María Julia Oliván embarazada

El día de las elecciones, el presidente de mesa y los fiscales ya lo sabían. Entonces, con la sonrisa en la cara, la felicitaron. Lo mismo pasó con las tres mujeres que subían la escalera de esa escuela del barrio de Belgrano. No había quién no supiera que María Julia Oliván (40) estaba embarazada. Es que la noticia de que la periodista política y actual conductora de La mesa está listaEl Trece– espera un bebé fue uno de los pocos temas que compitió codo a codo con la realidad política. Hoy sigue tan sorprendida por el cariño de la gente como por el hecho saber que tiene un bebé de 15 semanas en la panza. Sucede que Valentino –así se llamará– es el resultado de una búsqueda que supuso tratamientos hormonales, fertilizaciones asistidas, dos fecundaciones in vitro (FIV) y muchas lágrimas. Democrático, el bebé –que nacerá a mediados del año que viene– ya recibió los saludos del PRO, a través de los besos en la panza que le dio Gabriela Michetti, y el llamado de Karina Rabolini.

CUESTIÓN DE FE. Lo que María Julia hacía era rezar. Cada tanto le pedía a Dios poder tener un hijo. “Soy cristiana (de chica fui evangélica) y a Dios le decía que ser madre era mi mayor deseo, que yo había hecho algunas co- sas buenas para poder transmitirle a un hijo”, cuenta la periodista, reconocida por su paso en programas como Kaos, La Liga, Argentinos por su nombre, 678 e Intratables.

SU LUCHA POR SER MADRE. “Sólo sabía que tenía un 10% de posibilidades de quedar embarazada. Los médicos siempre señalaban el estrés. Pero ¿es posible vivir sin estrés? Lo cierto es que para la mujer de entre 35 y 40 años toda la situación es como una olla a presión. Si no sos madre a esa edad, ya casi no tenés amigas porque están todas casadas y con hijos. Y lo que te pasa es natural: ¡tenés 5 o 6 años más de fertilidad!”

LA BÚSQUEDA. “Apareció Ariel. Un día me dijo que quería tener un hijo conmigo. Cuando le conté que tenía problemas, me dijo de lo más tranquilo: “Bueno, vayamos a ver a un médico”. Cambié de prepaga y busqué médicos no mediáticos. Estaba en Intratables cuando me hice la primera fertilización in vitro. Salió mal. Lloré y lloré. Estaba enojada con la vida, sin esperanza y con las hormonas a full. Tenía terror a ilusionarme y volver a sufrir. Pero en ese momento entendí que a esto no lo podía manejar. Tener un hijo es un milagro: te toca o no. Al segundo tratamiento lo hice en agosto y acá estoy (la sonrisa se le instala en la cara)”.

 MADRE PRIMERIZA A LOS 40. “Tengo la fantasía de que voy a tener toda la energía para jugar con él como una chiquita. Voy a inventarle cuentos, enseñarle a que interactúe con la gente, que haga la vertical y se embarre, que se tire en el pasto. Mi hijo será un femi- nista. Le voy a enseñar a cocinar y a baldear. Voy a arrancar estricta, con todas las de la ley: no voy a dejar que duerma en mi cama. Tal vez instale una cama al lado de la suya para que Ariel duerma tranquilo. ¿Ves? Al final no soy tan mala”.

A FUTURO. “No voy a dejar de trabajar pero no voy a volver in­mediatamente. Con Luciana Mantero, autora de El deseo más grande del mundo, vamos a escribir sobre algunos temas de maternidad en mi blog. ¡Es tanta la gente que sufre la infertilidad y hay tanto comercio detrás! (…) El año que viene será un año de cambios y muchos desafíos para el país. Y, mientras eso suceda, yo voy a estar sumergida en el desafío más grande de mi vida: dándole la teta a Valentino”.

 La historia de un amor. Ariel Straccia, así se llama el hombre que enamoró a María Julia Oliván. Tiene 38 años, es dueño de una empresa de maquinaria vial y tiene un hijo de 15 años, producto de un matrimonio anterior. Vivió en España y volvió luego de su separación. Se conocieron hace casi tres años, cuando él le mandó un mensaje en respuesta a otro que ella había subido a las redes. “Al próximo tipo casado y con hijos que me encare para salir lo escracho en Facebook”, había escrito ella, que por entonces tenía 38 y llevaba dos años sola. El respondió: “Yo estoy separado”. Ahí nomás, la invitó a salir. Más desganada que rebelde, ella fue a la cita en jogging y con un suéter que, hoy admite, era “dramático”. A él le divirtió y siguió insistiendo. En menos de un año se fueron a vivir juntos. A pesar de que hubo intercambio de anillos, pasar por el registro civil no parece estar en los planes. Sí, en cambio, están programando renovar el departamento que comparten en el barrio de Belgrano para recibir a Valentino.

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El día de las elecciones, el presidente de mesa y los fiscales ya lo sabían. Entonces, con la sonrisa en la cara, la felicitaron. Lo mismo pasó con las tres mujeres que subían la escalera de esa escuela del barrio de Belgrano. No había quién no supiera que María Julia Oliván (40) estaba embarazada. Es que la noticia de que la periodista política y actual conductora de La mesa está listaEl Trece– espera un bebé fue uno de los pocos temas que compitió codo a codo con la realidad política. Hoy sigue tan sorprendida por el cariño de la gente como por el hecho saber que tiene un bebé de 15 semanas en la panza. Sucede que Valentino –así se llamará– es el resultado de una búsqueda que supuso tratamientos hormonales, fertilizaciones asistidas, dos fecundaciones in vitro (FIV) y muchas lágrimas. Democrático, el bebé –que nacerá a mediados del año que viene– ya recibió los saludos del PRO, a través de los besos en la panza que le dio Gabriela Michetti, y el llamado de Karina Rabolini.

CUESTIÓN DE FE. Lo que María Julia hacía era rezar. Cada tanto le pedía a Dios poder tener un hijo. “Soy cristiana (de chica fui evangélica) y a Dios le decía que ser madre era mi mayor deseo, que yo había hecho algunas co- sas buenas para poder transmitirle a un hijo”, cuenta la periodista, reconocida por su paso en programas como Kaos, La Liga, Argentinos por su nombre, 678 e Intratables.

SU LUCHA POR SER MADRE. “Sólo sabía que tenía un 10% de posibilidades de quedar embarazada. Los médicos siempre señalaban el estrés. Pero ¿es posible vivir sin estrés? Lo cierto es que para la mujer de entre 35 y 40 años toda la situación es como una olla a presión. Si no sos madre a esa edad, ya casi no tenés amigas porque están todas casadas y con hijos. Y lo que te pasa es natural: ¡tenés 5 o 6 años más de fertilidad!”

LA BÚSQUEDA. “Apareció Ariel. Un día me dijo que quería tener un hijo conmigo. Cuando le conté que tenía problemas, me dijo de lo más tranquilo: “Bueno, vayamos a ver a un médico”. Cambié de prepaga y busqué médicos no mediáticos. Estaba en Intratables cuando me hice la primera fertilización in vitro. Salió mal. Lloré y lloré. Estaba enojada con la vida, sin esperanza y con las hormonas a full. Tenía terror a ilusionarme y volver a sufrir. Pero en ese momento entendí que a esto no lo podía manejar. Tener un hijo es un milagro: te toca o no. Al segundo tratamiento lo hice en agosto y acá estoy (la sonrisa se le instala en la cara)”.

 MADRE PRIMERIZA A LOS 40. “Tengo la fantasía de que voy a tener toda la energía para jugar con él como una chiquita. Voy a inventarle cuentos, enseñarle a que interactúe con la gente, que haga la vertical y se embarre, que se tire en el pasto. Mi hijo será un femi- nista. Le voy a enseñar a cocinar y a baldear. Voy a arrancar estricta, con todas las de la ley: no voy a dejar que duerma en mi cama. Tal vez instale una cama al lado de la suya para que Ariel duerma tranquilo. ¿Ves? Al final no soy tan mala”.

A FUTURO. “No voy a dejar de trabajar pero no voy a volver in­mediatamente. Con Luciana Mantero, autora de El deseo más grande del mundo, vamos a escribir sobre algunos temas de maternidad en mi blog. ¡Es tanta la gente que sufre la infertilidad y hay tanto comercio detrás! (…) El año que viene será un año de cambios y muchos desafíos para el país. Y, mientras eso suceda, yo voy a estar sumergida en el desafío más grande de mi vida: dándole la teta a Valentino”.

 La historia de un amor. Ariel Straccia, así se llama el hombre que enamoró a María Julia Oliván. Tiene 38 años, es dueño de una empresa de maquinaria vial y tiene un hijo de 15 años, producto de un matrimonio anterior. Vivió en España y volvió luego de su separación. Se conocieron hace casi tres años, cuando él le mandó un mensaje en respuesta a otro que ella había subido a las redes. “Al próximo tipo casado y con hijos que me encare para salir lo escracho en Facebook”, había escrito ella, que por entonces tenía 38 y llevaba dos años sola. El respondió: “Yo estoy separado”. Ahí nomás, la invitó a salir. Más desganada que rebelde, ella fue a la cita en jogging y con un suéter que, hoy admite, era “dramático”. A él le divirtió y siguió insistiendo. En menos de un año se fueron a vivir juntos. A pesar de que hubo intercambio de anillos, pasar por el registro civil no parece estar en los planes. Sí, en cambio, están programando renovar el departamento que comparten en el barrio de Belgrano para recibir a Valentino.

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LG presentó Postales de Redefinición junto a Coni Dietrich

 La marca LG Electronics realizó junto a Coni Dietrich una exposición en donde se presentó Postales de Redefinición, una acción que buscó retratar momentos de redefinición y cambio. La muestra  −que se llevó a cabo en el multiespacio Blanco Ilusión− invita, a través de las imágenes, a redefinirse y animarse a cambiar no solo en el modo en que  usamos nuestro smartphone y cómo sacamos las fotos sino en nuestra vida en general.  “Cuando LG me propuso esta idea me pareció genial porque yo también me redefino y la tecnología lo hace con nosotros.  La verdad es que con la cámara que tiene te dan ganas de sacar fotos todo el tiempo”, señaló Coni Dietrich.

IMÁGENES ÚNICAS. LG diseñó una cámara de 16MP para el LG G4 que permite capturar imágenes incluso en condiciones de iluminación poco ideales. El módulo de la cámara cuenta con una apertura de lente de F1.8, que permite que la luz que llega al sensor de imagen sea de un 80% más que sin esta lente. Con la opción Modo Manual permite a los fotógrafos experimentados poner en práctica una expresión más artística, gracias a que pueden controlar de forma directa el foco; la velocidad del disparador; la calidad ISO; la compensación de la exposición y el balance de blancos de cada toma. Además, los fotógrafos avanzados pueden guardar sus imágenes en formato RAW, además de JPEG, para una edición más precisa sin pérdida de detalles.   “El LG G4 tiene una cámara para todos, para principiantes, para los que les gusta la fotografía como hobbie y para los más profesionales, ya que hay un modo para cada uno’’ agregó Coni.

 
¡SACATE UNA SELFIE!  Para que las sefies sean realmente buenas, LG incluyó una cámara frontal de 8MP líder en la industria, para obtener retratos y tomas grupales más precisos y detallados. Gesture Interval Shot mejora la función original Gesture Shot, mediante la toma de 4 fotografías con un intervalo de 2 segundos entre cada una, e incrementa la posibilidad de tomar la foto perfecta bajo las condiciones menos propicias. Apretar el botón es tan simple como abrir y cerrar la mano dos veces delante de la cámara.  

Claudio YakimovskyDirector de Marketing de LG Argentina, expresó: “En LG nos redefinimos y nos animamos a cambiar, porque hoy no estaríamos acá si no lo hubiésemos hecho. Redefinirse no es dejar de hacer lo que hacíamos sino hacerlo mejor, de una manera nueva y sorprendente.

   

 La marca LG Electronics realizó junto a Coni Dietrich una exposición en donde se presentó Postales de Redefinición, una acción que buscó retratar momentos de redefinición y cambio. La muestra  −que se llevó a cabo en el multiespacio Blanco Ilusión− invita, a través de las imágenes, a redefinirse y animarse a cambiar no solo en el modo en que  usamos nuestro smartphone y cómo sacamos las fotos sino en nuestra vida en general.  “Cuando LG me propuso esta idea me pareció genial porque yo también me redefino y la tecnología lo hace con nosotros.  La verdad es que con la cámara que tiene te dan ganas de sacar fotos todo el tiempo”, señaló Coni Dietrich.

IMÁGENES ÚNICAS. LG diseñó una cámara de 16MP para el LG G4 que permite capturar imágenes incluso en condiciones de iluminación poco ideales. El módulo de la cámara cuenta con una apertura de lente de F1.8, que permite que la luz que llega al sensor de imagen sea de un 80% más que sin esta lente. Con la opción Modo Manual permite a los fotógrafos experimentados poner en práctica una expresión más artística, gracias a que pueden controlar de forma directa el foco; la velocidad del disparador; la calidad ISO; la compensación de la exposición y el balance de blancos de cada toma. Además, los fotógrafos avanzados pueden guardar sus imágenes en formato RAW, además de JPEG, para una edición más precisa sin pérdida de detalles.   “El LG G4 tiene una cámara para todos, para principiantes, para los que les gusta la fotografía como hobbie y para los más profesionales, ya que hay un modo para cada uno’’ agregó Coni.

 
¡SACATE UNA SELFIE!  Para que las sefies sean realmente buenas, LG incluyó una cámara frontal de 8MP líder en la industria, para obtener retratos y tomas grupales más precisos y detallados. Gesture Interval Shot mejora la función original Gesture Shot, mediante la toma de 4 fotografías con un intervalo de 2 segundos entre cada una, e incrementa la posibilidad de tomar la foto perfecta bajo las condiciones menos propicias. Apretar el botón es tan simple como abrir y cerrar la mano dos veces delante de la cámara.  

Claudio YakimovskyDirector de Marketing de LG Argentina, expresó: “En LG nos redefinimos y nos animamos a cambiar, porque hoy no estaríamos acá si no lo hubiésemos hecho. Redefinirse no es dejar de hacer lo que hacíamos sino hacerlo mejor, de una manera nueva y sorprendente.

   

Carina Onorato, la mujer de Tomás Bulat

Todos los veranos, Tomi trabajaba en los libros. Teníamos una casa en Exaltación de las Cruz y nos instalábamos ahí. Él escribía y yo corregía. Era el trabajo del verano, el ocio creativo, porque él no se bancaba estar sin hacer nada. Este verano, Tomi se había permitido trabajar en el libro que tenía ganas de escribir desde el principio de su carrera: un ensayo menos económico y más sociológico que los anteriores, con una mirada crítica de cómo somos, para entender qué nos pasa en el país. Ese es el libro que él quería hacer. El 31 de enero, cuando tuvo el accidente, el primer borrador de Estamos como somos (Sudamericana, 2015) ya estaba en la editorial. Durante los meses que siguieron a su muerte, estuve muy insegura: no sabía si publicarlo o no. Como hago últimamente cuando no estoy muy segura de algo, senté a mis tres hijos y les pedí su opinión. Fausto (12), que es el que menos suele hablar de esta nueva realidad que nos toca vivir, me dijo: “Yo creo que hay que publicarlo porque a papá no le gustaba dejar cosas sin terminar”. Eso para mí fue definitorio. Santiago (21), que es hijo del primer matrimonio de Tomás, pero lo quiero como propio, y Lucía (17) también estuvieron de acuerdo. Había capítulos que todavía necesitaban corrección y reescritura. Como no estaba Tomi para ese trabajo, nos pareció que lo más honesto era eliminarlos. Quedó Tomi. Lo que está impreso es él, es su voz. Es su visión sobre cuáles son los mitos a los que los argentinos nos aferramos y que nos impiden crecer. Su mensaje de fondo es que uno no elige las circunstancias que le tocan vivir, pero sí puede elegir qué hace con esas circunstancias. Es un mensaje que aplica a lo que le pasa hoy a mi familia: no elegimos estas circunstancias, pero tenemos que salir adelante. Las que están reflejadas en el libro son ideas con las que crecimos juntos. Para construir una familia tenés que tener ciertos principios básicos comunes. Yo nací en una villa miseria en San Juan y mamé la cultura del esfuerzo. No soy víctima de nada, pero sé que para evolucionar hay que esforzarse. Mi padre estuvo ausente y mi madre fue una mujer fuera de serie que a fuerza de trabajo logró que saliéramos de la villa y darme la mejor educación posible. Cuando yo cursaba el último año del secundario, ella se vino a trabajar a Buenos Aires y, apenas egresé, la seguí. Una noche mi mamá volvía de Mar del Plata, tuvo un accidente automovilístico y murió. Tenía 39 años. Yo, 19. Me quedé sola en Buenos Aires. No tenía opción: si no trabajaba, si no le ponía el pecho a la situación, no iba a tener para vivir. Seguí estudiando programación, aunque nunca ejercí, y trabajando en el Banco Mundial. Más adelante estudié Comunicación y fui creciendo laboralmente. Cuando conocí a Tomi, trabajaba en una consultora económica. En ese momento, él era para mí sólo un economista que venía a visitar a uno de mis compañeros. Un día mi compañero se fue de vacaciones y Tomi siguió viniendo a la oficina. Fuimos a tomar un café y a los tres meses ya vivíamos juntos.

EN MODO OPERATIVO. Yo ya sabía lo que era que te sonara el teléfono a la noche y te dieran la peor noticia de tu vida. El 31 de enero, cuando sonó el teléfono a la una y media de la madrugada, sentí que Tomi ya no estaba más. Me puse en modo operativo, como un chip, como un interruptor on-off. A la peor noticia de su vida se las tenía que dar quien más los amaba. Santiago estaba en un campo con unos amigos. Después de muchos intentos porque no tenía señal, logré hablar con él. Lucía estaba en Alemania, en un intercambio del colegio. Conseguí que la familia alemana que la hospedaba le retuviera el teléfono –la noticia llegó rápido a las redes sociales– hasta que una coordinadora del colegio estuvo con ella y recién ahí se lo dije yo por teléfono. Fausto estaba conmigo. Lo vino a buscar la mamá de un amigo, los metió en un cine y les sacó los teléfonos hasta que yo volví de Ramallo, donde fue el accidente, y se lo dije personalmente. Nunca me voy a olvidar de los gritos de Luli y Santi por teléfono y la reacción de Fausto. Fue desgarrador. Después de la muerte de Tomi, esta casa era un caso. Había abogados, contadores, gente que entraba y salía y yo veía a mis hijos perdidos en el medio de todo eso. A los diez días del accidente, los senté y les dije: nos vamos de viaje. Teníamos unas vacaciones contratadas a Hawaii que íbamos a hacer los cinco. Nos vamos a encontrar, a reencontrar, les dije. Nos vamos a mirar en silencio, vamos a notar la ausencia de papá. Y así fue. Apenas llegamos fue terrible. Lloramos mucho. Después nos secamos las lágrimas y salimos a buscar un ukelele, que Santi quería para su cumpleaños. Ese día lo pasó en la playa, tocando el ukelele. Nuestro grupo familiar de WhatsApp se llama Ohana y Luli y yo tenemos esa palabra tatuada en el brazo. Significa “familia” en la cultura hawaiana, pero no en el sentido de lazos de sangre sino en el de quien no te abandona ni te olvida. Cuando volvimos a casa, los chicos empezaron las clases y Santi la facultad y el trabajo. Yo me encontré con mi nueva situación. Había que pagar el alquiler, el supermercado, la cuota del colegio. Con Tomi teníamos una consultora centrada en la figura de él, que era la cara visible, y yo trabajaba en el detrás de escena. Cerré la consultora porque no la podía sostener. Dije: “a ver, ¿con qué cuento?” El año pasado Tomi había dado cientos de charlas a lo largo del país y afuera. Tengo una cantidad enorme de profesionales, amigos, conocidos e incluso desconocidos que se pusieron a disposición. Decidí armar un speakers bureau –una empresa que nuclea a oradores especialistas de distintos campos– y que el programa de Tomi siguiera en el aire. El conductor elegido fue Claudio Zuchovicki, un economista muy prestigioso y un tipo maravilloso, solidario y genero- so, que era amigo de Tomi. Enseguida, Santi me dijo que quería participar. Me pareció que era riesgoso –tenía 21 años, ninguna experiencia en cámara, todavía no estaba recibido– pero él sintió que era una forma de homenajear a su papá. Acordamos que en la medida en que no lo viviera como una obligación, lo podía hacer. Desde abril Santi es otro, creció muchísimo.

NUESTRO DUELO. Durante mucho tiempo me pregunté por qué mi madre había muerto tan joven. ¿Por qué había pasado eso? Hasta que se murió Tomi. Ahí me di cuenta de que yo podía saber lo que estaban sintiendo mis hijos en ese momento. Más allá de eso, no busco sentido. Tomi se murió porque se tenía que morir, nada más. No soy religiosa, no tengo un lugar donde ir a buscar consuelo o pedir explicaciones. Pasó. Esos cincuenta años que vi- vió, de los cuales casi veinte vivió conmigo, fueron con el alma. Nos dejó ese amor por el disfrute y por la vida. Con el correr de los meses cada uno está haciendo el duelo a su manera. Lucía es la que más expresa, la que se enoja, putea, se ríe. Fausto es el más silencioso en su duelo. Santi siempre fue más adulto de la edad que tiene y su tendencia es a sobreadaptarse, a querer hacerse cargo de todo. Yo trato que no se olvide de que tiene 21 años, que no tiene que ocupar otro lugar más que el de hijo. Si yo miro los datos objetivos, a los tres les va bien académicamente, no bajaron su rendimiento, siguen haciendo deporte, actividades recreativas, siguen con su vida social. Todo continúa. Mirás la foto desde arriba y está todo bien. Pero el dato objetivo a veces no alcanza. Te levantás a la mañana y hay una tristeza que se respira. Yo trato de generarles recuerdos felices nuevos. Cuesta un montón, pero no me parecería justo con mis hijos tirarme en la cama a llorar. Trato de celebrar los cumpleaños y las fi estas –aunque sea duro las primeras veces sin Tomi–porque estamos vivos, porque tenemos gente que nos quiere. Porque tuvieron la suerte de tener el papá que tuvieron. Porque yo tuve la suerte de tener el compañero que tuve. 

Todos los veranos, Tomi trabajaba en los libros. Teníamos una casa en Exaltación de las Cruz y nos instalábamos ahí. Él escribía y yo corregía. Era el trabajo del verano, el ocio creativo, porque él no se bancaba estar sin hacer nada. Este verano, Tomi se había permitido trabajar en el libro que tenía ganas de escribir desde el principio de su carrera: un ensayo menos económico y más sociológico que los anteriores, con una mirada crítica de cómo somos, para entender qué nos pasa en el país. Ese es el libro que él quería hacer. El 31 de enero, cuando tuvo el accidente, el primer borrador de Estamos como somos (Sudamericana, 2015) ya estaba en la editorial. Durante los meses que siguieron a su muerte, estuve muy insegura: no sabía si publicarlo o no. Como hago últimamente cuando no estoy muy segura de algo, senté a mis tres hijos y les pedí su opinión. Fausto (12), que es el que menos suele hablar de esta nueva realidad que nos toca vivir, me dijo: “Yo creo que hay que publicarlo porque a papá no le gustaba dejar cosas sin terminar”. Eso para mí fue definitorio. Santiago (21), que es hijo del primer matrimonio de Tomás, pero lo quiero como propio, y Lucía (17) también estuvieron de acuerdo. Había capítulos que todavía necesitaban corrección y reescritura. Como no estaba Tomi para ese trabajo, nos pareció que lo más honesto era eliminarlos. Quedó Tomi. Lo que está impreso es él, es su voz. Es su visión sobre cuáles son los mitos a los que los argentinos nos aferramos y que nos impiden crecer. Su mensaje de fondo es que uno no elige las circunstancias que le tocan vivir, pero sí puede elegir qué hace con esas circunstancias. Es un mensaje que aplica a lo que le pasa hoy a mi familia: no elegimos estas circunstancias, pero tenemos que salir adelante. Las que están reflejadas en el libro son ideas con las que crecimos juntos. Para construir una familia tenés que tener ciertos principios básicos comunes. Yo nací en una villa miseria en San Juan y mamé la cultura del esfuerzo. No soy víctima de nada, pero sé que para evolucionar hay que esforzarse. Mi padre estuvo ausente y mi madre fue una mujer fuera de serie que a fuerza de trabajo logró que saliéramos de la villa y darme la mejor educación posible. Cuando yo cursaba el último año del secundario, ella se vino a trabajar a Buenos Aires y, apenas egresé, la seguí. Una noche mi mamá volvía de Mar del Plata, tuvo un accidente automovilístico y murió. Tenía 39 años. Yo, 19. Me quedé sola en Buenos Aires. No tenía opción: si no trabajaba, si no le ponía el pecho a la situación, no iba a tener para vivir. Seguí estudiando programación, aunque nunca ejercí, y trabajando en el Banco Mundial. Más adelante estudié Comunicación y fui creciendo laboralmente. Cuando conocí a Tomi, trabajaba en una consultora económica. En ese momento, él era para mí sólo un economista que venía a visitar a uno de mis compañeros. Un día mi compañero se fue de vacaciones y Tomi siguió viniendo a la oficina. Fuimos a tomar un café y a los tres meses ya vivíamos juntos.

EN MODO OPERATIVO. Yo ya sabía lo que era que te sonara el teléfono a la noche y te dieran la peor noticia de tu vida. El 31 de enero, cuando sonó el teléfono a la una y media de la madrugada, sentí que Tomi ya no estaba más. Me puse en modo operativo, como un chip, como un interruptor on-off. A la peor noticia de su vida se las tenía que dar quien más los amaba. Santiago estaba en un campo con unos amigos. Después de muchos intentos porque no tenía señal, logré hablar con él. Lucía estaba en Alemania, en un intercambio del colegio. Conseguí que la familia alemana que la hospedaba le retuviera el teléfono –la noticia llegó rápido a las redes sociales– hasta que una coordinadora del colegio estuvo con ella y recién ahí se lo dije yo por teléfono. Fausto estaba conmigo. Lo vino a buscar la mamá de un amigo, los metió en un cine y les sacó los teléfonos hasta que yo volví de Ramallo, donde fue el accidente, y se lo dije personalmente. Nunca me voy a olvidar de los gritos de Luli y Santi por teléfono y la reacción de Fausto. Fue desgarrador. Después de la muerte de Tomi, esta casa era un caso. Había abogados, contadores, gente que entraba y salía y yo veía a mis hijos perdidos en el medio de todo eso. A los diez días del accidente, los senté y les dije: nos vamos de viaje. Teníamos unas vacaciones contratadas a Hawaii que íbamos a hacer los cinco. Nos vamos a encontrar, a reencontrar, les dije. Nos vamos a mirar en silencio, vamos a notar la ausencia de papá. Y así fue. Apenas llegamos fue terrible. Lloramos mucho. Después nos secamos las lágrimas y salimos a buscar un ukelele, que Santi quería para su cumpleaños. Ese día lo pasó en la playa, tocando el ukelele. Nuestro grupo familiar de WhatsApp se llama Ohana y Luli y yo tenemos esa palabra tatuada en el brazo. Significa “familia” en la cultura hawaiana, pero no en el sentido de lazos de sangre sino en el de quien no te abandona ni te olvida. Cuando volvimos a casa, los chicos empezaron las clases y Santi la facultad y el trabajo. Yo me encontré con mi nueva situación. Había que pagar el alquiler, el supermercado, la cuota del colegio. Con Tomi teníamos una consultora centrada en la figura de él, que era la cara visible, y yo trabajaba en el detrás de escena. Cerré la consultora porque no la podía sostener. Dije: “a ver, ¿con qué cuento?” El año pasado Tomi había dado cientos de charlas a lo largo del país y afuera. Tengo una cantidad enorme de profesionales, amigos, conocidos e incluso desconocidos que se pusieron a disposición. Decidí armar un speakers bureau –una empresa que nuclea a oradores especialistas de distintos campos– y que el programa de Tomi siguiera en el aire. El conductor elegido fue Claudio Zuchovicki, un economista muy prestigioso y un tipo maravilloso, solidario y genero- so, que era amigo de Tomi. Enseguida, Santi me dijo que quería participar. Me pareció que era riesgoso –tenía 21 años, ninguna experiencia en cámara, todavía no estaba recibido– pero él sintió que era una forma de homenajear a su papá. Acordamos que en la medida en que no lo viviera como una obligación, lo podía hacer. Desde abril Santi es otro, creció muchísimo.

NUESTRO DUELO. Durante mucho tiempo me pregunté por qué mi madre había muerto tan joven. ¿Por qué había pasado eso? Hasta que se murió Tomi. Ahí me di cuenta de que yo podía saber lo que estaban sintiendo mis hijos en ese momento. Más allá de eso, no busco sentido. Tomi se murió porque se tenía que morir, nada más. No soy religiosa, no tengo un lugar donde ir a buscar consuelo o pedir explicaciones. Pasó. Esos cincuenta años que vi- vió, de los cuales casi veinte vivió conmigo, fueron con el alma. Nos dejó ese amor por el disfrute y por la vida. Con el correr de los meses cada uno está haciendo el duelo a su manera. Lucía es la que más expresa, la que se enoja, putea, se ríe. Fausto es el más silencioso en su duelo. Santi siempre fue más adulto de la edad que tiene y su tendencia es a sobreadaptarse, a querer hacerse cargo de todo. Yo trato que no se olvide de que tiene 21 años, que no tiene que ocupar otro lugar más que el de hijo. Si yo miro los datos objetivos, a los tres les va bien académicamente, no bajaron su rendimiento, siguen haciendo deporte, actividades recreativas, siguen con su vida social. Todo continúa. Mirás la foto desde arriba y está todo bien. Pero el dato objetivo a veces no alcanza. Te levantás a la mañana y hay una tristeza que se respira. Yo trato de generarles recuerdos felices nuevos. Cuesta un montón, pero no me parecería justo con mis hijos tirarme en la cama a llorar. Trato de celebrar los cumpleaños y las fi estas –aunque sea duro las primeras veces sin Tomi–porque estamos vivos, porque tenemos gente que nos quiere. Porque tuvieron la suerte de tener el papá que tuvieron. Porque yo tuve la suerte de tener el compañero que tuve. 

Juliana Awada, la primera dama

Cuando allá por 2010 se rumoreaba un supuesto romance entre el entonces Jefe de gobierno porteño –hoy flamante presidente electo– Mauricio Macri y una tal Juliana Awada, más de un periodista de actualidad tuvo que recurrir a las productoras de moda para pedirles información sobre la chica en cuestión. Diseñadora de la marca que lleva su apellido e integrante de una familia históricamente vinculada a la industria de la moda, Juliana no era el tipo de personaje que se dejara ver posando en revistas ni eventos, pero guardaba un vínculo cercano con el mundo de la moda. Que en ese momento la diseñadora sólo accediera a dar una entrevista a Para Ti, deja en claro hasta qué punto la Primera dama confió siempre en la revista. 

Elegante, canchera y fashionista (como buena insider del mundo de la moda), en poco tiempo logró consagrarse como una de las favoritas en cuestiones de estilo.  En los últimos cinco años la vida de la diseñadora cambió en muchos aspectos: de pareja a mujer de político y madre por segunda vez, y de esposa del Jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires a Primera dama de la República Argentina.  Aquí, un close up a esta embajadora del estilo.

ESPECIALISTA EN BUEN GUSTO. María Juliana es la quinta hija del matrimonio de Abraham Awada y Elsa Pomi Baker. Libanés él, siria ella, la historia de sus padres es la de dos inmigrantes que a fuerza de trabajo y buen gusto lograron hacerse un camino en la industria de la moda. Igual que su hermana Zoraida y su hermano Da­niel –Alejandro es actor y Leila, artista plástica–, cuando Juliana terminó la secundaria en el Chester College supo que su futuro estaba en la empresa familiar. Con 18 años y habiendo estudiado unos meses inglés en Inglaterra, la menor de los Awada empezó a trabajar con sus padres. Viajes a Europa y Nueva York en busca de ten­dencias, colecciones de invierno y verano, su juventud estuvo signada por el trabajo y el desarrollo de colec­ciones: desde la decisión de aggiornar la marca hasta los lineamientos generales de cada una de las colecciones.Entre diseño y diseño, a los 23 años Juliana se casó con quien había sido su novio de la juventud, aunque el matrimonio duró sólo un año. Lo que siguió a ese divorcio fueron más años de trabajo hasta que el con­de belga Bruno Barbier entró en su vida. Digno relato de una trotamundos, el millonario y la diseñadora se conocieron durante un vuelo a Europa. Diez años de convivencia y su primera hija –Valentina (12)– fueron el producto de esa relación que terminó meses antes de que Awada conociera a Mauricio Macri y decidiera casarse nuevamente.

POLÍTICAMENTE CORRECTA. La historia de amor de Juliana (41) y Mauricio (56) empezó en un gimnasio, el clásico de los vecinos de Barrio Parque. Separado dos veces él y otras dos ella, figuras del jet set y padres ambos (Mauricio tiene tres hijos de su matrimonio con Ivon­ne Bordeu), lo esperable hubiera sido que el romance avanzara con pies de plomo. Lo cierto es que contra to­do pronóstico, lo que empezó como un rumor en poco tiempo era una pareja consolidada. A menos de un año de empezar su relación, Macri y Awada ya estaban casados y poco después esperando a Antonia (3), su primera hija en común. Enamorado como nunca antes, Mauricio se refiere a la Primera dama como la “hechicera”, y asegura que la paternidad “mitad papá – mitad abuelo” es “lo mejor que te puede pasar en la vida”. Correctos y frescos, la fórmula Macri-Awada parece haber funcionado bien en lo personal, esperamos que también sea lo mejor para la Argentina. Será cuestión de ver qué de­para el futuro a la pareja que nació estando en campaña.

Cuando allá por 2010 se rumoreaba un supuesto romance entre el entonces Jefe de gobierno porteño –hoy flamante presidente electo– Mauricio Macri y una tal Juliana Awada, más de un periodista de actualidad tuvo que recurrir a las productoras de moda para pedirles información sobre la chica en cuestión. Diseñadora de la marca que lleva su apellido e integrante de una familia históricamente vinculada a la industria de la moda, Juliana no era el tipo de personaje que se dejara ver posando en revistas ni eventos, pero guardaba un vínculo cercano con el mundo de la moda. Que en ese momento la diseñadora sólo accediera a dar una entrevista a Para Ti, deja en claro hasta qué punto la Primera dama confió siempre en la revista. 

Elegante, canchera y fashionista (como buena insider del mundo de la moda), en poco tiempo logró consagrarse como una de las favoritas en cuestiones de estilo.  En los últimos cinco años la vida de la diseñadora cambió en muchos aspectos: de pareja a mujer de político y madre por segunda vez, y de esposa del Jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires a Primera dama de la República Argentina.  Aquí, un close up a esta embajadora del estilo.

ESPECIALISTA EN BUEN GUSTO. María Juliana es la quinta hija del matrimonio de Abraham Awada y Elsa Pomi Baker. Libanés él, siria ella, la historia de sus padres es la de dos inmigrantes que a fuerza de trabajo y buen gusto lograron hacerse un camino en la industria de la moda. Igual que su hermana Zoraida y su hermano Da­niel –Alejandro es actor y Leila, artista plástica–, cuando Juliana terminó la secundaria en el Chester College supo que su futuro estaba en la empresa familiar. Con 18 años y habiendo estudiado unos meses inglés en Inglaterra, la menor de los Awada empezó a trabajar con sus padres. Viajes a Europa y Nueva York en busca de ten­dencias, colecciones de invierno y verano, su juventud estuvo signada por el trabajo y el desarrollo de colec­ciones: desde la decisión de aggiornar la marca hasta los lineamientos generales de cada una de las colecciones.Entre diseño y diseño, a los 23 años Juliana se casó con quien había sido su novio de la juventud, aunque el matrimonio duró sólo un año. Lo que siguió a ese divorcio fueron más años de trabajo hasta que el con­de belga Bruno Barbier entró en su vida. Digno relato de una trotamundos, el millonario y la diseñadora se conocieron durante un vuelo a Europa. Diez años de convivencia y su primera hija –Valentina (12)– fueron el producto de esa relación que terminó meses antes de que Awada conociera a Mauricio Macri y decidiera casarse nuevamente.

POLÍTICAMENTE CORRECTA. La historia de amor de Juliana (41) y Mauricio (56) empezó en un gimnasio, el clásico de los vecinos de Barrio Parque. Separado dos veces él y otras dos ella, figuras del jet set y padres ambos (Mauricio tiene tres hijos de su matrimonio con Ivon­ne Bordeu), lo esperable hubiera sido que el romance avanzara con pies de plomo. Lo cierto es que contra to­do pronóstico, lo que empezó como un rumor en poco tiempo era una pareja consolidada. A menos de un año de empezar su relación, Macri y Awada ya estaban casados y poco después esperando a Antonia (3), su primera hija en común. Enamorado como nunca antes, Mauricio se refiere a la Primera dama como la “hechicera”, y asegura que la paternidad “mitad papá – mitad abuelo” es “lo mejor que te puede pasar en la vida”. Correctos y frescos, la fórmula Macri-Awada parece haber funcionado bien en lo personal, esperamos que también sea lo mejor para la Argentina. Será cuestión de ver qué de­para el futuro a la pareja que nació estando en campaña.

Los hombres más sexies del 2015

La revista People eligió a David Beckham como el hombre vivo más sexy del 2015. El exfutbolista se mostró orgulloso por haber recibido ese título pero declaró: "Nunca sentí que sea una persona atractiva y sexy… Me gusta llevar ropa elegante y verme y sentirme bien, pero no pienso en mí de esa manera”.

El inglés ocupó el primer lugar en el podio que el año pasado había sido para Chris Hemsworth.

COMPAÑEROS DE PODIO. Justin Timberlake es el segundo hombre más sexy. Actor y cantante, el esposo de Jessica Biel y padre primerizo, fue el elegido por la revista. En el puesto tres se encuentra Reid Scott, el actor norteamericano de 37 años.  En una lista variada, se destacan Charlie Hunnam, Jake Gyllenhaal y Justin Theroux. ¡Mirá la lista completa!

Top ten

 1. David Beckham

 2. Justin Timberlake

 3. Reid Scott,

 4. Idris Elba

 5.Sam Heughan,

 6.Justin Theroux

 7.Charlie Hunnam

 8. Jussie Smolett

 9.Jake Gyllenhaal

 10. Nick Jonas

La revista People eligió a David Beckham como el hombre vivo más sexy del 2015. El exfutbolista se mostró orgulloso por haber recibido ese título pero declaró: "Nunca sentí que sea una persona atractiva y sexy… Me gusta llevar ropa elegante y verme y sentirme bien, pero no pienso en mí de esa manera”.

El inglés ocupó el primer lugar en el podio que el año pasado había sido para Chris Hemsworth.

COMPAÑEROS DE PODIO. Justin Timberlake es el segundo hombre más sexy. Actor y cantante, el esposo de Jessica Biel y padre primerizo, fue el elegido por la revista. En el puesto tres se encuentra Reid Scott, el actor norteamericano de 37 años.  En una lista variada, se destacan Charlie Hunnam, Jake Gyllenhaal y Justin Theroux. ¡Mirá la lista completa!

Top ten

 1. David Beckham

 2. Justin Timberlake

 3. Reid Scott,

 4. Idris Elba

 5.Sam Heughan,

 6.Justin Theroux

 7.Charlie Hunnam

 8. Jussie Smolett

 9.Jake Gyllenhaal

 10. Nick Jonas

¡Presentame un amigo!

Tinder nos promete algoritmos infalibles para co­nocer a la versión moderna del tan ansiado “hom­bre de nuestros sueños”, es decir, que sea lindo, que viva cerca y que tenga intereses en común con nosotras (o que por lo menos haya “likeado” las mismas cosas en Facebook). Sin embargo, resulta que en vivo es mucho más petiso de lo que parecía en las fotos de su perfil, efectivamente vive cerca, pero ocho cuadras ¡le parecen una distancia demasiado larga como para acompañarte hasta tu casa! Después de cinco o seis encuentros absolutamente olvida­bles, la idea de conocer un hombre mediante los métodos tradicionales ya no parece tan mala. Y luego de leer esta nota casi casi vas a estar convencida de que, cuando de amor se trata, la realidad supera la virtualidad.

VOLVER. Alejandra tiene 32 años y es licenciada en mar­keting. Su experiencia en el mundo de las citas online fue breve, pero concisa. “Me hice un perfil en Tinder porque todas mis amigas estaban en esa y porque desde hacía un tiempo sentía que en los boliches y las reuniones la gente estaba muy en la suya. Tuve tres citas, una más desastrosa que la otra. Así que, después de estar un tiempo sola, sin Tinder, sin salir, sin nada, le pedí a una amiga que me presentara a un tipo. Así conocí a Agustín, un compañero de trabajo de mi amiga y su marido. El encuentro fue desde otro lugar. Fue una cita con una persona real, no con un perfil en una app”, cuenta Alejandra entre risas.

EN VIVO Y EN DIRECTO. Barbara, psicóloga de 29 años, prefirió reducir el porcentaje de azar en la búsqueda del amor y se “obligó a sí misma” y a su amiga Ana, también terapeuta, a participar de una de las noches de 10en8, un sistema de tipo speed dating (cita rápida o multicita). La propuesta consiste en reunir a diez hombres y diez mujeres de edades y situaciones similares   para que se conozcan en una minicita de 8 minutos. Luego de inscribirse en la página web de 10en8 (www.10en8.com) Barbara y Ana asistieron al evento.  “Resultó que matcheé con dos hombres muy interesantes. Salí con ambos y con uno de ellos, Fernando, realmente conectamos. Habernos conocido en vivo desde el principio tiene otro sabor, le conocí la sonrisa desde el primer momento, tiene otra sensibilidad”.

MÁS QUE NOSTALGIA. Marisa, docente de 38 años también es una militante del amor real. Su historia fue mediatizada por uno de los elementos más icónicos de la era analógica: la radio. “Me gané unas entradas para un show en un programa de radio. Le pregunté a una amiga y no podía ir, así que cuando la productora me llamó para arreglar la entrega de los tickets, le pedí que cuando anunciaran mi nombre como ganadora al aire dijera que buscaba compañero para ir al show. Así fue que otro oyente llamó y le pasaron mi número. Me llamó por teléfono de una, ni WhatsApp, ni Facebook, ni sms ni nada, ese detalle me cautivó al toque. Fuimos al show, pegamos onda, la pasamos bárbaro y definitivamente fue mucho más romántico que las citas online”, cuenta Marisa, feliz.

Conclusión: con la era analógica se puede tener mucho más que sólo nostalgia. En tiempos de tanta (demasiada) hiperconexión y de relaciones descartables con perfiles casi anónimos, decidir buscar el amor sin histerias ni dobles discursos, anhelar un encuentro y no un levante es tirarse a una pileta de adrenalina y nadar en la sorpresa, casi un acto de valentía.

CONSEJOS PARA ANTES DE SALIR. Por MARA DERNI, redactora de Para Ti 

xDespués de haber usado Happn y Tinder doy fe de que las redes ofrecen un menú de hombres mucho más amplio y variado que el que cualquier amigo puede acercarte, y si no resulta no hay que explicar ni dar excusas.

xLo negativo de las app es que el candidato no está “filtrado” y puede tener el preconcepto de que “las chicas Tinder están regaladas” y que es la mejor manera de tener sexo delivery.

xHablar por teléfono al menos una vez para conocer el tono de voz y sus modos. xLa ilusión es un bien a cuidar y salir a la aventura es la mejor manera de hacerlo.

xAsí como hay que agudizar los sentidos antes de cada encuentro, también hay que relajarse: importa conocer a alguien, divertirse, y si después “los dos están para lo mismo”, mejor.

Tinder nos promete algoritmos infalibles para co­nocer a la versión moderna del tan ansiado “hom­bre de nuestros sueños”, es decir, que sea lindo, que viva cerca y que tenga intereses en común con nosotras (o que por lo menos haya “likeado” las mismas cosas en Facebook). Sin embargo, resulta que en vivo es mucho más petiso de lo que parecía en las fotos de su perfil, efectivamente vive cerca, pero ocho cuadras ¡le parecen una distancia demasiado larga como para acompañarte hasta tu casa! Después de cinco o seis encuentros absolutamente olvida­bles, la idea de conocer un hombre mediante los métodos tradicionales ya no parece tan mala. Y luego de leer esta nota casi casi vas a estar convencida de que, cuando de amor se trata, la realidad supera la virtualidad.

VOLVER. Alejandra tiene 32 años y es licenciada en mar­keting. Su experiencia en el mundo de las citas online fue breve, pero concisa. “Me hice un perfil en Tinder porque todas mis amigas estaban en esa y porque desde hacía un tiempo sentía que en los boliches y las reuniones la gente estaba muy en la suya. Tuve tres citas, una más desastrosa que la otra. Así que, después de estar un tiempo sola, sin Tinder, sin salir, sin nada, le pedí a una amiga que me presentara a un tipo. Así conocí a Agustín, un compañero de trabajo de mi amiga y su marido. El encuentro fue desde otro lugar. Fue una cita con una persona real, no con un perfil en una app”, cuenta Alejandra entre risas.

EN VIVO Y EN DIRECTO. Barbara, psicóloga de 29 años, prefirió reducir el porcentaje de azar en la búsqueda del amor y se “obligó a sí misma” y a su amiga Ana, también terapeuta, a participar de una de las noches de 10en8, un sistema de tipo speed dating (cita rápida o multicita). La propuesta consiste en reunir a diez hombres y diez mujeres de edades y situaciones similares   para que se conozcan en una minicita de 8 minutos. Luego de inscribirse en la página web de 10en8 (www.10en8.com) Barbara y Ana asistieron al evento.  “Resultó que matcheé con dos hombres muy interesantes. Salí con ambos y con uno de ellos, Fernando, realmente conectamos. Habernos conocido en vivo desde el principio tiene otro sabor, le conocí la sonrisa desde el primer momento, tiene otra sensibilidad”.

MÁS QUE NOSTALGIA. Marisa, docente de 38 años también es una militante del amor real. Su historia fue mediatizada por uno de los elementos más icónicos de la era analógica: la radio. “Me gané unas entradas para un show en un programa de radio. Le pregunté a una amiga y no podía ir, así que cuando la productora me llamó para arreglar la entrega de los tickets, le pedí que cuando anunciaran mi nombre como ganadora al aire dijera que buscaba compañero para ir al show. Así fue que otro oyente llamó y le pasaron mi número. Me llamó por teléfono de una, ni WhatsApp, ni Facebook, ni sms ni nada, ese detalle me cautivó al toque. Fuimos al show, pegamos onda, la pasamos bárbaro y definitivamente fue mucho más romántico que las citas online”, cuenta Marisa, feliz.

Conclusión: con la era analógica se puede tener mucho más que sólo nostalgia. En tiempos de tanta (demasiada) hiperconexión y de relaciones descartables con perfiles casi anónimos, decidir buscar el amor sin histerias ni dobles discursos, anhelar un encuentro y no un levante es tirarse a una pileta de adrenalina y nadar en la sorpresa, casi un acto de valentía.

CONSEJOS PARA ANTES DE SALIR. Por MARA DERNI, redactora de Para Ti 

xDespués de haber usado Happn y Tinder doy fe de que las redes ofrecen un menú de hombres mucho más amplio y variado que el que cualquier amigo puede acercarte, y si no resulta no hay que explicar ni dar excusas.

xLo negativo de las app es que el candidato no está “filtrado” y puede tener el preconcepto de que “las chicas Tinder están regaladas” y que es la mejor manera de tener sexo delivery.

xHablar por teléfono al menos una vez para conocer el tono de voz y sus modos. xLa ilusión es un bien a cuidar y salir a la aventura es la mejor manera de hacerlo.

xAsí como hay que agudizar los sentidos antes de cada encuentro, también hay que relajarse: importa conocer a alguien, divertirse, y si después “los dos están para lo mismo”, mejor.

Los ángeles de Victoria´s Secret

Como todos los años se hizo el esperado desfile de Victoria´s Secret en la ciudad de Nueva York. Allí, 47 modelos subieron a la pasarela en el Regiment Armony, un antiguo arsenal militar de Manhattan.

Para festejar los veinte años del evento donde se ven a las mejores modelos a nivel mundial, se invitó también a dos mediáticas y celebs de las redes sociales. Por un lado, fue el debut de Kendall Jenner, la pequeña de las Kardashian, que fue invitada a participar. Y, además, Gigi Hadid , la modelo de 25 años se sumó como uno de los ángeles.

Con Adriana Lima, Alessandra Ambrosio y Candice Swanepoel, los ángeles más populares de la marca, el desfile fue un éxito. La modelo Lili Albridge fue la encargada de lucir el corpiño más caro del mundo, valuado en dos millones de dólares. Está confeccionado con topacio azul y zafiros amarillos, con un peso de más de 375 quilates y sobre una base de oro de 18 quilates. Mientras que la cantante Selena Gomez estuvo a cargo de la música del desfile junto a The Weeknd y Ellie Goulding.

Como todos los años se hizo el esperado desfile de Victoria´s Secret en la ciudad de Nueva York. Allí, 47 modelos subieron a la pasarela en el Regiment Armony, un antiguo arsenal militar de Manhattan.

Para festejar los veinte años del evento donde se ven a las mejores modelos a nivel mundial, se invitó también a dos mediáticas y celebs de las redes sociales. Por un lado, fue el debut de Kendall Jenner, la pequeña de las Kardashian, que fue invitada a participar. Y, además, Gigi Hadid , la modelo de 25 años se sumó como uno de los ángeles.

Con Adriana Lima, Alessandra Ambrosio y Candice Swanepoel, los ángeles más populares de la marca, el desfile fue un éxito. La modelo Lili Albridge fue la encargada de lucir el corpiño más caro del mundo, valuado en dos millones de dólares. Está confeccionado con topacio azul y zafiros amarillos, con un peso de más de 375 quilates y sobre una base de oro de 18 quilates. Mientras que la cantante Selena Gomez estuvo a cargo de la música del desfile junto a The Weeknd y Ellie Goulding.

Noche mágica

Con el emblemático Hipódromo de Palermo como escenario, más de 800 invitados de la socialité argentina se reunieron para celebrar el “Prix de Baron B”, inspirado en las carreras hípicas de Europa del siglo XVII. Todo estaba perfecto para la ocasión. El reconocido Javier Iturrióz se encargó de la ambientación. Mientras que Iván de Pineda y Valeria Mazza condujeron el evento donde hubo dos carreras: Prix de Baron B, de 1200 metros y la Grand Prix, de 1400 metros. Todos los presentes apostaron a un caballo comprando un cupón por el valor de $ 300 que ofrecían las voluntarias de Fundación de Asistencia Social del Hospital de Clínicas "José de San Martín".

Con plumas, flores, moños, grandes, chicos y medianos, las invitadas deslumbraron con originales y sofisticados fascinators. Originalmente la palabra se refería a la prenda parecida a un chal y realizada en lana o encaje, que cubría la cabeza pero en los años 70´cayó en desuso y en el siglo 21 reapareció cambiando ligeramente su significado. Ahora se utiliza para describir un adorno que usan las mujeres en el pelo. ¿El resultado? Lo mejor de las carreras de caballos europeas, 800 invitados VIP, moda y un fin solidario se unieron en la mejor fiesta de Buenos Aires.

Con el emblemático Hipódromo de Palermo como escenario, más de 800 invitados de la socialité argentina se reunieron para celebrar el “Prix de Baron B”, inspirado en las carreras hípicas de Europa del siglo XVII. Todo estaba perfecto para la ocasión. El reconocido Javier Iturrióz se encargó de la ambientación. Mientras que Iván de Pineda y Valeria Mazza condujeron el evento donde hubo dos carreras: Prix de Baron B, de 1200 metros y la Grand Prix, de 1400 metros. Todos los presentes apostaron a un caballo comprando un cupón por el valor de $ 300 que ofrecían las voluntarias de Fundación de Asistencia Social del Hospital de Clínicas "José de San Martín".

Con plumas, flores, moños, grandes, chicos y medianos, las invitadas deslumbraron con originales y sofisticados fascinators. Originalmente la palabra se refería a la prenda parecida a un chal y realizada en lana o encaje, que cubría la cabeza pero en los años 70´cayó en desuso y en el siglo 21 reapareció cambiando ligeramente su significado. Ahora se utiliza para describir un adorno que usan las mujeres en el pelo. ¿El resultado? Lo mejor de las carreras de caballos europeas, 800 invitados VIP, moda y un fin solidario se unieron en la mejor fiesta de Buenos Aires.

Matías Carrica

En sus manos se notan las cicatrices y durezas de los 14 años en los que se ganó la vida en la calle. “A partir de la crisis de 2001 tuvimos un problema tras otro. Yo vi cómo mi familia perdió su trabajo, tu­vimos que mudarnos a un barrio de cartoneros porque iban a hipotecarnos la casa y mi hermano cayó preso once meses por robo calificado. Así que dejé el colegio y salí a cartonear, limpiar vidrios y pedir monedas”, recuerda Matías Carrica (25), ganador de Elegidos con más del 70 % de los votos del público. Fue justamente en el reality de Telefe donde este artista callejero pudo dar a conocer su historia a través de las letras de canciones que compuso en su Bahía Blanca natal. “Fueron muchas situaciones las que me hicieron buscar la manera de desahogarme. Yo quería contarle a la gente una realidad que por ahí otros no conocen, y la única manera que me salió fue rapeando –explica tranquilo, sin perder la humildad de sus comienzos–. Es una buena herramienta porque no necesitás tener una gran voz ni afinar y, además, entran muchas más palabras que en los otros géneros por oración”. Después de una larga temporada de esfuerzo, de pelear –y ganarle– la batalla a las drogas y desahogar angustias en la música, hoy la vida le presenta una nueva oportunidad. Mientras su mujer, Florencia (20), y su hija, Trinidad (6), continúan con la rutina en Bahía, Matías está a full promocionando su primer disco, Buscavida (igual que el nombre de la canción que compuso hablando de la vida diaria de los cartone­ros), que va a salir el próximo 13 de noviembre. Como si hablara de un sueño, todavía le cuesta creer que por fin le toca vivir una buena. Su lema: “paso a paso”.

LA PASIÓN POR LA MÚSICA. “Alrededor de 2008 em­pecé a escribir y cantar mis propias canciones. Siempre fui de escuchar mucha música, pero cantar… ¡ni en la ducha! Lo mío nació como una manera de desahogo para que la gente supiera cómo es la vida de un cartonero”

LA REALIDAD DE LOS CARTONEROS. “Un cartonero se levanta a la mañana bien temprano, tipo 7, y se pone a clasificar lo que juntó la noche anterior. Saca el caballo a comer y hace las cosas de siempre, ya sea llevar a los chicos a la escuela, ir a estudiar o hacer alguna changa extra. Y, más o menos a partir de las 18, sale de nuevo a cartonear hasta que llene el carro. Pue­den ser dos horas o cinco. Así todos los días, menos los domingos que es el único día que descansa. Se sobrevive. Llegás con lo justo y a veces ni siquiera alcanza”.

SU PROBLEMA CON LAS DROGAS. “Estuve dos años con eso, desde los 15 hasta los 17. No sé por qué lo hice… Es simplemente para ver qué onda. Mi vieja me mandó a un psicólogo para que me rehabilitara, pero fui un día y nunca más. Le dije: “si entré solo, voy a salir solo”. No me costó dejar porque no fui un adicto. Es tan simple como aprender a decir que no”.

SU LLEGADA A ELEGIDOS. “Se le ocurrió a un amigo cuando vimos la propaganda en la tele. Era el último día de inscripción y me preguntó si quería que me anotara porque yo no tengo Internet en casa. Le dije que hiciera lo que quisiera, porque ya había ido a tres castings y nunca había pasado de la primera ronda”. ¡Naaaa, en ningún momento pensé que ganaba! De hecho, para mí la final la ganaba Diana porque fue la más regular del programa. Fue impecable. Yo con llegar a la final me conformaba".

EL ELEGIDO DEL PÚBLICO. “No sé por qué la gente me eligió. No lo entien­do todavía… y creo que no lo voy a entender. Por ahí a alguno le llegué por la música y a otros por la historia. Todavía no sé por qué gané. Me cuesta asumir que soy el ganador de Elegidos”.

LA VIDA DESPUÉS DEL REALITY.  “En Bahía me tratan como si fuera un esa estrella, pero yo me siento uno más, no me siento el portavoz del barrio. Sigo haciendo mi vida de siempre, pero ahora no puedo caminar por la calle sin parar a sacarme fotos con la gente. Está bueno que te reconozca la gente. Si la gente te responde, vos también tenés que responderles.   Mi situación económica no cambió, la gente cree que porque gané Elegidos ahora tengo una Ferrari y vivo en un barrio cerrado. Pero nada que ver. La sigo remando. Yo sigo con la misma moto, sin Internet en casa y siendo el mismo de siempre”.

AMOR DE BARRIO. En plena crisis económica, Matías y Florencia tuvieron que salir a cartonear. Ella tenía 13 y él, 17. Al mediodía iban a almorzar a un comedor popular del barrio donde paraban a descansar. En ese momento se conocieron y nació el amor poco a poco. “Es mi primer amor, es la única a la que le dije ‘te amo’. Siempre fue mi compañera, estuvo conmigo en las buenas y en las malas. Y es la madre de mi hija”, confiesa.

COMO PAPÁ. “No busco ser un padre exa­gerado ni muy liberal. Trato de ser bueno. Pero debo confesar que está todo el tiempo con la madre y ella es la que más la educa y le pone los límites. Yo cumplo mi rol estando con ella y trabajando”

LAS MUJERES Y LA FAMA. “No me siento un galán, yo soy un cantante de rap. Es verdad que hay chicas que no saben ni una canción mía y me siguen por la facha. Pero eso no me va ni me viene. Yo soy fiel”.

UN SUEÑO A CUMPLIR.  “Lo único que quiero es vivir de la música y que mi hija nunca tenga que salir a pedir monedas o hacer algo que no le guste para ganar el pan. Antes de que tenga que hacerlo, vuelvo a pedir monedas yo. Yo caí en el pozo, no quiero que caiga ella”

En sus manos se notan las cicatrices y durezas de los 14 años en los que se ganó la vida en la calle. “A partir de la crisis de 2001 tuvimos un problema tras otro. Yo vi cómo mi familia perdió su trabajo, tu­vimos que mudarnos a un barrio de cartoneros porque iban a hipotecarnos la casa y mi hermano cayó preso once meses por robo calificado. Así que dejé el colegio y salí a cartonear, limpiar vidrios y pedir monedas”, recuerda Matías Carrica (25), ganador de Elegidos con más del 70 % de los votos del público. Fue justamente en el reality de Telefe donde este artista callejero pudo dar a conocer su historia a través de las letras de canciones que compuso en su Bahía Blanca natal. “Fueron muchas situaciones las que me hicieron buscar la manera de desahogarme. Yo quería contarle a la gente una realidad que por ahí otros no conocen, y la única manera que me salió fue rapeando –explica tranquilo, sin perder la humildad de sus comienzos–. Es una buena herramienta porque no necesitás tener una gran voz ni afinar y, además, entran muchas más palabras que en los otros géneros por oración”. Después de una larga temporada de esfuerzo, de pelear –y ganarle– la batalla a las drogas y desahogar angustias en la música, hoy la vida le presenta una nueva oportunidad. Mientras su mujer, Florencia (20), y su hija, Trinidad (6), continúan con la rutina en Bahía, Matías está a full promocionando su primer disco, Buscavida (igual que el nombre de la canción que compuso hablando de la vida diaria de los cartone­ros), que va a salir el próximo 13 de noviembre. Como si hablara de un sueño, todavía le cuesta creer que por fin le toca vivir una buena. Su lema: “paso a paso”.

LA PASIÓN POR LA MÚSICA. “Alrededor de 2008 em­pecé a escribir y cantar mis propias canciones. Siempre fui de escuchar mucha música, pero cantar… ¡ni en la ducha! Lo mío nació como una manera de desahogo para que la gente supiera cómo es la vida de un cartonero”

LA REALIDAD DE LOS CARTONEROS. “Un cartonero se levanta a la mañana bien temprano, tipo 7, y se pone a clasificar lo que juntó la noche anterior. Saca el caballo a comer y hace las cosas de siempre, ya sea llevar a los chicos a la escuela, ir a estudiar o hacer alguna changa extra. Y, más o menos a partir de las 18, sale de nuevo a cartonear hasta que llene el carro. Pue­den ser dos horas o cinco. Así todos los días, menos los domingos que es el único día que descansa. Se sobrevive. Llegás con lo justo y a veces ni siquiera alcanza”.

SU PROBLEMA CON LAS DROGAS. “Estuve dos años con eso, desde los 15 hasta los 17. No sé por qué lo hice… Es simplemente para ver qué onda. Mi vieja me mandó a un psicólogo para que me rehabilitara, pero fui un día y nunca más. Le dije: “si entré solo, voy a salir solo”. No me costó dejar porque no fui un adicto. Es tan simple como aprender a decir que no”.

SU LLEGADA A ELEGIDOS. “Se le ocurrió a un amigo cuando vimos la propaganda en la tele. Era el último día de inscripción y me preguntó si quería que me anotara porque yo no tengo Internet en casa. Le dije que hiciera lo que quisiera, porque ya había ido a tres castings y nunca había pasado de la primera ronda”. ¡Naaaa, en ningún momento pensé que ganaba! De hecho, para mí la final la ganaba Diana porque fue la más regular del programa. Fue impecable. Yo con llegar a la final me conformaba".

EL ELEGIDO DEL PÚBLICO. “No sé por qué la gente me eligió. No lo entien­do todavía… y creo que no lo voy a entender. Por ahí a alguno le llegué por la música y a otros por la historia. Todavía no sé por qué gané. Me cuesta asumir que soy el ganador de Elegidos”.

LA VIDA DESPUÉS DEL REALITY.  “En Bahía me tratan como si fuera un esa estrella, pero yo me siento uno más, no me siento el portavoz del barrio. Sigo haciendo mi vida de siempre, pero ahora no puedo caminar por la calle sin parar a sacarme fotos con la gente. Está bueno que te reconozca la gente. Si la gente te responde, vos también tenés que responderles.   Mi situación económica no cambió, la gente cree que porque gané Elegidos ahora tengo una Ferrari y vivo en un barrio cerrado. Pero nada que ver. La sigo remando. Yo sigo con la misma moto, sin Internet en casa y siendo el mismo de siempre”.

AMOR DE BARRIO. En plena crisis económica, Matías y Florencia tuvieron que salir a cartonear. Ella tenía 13 y él, 17. Al mediodía iban a almorzar a un comedor popular del barrio donde paraban a descansar. En ese momento se conocieron y nació el amor poco a poco. “Es mi primer amor, es la única a la que le dije ‘te amo’. Siempre fue mi compañera, estuvo conmigo en las buenas y en las malas. Y es la madre de mi hija”, confiesa.

COMO PAPÁ. “No busco ser un padre exa­gerado ni muy liberal. Trato de ser bueno. Pero debo confesar que está todo el tiempo con la madre y ella es la que más la educa y le pone los límites. Yo cumplo mi rol estando con ella y trabajando”

LAS MUJERES Y LA FAMA. “No me siento un galán, yo soy un cantante de rap. Es verdad que hay chicas que no saben ni una canción mía y me siguen por la facha. Pero eso no me va ni me viene. Yo soy fiel”.

UN SUEÑO A CUMPLIR.  “Lo único que quiero es vivir de la música y que mi hija nunca tenga que salir a pedir monedas o hacer algo que no le guste para ganar el pan. Antes de que tenga que hacerlo, vuelvo a pedir monedas yo. Yo caí en el pozo, no quiero que caiga ella”