejores películas de amor, la distancia y el problema del idioma (ella no hablaba ni una palabra de inglés y él ni una de español), empezaron un romance vía mails y  citas con traductor de por medio. Después de dos años de noviazgo, formalizaron con un casamiento que dio la vuelta al mundo desde las portadas de las revistas más importantes. Más tarde llegaron los herederos.

¿Cuál es el secreto para durar tanto en pleno siglo XXI? No sé si hay un secreto, lo importante es que los dos compartan la misma idea de familia. Hay momentos en los que podemos estar muy bien y otros muy mal, pero hay que salir adelante por el proyecto de familia. Nosotros nos casamos para tener hijos y envejecer juntos.

¿Tienen crisis con Bublé? Nos matamos todos los días por cualquier cosa, como todas las parejas. Yo soy re peleadora (se ríe). Por ejemplo, hoy les había dejado unos ravioles caseros para que almorzaran y me dijo que quería llevarlos a comer afuera. ¡Y nos pusimos a discutir! Reconozco que soy medio hincha.

¿Sentís que la enfermedad de Noah los unió más? Siempre fuimos muy, muy unidos. Y lo enfrentamos en familia como siempre. Creo que hay que seguir adelante, valorando y disfrutando de estar felices y juntos.

¿Te gustaría triunfar en Hollywood? Trato de no pensar mucho. Una vez había quedado preseleccionada para Misión Imposible. Me llamaron para decirme que Tom Cruise quería conocerme al día siguiente, pero yo estaba en Argentina filmando una tira de Polka. ¡Me quería matar! Lo más importante es elegir proyectos interesantes, sean acá o allá. 

Hay que seguir adelante, valorando y disfrutando de estar felices y juntos

¿Sentís que por ser linda te prejuzgan de mala actriz? Sí, un montón de veces. Pero estoy tratando de demostrarle al público que también puedo hacer otros trabajos. Aunque a veces están buenos los papeles de lindas, todo depende de cómo los hagas. Mirá a Jennifer Aniston, siempre hace de linda en las comedias y te matás de risa.

¿Qué balance harías de tus primeras tres décadas de vida? ¡Intensas! Fueron de mucha maduración, tuve alegrías y tristezas. Me pasó de todo, pero todavía falta… Hay que seguir escribiendo la bio.

 

 

 

 

A la rubia más linda de la Argentina le pasó de todo en sus primeros 30 años de vida: empezó a trabajar a los seis haciendo publicidades (“hice mil cosas, desde promocionar hamburguesas y estaciones de servicio hasta yogures”, asegura divertida); la rompió como estrella teen y participó de giras mundiales; salió con los galanes más codiciados (vale recordar a Felipe Colombo, Mariano Martínez y Pico Mónaco) y hace diez años conquistó a la megaestrella canadiense Michael Bublé (41), con quien tuvo a Noah (4) y Elías (1). Además, ahora se luce como modelo de Vitamina. “A Mike le encanta cómo me queda, yo soy fan de las babuchas”, nos cuenta. Pero no todo fue felicidad para Luisana Lopilato, hay un capítulo de su vida del que prefiere no hablar: el cáncer de hígado que padeció el pequeño Noah. “Hoy tengo ganas de pensar en el futuro y tirar para adelante. Quiero dejar de hablar del pasado”, nos aclaró Lu sin perder la sonrisa. Luego de cuatro meses de tratamiento en el St. Jude Children’s Research Hospital de Los Angeles, el hijo mayor de los Bublé ya está sano, aunque habrá que chequearlo muy de cerca durante los próximos cinco años. Sin embargo, nada será lo mismo para ellos: “Estas cosas te cambian la perspectiva de la vida. Te dejan ver qué es lo verdaderamente importante y qué no. A mí me hizo valorar lo que tengo. Lo más preciado es mi familia”. Recién aterrizados en Buenos Aires, Michael, Noah y Elías viajaron especialmente para hacerle el aguante a la mujer del clan en los dos proyectos en los que estuvo trabajando en el último tiempo: el estreno de la película Los que aman, odian con Guillermo Francella el próximo 7 de septiembre y el lanzamiento de la colección primavera/verano de Vitamina de la que es imagen. “Tenemos una casa en Canadá y otra acá, y nos vamos mudando de una a otra según nuestros compromisos laborales. Con Michael somos muy, muy unidos. Es mi familia, mi sangre”, explica Mrs. Bublé.

¿Qué extrañás de Buenos Aires cuando estás en Canadá? Nada, porque mi familia viaja muchísimo y además tengo todo lo que me gusta de acá: mi mate, dulce de leche, amigos, una carnicería donde tienen carne argentina y hasta un decodificador para ver nuestros programas. Yo prendo la tele y veo Telefe como cualquiera (risas). Igual allá son cuatro horas más, así que veo todos los programas desfasados.

Y cuando estás acá, ¿qué te hace falta de tu vida en Canadá? Nada. Me traje miles de condimentos canadienses que me encantan. Pero allá no hay una comida típica, comen mucho pescado y poca carne roja. Sin embargo, encontré una carnicería en la que venden carnes argentinas y siempre compro mis cortes de vacío. Cuando quiero me hago un asado. 

Nosotros nos casamos para tener hijos y envejecer juntos

¿Sos buena asadora? ¡Sí! Acá tengo una parrilla de carbón y allá una eléctrica. Si bien Mike también sabe, yo soy especial para hacer asados porque no me gusta que me toquen la carne. ¡No soporto que la anden pinchando ni dando vuelta! Para mí hay que poner la carne de un lado, dejar que se cocine bien y, cuando le está saliendo el juguito por arriba, darla vuelta. Si no, sale dura. Por eso prefiero hacerla yo sola.

¿Te considerás una fashion victim? No. De hecho, a Mike le gustaría que yo estuviera todo el día en taco aguja, ¡pero la vida no es así! Yo voy al supermercado, tengo dos hijos, los corro por todos lados y soy una mamá re presente. Priorizo estar cómoda, ahora aprovecho para armarme todos los outfits de Vitamina y me los llevo. A Mike le encanta cómo me quedan.

¿Por qué elegiste protagonizar la campaña de Vitamina? Vitamina es una marca pensada para la mujer actual que se va reinventando temporada a temporada, y eso me atrae. Siento que puedo encontrar una prenda para cada momento del día, y creo que a todas las mujeres les pasa lo mismo. Es una marca que me representa, es fácil de usar. Me gusta la variedad y sobre todo la calidad. Vitamina se compromete con el resultado y a todas nos hace felices vernos lindas.

¿Qué tipo de mamá sos? Creo que es mi mejor rol. Trato de repetir lo que recibí en mi casa, que es mucho amor. Soy cero límites, no puedo escuchar a ningún chico llorar. Enseguida los alzo, los hamaco y mimo.

¿Noah y Elías se portan bien? No, se matan. Son unos terremotos, todos los días es un golpe, siempre corren, se trepan de las ventanas, juegan con palos de hockey. Las grandes peleas son por un Spiderman baratísimo que los dos aman. ¡Más adelante vendrán los problemas de teenagers!

¿Quieren tener más hijos? Sí, ¡así les vuelvo más loca la vida a las abuelas! (se ríe). ¡Ojalá venga la nena! Pero creo que soy madre de varones… Igualmente no es tan fácil quedar embarazada. En octubre voy a rodar una película y claramente no puedo buscar un hijo ahora. Ya se va a dar. 

 

Creo que ser mamá es mi mejor rol

 

MR. Y MRS. BUBLÉ. “Yo me voy a casar con vos”. Así, directo y sin vueltas, la encaró Michael en aquel recital donde se conocieron a fines de 2008. Ella, no menos orgullosa, le dijo: “Sí, claro, todos se quieren casar conmigo”. Y como en las mejores películas de amor, la distancia y el problema del idioma (ella no hablaba ni una palabra de inglés y él ni una de español), empezaron un romance vía mails y  citas con traductor de por medio. Después de dos años de noviazgo, formalizaron con un casamiento que dio la vuelta al mundo desde las portadas de las revistas más importantes. Más tarde llegaron los herederos.

¿Cuál es el secreto para durar tanto en pleno siglo XXI? No sé si hay un secreto, lo importante es que los dos compartan la misma idea de familia. Hay momentos en los que podemos estar muy bien y otros muy mal, pero hay que salir adelante por el proyecto de familia. Nosotros nos casamos para tener hijos y envejecer juntos.

¿Tienen crisis con Bublé? Nos matamos todos los días por cualquier cosa, como todas las parejas. Yo soy re peleadora (se ríe). Por ejemplo, hoy les había dejado unos ravioles caseros para que almorzaran y me dijo que quería llevarlos a comer afuera. ¡Y nos pusimos a discutir! Reconozco que soy medio hincha.

¿Sentís que la enfermedad de Noah los unió más? Siempre fuimos muy, muy unidos. Y lo enfrentamos en familia como siempre. Creo que hay que seguir adelante, valorando y disfrutando de estar felices y juntos.

¿Te gustaría triunfar en Hollywood? Trato de no pensar mucho. Una vez había quedado preseleccionada para Misión Imposible. Me llamaron para decirme que Tom Cruise quería conocerme al día siguiente, pero yo estaba en Argentina filmando una tira de Polka. ¡Me quería matar! Lo más importante es elegir proyectos interesantes, sean acá o allá. 

Hay que seguir adelante, valorando y disfrutando de estar felices y juntos

¿Sentís que por ser linda te prejuzgan de mala actriz? Sí, un montón de veces. Pero estoy tratando de demostrarle al público que también puedo hacer otros trabajos. Aunque a veces están buenos los papeles de lindas, todo depende de cómo los hagas. Mirá a Jennifer Aniston, siempre hace de linda en las comedias y te matás de risa.

¿Qué balance harías de tus primeras tres décadas de vida? ¡Intensas! Fueron de mucha maduración, tuve alegrías y tristezas. Me pasó de todo, pero todavía falta… Hay que seguir escribiendo la bio.

 

 

 

Nicole Neumann: “Cuando la pasión se va, es para siempre”

Llega temprano a la entrevista, media hora antes de lo pautado, y acepta entusiasmada la propuesta de desayunar antes de comenzar con las fotos. “Debo tener cara de cansada, Sienna (3) se durmió tardísimo anoche; empezó a pedir agua, después quería ir al baño, prender la tele… viste cuando dan vueltas para no meterse en la cama y vos empezás a contar las horas de sueño que te quedan y sufrís?”, cuenta entre risas Nicole Neumann (36) mientras se sirve un café (negro, sin azúcar) y una medialuna. La verdad es que se la ve radiante, bellísima como siempre. No tiene ojeras ni ningún otro rastro de haber pasado la noche en vela. Tampoco se la nota alterada por los acontecimientos de la semana pasada: el viernes 11 de agosto la revista Paparazzi salió con una foto de tapa en la que se veía a Nicole y a Pablo Cosentino en la playa…

Venía a tu encuentro y pensaba: ¿será mejor preguntarle por la tapa de Paparazzi al comenzar la entrevista o sobre el final, cuando ya estemos más distendidas? Está muy bien que me lo preguntes ahora porque es un tema cerrado para mí, algo que ya está en manos de mis abogados. Se trata de un fotomontaje. Esa foto no existe. Por suerte en Cortá por Lozano (donde hace un mes es panelista) tuve oportunidad de mostrar la verdadera foto, que es de mis últimas vacaciones con Fabián (Cubero) en la playa.

Te tocó, como panelista, comentar tu propia noticia… Sí, lamento que haya sido por este tema, esta mentira y no por algo lindo y real. Pero bueno, ya está. Prefiero rescatar lo bien y cómoda que me siento en el programa. Y te lo digo con total sinceridad. Vero (Lozano) es una de mis referentes como conductora, es súper espontánea, divertida… ¡genial!

En algún momento se dijo que ibas a participar del Bailando… ¿existió esa propuesta? ¿Lo evaluaste? Sí, recibí la propuesta y la rechacé porque hoy elijo un espacio de menos exposición pública y priorizo la armonía de mi familia. Sabía que cada previa iba a ser un juicio oral y público y prefiero evitarlo.

Vos pensá que Indiana (9) ya está más grande y le llegan comentarios de la tele. ¿Pasó eso cuando te separaste? ¿Indiana escuchó comentarios sobre el tema en algún lado? Y sí. Sintió que todos sabían que sus papás se habían separado y ella no lo había hablado con nadie. Un día llegó a casa y me preguntó: “Mamá, ¿vos subiste la separación a YouTube?” ¡Imaginate mi cara de espanto! Tuve que sentarme a explicarle que en televisión se había hablado del tema y, justamente por eso, muchas personas lo sabían.

El primer fin de semana separada y sin mis hijas fue el peor de mi vida. Un momento de angustia espantosa. Terrible, la depresión total”.

Nunca es fácil explicarle a un hijo que los papás se están separando. Ufff… ni me lo recuerdes: nada fácil. Para que te des una idea, el día en que les explicábamos que separarnos era lo mejor para todos, Indiana nos dijo: “será lo mejor para ustedes, para mí no”. Fue duro, no te voy a mentir. Pero hoy las veo bien, la realidad es que los cinco estamos adaptándonos a una nueva vida.

¿Tienen un régimen de visitas establecido con Fabián o es algo más bien libre? Mirá, por ahora venimos improvisando y Fabián ve a las nenas cada vez que quiere. Mi idea es que siga así, pero con un poco más de orden porque Fabián es muy relajado.

¿Es relajado en todo sentido? ¿A la hora de poner límites también? Sí, ni hablar: las chicas hacen lo que quieren con él. ¡Jamás les va a decir que no a algo! Yo soy la que tiene que hacer el papel de bruja siempre, soy la mala de la película desde que nacieron porque él dice que no le nace ponerles límites. Ahí aparecen mis raíces germanas para poner orden en casa.

¿Cómo fue tu primer fin de semana sola, sin tus hijas? Suele ser un momento difícil en la vida de una mujer recién separada. Fue un momento de angustia espantosa. Terrible, la depresión total. ¡El peor fin de semana de mi vida! Yo tengo un tema con el control, en general. Necesito controlar todo. Y justo el primer fin de semana que Fabián se llevó a las nenas, me dijo: “nos vamos a Mar del Plata”. Creí morir. Pensé: la ruta, no voy a estar ahí para chequear que maneje bien, que no vaya rápido. Mandé mil mensajes del tipo: “¿van bien?” “¿Ya llegaron?” “¿Por dónde andan?”.

Hoy veo bien a mis hijas, la realidad es que los cinco estamos adaptándonos a una nueva vida.

¿Fabián te tuvo paciencia o ignoró tus mensajes? Fabián bien, pobre, mucha paciencia. En un momento vi que subió un videíto y una de las chicas ¡estaba sin cinturón de seguridad! Enloquecí y lo llamé desesperada. Ahí él, con total calma, me explicó que lo grabó cuando pararon a comer, que me quedara tranquila. En fín, delicias de la vida de la mamá separada.

¿Y los fines de semana que están con vos qué hacen? Mis hijas son muy indias, aman los animales como yo y no hay plan que les guste más en la vida que ir a la chacra que tenemos y andar descalzas, embarradas, besuqueando a los animales. Tenemos 36 perros, 3 gatos, 5 ovejas, 6 caballos, gallinas, patos y conejos. ¡Somos una gran familia! No me imagino la vida si no es rodeada de animales.

Ese amor por los animales te llevó a convertirte en vegana y a lanzar tu línea de zapatos y accesorios libre de crueldad. Sí, es así. Desde el 2014 tengo mi línea Nikka, en la que no usamos cuero. ¡Es un proyecto que crece y me entusiasma mucho! Soy vegana hace 4 años, vegetariana desde los 18. Hoy en mi casa no se cocina carne. Mis hijas tampoco comen carne habitualmente, pero si vamos a visitar amigos e hicieron asado, se enganchan. Bueno, Indiana ya no, pero Allegra (6) y Sienna (3) sí. Indiana es como la más parecida a mí en todo.

¿Te quedaste con ganas de tener un hijo varón? ¿Lo sentís como una asignatura pendiente? No, no lo siento como una asignatura pendiente. Para nada. Siempre quise tener hijas mujeres, vivir esa experiencia, y lo conseguí. ¿Un hijo varón? No sé, todavía soy joven, nunca se sabe. Pero por favor dejalo bien claro: ¡no está en mis planes actuales! (se ríe).

¿Vos cómo te definís? Yo soy muy escorpiana. Pero te voy a decir algo: creo que esa personalidad fuerte y determinada por la que todos conocen a los escorpianos es en realidad una manera de proteger el costado sensible y vulnerable que escondemos. Somos mucho más frágiles de lo que creen. Y algo que me caracteriza mucho del signo es que me rijo por la pasión. La pasión es mi eje en la vida. Si no siento pasión no puedo hacer nada, ni personal ni laboral. Nada.

¿No creés que se puede recuperar la pasión? No, para nada. En mi caso, al menos, es imposible. Cuando la pasión se va, es para siempre.

¿Cómo imaginás tu vida de aquí a diez años? (Piensa un rato en silencio) Me imagino feliz y en familia. Tal vez con una familia ensamblada, ¿por qué no?

FAVORITOS

xCOLOR DE UÑAS: natural. xRED SOCIAL: Instagram (@nikitaneumannoficial). xAMO: las fotos. xUN MIEDO: al avión. xUNA VIRTUD: la honestidad. xUN GALÁN: Brad Pitt. xVACACIONES IDEALES: montaña y playa. xPOSTRE: chocotorta. xPOR UN DÍA ME GUSTARÍA SER: un pájaro.

Llega temprano a la entrevista, media hora antes de lo pautado, y acepta entusiasmada la propuesta de desayunar antes de comenzar con las fotos. “Debo tener cara de cansada, Sienna (3) se durmió tardísimo anoche; empezó a pedir agua, después quería ir al baño, prender la tele… viste cuando dan vueltas para no meterse en la cama y vos empezás a contar las horas de sueño que te quedan y sufrís?”, cuenta entre risas Nicole Neumann (36) mientras se sirve un café (negro, sin azúcar) y una medialuna. La verdad es que se la ve radiante, bellísima como siempre. No tiene ojeras ni ningún otro rastro de haber pasado la noche en vela. Tampoco se la nota alterada por los acontecimientos de la semana pasada: el viernes 11 de agosto la revista Paparazzi salió con una foto de tapa en la que se veía a Nicole y a Pablo Cosentino en la playa…

Venía a tu encuentro y pensaba: ¿será mejor preguntarle por la tapa de Paparazzi al comenzar la entrevista o sobre el final, cuando ya estemos más distendidas? Está muy bien que me lo preguntes ahora porque es un tema cerrado para mí, algo que ya está en manos de mis abogados. Se trata de un fotomontaje. Esa foto no existe. Por suerte en Cortá por Lozano (donde hace un mes es panelista) tuve oportunidad de mostrar la verdadera foto, que es de mis últimas vacaciones con Fabián (Cubero) en la playa.

Te tocó, como panelista, comentar tu propia noticia… Sí, lamento que haya sido por este tema, esta mentira y no por algo lindo y real. Pero bueno, ya está. Prefiero rescatar lo bien y cómoda que me siento en el programa. Y te lo digo con total sinceridad. Vero (Lozano) es una de mis referentes como conductora, es súper espontánea, divertida… ¡genial!

En algún momento se dijo que ibas a participar del Bailando… ¿existió esa propuesta? ¿Lo evaluaste? Sí, recibí la propuesta y la rechacé porque hoy elijo un espacio de menos exposición pública y priorizo la armonía de mi familia. Sabía que cada previa iba a ser un juicio oral y público y prefiero evitarlo.

Vos pensá que Indiana (9) ya está más grande y le llegan comentarios de la tele. ¿Pasó eso cuando te separaste? ¿Indiana escuchó comentarios sobre el tema en algún lado? Y sí. Sintió que todos sabían que sus papás se habían separado y ella no lo había hablado con nadie. Un día llegó a casa y me preguntó: “Mamá, ¿vos subiste la separación a YouTube?” ¡Imaginate mi cara de espanto! Tuve que sentarme a explicarle que en televisión se había hablado del tema y, justamente por eso, muchas personas lo sabían.

El primer fin de semana separada y sin mis hijas fue el peor de mi vida. Un momento de angustia espantosa. Terrible, la depresión total”.

Nunca es fácil explicarle a un hijo que los papás se están separando. Ufff… ni me lo recuerdes: nada fácil. Para que te des una idea, el día en que les explicábamos que separarnos era lo mejor para todos, Indiana nos dijo: “será lo mejor para ustedes, para mí no”. Fue duro, no te voy a mentir. Pero hoy las veo bien, la realidad es que los cinco estamos adaptándonos a una nueva vida.

¿Tienen un régimen de visitas establecido con Fabián o es algo más bien libre? Mirá, por ahora venimos improvisando y Fabián ve a las nenas cada vez que quiere. Mi idea es que siga así, pero con un poco más de orden porque Fabián es muy relajado.

¿Es relajado en todo sentido? ¿A la hora de poner límites también? Sí, ni hablar: las chicas hacen lo que quieren con él. ¡Jamás les va a decir que no a algo! Yo soy la que tiene que hacer el papel de bruja siempre, soy la mala de la película desde que nacieron porque él dice que no le nace ponerles límites. Ahí aparecen mis raíces germanas para poner orden en casa.

¿Cómo fue tu primer fin de semana sola, sin tus hijas? Suele ser un momento difícil en la vida de una mujer recién separada. Fue un momento de angustia espantosa. Terrible, la depresión total. ¡El peor fin de semana de mi vida! Yo tengo un tema con el control, en general. Necesito controlar todo. Y justo el primer fin de semana que Fabián se llevó a las nenas, me dijo: “nos vamos a Mar del Plata”. Creí morir. Pensé: la ruta, no voy a estar ahí para chequear que maneje bien, que no vaya rápido. Mandé mil mensajes del tipo: “¿van bien?” “¿Ya llegaron?” “¿Por dónde andan?”.

Hoy veo bien a mis hijas, la realidad es que los cinco estamos adaptándonos a una nueva vida.

¿Fabián te tuvo paciencia o ignoró tus mensajes? Fabián bien, pobre, mucha paciencia. En un momento vi que subió un videíto y una de las chicas ¡estaba sin cinturón de seguridad! Enloquecí y lo llamé desesperada. Ahí él, con total calma, me explicó que lo grabó cuando pararon a comer, que me quedara tranquila. En fín, delicias de la vida de la mamá separada.

¿Y los fines de semana que están con vos qué hacen? Mis hijas son muy indias, aman los animales como yo y no hay plan que les guste más en la vida que ir a la chacra que tenemos y andar descalzas, embarradas, besuqueando a los animales. Tenemos 36 perros, 3 gatos, 5 ovejas, 6 caballos, gallinas, patos y conejos. ¡Somos una gran familia! No me imagino la vida si no es rodeada de animales.

Ese amor por los animales te llevó a convertirte en vegana y a lanzar tu línea de zapatos y accesorios libre de crueldad. Sí, es así. Desde el 2014 tengo mi línea Nikka, en la que no usamos cuero. ¡Es un proyecto que crece y me entusiasma mucho! Soy vegana hace 4 años, vegetariana desde los 18. Hoy en mi casa no se cocina carne. Mis hijas tampoco comen carne habitualmente, pero si vamos a visitar amigos e hicieron asado, se enganchan. Bueno, Indiana ya no, pero Allegra (6) y Sienna (3) sí. Indiana es como la más parecida a mí en todo.

¿Te quedaste con ganas de tener un hijo varón? ¿Lo sentís como una asignatura pendiente? No, no lo siento como una asignatura pendiente. Para nada. Siempre quise tener hijas mujeres, vivir esa experiencia, y lo conseguí. ¿Un hijo varón? No sé, todavía soy joven, nunca se sabe. Pero por favor dejalo bien claro: ¡no está en mis planes actuales! (se ríe).

¿Vos cómo te definís? Yo soy muy escorpiana. Pero te voy a decir algo: creo que esa personalidad fuerte y determinada por la que todos conocen a los escorpianos es en realidad una manera de proteger el costado sensible y vulnerable que escondemos. Somos mucho más frágiles de lo que creen. Y algo que me caracteriza mucho del signo es que me rijo por la pasión. La pasión es mi eje en la vida. Si no siento pasión no puedo hacer nada, ni personal ni laboral. Nada.

¿No creés que se puede recuperar la pasión? No, para nada. En mi caso, al menos, es imposible. Cuando la pasión se va, es para siempre.

¿Cómo imaginás tu vida de aquí a diez años? (Piensa un rato en silencio) Me imagino feliz y en familia. Tal vez con una familia ensamblada, ¿por qué no?

FAVORITOS

xCOLOR DE UÑAS: natural. xRED SOCIAL: Instagram (@nikitaneumannoficial). xAMO: las fotos. xUN MIEDO: al avión. xUNA VIRTUD: la honestidad. xUN GALÁN: Brad Pitt. xVACACIONES IDEALES: montaña y playa. xPOSTRE: chocotorta. xPOR UN DÍA ME GUSTARÍA SER: un pájaro.

Los padres de hoy: más presentes, más culposos

Aunque se sienten más comprometidos y activos que los padres de antes en la crianza de sus hijos, igual se culpan por no poder estar más tiempo juntos. Y las madres son las que más se lo reprochan. La calidad no compensa la cantidad.

El 50% de los argentinos cree que los padres viven con mayor culpa que antes por no poder estar presentes en la crianza de sus hijos, un porcentaje que crece entre las mujeres. El 82% afirma estar total o bastante presente con la familia, pero casi la mitad (48%) cree que la calidad del tiempo que pasa con sus hijos no compensa la cantidad que necesita para estar más presente como padres.

Hoy los padres aseguran que acompañan el “no” a sus hijos con razones y fundamentos en una relación concebida desde la mayor dedicación y conexión con los hijos

Son datos de un estudio de Kimberly-Clark sobre el difícil equilibrio entre calidad y cantidad de tiempo compartido entre padres e hijos.

La investigación refleja también cambios en los modelos de paternidad: de padres autoritarios a padres más permisivos y reflexivos. Para 4 de cada 10 argentinos anteriormente existía una menor conexión emocional con los hijos. Hoy los padres aseguran que acompañan el “no” a sus hijos con razones y fundamentos en una relación concebida desde la mayor dedicación y conexión con los hijos. 

¿CALIDAD O CANTIDAD? Los nuevos tiempos traen aparejadas otras problemáticas, vinculadas principalmente a la calidad y cantidad del tiempo compartido con los hijos, y a la generación de un sentimiento de culpa. Para las madres –especialmente- la tensión se genera en virtud de la búsqueda de realización personal en varios ámbitos. Para Maritchu Seitún, psicóloga, especialista en crianza y vínculos, la clave es hacerse responsable de las decisiones tomadas y comunicarlas. “Si tomo la decisión de trabajar cierta cantidad de horas, o decido salir con amigas, es aconsejable hablar con los hijos de eso, entender su enojo o su reproche, y que descubran que mamá vuelve más contenta y con más ganas de estar con ellos”. Y recomienda un tiempo de disponibilidad total y exclusiva con los hijos. “Dejar el teléfono, la computadora y las actividades de lado y demostrar al hijo que es prioridad. No va a ser a ser todo el tiempo, pero sí con frecuencia. Puede ser todos los días 20 minutos o media hora, pero donde las acciones de los padres dejen claro a los hijos de esa prioridad. Sin ese rato de presencia diaria no le podemos decir que es más importante que todo lo demás, no se compensa con regalos o grandes salidas”.

“Dejar el teléfono, la computadora y las actividades de lado y demostrar al hijo que es prioridad. Sin ese rato de presencia diaria no le podemos decir que es más importante que todo lo demás”. -Maritchu Seitún, psicóloga, especialista en crianza y vínculos-.

CHICOS MÁS SEGUROS. Está demostrado que cuanto más presentes están los padres en la crianza, crecen chicos más seguros de sí mismos. “Con la presencia, padres e hijos se enriquecen mutuamente –afirma Seitún- La seguridad en su presencia y disponibilidad fortalece la salud y también les guía en el camino correcto, porque no se trata sólo de afecto, sino también de límites y diálogo”.

De acuerdo a la investigación realizada por la consultora Trendsity en la provincia de Buenos Aires -a una muestra representativa de 491 personas de entre 18 y 55 años, mediante una encuesta online- la forma que encuentran los argentinos para estar más presentes es muy diversa: para 7 de cada 10 argentinos, estar presentes es compartir rutinas y trasmitir valores, estar atentos a las necesidades (52%), dedicar tiempo a escucharlos (51%) y poner y poner límites con claridad (44%) son algunas de las formas que formas que encuentran los argentinos de estar más presentes en el momento de la crianza. 

 

 

Aunque se sienten más comprometidos y activos que los padres de antes en la crianza de sus hijos, igual se culpan por no poder estar más tiempo juntos. Y las madres son las que más se lo reprochan. La calidad no compensa la cantidad.

El 50% de los argentinos cree que los padres viven con mayor culpa que antes por no poder estar presentes en la crianza de sus hijos, un porcentaje que crece entre las mujeres. El 82% afirma estar total o bastante presente con la familia, pero casi la mitad (48%) cree que la calidad del tiempo que pasa con sus hijos no compensa la cantidad que necesita para estar más presente como padres.

Hoy los padres aseguran que acompañan el “no” a sus hijos con razones y fundamentos en una relación concebida desde la mayor dedicación y conexión con los hijos

Son datos de un estudio de Kimberly-Clark sobre el difícil equilibrio entre calidad y cantidad de tiempo compartido entre padres e hijos.

La investigación refleja también cambios en los modelos de paternidad: de padres autoritarios a padres más permisivos y reflexivos. Para 4 de cada 10 argentinos anteriormente existía una menor conexión emocional con los hijos. Hoy los padres aseguran que acompañan el “no” a sus hijos con razones y fundamentos en una relación concebida desde la mayor dedicación y conexión con los hijos. 

¿CALIDAD O CANTIDAD? Los nuevos tiempos traen aparejadas otras problemáticas, vinculadas principalmente a la calidad y cantidad del tiempo compartido con los hijos, y a la generación de un sentimiento de culpa. Para las madres –especialmente- la tensión se genera en virtud de la búsqueda de realización personal en varios ámbitos. Para Maritchu Seitún, psicóloga, especialista en crianza y vínculos, la clave es hacerse responsable de las decisiones tomadas y comunicarlas. “Si tomo la decisión de trabajar cierta cantidad de horas, o decido salir con amigas, es aconsejable hablar con los hijos de eso, entender su enojo o su reproche, y que descubran que mamá vuelve más contenta y con más ganas de estar con ellos”. Y recomienda un tiempo de disponibilidad total y exclusiva con los hijos. “Dejar el teléfono, la computadora y las actividades de lado y demostrar al hijo que es prioridad. No va a ser a ser todo el tiempo, pero sí con frecuencia. Puede ser todos los días 20 minutos o media hora, pero donde las acciones de los padres dejen claro a los hijos de esa prioridad. Sin ese rato de presencia diaria no le podemos decir que es más importante que todo lo demás, no se compensa con regalos o grandes salidas”.

“Dejar el teléfono, la computadora y las actividades de lado y demostrar al hijo que es prioridad. Sin ese rato de presencia diaria no le podemos decir que es más importante que todo lo demás”. -Maritchu Seitún, psicóloga, especialista en crianza y vínculos-.

CHICOS MÁS SEGUROS. Está demostrado que cuanto más presentes están los padres en la crianza, crecen chicos más seguros de sí mismos. “Con la presencia, padres e hijos se enriquecen mutuamente –afirma Seitún- La seguridad en su presencia y disponibilidad fortalece la salud y también les guía en el camino correcto, porque no se trata sólo de afecto, sino también de límites y diálogo”.

De acuerdo a la investigación realizada por la consultora Trendsity en la provincia de Buenos Aires -a una muestra representativa de 491 personas de entre 18 y 55 años, mediante una encuesta online- la forma que encuentran los argentinos para estar más presentes es muy diversa: para 7 de cada 10 argentinos, estar presentes es compartir rutinas y trasmitir valores, estar atentos a las necesidades (52%), dedicar tiempo a escucharlos (51%) y poner y poner límites con claridad (44%) son algunas de las formas que formas que encuentran los argentinos de estar más presentes en el momento de la crianza. 

 

 

Selah Marley, heredera reggae

Imposible pasar por alto su genética. Sus rasgos, la tez morena y su figura atractiva sumada al mágico condimento del mito familiar lograron que prestigiosas firmas hicieran foco en ella. Se trata de Selah Marley (18), nieta del legendario Bob Marley, hija de la exvocalista de The Fugees, Lauryn Hill, y de Rohan Marley. Treinta y seis años después de la muerte del cantante jamaiquino, esta nieta a la que nunca llegó a conocer intenta hacer su propio camino. Y no sólo se destaca en el mundo de la moda –Karl Lagerfeld la incluyó en su último desfile de París y Beyoncé la convocó en su colección para Topshop–, a Selah también le apasionan la música y el deporte.

ONE LOVE. Selah Louise Marley nació el 12 de noviembre de 1998, es la primera hija del matrimonio entre la cantante Lauryn Hill (42) y el exjugador de fútbol e hijo de Bob Marley, Rohan Marley (45). La pareja mantuvo una relación sentimental desde 1996 hasta 2011. Selah tiene cinco hermanos menores: Zion David (20), Joshua Omaru (15), John Nesta (14), Sarah (9) y Micah (6). “Lo más difícil de proceder de una familia tan famosa es estar siempre en el candelero”, confesó la joven. “Aunque suena como un sueño hecho realidad, puede resultar un poco abrumador tener siempre gente observándote”, confiesa. Selah y sus hermanos nacieron en la inusual circunstancia de que todo el mundo supiera quiénes son. Pese a su cómoda infancia, su vida no siempre fue color de rosas. Cuando era chica su familia se mudaba con frecuencia. Nació en Miami, pero no echó raíces hasta que se instalaron en South Orange, Nueva Jersey. Como resultado, está increíblemente unida a sus hermanos. “Ellos son mi mundo”, dijo, y agregó: “Durante mi infancia y adolescencia era muy introvertida y pensativa. Me encerraba mucho en mí misma”. Ahora, con 18 años, Selah es mucho más madura de lo que se espera para su edad, y es que no le quedó más remedio.

Aunque nunca pude abrazar a mi abuelo, él es mi ángel de la guarda

 De su abuelo habla poco en los medios, pero en su cuenta de Instagram (@selahmarley) –que cuenta con más de 80 mil seguidores– suele postear fotos de Bob Marley y asegura “aunque nunca pude abrazarlo, él es mi ángel de la guarda”. Lejos de depender únicamente de la fama de sus padres y de su abuelo, Selah se propuso hacerse un nombre por sí misma. Primero probó suerte en la industria fashion. “Mi madre me introdujo en la moda incluso antes de que yo supiera de qué se trataba. La acompañaba junto a sus asistentes a desfiles de Alexander McQueen y otras marcas prestigiosas, por no mencionar nuestro sótano, que es básicamente un museo de alta costura”, reveló. Así, su debut fue a los 12 años para la revista Teen Vogue. Y a los 15 posó para Calvin Klein. Por aquel entonces la marca norteamericana la definió como “la realeza de la música”. Esto era apenas el comienzo.

MULTIFACÉTICA. Ahora, con 18 años, Selah –que apenas llega al 1,60 m de altura– logró consolidarse en la industria fashion cuando dos de los nombres de mayor peso decidieron reclutarla. Karl Lagerfeld, encaprichado desde hace años con asociarse con las “hijas de”, la incluyó en su desfile Metiérs d’Art en el Ritz de París, el pasado mes de diciembre. Y Beyoncé fue su última madrina. La modelo acompañó a la cantante junto a Sophie Koella y a la actriz Yara Shahidi (de la serie Black-ish) en la última campaña de Ivy Park, la línea deportiva de Beyoncé para Topshop. La publicación The New York Times sumó su nombre al de otros hijos de famosos que se habían dejado ver en la pasarela (Sofia Richie, hija de Lionel Richie, o Presley Gerber, hijo de Cindy Crawford) en este serial de It Kids poblados por Hadids, Kardashians y demás apellidos instagrameables. ¡Y hay más! Selah protagonizó las portadas de Wonderland y Jalouse, participó en un video de la firma Proenza Schouler, apareció en una editorial de Vogue sobre cómo vestir de Gucci, realizó el lookbook de Miu Miu y posó para la fotógrafa Petra Collins como una de las “jóvenes más inspiradoras del momento”. 

Más allá de las pasarelas y fotografías la joven, que ahora vive en Nueva York, compagina su tiempo entre la universidad –estudia de todo, desde astronomía hasta religión en la NYU– y la construcción de su red de seguidores en SoundCloud. “Odio ponerme etiquetas, pero si tuviera que describir mi música probablemente diría que es R&B futurista. Melodías tranquilizadoras y ambientales con ritmos increíbles. ¡O al menos eso es lo que intento!”. También practica danza africana y gimnasia, baloncesto y fútbol.

Selah también apuesta por defender sus ideales públicamente. “El reciente clima político es sólo una prueba de que tenemos que hablar por nosotros mismos y mover fichas porque la gente que supuestamente lo debe hacer no lo está haciendo”. Alejada del estereotipo de it girl, Selah Marley es inteligente, profundamente sensible y tiene los pies en la tierra: “Me encuentro en el principio de mi viaje, pero tengo la sensación de estar preparada para recorrerlo con la cabeza bien puesta sobre los hombros”.

Imposible pasar por alto su genética. Sus rasgos, la tez morena y su figura atractiva sumada al mágico condimento del mito familiar lograron que prestigiosas firmas hicieran foco en ella. Se trata de Selah Marley (18), nieta del legendario Bob Marley, hija de la exvocalista de The Fugees, Lauryn Hill, y de Rohan Marley. Treinta y seis años después de la muerte del cantante jamaiquino, esta nieta a la que nunca llegó a conocer intenta hacer su propio camino. Y no sólo se destaca en el mundo de la moda –Karl Lagerfeld la incluyó en su último desfile de París y Beyoncé la convocó en su colección para Topshop–, a Selah también le apasionan la música y el deporte.

ONE LOVE. Selah Louise Marley nació el 12 de noviembre de 1998, es la primera hija del matrimonio entre la cantante Lauryn Hill (42) y el exjugador de fútbol e hijo de Bob Marley, Rohan Marley (45). La pareja mantuvo una relación sentimental desde 1996 hasta 2011. Selah tiene cinco hermanos menores: Zion David (20), Joshua Omaru (15), John Nesta (14), Sarah (9) y Micah (6). “Lo más difícil de proceder de una familia tan famosa es estar siempre en el candelero”, confesó la joven. “Aunque suena como un sueño hecho realidad, puede resultar un poco abrumador tener siempre gente observándote”, confiesa. Selah y sus hermanos nacieron en la inusual circunstancia de que todo el mundo supiera quiénes son. Pese a su cómoda infancia, su vida no siempre fue color de rosas. Cuando era chica su familia se mudaba con frecuencia. Nació en Miami, pero no echó raíces hasta que se instalaron en South Orange, Nueva Jersey. Como resultado, está increíblemente unida a sus hermanos. “Ellos son mi mundo”, dijo, y agregó: “Durante mi infancia y adolescencia era muy introvertida y pensativa. Me encerraba mucho en mí misma”. Ahora, con 18 años, Selah es mucho más madura de lo que se espera para su edad, y es que no le quedó más remedio.

Aunque nunca pude abrazar a mi abuelo, él es mi ángel de la guarda

 De su abuelo habla poco en los medios, pero en su cuenta de Instagram (@selahmarley) –que cuenta con más de 80 mil seguidores– suele postear fotos de Bob Marley y asegura “aunque nunca pude abrazarlo, él es mi ángel de la guarda”. Lejos de depender únicamente de la fama de sus padres y de su abuelo, Selah se propuso hacerse un nombre por sí misma. Primero probó suerte en la industria fashion. “Mi madre me introdujo en la moda incluso antes de que yo supiera de qué se trataba. La acompañaba junto a sus asistentes a desfiles de Alexander McQueen y otras marcas prestigiosas, por no mencionar nuestro sótano, que es básicamente un museo de alta costura”, reveló. Así, su debut fue a los 12 años para la revista Teen Vogue. Y a los 15 posó para Calvin Klein. Por aquel entonces la marca norteamericana la definió como “la realeza de la música”. Esto era apenas el comienzo.

MULTIFACÉTICA. Ahora, con 18 años, Selah –que apenas llega al 1,60 m de altura– logró consolidarse en la industria fashion cuando dos de los nombres de mayor peso decidieron reclutarla. Karl Lagerfeld, encaprichado desde hace años con asociarse con las “hijas de”, la incluyó en su desfile Metiérs d’Art en el Ritz de París, el pasado mes de diciembre. Y Beyoncé fue su última madrina. La modelo acompañó a la cantante junto a Sophie Koella y a la actriz Yara Shahidi (de la serie Black-ish) en la última campaña de Ivy Park, la línea deportiva de Beyoncé para Topshop. La publicación The New York Times sumó su nombre al de otros hijos de famosos que se habían dejado ver en la pasarela (Sofia Richie, hija de Lionel Richie, o Presley Gerber, hijo de Cindy Crawford) en este serial de It Kids poblados por Hadids, Kardashians y demás apellidos instagrameables. ¡Y hay más! Selah protagonizó las portadas de Wonderland y Jalouse, participó en un video de la firma Proenza Schouler, apareció en una editorial de Vogue sobre cómo vestir de Gucci, realizó el lookbook de Miu Miu y posó para la fotógrafa Petra Collins como una de las “jóvenes más inspiradoras del momento”. 

Más allá de las pasarelas y fotografías la joven, que ahora vive en Nueva York, compagina su tiempo entre la universidad –estudia de todo, desde astronomía hasta religión en la NYU– y la construcción de su red de seguidores en SoundCloud. “Odio ponerme etiquetas, pero si tuviera que describir mi música probablemente diría que es R&B futurista. Melodías tranquilizadoras y ambientales con ritmos increíbles. ¡O al menos eso es lo que intento!”. También practica danza africana y gimnasia, baloncesto y fútbol.

Selah también apuesta por defender sus ideales públicamente. “El reciente clima político es sólo una prueba de que tenemos que hablar por nosotros mismos y mover fichas porque la gente que supuestamente lo debe hacer no lo está haciendo”. Alejada del estereotipo de it girl, Selah Marley es inteligente, profundamente sensible y tiene los pies en la tierra: “Me encuentro en el principio de mi viaje, pero tengo la sensación de estar preparada para recorrerlo con la cabeza bien puesta sobre los hombros”.

¿Otra vez fútbol?

Hoy juegan Boca – Villarreal, ¿sabías?”, lanza mi novio cuando estamos a un paso de ir a cenar y, antes de que yo reaccione, entre resignada y desconcertada, él acentúa: “lógicamente priorizo estar con vos”. Habíamos tenido una pelea la noche anterior y estaba claro que el muchacho (Javier) desplegaba su arsenal de paños fríos sobre una herida en la que nada había tenido que ver el fútbol. Pero un año y medio antes, cuando recién empezábamos a salir, el fútbol y La Bombonera habían sentado precedente en la pareja. La pelota ya estaba entre nosotros como un asunto de rispidez desopilante. Paso a contar: días antes de embarcarnos en nuestras primeras minivacaciones juntos y con una casa ya reservada en las sierras para pasar una semana, con voz consternada y urgente el muchacho se acordó del encuentro inédito e irrepetible de Boca y Temperley, los dos equipos de su vida: “¡Amor!, me olvidé de decirte que el sábado juegan Boca y Temperley en cancha de Boca. Es algo que no voy a volver a ver nunca más en mi vida. ¿Qué hacemos?”. – “Nada, no hacemos nada. Lo verás por tele allá. Si pasa algo en el camino, te hago el aguante y te acompaño a buscar una estación de servicio con tele”, no dudé. Pero insistió tanto (que era un partido histórico que posiblemente nunca iba a volver a ver en su vida, que no se lo iba a perdonar nunca, que vivió para eso) que abrí el juego a los consejos. No fuera a ser que estuviera siendo tremendamente egoísta y clavara una esquirla que, a esta altura del debate, parecía ser mortal. Nati, una colega que admiro porque disfruta de un matrimonio sólido y feliz, me dijo: poné las reglas desde ahora. Es una locura perder un día de viaje por un partido. Totalmente, pensé yo. Pero ni lerda ni perezosa, fui tras la fuente de la empatía. Mi amigo Juan, 42, hincha de Boca y loquito del fútbol igual que mi susodicho (con novia re fanática para su alivio), opinó con sensatez estratégica: “Tiene razón, es muy posible que sea una fecha única. No es un partido cualquiera. Ofrecé salir un día después. Que decida él, pero dale la opción. Si para él es tan importante, no está bueno que se lo pierda y te lo reproche después”. Tiene lógica. Medio contrariada, seguí su consejo y todo salió bien: aunque sin HD como imaginaba, vio el partido en Córdoba conmigo al lado y una cerveza helada en la mano. Y el tiempo trajo yapa, parece que hay chances de que Boca y Temperley vuelvan a jugar en la Bombonera. (La celeste sigue en la A o algo así, entendí). Hasta acá la anécdota autorreferencial, que no es pura catarsis sino una situación que bien podría haber ins- pirado alguna de las escenas de la recién estrenada El fútbol o yo, la película que recrea la crisis que sacude al matrimonio de Vero (Julieta Díaz) y Pedro (Adrián Suar) por la adicción de él. El fulbito nuestro de cada fixture pone a prueba y tensa la cuerda de tolerancia y com- prensión femenina. No se salva ni la mismísima actriz Julieta Díaz, que está casada con un norteamericano que suele pasarse largas temporadas encerrado en una de las habitaciones de la casa siguiendo los movimientos de los Oakland Raiders, equipo no de soccer sino de fútbol americano. “Por fortuna el equipo está pasando por una good season, porque el resultado del partido le suele cambiar el humor. Y es un problema”. Se ve que Julieta sobrelleva la situación mejor que Vero, su personaje en la película. Antes de caer en el detestable y machista rol de la jabru, aprovecha, como muchas de sus congéneres, a hacer la suya: si hay tarde de fútbol, ella se toma la noche “libre” para hacer lo que quiera.

A veces me resulta denso que a mi marido (americano, fanático de los Oakland Raiders) un partido le cambie el humor. Lo que hago cuando él se encierra a ver fútbol es hacer la mía.-Julieta Díaz-

EL CAMINO DEL HINCHA. Pablo (38) juega dos veces por semana al fútbol, va a la cancha domingo por medio y cuando está soltero (como ahora) organiza su finde (cine, teatro, reuniones varias) en función de los partidos. A él le parece lo más sensato del universo que su año gire en torno al campeonato de turno. ¿Cómo le va con las chicas? Al principio, dice, ninguna protesta, pero des- pués empiezan los tironeos. “Una vez cancelé un clásico por un domingo en el Tigre. Después me arrepentí. Nunca más hago algo así porque sentí que no habían valorado mi esfuerzo”. Perdón, las cosas como son: ¿qué es lo que ella debería haber aplaudido? ¿Que vos, enamorado como le decías que estabas, prefi rías ir a la cancha en lugar de pasar un fi nde romántico y a puro sexo? Voy a poner toda mi voluntad para no juzgar y tratar de comprender esa locura frenética que a algunas mujeres nos cuesta compartir. Se lo pregunté a Suar, tan fanático asumido del deporte nacional que el director de la peli, Marcos Carnevale, chequea el cronograma de partidos antes de llamarlo, no vaya a ser que le interrumpa el grito de gol. ¿Qué es lo que canalizan los varones con el fútbol? “Estrés, preocupación, emoción. El fútbol no te pide nada. Es un ritual que, de algún modo, te conecta con la niñez, con el colegio, con la plaza de tu barrio. Desde los diez años empezamos a hablar del tema”. En chiste (¿?), Suar cuenta además que ahora que está soltero aprovecha para mirar más partidos sin tener que dar explicaciones.

 

NOSOTRAS Y LA PELOTA. Durante los primeros meses de relación, a Sofía (40) no sólo le daba ternura el fanatismo de su novio por la cancha: le parecía realmente sexy que él jugara y mirara todos los partidos, los de la liga nacional y los de afuera. Incluso lo acompañaba a ver algunos y le hacía preguntas tratando de entender los códigos del campeonato. Es que la matriz femenina más clásica dicta (muchas veces sin un ápice de justicia y certeza) que con los botines vienen rasgos tan varoniles como audacia, virilidad y valentía. El desencanto llega muy rápido y aquello que nos atraía se nos vuelve en contra. Su obnubilación por el fútbol se convierte en un incordio difícil de roer. “Lo empecé a ver como un estúpido; más cuando nació Paco y me hacía ‘sshh, sshh’ cuando me cruzaba frente en la pantalla… ¿sshh, qué?”, confiesa y comparte su estrategia de conversión: “Fue poco a poco, con cariño y sin ir al choque”. Una tarde, entonces, le decía por lo bajo: “¿No te dan ganas de ir a dar una vuelta? ¿Te parece arruinarnos este hermoso domingo quedándonos adentro?”. ¿Qué tal le fue a Sofía? Muy bien, es más, su novio casi le agradece haberle abierto el mundo. Ahora sigue al Barsa, tiene una banda de música y se junta una vez por semana a ensayar. Otro ejemplo: el marido de Caro mantiene su resistencia. Los domingos en su casa se ve fútbol, pero se sale aunque Santi se quede embobado frente al televisor, campera en mano, hasta el último minuto. Lo que no logra su mujer es que deje de jugar. Y no es capricho. El señor (47 ya cumplidos) persiste a pesar de que tiene varias lesiones en su haber: “Admítanlo muchachos: después de los treinta y pico el cuerpo ya no es el mismo. Ni el nuestro ni el de ustedes, y un acci- dente en casa complica por completo la dinámica familiar”, cierra Caro, sin remate. La pelota sigue rodando y la cancha está llena.

El fútbol y ella

Por JUAN MARTÍN CUTRO, editor general Para Ti

Yo no elijo. Ella tampoco. Somos los dos. Los tres. El fútbol y ella, y yo. Y hay “otro”: Boca, que está en casi todas. Como cuando durante los primeros malestares por su embarazo, después de descansar un buen rato mientras yo miraba un partido, abrió los ojos y antes de que pudiera preguntarle cómo se sentía, ella me dijo: “¿Qué tal Daniel Osvaldo?” (era la noche del debut del rocker Nº 9). En casa se duerme escuchando la radio AM –bien bajito– con una canción de cuna que dice y repite “Riquelme, Guillermo, Cardona…”; el fútbol es parte de la conversación y de la familia y, si juega Boquita, ese es el plan. Los dos (ahora los tres) frente a la tele y no enfrentados. Somos la excepción a la regla, pero no hay que abusar. Ella sabe que para mí toda pelota que rueda tiene que ver con Boca, pero ver Ponte Preta vs. Sol de América en lugar del capítulo de la serie que miramos juntos… Ella nunca va a cantar “la la la la laaaa…” cuando en una reunión de parejas “caemos” en el momento de hablar de fútbol (la mujer de un amigo lo hace), pero mantenerla al tanto de los detalles de la negociación por el volante de Peñarol… Somos el fútbol y ella, y yo. ¡Y el metegol que me regaló a los 40! Y que el fútbol no separe lo que un juez unió en un acto civil que siguió al mediodía con un cocktail y video de la pareja con un segmento dedicado a nosotros y el fútbol, en la cancha, en casa, los dos en el mismo equipo, con la misma camiseta y la misma pasión.

Hoy juegan Boca – Villarreal, ¿sabías?”, lanza mi novio cuando estamos a un paso de ir a cenar y, antes de que yo reaccione, entre resignada y desconcertada, él acentúa: “lógicamente priorizo estar con vos”. Habíamos tenido una pelea la noche anterior y estaba claro que el muchacho (Javier) desplegaba su arsenal de paños fríos sobre una herida en la que nada había tenido que ver el fútbol. Pero un año y medio antes, cuando recién empezábamos a salir, el fútbol y La Bombonera habían sentado precedente en la pareja. La pelota ya estaba entre nosotros como un asunto de rispidez desopilante. Paso a contar: días antes de embarcarnos en nuestras primeras minivacaciones juntos y con una casa ya reservada en las sierras para pasar una semana, con voz consternada y urgente el muchacho se acordó del encuentro inédito e irrepetible de Boca y Temperley, los dos equipos de su vida: “¡Amor!, me olvidé de decirte que el sábado juegan Boca y Temperley en cancha de Boca. Es algo que no voy a volver a ver nunca más en mi vida. ¿Qué hacemos?”. – “Nada, no hacemos nada. Lo verás por tele allá. Si pasa algo en el camino, te hago el aguante y te acompaño a buscar una estación de servicio con tele”, no dudé. Pero insistió tanto (que era un partido histórico que posiblemente nunca iba a volver a ver en su vida, que no se lo iba a perdonar nunca, que vivió para eso) que abrí el juego a los consejos. No fuera a ser que estuviera siendo tremendamente egoísta y clavara una esquirla que, a esta altura del debate, parecía ser mortal. Nati, una colega que admiro porque disfruta de un matrimonio sólido y feliz, me dijo: poné las reglas desde ahora. Es una locura perder un día de viaje por un partido. Totalmente, pensé yo. Pero ni lerda ni perezosa, fui tras la fuente de la empatía. Mi amigo Juan, 42, hincha de Boca y loquito del fútbol igual que mi susodicho (con novia re fanática para su alivio), opinó con sensatez estratégica: “Tiene razón, es muy posible que sea una fecha única. No es un partido cualquiera. Ofrecé salir un día después. Que decida él, pero dale la opción. Si para él es tan importante, no está bueno que se lo pierda y te lo reproche después”. Tiene lógica. Medio contrariada, seguí su consejo y todo salió bien: aunque sin HD como imaginaba, vio el partido en Córdoba conmigo al lado y una cerveza helada en la mano. Y el tiempo trajo yapa, parece que hay chances de que Boca y Temperley vuelvan a jugar en la Bombonera. (La celeste sigue en la A o algo así, entendí). Hasta acá la anécdota autorreferencial, que no es pura catarsis sino una situación que bien podría haber ins- pirado alguna de las escenas de la recién estrenada El fútbol o yo, la película que recrea la crisis que sacude al matrimonio de Vero (Julieta Díaz) y Pedro (Adrián Suar) por la adicción de él. El fulbito nuestro de cada fixture pone a prueba y tensa la cuerda de tolerancia y com- prensión femenina. No se salva ni la mismísima actriz Julieta Díaz, que está casada con un norteamericano que suele pasarse largas temporadas encerrado en una de las habitaciones de la casa siguiendo los movimientos de los Oakland Raiders, equipo no de soccer sino de fútbol americano. “Por fortuna el equipo está pasando por una good season, porque el resultado del partido le suele cambiar el humor. Y es un problema”. Se ve que Julieta sobrelleva la situación mejor que Vero, su personaje en la película. Antes de caer en el detestable y machista rol de la jabru, aprovecha, como muchas de sus congéneres, a hacer la suya: si hay tarde de fútbol, ella se toma la noche “libre” para hacer lo que quiera.

A veces me resulta denso que a mi marido (americano, fanático de los Oakland Raiders) un partido le cambie el humor. Lo que hago cuando él se encierra a ver fútbol es hacer la mía.-Julieta Díaz-

EL CAMINO DEL HINCHA. Pablo (38) juega dos veces por semana al fútbol, va a la cancha domingo por medio y cuando está soltero (como ahora) organiza su finde (cine, teatro, reuniones varias) en función de los partidos. A él le parece lo más sensato del universo que su año gire en torno al campeonato de turno. ¿Cómo le va con las chicas? Al principio, dice, ninguna protesta, pero des- pués empiezan los tironeos. “Una vez cancelé un clásico por un domingo en el Tigre. Después me arrepentí. Nunca más hago algo así porque sentí que no habían valorado mi esfuerzo”. Perdón, las cosas como son: ¿qué es lo que ella debería haber aplaudido? ¿Que vos, enamorado como le decías que estabas, prefi rías ir a la cancha en lugar de pasar un fi nde romántico y a puro sexo? Voy a poner toda mi voluntad para no juzgar y tratar de comprender esa locura frenética que a algunas mujeres nos cuesta compartir. Se lo pregunté a Suar, tan fanático asumido del deporte nacional que el director de la peli, Marcos Carnevale, chequea el cronograma de partidos antes de llamarlo, no vaya a ser que le interrumpa el grito de gol. ¿Qué es lo que canalizan los varones con el fútbol? “Estrés, preocupación, emoción. El fútbol no te pide nada. Es un ritual que, de algún modo, te conecta con la niñez, con el colegio, con la plaza de tu barrio. Desde los diez años empezamos a hablar del tema”. En chiste (¿?), Suar cuenta además que ahora que está soltero aprovecha para mirar más partidos sin tener que dar explicaciones.

 

NOSOTRAS Y LA PELOTA. Durante los primeros meses de relación, a Sofía (40) no sólo le daba ternura el fanatismo de su novio por la cancha: le parecía realmente sexy que él jugara y mirara todos los partidos, los de la liga nacional y los de afuera. Incluso lo acompañaba a ver algunos y le hacía preguntas tratando de entender los códigos del campeonato. Es que la matriz femenina más clásica dicta (muchas veces sin un ápice de justicia y certeza) que con los botines vienen rasgos tan varoniles como audacia, virilidad y valentía. El desencanto llega muy rápido y aquello que nos atraía se nos vuelve en contra. Su obnubilación por el fútbol se convierte en un incordio difícil de roer. “Lo empecé a ver como un estúpido; más cuando nació Paco y me hacía ‘sshh, sshh’ cuando me cruzaba frente en la pantalla… ¿sshh, qué?”, confiesa y comparte su estrategia de conversión: “Fue poco a poco, con cariño y sin ir al choque”. Una tarde, entonces, le decía por lo bajo: “¿No te dan ganas de ir a dar una vuelta? ¿Te parece arruinarnos este hermoso domingo quedándonos adentro?”. ¿Qué tal le fue a Sofía? Muy bien, es más, su novio casi le agradece haberle abierto el mundo. Ahora sigue al Barsa, tiene una banda de música y se junta una vez por semana a ensayar. Otro ejemplo: el marido de Caro mantiene su resistencia. Los domingos en su casa se ve fútbol, pero se sale aunque Santi se quede embobado frente al televisor, campera en mano, hasta el último minuto. Lo que no logra su mujer es que deje de jugar. Y no es capricho. El señor (47 ya cumplidos) persiste a pesar de que tiene varias lesiones en su haber: “Admítanlo muchachos: después de los treinta y pico el cuerpo ya no es el mismo. Ni el nuestro ni el de ustedes, y un acci- dente en casa complica por completo la dinámica familiar”, cierra Caro, sin remate. La pelota sigue rodando y la cancha está llena.

El fútbol y ella

Por JUAN MARTÍN CUTRO, editor general Para Ti

Yo no elijo. Ella tampoco. Somos los dos. Los tres. El fútbol y ella, y yo. Y hay “otro”: Boca, que está en casi todas. Como cuando durante los primeros malestares por su embarazo, después de descansar un buen rato mientras yo miraba un partido, abrió los ojos y antes de que pudiera preguntarle cómo se sentía, ella me dijo: “¿Qué tal Daniel Osvaldo?” (era la noche del debut del rocker Nº 9). En casa se duerme escuchando la radio AM –bien bajito– con una canción de cuna que dice y repite “Riquelme, Guillermo, Cardona…”; el fútbol es parte de la conversación y de la familia y, si juega Boquita, ese es el plan. Los dos (ahora los tres) frente a la tele y no enfrentados. Somos la excepción a la regla, pero no hay que abusar. Ella sabe que para mí toda pelota que rueda tiene que ver con Boca, pero ver Ponte Preta vs. Sol de América en lugar del capítulo de la serie que miramos juntos… Ella nunca va a cantar “la la la la laaaa…” cuando en una reunión de parejas “caemos” en el momento de hablar de fútbol (la mujer de un amigo lo hace), pero mantenerla al tanto de los detalles de la negociación por el volante de Peñarol… Somos el fútbol y ella, y yo. ¡Y el metegol que me regaló a los 40! Y que el fútbol no separe lo que un juez unió en un acto civil que siguió al mediodía con un cocktail y video de la pareja con un segmento dedicado a nosotros y el fútbol, en la cancha, en casa, los dos en el mismo equipo, con la misma camiseta y la misma pasión.