Chile

Las cadenas más populares del mundo, las marcas de lujo internacionales, circuitos de diseño y outlets con verdadero precio de outlets no sólo están en Miami. Hoy también están Santiago de Chile. A menos de dos horas de avión desde Buenos Aires, la capital chilena es el lugar en donde firmas como Gap, Topshop, Adolfo Domínguez y Banana Republic decidieron instalarse… y convertir la ciudad en la meca del shopping. Gran parte de los 15 millones de pasajeros que recibe anualmente el aeropuerto Merino Benítez entran con las valijas flacas y se van con el equipaje rebosante. Estabilidad política y económica son las principales razones por las que las marcas apuestan a este país. A diferencia de algunos de sus vecinos, que adoptan medidas más restrictivas con respecto al comercio, Chile tiene una de las economías más dinámicas de la región, según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y las estimaciones para los años próximos son alentadoras. Aunque con targets diferenciados, los casos de la cadena sueca H&M o del hotel W son, en este sentido, paradigmáticos: entre todos los países posibles para llevar a cabo su estrategia de expansión global, optaron por Chile. En este país –donde el poder adquisitivo viene en aumento–, datos de 2011 de aseguran que la industria del lujo creció un 30%. Del otro lado de la cordillera no sólo están Cartier, Ermenegildo Zegna y Louis Vuitton, entre otras, sino que para los próximos meses se anuncia el arribo de Ikea, Zara Home y Forever 21.
 
CIRCUITOS PARA ELEGIR. Un furor nunca visto tuvo lugar en marzo de este año cuando H&M abrió las puertas de su primer local en el Costanera Center, el shopping más grande de Sudamérica. Para poder ingresar el día de la inauguración de la tienda, familias enteras llegaron a dormir en la calle dos días previos. “La cola era tan larga que bajaba por las escaleras y salía del shopping”, cuenta Patricia Gómez, de la división shopping center de Cencosud. Aseguran que el H&M Chile lidera las ventas a nivel internacional. Gap, Steve Maden, Topshop, Clarks y Springfield son algunas de las tiendas estrella del Costanera Center, uno de los más visitados de Santiago (recibe dos millones de visitantes por mes y la mayoría son brasileños; los argentinos estamos después) y uno de los más vistosos. Está ubicado cerca de la avenida Providencia y próximo al área que se conoce como SanHattan, que es un mix de Manhattan y Santiago y eso se nota: el edificio tiene, además de tres torres altas, un rascacielos vidriado de 64 pisos. Un consejo: presentándote con tu pasaporte en la oficina de informes, los extranjeros acceden a descuentos importantes en algunas marcas. Lo mismo pasa en Parque Arauco. Este shopping, uno de los más tradicionales, también ofrece rebajas a turistas. Es una mole, y para caminarlo hay que estar preparada. Además de las marcas internacionales, cuenta con un distrito de lujo: Burberry, Salvatore Ferragamo, CH, Dolce & Gabbana, Louis Vuitton y Armani son algunas de las marcas que pueden encontrarse allí. Estas y muchas otras firmas de lujo también están en la Alonso de Córdova, una avenida súper amplia y llena de sofisticación que también ofrece galerías de arte y restaurantes de primer nivel.
Los que buscan un circuito alternativo no deben dejar de visitar el Barrio Italia. Se trata de diez cuadras en las cuales, en una propuesta comparable con la del barrio porteño de Palermo, conviven indumentaria, diseño y mobiliario. “La clave para abordarlo es tener tiempo y ganas de sorprenderse”, sugiere Fernanda Lizana Abara, directora de la corporación Barrio Italia. Es que casi la totalidad de los locales súper cool de esta zona están camufladas detrás de fachadas viejas que aparentan no decir nada. Sólo animándose a abrir puertas es cuando surgen locales, galerías y anticuarios, pioneros del lugar. Casas de té, restaurantes y cafecitos imperdibles también forman parte de Barrio Italia y su movida cultural.
 
OUTLETS Y ALGO MAS. Si tenés algunos días más, visitá los outlets. Entre la gran cantidad que hay, sobresalen el Buena Ventura Premium y el Easton, dos malls al aire libre con locales exclusivos y multimarca. Están más alejados del centro de Santiago, pero llegar no es difícil: ambos brindan servicios de combies que te buscan al hotel. Los taxis son una alternativa interesante: no son caros y algunos hasta tienen habilitado el pago con tarjeta.
Pero no sólo shopping tiene la capital chilena. Una visita a esta ciudad limpísima y atravesada por el río Mapocho debe incluir una recorrida por Las Condes, Yungay y Bellavista, tres de sus conocidos barrios. No dejes de visitar Vitacura y Lastarria, dos de las áreas más cool con bares y gastronomía increíbles. Porque en Santiago es tan tentador comer un blanquillo (un pez típico del sur) en los restaurantes que rodean el Mercado Central, como un ciervo con una sopa de mariscos en el W, el exclusivísimo hotel que también decidió hacer pie en Santiago. Y todo eso, con los Andes y sus cumbres nevadas como telón de fondo. 
Las cadenas más populares del mundo, las marcas de lujo internacionales, circuitos de diseño y outlets con verdadero precio de outlets no sólo están en Miami. Hoy también están Santiago de Chile. A menos de dos horas de avión desde Buenos Aires, la capital chilena es el lugar en donde firmas como Gap, Topshop, Adolfo Domínguez y Banana Republic decidieron instalarse… y convertir la ciudad en la meca del shopping. Gran parte de los 15 millones de pasajeros que recibe anualmente el aeropuerto Merino Benítez entran con las valijas flacas y se van con el equipaje rebosante. Estabilidad política y económica son las principales razones por las que las marcas apuestan a este país. A diferencia de algunos de sus vecinos, que adoptan medidas más restrictivas con respecto al comercio, Chile tiene una de las economías más dinámicas de la región, según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y las estimaciones para los años próximos son alentadoras. Aunque con targets diferenciados, los casos de la cadena sueca H&M o del hotel W son, en este sentido, paradigmáticos: entre todos los países posibles para llevar a cabo su estrategia de expansión global, optaron por Chile. En este país –donde el poder adquisitivo viene en aumento–, datos de 2011 de aseguran que la industria del lujo creció un 30%. Del otro lado de la cordillera no sólo están Cartier, Ermenegildo Zegna y Louis Vuitton, entre otras, sino que para los próximos meses se anuncia el arribo de Ikea, Zara Home y Forever 21.
 
CIRCUITOS PARA ELEGIR. Un furor nunca visto tuvo lugar en marzo de este año cuando H&M abrió las puertas de su primer local en el Costanera Center, el shopping más grande de Sudamérica. Para poder ingresar el día de la inauguración de la tienda, familias enteras llegaron a dormir en la calle dos días previos. “La cola era tan larga que bajaba por las escaleras y salía del shopping”, cuenta Patricia Gómez, de la división shopping center de Cencosud. Aseguran que el H&M Chile lidera las ventas a nivel internacional. Gap, Steve Maden, Topshop, Clarks y Springfield son algunas de las tiendas estrella del Costanera Center, uno de los más visitados de Santiago (recibe dos millones de visitantes por mes y la mayoría son brasileños; los argentinos estamos después) y uno de los más vistosos. Está ubicado cerca de la avenida Providencia y próximo al área que se conoce como SanHattan, que es un mix de Manhattan y Santiago y eso se nota: el edificio tiene, además de tres torres altas, un rascacielos vidriado de 64 pisos. Un consejo: presentándote con tu pasaporte en la oficina de informes, los extranjeros acceden a descuentos importantes en algunas marcas. Lo mismo pasa en Parque Arauco. Este shopping, uno de los más tradicionales, también ofrece rebajas a turistas. Es una mole, y para caminarlo hay que estar preparada. Además de las marcas internacionales, cuenta con un distrito de lujo: Burberry, Salvatore Ferragamo, CH, Dolce & Gabbana, Louis Vuitton y Armani son algunas de las marcas que pueden encontrarse allí. Estas y muchas otras firmas de lujo también están en la Alonso de Córdova, una avenida súper amplia y llena de sofisticación que también ofrece galerías de arte y restaurantes de primer nivel.
Los que buscan un circuito alternativo no deben dejar de visitar el Barrio Italia. Se trata de diez cuadras en las cuales, en una propuesta comparable con la del barrio porteño de Palermo, conviven indumentaria, diseño y mobiliario. “La clave para abordarlo es tener tiempo y ganas de sorprenderse”, sugiere Fernanda Lizana Abara, directora de la corporación Barrio Italia. Es que casi la totalidad de los locales súper cool de esta zona están camufladas detrás de fachadas viejas que aparentan no decir nada. Sólo animándose a abrir puertas es cuando surgen locales, galerías y anticuarios, pioneros del lugar. Casas de té, restaurantes y cafecitos imperdibles también forman parte de Barrio Italia y su movida cultural.
 
OUTLETS Y ALGO MAS. Si tenés algunos días más, visitá los outlets. Entre la gran cantidad que hay, sobresalen el Buena Ventura Premium y el Easton, dos malls al aire libre con locales exclusivos y multimarca. Están más alejados del centro de Santiago, pero llegar no es difícil: ambos brindan servicios de combies que te buscan al hotel. Los taxis son una alternativa interesante: no son caros y algunos hasta tienen habilitado el pago con tarjeta.
Pero no sólo shopping tiene la capital chilena. Una visita a esta ciudad limpísima y atravesada por el río Mapocho debe incluir una recorrida por Las Condes, Yungay y Bellavista, tres de sus conocidos barrios. No dejes de visitar Vitacura y Lastarria, dos de las áreas más cool con bares y gastronomía increíbles. Porque en Santiago es tan tentador comer un blanquillo (un pez típico del sur) en los restaurantes que rodean el Mercado Central, como un ciervo con una sopa de mariscos en el W, el exclusivísimo hotel que también decidió hacer pie en Santiago. Y todo eso, con los Andes y sus cumbres nevadas como telón de fondo. 

Martina Stoessel en la pasarela

Martina Stoessel se subió en la pasarela por primera vez de la mano de Benito Fernández. El debut fue en la 39° edición del BAAM, en el Hotel Sheraton, donde la protagonista de “Violetta” fue la elegida de Benito Fernández para la presentación de su colección “City Jungle”.

Feliz y orgulloso con su pasada, el diseñador compartió en su cuenta de twitter una foto de "Tini" y  escribió: “Miren esta foto de Martina Stoessel @TiniStoessel en mi desfile… diosa”. Y además, expresó: “Es la chica del momento, es linda, fresca, alegre y desenfadada. Le propuse desfilar para continuar en el camino que comenzamos con el Martin Fierro y es divina“.  ¡Felicitaciones para el diseñador y su musa estrella!

Te compartimos las imágenes del desfile.  ¡Mirá!

Martina Stoessel se subió en la pasarela por primera vez de la mano de Benito Fernández. El debut fue en la 39° edición del BAAM, en el Hotel Sheraton, donde la protagonista de “Violetta” fue la elegida de Benito Fernández para la presentación de su colección “City Jungle”.

Feliz y orgulloso con su pasada, el diseñador compartió en su cuenta de twitter una foto de "Tini" y  escribió: “Miren esta foto de Martina Stoessel @TiniStoessel en mi desfile… diosa”. Y además, expresó: “Es la chica del momento, es linda, fresca, alegre y desenfadada. Le propuse desfilar para continuar en el camino que comenzamos con el Martin Fierro y es divina“.  ¡Felicitaciones para el diseñador y su musa estrella!

Te compartimos las imágenes del desfile.  ¡Mirá!

Crossfit

Imaginamos que una celebrity que posa ves­tida de etiqueta ante los paparazzi destella glamour en cada una de las situaciones de su vida. Nos equivocamos. Lejos de la alfombra roja iluminada por los flashes, el lugar que los famosos eligen para entrenar es una especie de galpón oscuro con impronta militar. Lo llaman box –nunca “gimnasio”– y es un lugar amplio, de techos altos, sin espejos ni televiso­res. La música suena fuerte y es casi siempre un rock –más metalero que and roll–, la adrenalina se huele desde la entrada y lo que allí se practica se llama crossfit. Para Ti ya te lo presentó el año pasado pero hoy se impone entre los famosos. Se trata de un sistema de acondicionamiento físico inte­gral en el que se incrementan capacidades como resistencia, fuerza, flexibilidad y velocidad, trabajando el cuerpo como un todo. Surgió en el 2000 como entrenamiento de cabecera de la policía californiana, pero sus notables resulta­dos hicieron que rápidamente se extendiera a bomberos, marines y militares estadounidenses. Para el 2005, los americanos ya contaban con 13 boxes que dictaban este training para civiles, en distintos estados. Hoy hay más de 6.000 alrededor del globo. Pero, ¿a qué se debe este boom? Principalmente a que la intensidad del ejercicio se traduce en resultados positivos más rápidos que cualquier otro fitness. “La práctica es tan potente que aún tres días después de haber realizado el ejercicio seguís quemando calorías”, explica Pablo Pizzurno, head coach de Rex, el box ubicado en San Telmo donde entrenan Amalia Granata y Antonio Birabent.

BASICS. Crossfit se basa en ejercicios funcio­nales, constantemente variados, ejecutados a alta intensidad. Una clase dura entre 50 y 60 minutos, de los cuales en los primeros 15 se realiza una entrada en calor con ejercicios de técnica y fuerza. Los siguientes 20’ constituyen el wod workout of the day, o ejercicio del día en español– que es la parte más intensa del entrenamiento: incluye ejercicios como sentadillas, flexiones de brazo o carga de elementos; esta parte de la clase cambia diaria­mente. Los últimos minutos están destinados a bajar los decibeles y volver a la calma con trabajo de abdominales y estiramiento. Las clases son siempre grupales y mixtas –con un máximo de 40 personas, aunque eso siempre depende del tamaño del box–. El único requerimiento para tomar esta clase parece ser llevar ropa cómoda y aparentemente ligera porque, al ser los ejercicios tan intensos, el calor   aumenta y muchas veces los hombres terminan entrenando en cuero, asegura el head coach. Conviene hacer crossfit al menos tres veces por semana, pero también se puede entrenar todos los días, porque como el wod varía a diario, no se agotan los músculos.

ON TOP. La premisa de esta disciplina es siempre elevar los objetivos, tal vez por eso pasó de ser un simple entrenamiento de poli­cías a ser el training favorito de los famosos. Desde Jack Osbourne a Brad Pitt, pasando por Gerard Butler y todos los integrantes del film 300, hasta llegar a Jason Statham (protagonista  El Transportador), crossfit ha puesto a más de uno en perfecto estado. De hecho, el britá­nico Statham es devoto de este deporte desde 2007, cuando logró bajar 7 kilos en 6 semanas, entrenando 35 minutos por día, seis días a la semana. La diva del pop, Madonna, siempre está a la vanguardia del fitness, y después de probar con Pilates y bikram yoga se lanzó a entrenar crossfit. Cameron Díaz es otra de las adeptas y asegura que uno de sus ejercicios favoritos es hacer bíceps levantando cubiertas de camión. “El ejercicio para mí es como comer, dormir y respirar. Soy constante, y cuando no estoy en consonancia, se nota en mi cuerpo”, reveló la rubia en la edición norteamericana de Harper’s Bazaar.

Sobran ejemplos de entusiastas de esta disciplina, ahora sólo falta que te animes a practicarla.

En Para Ti de esta semana, mirá más ejercicios de crossfit.

Imaginamos que una celebrity que posa ves­tida de etiqueta ante los paparazzi destella glamour en cada una de las situaciones de su vida. Nos equivocamos. Lejos de la alfombra roja iluminada por los flashes, el lugar que los famosos eligen para entrenar es una especie de galpón oscuro con impronta militar. Lo llaman box –nunca “gimnasio”– y es un lugar amplio, de techos altos, sin espejos ni televiso­res. La música suena fuerte y es casi siempre un rock –más metalero que and roll–, la adrenalina se huele desde la entrada y lo que allí se practica se llama crossfit. Para Ti ya te lo presentó el año pasado pero hoy se impone entre los famosos. Se trata de un sistema de acondicionamiento físico inte­gral en el que se incrementan capacidades como resistencia, fuerza, flexibilidad y velocidad, trabajando el cuerpo como un todo. Surgió en el 2000 como entrenamiento de cabecera de la policía californiana, pero sus notables resulta­dos hicieron que rápidamente se extendiera a bomberos, marines y militares estadounidenses. Para el 2005, los americanos ya contaban con 13 boxes que dictaban este training para civiles, en distintos estados. Hoy hay más de 6.000 alrededor del globo. Pero, ¿a qué se debe este boom? Principalmente a que la intensidad del ejercicio se traduce en resultados positivos más rápidos que cualquier otro fitness. “La práctica es tan potente que aún tres días después de haber realizado el ejercicio seguís quemando calorías”, explica Pablo Pizzurno, head coach de Rex, el box ubicado en San Telmo donde entrenan Amalia Granata y Antonio Birabent.

BASICS. Crossfit se basa en ejercicios funcio­nales, constantemente variados, ejecutados a alta intensidad. Una clase dura entre 50 y 60 minutos, de los cuales en los primeros 15 se realiza una entrada en calor con ejercicios de técnica y fuerza. Los siguientes 20’ constituyen el wod workout of the day, o ejercicio del día en español– que es la parte más intensa del entrenamiento: incluye ejercicios como sentadillas, flexiones de brazo o carga de elementos; esta parte de la clase cambia diaria­mente. Los últimos minutos están destinados a bajar los decibeles y volver a la calma con trabajo de abdominales y estiramiento. Las clases son siempre grupales y mixtas –con un máximo de 40 personas, aunque eso siempre depende del tamaño del box–. El único requerimiento para tomar esta clase parece ser llevar ropa cómoda y aparentemente ligera porque, al ser los ejercicios tan intensos, el calor   aumenta y muchas veces los hombres terminan entrenando en cuero, asegura el head coach. Conviene hacer crossfit al menos tres veces por semana, pero también se puede entrenar todos los días, porque como el wod varía a diario, no se agotan los músculos.

ON TOP. La premisa de esta disciplina es siempre elevar los objetivos, tal vez por eso pasó de ser un simple entrenamiento de poli­cías a ser el training favorito de los famosos. Desde Jack Osbourne a Brad Pitt, pasando por Gerard Butler y todos los integrantes del film 300, hasta llegar a Jason Statham (protagonista  El Transportador), crossfit ha puesto a más de uno en perfecto estado. De hecho, el britá­nico Statham es devoto de este deporte desde 2007, cuando logró bajar 7 kilos en 6 semanas, entrenando 35 minutos por día, seis días a la semana. La diva del pop, Madonna, siempre está a la vanguardia del fitness, y después de probar con Pilates y bikram yoga se lanzó a entrenar crossfit. Cameron Díaz es otra de las adeptas y asegura que uno de sus ejercicios favoritos es hacer bíceps levantando cubiertas de camión. “El ejercicio para mí es como comer, dormir y respirar. Soy constante, y cuando no estoy en consonancia, se nota en mi cuerpo”, reveló la rubia en la edición norteamericana de Harper’s Bazaar.

Sobran ejemplos de entusiastas de esta disciplina, ahora sólo falta que te animes a practicarla.

En Para Ti de esta semana, mirá más ejercicios de crossfit.

Hemingway ilustrada

 Por mis venas corre la sangre de Ernest Hemingway, así que es natural que yo trate de hacer algo importante en mi vida. Y aunque sé que mi apellido me abrirá muchas puertas, finalmente el éxito dependerá de mi propio talento”, asegura Langley (23) –hija menor de la actriz y modelo Mariel Hemingway (49), bisnieta del famoso escritor Ernest Hemingway, y hermana de la top model Dree (26)– . Todas ellas son sobrevivientes de una oscura historia familiar.

Al hablar de Langley es inevitable no remitir­se a la historia familiar de Mariel. Nacida en California, la madre de Langley es la segun­da hija de Byra Louise Whittlesey y Jack Hemingway. Mariel nunca conoció a su famoso abuelo Ernest, ganador del Premio Nobel de  Literatura, ya que murió meses antes de que ella naciera. Se disparó con una escopeta el 2 de julio de 1961. Lo mismo sucedió con su padre Jack y, más tarde, con su hermana mayor Margaux: también se suicidaron con una escopeta. Sin embargo, Mariel ha sabido disfrutar de la fama. En los años ‘70 inició su carrera como modelo y llegó al cine alcanzando su máximo esplendor al actuar en la película Manhattan, de Woody Allen. Su vida resultó la antítesis de la de su hermana Margaux. Es que en 1976, Margaux había consolidado una gran carrera como actriz, hasta que el director del film Lipstick, Dino de Laurentis, audicionó a Mariel –en ese enton­ces de 14 años– para que interpretara el rol de la hermana menor de Margaux. Y lo hizo tan bien que terminó por eclipsar a su hermana. Margaux nunca la perdonó. La mayor de las hermanas Hemingway comenzó a beber, la depresión y la bulimia se apoderaron de ella, y terminó quitándose la vida a los 41 años. Esto marcó de por vida a Mariel, que se casó en 1984 con el escritor y director Stephen Crisman (actualmente está divorciada), con quien tuvo a sus hijas, Dree y Langley, y decidió dejar la actuación por su familia.

Langley es reconocida como diseñadora de modas, también modelo e ilustradora. Sin embargo, sostiene que su mayor logro son sus proyectos artísticos. En la revista Vogue USA dejó en claro que el arte es su prioridad: “Suelo lograr mucha sintonía con la fotografía old fashion: íconos pasados del rock and roll y viejas estrellas de los films clásicos, que siguen siendo atemporales”.

HEMINGWAY, LA ARTISTA. A simple vista Langley es lánguida, de pelo oscuro, con pómu­los marcados; tiene una mezcla de su padre y su madre y un fuerte parecido a su tía Margaux. Nació en 1989, y su infancia y adolescencia trans­currieron en el noroeste de Estados Unidos, en Sun Valley, Idaho. Langley siempre tuvo afinidad por el dibujo; sin embargo, primero probó hacer la carrera de modelo, hasta que se dio cuenta que no era feliz. “Mi arte es mi vida”, declaró Hemingway, cuyas influencias incluyen la fotografía, las pelí­culas de Tim Burton y libros de Edward Gorey.

Es frecuente ver al “trío Hemingway” (Mariel, Dree y Langley) en eventos. Y ella logra diferen­ciarse por su estilo alternativo. Desde teñirse el pelo de una multitud de matices, diseñar cuida­dosamente sus propios tatuajes y maquillar su tez a la perfección. A la hora de vestirse apuesta a camisetas cortas y leggings, vestidos largos y muchos anillos en los dedos. Uno de sus hobbies es ir de compras a tiendas vintage. “Siempre encuentro un vestido que a todos les parece ridículo, pero yo me convenzo de que tengo que comprarlo”.

Como ilustradora freelance ha tenido varios éxitos. Ha colaborado con importantes firmas. Realizó dibujos de una colección de zapatos que fueron encuadrados para la inauguración de una tienda de Louis Vuitton en Venecia y dibujó siluetas para la firma de ropa Alice + Olivia.

Ahora va por más, entre sus planes está el proyecto junto con el fotógrafo Taysa van Ree, de preparar una colección de obras de arte que mostrará en Los Angeles. Recuerden bien su nombre. 

 Por mis venas corre la sangre de Ernest Hemingway, así que es natural que yo trate de hacer algo importante en mi vida. Y aunque sé que mi apellido me abrirá muchas puertas, finalmente el éxito dependerá de mi propio talento”, asegura Langley (23) –hija menor de la actriz y modelo Mariel Hemingway (49), bisnieta del famoso escritor Ernest Hemingway, y hermana de la top model Dree (26)– . Todas ellas son sobrevivientes de una oscura historia familiar.

Al hablar de Langley es inevitable no remitir­se a la historia familiar de Mariel. Nacida en California, la madre de Langley es la segun­da hija de Byra Louise Whittlesey y Jack Hemingway. Mariel nunca conoció a su famoso abuelo Ernest, ganador del Premio Nobel de  Literatura, ya que murió meses antes de que ella naciera. Se disparó con una escopeta el 2 de julio de 1961. Lo mismo sucedió con su padre Jack y, más tarde, con su hermana mayor Margaux: también se suicidaron con una escopeta. Sin embargo, Mariel ha sabido disfrutar de la fama. En los años ‘70 inició su carrera como modelo y llegó al cine alcanzando su máximo esplendor al actuar en la película Manhattan, de Woody Allen. Su vida resultó la antítesis de la de su hermana Margaux. Es que en 1976, Margaux había consolidado una gran carrera como actriz, hasta que el director del film Lipstick, Dino de Laurentis, audicionó a Mariel –en ese enton­ces de 14 años– para que interpretara el rol de la hermana menor de Margaux. Y lo hizo tan bien que terminó por eclipsar a su hermana. Margaux nunca la perdonó. La mayor de las hermanas Hemingway comenzó a beber, la depresión y la bulimia se apoderaron de ella, y terminó quitándose la vida a los 41 años. Esto marcó de por vida a Mariel, que se casó en 1984 con el escritor y director Stephen Crisman (actualmente está divorciada), con quien tuvo a sus hijas, Dree y Langley, y decidió dejar la actuación por su familia.

Langley es reconocida como diseñadora de modas, también modelo e ilustradora. Sin embargo, sostiene que su mayor logro son sus proyectos artísticos. En la revista Vogue USA dejó en claro que el arte es su prioridad: “Suelo lograr mucha sintonía con la fotografía old fashion: íconos pasados del rock and roll y viejas estrellas de los films clásicos, que siguen siendo atemporales”.

HEMINGWAY, LA ARTISTA. A simple vista Langley es lánguida, de pelo oscuro, con pómu­los marcados; tiene una mezcla de su padre y su madre y un fuerte parecido a su tía Margaux. Nació en 1989, y su infancia y adolescencia trans­currieron en el noroeste de Estados Unidos, en Sun Valley, Idaho. Langley siempre tuvo afinidad por el dibujo; sin embargo, primero probó hacer la carrera de modelo, hasta que se dio cuenta que no era feliz. “Mi arte es mi vida”, declaró Hemingway, cuyas influencias incluyen la fotografía, las pelí­culas de Tim Burton y libros de Edward Gorey.

Es frecuente ver al “trío Hemingway” (Mariel, Dree y Langley) en eventos. Y ella logra diferen­ciarse por su estilo alternativo. Desde teñirse el pelo de una multitud de matices, diseñar cuida­dosamente sus propios tatuajes y maquillar su tez a la perfección. A la hora de vestirse apuesta a camisetas cortas y leggings, vestidos largos y muchos anillos en los dedos. Uno de sus hobbies es ir de compras a tiendas vintage. “Siempre encuentro un vestido que a todos les parece ridículo, pero yo me convenzo de que tengo que comprarlo”.

Como ilustradora freelance ha tenido varios éxitos. Ha colaborado con importantes firmas. Realizó dibujos de una colección de zapatos que fueron encuadrados para la inauguración de una tienda de Louis Vuitton en Venecia y dibujó siluetas para la firma de ropa Alice + Olivia.

Ahora va por más, entre sus planes está el proyecto junto con el fotógrafo Taysa van Ree, de preparar una colección de obras de arte que mostrará en Los Angeles. Recuerden bien su nombre. 

Bajo San Isidro

El Bajo de San Isidro es, literal­mente, un barrio que se hizo des­de el barro. Como las mejores historias, la de este barrio del partido de San Isidro tiene leyendas en voz baja, un pasado de pobreza y bohemia y un final feliz: hoy es un polo gastronómico y cultural indiscutido. Delimitado por las ca­lles Primera Junta y Roque Sáenz Peña de norte a sur y Lasalle y el Río de la Plata de Oeste a Este, el Bajo cuenta hoy con más de veinte restaurantes, casas de té y bares, todo en un radio de diez cuadras por diez cuadras.

DESPUES DE LA TORMENTA. Cualquie­ra que conozca el Bajo desde hace algunas décadas lo puede decir: hay un antes y un después de diciembre de 1992. En ese mo­mento fue inaugurada una obra de 4.500 metros de largo que dio fin a las inundacio­nes que golpeaban al barrio en cada crecida del río. El agua superaba lo que hoy son las  vías del Tren de la costa y llegaba hasta la barranca. Lo que quedaba después de cada chaparrón eran casas de madera destruidas y, sobre todo, barro. El Bajo era un barrio humilde, separado de la opulencia de las casonas aristocráticas de la barranca para arriba

En aquel momento la oferta gastronómica no iba más allá de un par de parrillas, muy visitadas por los navegantes que se acerca­ban al río los fines de semana. Una de ellas, inaugurada en 1980, creció hasta ser hoy una de las más tradicionales y un clásico de los domingos en San Isidro. Se trata de La Vaca, en Roque Sáenz Peña 1017. Su plato obligado es el bife de chorizo a la parilla –o, en realidad, cualquier carne a las brasas–, pero también hay otras opciones como guiso de mondongo, algunas pastas y una carta de vinos de la que su dueño se enorgullece. En promedio, se gastan $ 120 por persona y los mediodías hay un menú por $ 65.

Otro de los restaurantes históricos del Bajo es Bar Seddón, en Tiscornia 1049. Juan Seddón, su propietario, compró una casilla de madera que había pertenecido a los Spi­nelli, una familia de navegantes que, según le dijeron, fue la primera en habitar esta zo­na sanisidrense. Juan respetó la estructura original, la recicló y llenó de antigüedades, que le dan un clima súper especial e íntimo. Abre todas las noches y los domingos al mediodía. El promedio por persona es de $ 170.

LA BOHEME.  Cuando el Bajo dejó de inundarse, su carácter empezó a cambiar. Se convirtió, básicamen­te, en un barrio de clase media con un agregado: se pobló de artis­tas. Hay más de treinta talleres en el barrio y una vez por año todos ellos abren   las puertas en un festival que justamente bautizaron Puertas Abiertas. Pero esto no es todo, desde el año pasado  se realiza también el festival Bocas Abiertas, con cenas temáticas y más de veinte puestos de comida.

Un buen ejemplo de la estética bohemia y ribereña es La Anita, que ya podría conside­rarse un clásico de la zona. Abrió hace siete años en Tiscornia 843 y fue el primero de la cuadra.  Comer allí sale aproximadamente $ 100 por persona.

También hace siete años abrió Lo de Nacho, en Roque Sáenz Peña 1061. Si bien ofrece los clásicos platos de milanesas con puré o papás fritas, la protagonista indiscutida es la pizza a la parrilla.  Por dos cervezas y una pizza podés gastar $ 70. Y, si la pizza no es lo tuyo, muy cerquita está Lo de Facu –el primo de Nacho– que sirve hamburguesas en Tiscornia al 1000.

Si Lo de Nacho y La Anita son estilos bo­hemios y descontracturados, Sudeste se podría calificar como bohemia y sofisticada. Está ubicada en Tiscornia 962, es íntimo y romántico.  Se calcula, aproxi­madamente, $ 140 por persona. Abre de miércoles a sábado solamente por la noche.

EL BAJO PALERMITANO. A los clásicos del Bajo también se suman los modernos. Raval Warehouse, por ejemplo, abrió hace medio año en Tiscornia 935. Tiene una estética entre surfer y blusera y no es raro que su vereda se llene de Harley David­son u otras motos potentes.  Se gasta en promedio $ 110 por persona. En el piso de arriba funciona una galería de arte con muestras que cambian todos los meses. Abre de miércoles a domingos al mediodía y a la noche. Entre los más nuevos también se encuentra Bruna. Aquí los precios son de aproximadamente  $ 120 por persona. Alegra, en cambio, tiene un objetivo claro: satisfacer a los amantes de lo dulce. Esta colorida pastelería abrió hace tres años en Pedro de Mendoza 635 y ofrece cupcakes, muffins y carrot cake, entre otras cosas.

Para completar su costado palermitano y a tono con su espíritu artístico, el Bajo ofrece deco de vanguardia. Galpón Chic, en Primera Junta 1118, es un astillero naval reciclado que ahora exhibe y vende muebles de autor y accesorios de decoración. A unas cuadras, en Primera Junta 810, en Rock & Home hay muebles y almohadones. Y un poco más lejos está la Feria de Anticuarios de Perú y Juan Díaz de Solís.

Con su identidad bohemia y ribereña intacta, el Bajo de San Isidro ya no es más un secreto entre vecinos, cada vez es más visita­do y disfrutado por gente de todos los rincones.

El Bajo de San Isidro es, literal­mente, un barrio que se hizo des­de el barro. Como las mejores historias, la de este barrio del partido de San Isidro tiene leyendas en voz baja, un pasado de pobreza y bohemia y un final feliz: hoy es un polo gastronómico y cultural indiscutido. Delimitado por las ca­lles Primera Junta y Roque Sáenz Peña de norte a sur y Lasalle y el Río de la Plata de Oeste a Este, el Bajo cuenta hoy con más de veinte restaurantes, casas de té y bares, todo en un radio de diez cuadras por diez cuadras.

DESPUES DE LA TORMENTA. Cualquie­ra que conozca el Bajo desde hace algunas décadas lo puede decir: hay un antes y un después de diciembre de 1992. En ese mo­mento fue inaugurada una obra de 4.500 metros de largo que dio fin a las inundacio­nes que golpeaban al barrio en cada crecida del río. El agua superaba lo que hoy son las  vías del Tren de la costa y llegaba hasta la barranca. Lo que quedaba después de cada chaparrón eran casas de madera destruidas y, sobre todo, barro. El Bajo era un barrio humilde, separado de la opulencia de las casonas aristocráticas de la barranca para arriba

En aquel momento la oferta gastronómica no iba más allá de un par de parrillas, muy visitadas por los navegantes que se acerca­ban al río los fines de semana. Una de ellas, inaugurada en 1980, creció hasta ser hoy una de las más tradicionales y un clásico de los domingos en San Isidro. Se trata de La Vaca, en Roque Sáenz Peña 1017. Su plato obligado es el bife de chorizo a la parilla –o, en realidad, cualquier carne a las brasas–, pero también hay otras opciones como guiso de mondongo, algunas pastas y una carta de vinos de la que su dueño se enorgullece. En promedio, se gastan $ 120 por persona y los mediodías hay un menú por $ 65.

Otro de los restaurantes históricos del Bajo es Bar Seddón, en Tiscornia 1049. Juan Seddón, su propietario, compró una casilla de madera que había pertenecido a los Spi­nelli, una familia de navegantes que, según le dijeron, fue la primera en habitar esta zo­na sanisidrense. Juan respetó la estructura original, la recicló y llenó de antigüedades, que le dan un clima súper especial e íntimo. Abre todas las noches y los domingos al mediodía. El promedio por persona es de $ 170.

LA BOHEME.  Cuando el Bajo dejó de inundarse, su carácter empezó a cambiar. Se convirtió, básicamen­te, en un barrio de clase media con un agregado: se pobló de artis­tas. Hay más de treinta talleres en el barrio y una vez por año todos ellos abren   las puertas en un festival que justamente bautizaron Puertas Abiertas. Pero esto no es todo, desde el año pasado  se realiza también el festival Bocas Abiertas, con cenas temáticas y más de veinte puestos de comida.

Un buen ejemplo de la estética bohemia y ribereña es La Anita, que ya podría conside­rarse un clásico de la zona. Abrió hace siete años en Tiscornia 843 y fue el primero de la cuadra.  Comer allí sale aproximadamente $ 100 por persona.

También hace siete años abrió Lo de Nacho, en Roque Sáenz Peña 1061. Si bien ofrece los clásicos platos de milanesas con puré o papás fritas, la protagonista indiscutida es la pizza a la parrilla.  Por dos cervezas y una pizza podés gastar $ 70. Y, si la pizza no es lo tuyo, muy cerquita está Lo de Facu –el primo de Nacho– que sirve hamburguesas en Tiscornia al 1000.

Si Lo de Nacho y La Anita son estilos bo­hemios y descontracturados, Sudeste se podría calificar como bohemia y sofisticada. Está ubicada en Tiscornia 962, es íntimo y romántico.  Se calcula, aproxi­madamente, $ 140 por persona. Abre de miércoles a sábado solamente por la noche.

EL BAJO PALERMITANO. A los clásicos del Bajo también se suman los modernos. Raval Warehouse, por ejemplo, abrió hace medio año en Tiscornia 935. Tiene una estética entre surfer y blusera y no es raro que su vereda se llene de Harley David­son u otras motos potentes.  Se gasta en promedio $ 110 por persona. En el piso de arriba funciona una galería de arte con muestras que cambian todos los meses. Abre de miércoles a domingos al mediodía y a la noche. Entre los más nuevos también se encuentra Bruna. Aquí los precios son de aproximadamente  $ 120 por persona. Alegra, en cambio, tiene un objetivo claro: satisfacer a los amantes de lo dulce. Esta colorida pastelería abrió hace tres años en Pedro de Mendoza 635 y ofrece cupcakes, muffins y carrot cake, entre otras cosas.

Para completar su costado palermitano y a tono con su espíritu artístico, el Bajo ofrece deco de vanguardia. Galpón Chic, en Primera Junta 1118, es un astillero naval reciclado que ahora exhibe y vende muebles de autor y accesorios de decoración. A unas cuadras, en Primera Junta 810, en Rock & Home hay muebles y almohadones. Y un poco más lejos está la Feria de Anticuarios de Perú y Juan Díaz de Solís.

Con su identidad bohemia y ribereña intacta, el Bajo de San Isidro ya no es más un secreto entre vecinos, cada vez es más visita­do y disfrutado por gente de todos los rincones.